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Tormenta
La lluvia caía a cántaros y los relámpagos iluminaban el cielo ensombrecido con destellantes juegos de luces resplandecientes que, entre el sobresalto de un trueno, lo hacía imaginarse monstruos de fantasías navegando entre los borrones grisáceos de las nubes.
Desde pequeño, le gustaban las tormentas eléctricas. La recreación de su kosei por la naturaleza lo mesmerizaba al punto que los vellos de su antebrazo se erizaban, embotándolo de una emoción que nunca sabía describir. Mientras todos se refugiaban del torrencial para arrebujarse en sus cobijas por el repentino descenso de la temperatura, Denki disfrutaba de simplemente sentarse frente a la ventana, olvidando parpadear para no perderse ningún detalle.
El azul electrizante que bajaba del cielo y se esfumaba en la tierra, conectando por un breve instante ambos entes era maravilloso. Si no lo estuviera presenciando con sus propios ojos, diría que era de otro mundo.
Todos en el dormitorio sabían cómo se ponía Kaminari cuando había una tormenta, así que lo dejaban tranquilo. Ni siquiera las provocaciones de Mineta eran capaces de disuadirlo de apartarse de la ventana. Después de todo, en esas raras ocasiones, Kaminari callaba su usual buen humor y se dedicaba a ver el paisaje con fascinación inentendible para el resto. Así que respetaban su extraño ritual.
Ese día no era diferente. Todos se habían ido a sus habitaciones para continuar con sus actividades, pero Kaminari se quedó, con las piernas cruzadas y la nariz empañando el cristal, mirando hacia afuera.
La estática producida por la reacción de su kosei a los rayos cimbraba bajo su piel y, a pesar de ser una sensación extraña, sabía que, de alguna forma, lo tenía bajo control.
Se preguntó si una tormenta de la magnitud de la que se desataba afuera serviría para mejorar sus habilidades. Estaba consciente de que el control de su kosei era precario, comparado con el constante avance de Midoriya o la comodidad que demostraban Bakugou y Todoroki con los suyos. Debía trabajar en poder modular los voltios que usaba para evitar accidentes y para conseguir un poder de ataque más preciso, además de adecuar su cuerpo para soportar su kosei; eran sus objetivos actuales.
Así que, con el poco sentido común del que hacía gala, empezó a maquinar cómo una tormenta podría ayudarlo. Quizás si le pasaba algo al estilo de esos cómics viejísimos que Midoriya leía de vez en cuando, mejoraría.
—¡Oh! Quizás si dejo que me caiga un rayo encima…
Se puso en pie de golpe y solo apartó sus entusiastas pupilas del escenario afuera, que lo tenía en un trascendental trance, cuando escuchó un grito ahogado.
—¿Qué rayos…? —Jirou lucía estupefacta, llevaba dos tazas de humeante chocolate, una con motivo de guitarra que le pertenecía, y otro con el dibujo de un rayo que era de él—. Es para ti. —Cuando Kaminari alzó las cejas, se apresuró a agregar—: Hi-hice de más y pensé que… —Su voz se extinguió, pasándole la taza bruscamente—. ¿Y qué es eso de dejar que te parta un rayo?
—¡Gracias, Jirou! —Sonrió, cubriendo la calidez del chocolate con ambas manos—. Pensaba que quizás mejore mi resistencia si dejo que me caiga un rayo encima.
—Ni siquiera estás en cortocircuito y ya estás diciendo idioteces…
—No seas cruel —se quejó Denki—. No es una mala idea.
—Es un idea pésima.
—¿Cuántos voltios tendrá un rayo…?
—Kaminari…
Denki tomó un sorbo de la bebida, el amargo y dulce mezclándose en su boca y sorprendiéndolo por lo bien que sabía. Pudo ver cómo Kyoka sonreía orgullosa por su expresión, él no dudó y le devolvió el gesto, notando cómo ella apartaba la mirada y jugaba con uno de sus Earphone Jack. Sabía que Jirou era tímida en ciertas ocasiones, pero a veces creía que él no le agradaba demasiado por lo reacia que actuaba a su alrededor.
