-¿Ésta es la casa?

-¿Es que estás ciego, Ranma? "Dojo Tendo" ¡Lo pone claramente! Es ésta, sin duda.

El joven miró a su padre con el ceño hundido sobre su frente y apretó los puños en su bolsa de entrenamiento que cargaba al hombro.

-¡Si lo pregunto es por que ya te has confundido de casa unas cuatro veces, viejo!

-¡No le hables así a tu padre, niño ingrato!

-¡Si lo hago es por que te lo mereces!

Soun Tendo, alertado por el griterio fuera de su casa, dejó su té a medio tomar en la mesita de la sala y en unos zancadas firmes y apresuradas atravesó el jardín del estanque de los peces koi hasta llegar a la gran puerta de madera que daba a la tranquila calle. Una sonrisa confiada y complacida surcó su serio rostro para andar hacia el padre e hijo que discutían a pleno pulmón amenazándose con los puños en la entrada del dojo.

-¡Saotome-kun!

Ranma miró repentinamente confundido hacia el firme y desenfadado grito con el que el enfado de su padre se disolvió por completo.

-¡Tendo-kun!

Observó a Genma moviéndose a pasos rápidos hacia el interior del jardín de la casa, donde se dió un fuerte y amistoso abrazo con un hombre de unos cincuenta y tantos, de cabello largo brillante carbón algo más alto que su padre. El joven, enfundado en un traje tradicional chino de entrenamiento negro con bordados rojos a juego con su melena azabache trenzada, se quedó plantado en la puerta, deduciendo que ese hombre firme y de apariencia seria tendría que ser Soun Tendo, ese compañero de entrenamiento del que su padre le había hablado durante el viaje. Se permitió destensar sus músculos al darse cuenta de que al fin habían llegado a su destino después de equivocarse más de cinco veces de casa gracias al idiota de su padre mientras los dos hombres a unos pocos metros de Ranma se separaban sonriéntes palmeándose las espaldas, hasta que al fin, los ojos oscuros y analíticos de Soun Tendo recayeron sobre el primogénito de su viejo amigo de entrenamiento.

Cuando sus inusuales ojos azules se conectaron con el patriarca de la casa, un súbito escalofrío le recorrió tensándolo de nuevo. Él tenía una especie de instinto innato para las personas, y los ojos serios y misteriosos del señor Tendo no le dieron para nada buena espina. Sacudió levemente la cabeza al haberse puesto alerta de forma tan tonta al ver como el hombre caminaba hacia él seguido por Genma.

-¡Ah! Saotome-kun, este debe de ser tu muchacho, Ranma Saotome, ¿no?-comentó con una extraña felicidad que confundió a un Ranma desconfiado. Soun se paró frente a él con una pequeña reverencia que el pelinegro respondió algo atolondrado-He esperado vuestra llegada desde mi última carta, ¿como ha ido el viaje?

Ranma guardó silencio escuchando distraído las quejas de su padre. Que si China esto, que si la gente esto, que si las montañas, que si el desagradecido de su hijo... El oji-azul frunció levemente el ceño removiendo la bolsa tras su hombro echándo los ojos al cielo. Sin saber cómo los tres hombres acabaron andando hacia la enorme casa conectada al dojo con las risas de los mayores de fondo.

Akane ayudó a su hermana mayor a ponerse el obi rojo de su precioso y elegante kimono color crema decorado con figuras de ruiseñores sumida en sus pensamientos.

Después de que Nabiki les contara con una seguridad aplastante como le había ido en la Casa de Té de los Yamada la noche anterior, Akane no dudaba que en su trabajo de esa mañana recién comenzada le iría igual de bien. Cuando terminaron de colocarle entre las tres el complicado, hermoso y sin lugar a dudas para la pequeña de los Tendo, incómodo, kimono, Hiromi entró a la pequeña habitación en la que las mujeres siempre se preparaban con su porte elegante y egocéntrico habitual. Les hechó una mirada analítica a su hija mayor y a sus tres nietas, deteniéndose finalmente en la menor. Akane tragó saliva empequeñeciéndose ante la reprobadora mirada de su abuela, y agachó la cabeza.

-¿Ya estás lista, Nabiki-chan?

Noriko asintió mientras se levantaba con un peine en la mano y se alisó el kimono perfectamente pulcro de color bermellón.

-Perfecto, por que tenemos visita.

Akane alzó la vista curiosa. Ellos casi nunca tenían visita.

-Así que, id a saludar antes de iros al trabajo.

-Ahora mismo vamos, Hiromi-sama-sonrió con una pequeña reverencia la siempre calmada Kasumi.

Akane observó como si no perteneciera a esa escena a las tres mujeres perfectamente vestidas y maquilladas como geishas saliendo de la habitación en silencio. Cuando comenzó a dar unos pasos dudosos hacia la puerta en la que su abuela seguía parada, sus ojos chocaron con los afilados de la mujer. Hiromi la miró de arriba a abajo casi con...asco, y Akane tuvo ganas de vomitar.

-Y tú-dijo a fin con una voz cargada de firmeza y seriedad-deberías cambiarte antes de salir- Akane observó con desconcierto disimulado su simple y cómodo yukata azul cielo sin adornos-no queremos que nuestras visitas piensen que en esta casa andamos así...-y sin más, salió tras las otras tres mujeres a paso rápido y elegante, dejando a una impotente Akane atrás.