-¿De China?
Genma asintió con aire de orgullo hacia la inusitada curiosidad de la mediana de las Tendo.
-Exactamente, joven-recalcó el hombre del turbante cerrando los ojos con una gran sonrisa autosuficiente.
Soun rió dejando su taza de té sobre la mesa en la que se reunían.
-Mi Nabiki siempre a estado muy interesada por el extranjero y los lugares exóticos.
El joven al lado de su padre se cruzó de brazos rodando los ojos ignorando la conversación sobre China de la chica que le habían presentado como Nabiki y los dos matriarcas de las respectivas familias.
-¿Quiere más té, Saotome-san?
Ranma miró ensimismado a la chica castaña de imperturbable sonrisa inclinado hacia él con una tetera, y asintió levemente devolviéndole el gesto.
Al otro extremo de la pequeña mesa de madera en la que los
Saotome y Tendo se rejuntaban, Hiromi Tendo achicó sus ojos sabios y
agitados observando a los presentes. La tranquilidad y armoniosidad
de su hija y su nieta mayor, la amena conversación sobre el viaje de
los Saotome de los dos hombres de la casa y el rostro cada vez menos
interesado de Nabiki. Hasta acabar clavando sus avispados ojos
grisáceos en el apuesto y carismático rostro del chico parado junto
a su invitado, apoyado en la mesa bebiendo aparentemente aburrido de
su taza.
Hiromi frunció sus labios arrugados observando
minuciosamente al chico de la trenza. Asintió mentalmente como dando
su visto bueno, y continuó bebiendo su té con parsimonia.
-Hiromi-san, ¿dónde está Akane?-preguntó Kasumi.
La anciana levantó la cabeza frunciendo levemente el ceño, gesto que no pasó desapercibido por Ranma, que recién habia salido de sus pensamientos al oír un nuevo nombre que no se había incluido antes en las presentaciones.
-Um, le ordené que fuera a cambiarse para presentarse debidamente ante las visitas.
-¡Agh, demonios! ¡Aléjate de ahí pájaro tonto!
Akane se estiró un poco más sentada sobre sus rodillas sobre las tejas estirando todo lo que pudo su brazo, pero el polluelo que apenas sabía volar siguió acercándose al borde del tejado más y más.
-¡Para!-gruñó acercándose un poco más raspándose las desnudas rodillas.
"Esto me pasa por hacer cosas buenas"
Mientras empezaba a cambiarse en el interior de su minúscula habitación soltando maldiciones hacia su ropa y su quisquillosa abuela, oyó un pequeño y suave piar fuera. La ventana de su dormitorio daba al gran y viejo árbol del jardín, por lo que cuando se asomó no alcanzó a ver más que hojas y hojas.
Sin darle mucha importancia, se encogió de hombros quitándose el yukata azul que su abuela había criticado, para empezar a ponerse el complicado y molesto kimono azul con flores amarillas ella sola. Para cuando iba poniéndose la primera y ligera capa del vestido que le llegaba solo hasta las rodillas, volvió a oír el débil piar, esta vez más fuerte, más cerca. Akane, curiosa y a medio vestir, se asomó de nuevo a la venta abriéndola. Sacó la cabeza oyendo de nuevo el piar incesante. Alzó una ceja apoyando las manos sobre el marco de la ventana inclinándose hacia delante. Su larga y oscura melena se deslizó sobre sus hombros mientras sacaba medio cuerpo peligrosamente.
-Umh- la chica se inclinó aún más intentando mirar entre las frondosas ramas del árbol, hasta que decidió levantar la cabeza hacia el brode del tejado-Oh no.
Y así había visto al aventurero polluelo sin apenas plumaje a unos seis metros de la ventana de su habitación, dando saltitos despreocupadamente hacia el borde.
-¡Venga ya! ¡No sigas andando!
El silencio reinó en la sala repentinamente. Todas las personas presentes levantaron la vista hacia el techo oyéndo las pisadas y movimientos bruscos.
-¿Han oído eso?-preguntó precavida Noriko.
-Umh-afirmó Genma en un gruñido mientras los golpes lejanos volvían a escucharse.
-¡AAGH! ¡NO TE MUEVAS PÁJARRACO ESTÚPIDO!
Los tres hombres de la sala se levantaron de golpe ante el lejano grito femenino aparentemente furioso.
-¿Esa no era...?
-Oh no...-suspiró Hiromi rodando los ojos.
Las familias Saotome y Tendo andaron apresurados hacia los
gritos molestos cada vez más frecuentes y altos.
Ranma se
quedó estático junto al gran árbol del jardín trasero del dojo
ante la inusual situación frente a él. Una joven de su edad, con un
ceño fruncido reinando su hermoso rostro de porcelana ruborizado por
el esfuerzo y el enfado, intentaba alcanzar a un pequeño polluelo en
el borde del tejado estirada hacia él con un escaso y vaporoso
yukata interior blanco. El joven de la trenza alzó una ceja curioso
dando un paso hacia la fachada de la casa, mientras la señora mayor
y las tres mujeres que le habían presentado comenzaron a gritarle
entre preocupadas, asustadas y enfadadas, pero al parecer la chica de
cabellos oscuros largos y rebeldes no las oyó concentrada en su
tarea de salvación.
-¡AKANE, BAJA DE AHÍ!
-¡AY DIOS, SE VA A CAER!
-¡AKANE TENDO! ¡COMPÓRTATE!
Miró hacia los dos hombres parados junto a él hasta que su padre habló con una gotita de sudor en la frente a su viejo amigo.
-Tendo-kun, supongo que esta es tu tercera hija, ¿no...?
Soun cerró los ojos impotente y asintió en un cabeceo. Sin saber cómo, Ranma presintió que a la pobre chica colgada del tejado le caería una buena.
Akane no llegó a ver a las siete personas gracias a la
altura del tejado, pero al igual, estaba bastante metida en alcanzar
a agarrar al tonto polluelo y de no matarse en el intento.
-¡Ash, venga, pajarito, ya me duelen las rodillas!
Intentó volver a estirarse por última vez haciendo que sus rodillas y piernas desnudas chillaran ante los cortes, alzó el brazo y por fin alcanzó a agarrar al polluelo gordinflón, que pió una última vez. Akane sonrió feliz y aliviada por su victoriosa misión, hasta que se dió cuenta de que estaba literalmente en el borde del tejado a unos nueve metros de altura. Las tejas se resintieron ante su peso, chirriaron deslizándose soltando nubecitas de polvo hasta que Akane al fin vio su estúpida decision reflejada en el doloroso suelo.
-¡AAAAAAHH!