Atenuó su brillante gesto y se encaminó a la salida luego de terminarse el chocolate a una velocidad impresionante, agradeciéndole de nuevo.
Kyoka dejó su taza a medio terminar sobre una mesa, preocupada por cualquier estupidez que se le hubiera pasado por la cabeza. Lo siguió en silencio, pero aceleró el paso cuando él se agachó para calzarse sus deportivas en la entrada. Se detuvo a su lado, observándolo sin saber qué hacer porque una miríada de pensamientos y emociones empezaban a disputarse en su interior para atontarla.
Sin prestarle atención, Kaminari se volvió a erguir e intentó dar un paso al frente, sorprendiéndose cuando la mano de Jirou tomó la suya con firmeza. No pudo evitar mirar el íntimo contacto entre sus pieles, separar los labios con estupefacción, y luego alzar los ojos a las pupilas de Jirou hasta concentrarse en sus mejillas arreboladas. Sin querer, sintió la cara sonrojada más evidentemente que ella.
—N-no vayas a probar tus teorías infundadas.
—¿Eh?
—No voy a dejar que te mueras si te cae un rayo encima, Kaminari —dijo con voz más clara y fuerte—. Eres importante para m… para todos —corrigió rápidamente.
—Eh… —Kaminari inclinó el rostro, presa de la confusión, pero dejándose llevar por los latidos de su corazón desbocado.
—Así que no te pongas en peligro innecesariamente.
Denki parpadeó varias veces mientras Jirou soltaba su mano y bajaba la mirada hasta sus pies. ¿Acaso eso significaba que le importaba a ella, a pesar de cómo siempre se burlaba de él y se alejaba de él en ciertas ocasiones? El solo pensamiento hizo que su alma se sintiera cálida.
Por supuesto, Kaminari no entendía que Jirou, cuando estaba frente a él, quería mostrar su versión más genial para que él la halagara, para demostrarle que, a pesar de no ser tan linda como sus amigas, había muchas virtudes en ella. Sin embargo, la abrumaba cómo esos aparentemente simples orbes dorados podían descifrar el enigma que la rodeaba, exponiéndola y dejándola vulnerable ante él. Le asustaba el mar de sentimientos que se desataba en su interior como una tormenta creada por él, y por eso, a pesar de anhelarlo, quería alejarlo a la vez.
—Uhm… Bueno, iba a ir a la cafetería —explicó Kaminari luego de unos segundos—. Como me diste chocolate, quería ver si había algo de comer para compartir.
—¿No ibas a…?
—¡Claro que no! —Negó con entusiasmo—. Realmente me supera el miedo de que realmente me vaya a lastimar haciendo algo tan osado; y, si no me lastimara, apuesto a que el castigo de Aizawa-sensei me haría desear haberlo hecho. —Rio con ligereza, con su voz transparente y sincera.
Jirou se sintió un poco tonta por haber sacado conclusiones apresuradas, pero decidió armarse con su actitud genial con alivio y cierto entusiasmo por saber qué elegiría él para ella si iban a comer juntos.
—Aunque me alegra saber que te preocupas por mí —agregó Kaminari con un tono más travieso.
—Nos preocupamos —atajó, calzándose sus botines—. Te acompaño a la cafetería.
—Como quieras~
A pesar de que todos sus paraguas estaban apostados en una esquina, Jirou no tomó el suyo; después de todo, Kaminari le había ofrecido espacio bajo su brillante paraguas con tema de Pikachu. Caminaron rumbo al otro edificio, conversando casualmente y enfriando sus emociones a flor de piel entre bromas.
Kyoka jamás lo admitiría a viva voz, pero, aparte de su genuina sonrisa y su inquebrantable buen humor, le encantaba cómo, cada vez que su piel tocaba la de Denki, un chispazo se formaba entre ambos y le viajaba por todo el tiempo, reconfortando hasta los sitios más desolados de su corazón.
¡Muchas gracias por leer!
Desde que salió el capítulo 263 del manga, mis ganas de escribir KamiJirou aumentaron exponencialmente xD Así que este es el resultado.
Espero les haya gustado ^^
¡Cuídense mucho y no olviden lavar sus manos!
¡Plus Ultra!
