La Meta De Mi Vida
-Si, claro hijo. Si, sí, ya veo. No te preocupes, déjalo en mis manos.- Hohenheim colgó el teléfono con una sonrisa perversa en sus labios. Si algo habían aprendido de su padre era usar todo a su favor. En ese momento, en la sala de juntas del Cuartel General, todos estaban nerviosos, se había expandido el rumor que el traidor había sido atrapado. Hohenheim miró a todos con frialdad, se sentó en su silla y la hizo girar para darles la espalda y darle un toque más dramático.- Hemos capturado con éxito al traidor, ¿Quien lo diría? Un Alquimista Nacional, el orgullo del país, el que debería de ofrecer su vida a la soberanía de Amestris. Pero ahora que recuerdo, un Alquimista no tiene un rango como para movilizar semejantes acciones, mira que infiltrar a más de 70 personas en un cuartel en el cual es muy complicado ingresar por el curriculum que se debe de cumplir. Y siendo sincero, Kimblee no tenía un gran carisma como para tener aliados que lo ayuden a mover tantos papeles.
Toda la habitación estaba en completo silencio, Hohenheim se giro lentamente, para aumentar la tensión. Todos estaban pálidos y observando cada uno de sus movimientos.
-S-señor... Usted cree que...
-Oh no solo lo creo, SÉ que alguien aquí movió sus influencias.
-¿Como llego a esa conclusión?
-Oooh, super fácil, porque Edward me lo ha dicho, Kimblee y los asesinos han delatado a los culpables.- Todos tragaron saliva, algunos parecían que estaban a punto de desmayarse y otros estaban con los ojos como platos.
-Imposible, esos asesinos tenían un excelente historial, no pudieron habernos delatado.
-Ohhh ¿Acaso tu los conoces?
-¡Claro! Yo los...- el hombre, literalmente, se cago en los calzones.
-The Sound Of Silence, es un grupo de asesinos con un excelente historial, sin embargo, muy pocas personas pueden contactar con ellos de ahí la dificultad.
-Mierda...
-Sheska.- hablo por el teléfono.- puedes enviarme algunos guardias a la sala de juntas, por favor.
-Ickkk.
-Bien, ¿Quien dice yo? O prefieren que los llame como los fue delatando Kimblee.
-¡Por favor! Hohenheim-sama no sea tan cruel con nosotros ¡por favor!
-Es cierto que no queríamos a Alphonse en el puesto, pero no pensamos que llegaría a tal extremo.
-¡Por su madrecita chula que está en el cielo! ¡No nos haga daño!
-Jajajajajajaja ¡Cobardes! Kimblee no ha dicho nada. Aunque gracias por ahorrarnos el trabajo, ahora... Van a tener que cantar cual aves.
Obtener la información acerca de donde estaban los rehenes, fue de lo más sencillo.
-Bueno, ya que mi padre nos ha enviado la localización, podremos armar una buena estrategia.
-Ya he pensado en una.- Alphonse saco algunas hojas de papel y una pluma.- somos alrededor de 20 Alquimistas. Ahora bien, solamente 5 se encargaran de hacer un límite para que no sigan avanzando las tropas enemigas. Francotiradores y alquimistas se encargarán de retenerlos ahí, mientras que los demás soldados los arrinconaran desde atrás. Mientras que ellos no lancen ninguna bala, nosotros haremos lo mismo. Si es necesario, las balas serán reemplazadas por somníferos, para evitar bajas de ambos lados. Apuesto que nadie quiere más muertes.
-Bien pensado Al.
-Ahora lo siguente. El resto de los alquimistas se encargarán de crear una distracción en el Monte de Briggs. Mientras que nosotros entramos por esta puerta que nadie conoce más que la Mayor Armstrong y el Fuhrer. Ahí entraremos mi hermano y yo.
-¡Eso es muy arriesgado! No pueden ir solo ustedes.- le reclamo Roy.
-Para eso es la distracción. Seguramente tienen alguna contramedida contra los alquimistas y apuesto a que necesitaran a todos sus hombres. Si logramos alcanzar a los rehenes, podemos atacar por la espalda antes de que se den cuenta.
-Sabes que es muy arriesgado. Sus vidas corren peligro.
-Yo no tengo ningún problema.- dijo sin vacilar Edward.
-Piensen un poco, si acorralamos a sus soldados, probablemente podremos negociar.
-Dudo mucho que hagan eso, son capaces de negarse. Sin embargo, el Monte de Briggs es un punto vital para ellos, si se lo quitamos y les quitamos a los rehenes, no tendrán otra opción más que el retiro.
-Definitivamente, no tenemos más opciones.
-Muchachos...
-Aunque te niegues, iremos. No podemos perder más tiempo.
-Aaaahhh solo no se mueran. Va a ser muy difícil hacer el informe si lo hacen.
-Esta bien.
En cuanto el tren llego a la estación, pasada de la madrugada, el plan comenzó. Los alquimistas marcaron una gran diferencia en la guerra. Un pequeño pueblo, fue el escenario de semejante batalla, incluso su nombre lo decía: Nueva Esperanza. El ambiente era propicio para una victoria que sería estudiada para la historia. Al verse superados, los soldados no tuvieron otra opción más que bajar las armas y fueron encerrados en una prisión de tierra que formaron los alquimistas. Primer paso, completo.
-Ahora solo nos queda infiltrarnos a Briggs.- soltó un suspiro de alivio Alphonse cuando se entero de la buena noticia.
-Al, me acaban de contactar las tropas en Nueva Esperanza, algunos alquimistas vendrán a ayudarnos y francotiradores, al parecer no serán necesarios ahí.
-¿Porque?
-Los soldados están esperando órdenes de Briggs, piensan que mientras tengan esa fortaleza de su parte, podrán darle un giro a las cosas.
-Bien, entre más gente, mejor.- de su abrigo, saco un par de binoculares y comenzó a contar cuantos enemigos habían en la entrada.- Roy, cuento contigo, solo recuerda que hay que intentar limitar las bajas. Riza, por favor, cubre la espalda de Roy. Ed, a mi señal salimos.
-Okey.- dijo distraído, tenía el corazón a mil por hora, estaba muy nervioso. Intento calmarse pensando en Winry y en su futuro hijo que no tardaba en nacer. En unos meses más lo iba a conocer.
-... ¡Ahora Roy!.- en cuanto grito Alphonse, Roy lanzo una gran llamarada contra los guardias que estaban haciendo su rondin.- ahora es el turno de los demás alquimistas, recuerden disparar en diferentes ángulos, para que no les de tiempo de reaccionar, que los ataques no sean muy aislados. Francotiradores, encarguense de los francotiradores enemigos. Todos los demás, fuego de cobertura.
En medio de todo ese revuelto, Ed y Al, se pusieron su capucha que tenía camuflaje de nieve y comenzaron a arrastrarse por los arbustos lo más rápido que pudieron. Llegaron a una pequeña rendija que podía hacerse pasar por la casa de algún oso.
-¿Estas seguro que era por aquí? Yo ya no me acuerdo.
-Bueno, siendo sincero, es más complicado encontrarla de lo que había pensado, solo espero no haberme equivocado de árbol... Ah no, mira, esta rendija hay que levantarla, para entrar por el túnel de calefacción. Tenemos que ser rápidos, cada 10 minutos se enciende, si alguien intenta meterse por este lugar, de seguro se muere quemado ya que si no conoces el camino para salir te pierdes por todos los caminos que hay...
-¡Como carajos sabes todo eso! A mi nunca me lo dijeron.
-En cuanto subí al puesto mi papá me lo dijo y me obligó a memorizarlo.
-Estas seguro que te acuerdas...
-... ¡Si!.- titubeo un poco en su respuesta.
-No se porque no me da esa impresión, pero en fin ¡No he llegado tan lejos para que me dejen como pollo rostizado!
-Bien, entremos.-tal como había dicho Alphonse, eran demasiados caminos, demasiadas rutas diferentes y con escasa luz, tuvieron que guiarse por su instinto.
Salieron poco antes de que se activará la calefacción al sistema de ventilación. Ahí estarían a salvo. Habitación por habitación, fueron asomándose con la esperanza de encontrar a las personas que estaban buscando. Después de mucho revisar, los encontraron, junto al pez gordo.
-¡Maldita sea! Dicen que todos los alquimistas han venido. Mierda, disparen con todo lo que tengan... ¡ME IMPORTA UNA MIERDA QUE ESTÉN SUPERADOS EN PODER DE FUEGO! SI, ME IMPORTA UNA MIERDA, TENEMOS QUE MANTENER LA POSICIÓN. NO, NO PEDIRÉ REFUERZOS NI IRÉ A PELEAR CON USTEDES MALDITAS NIÑITAS.
-Un líder que no teme lanzar a sus subordinados al fuego solo para satisfacer su ego, no puede ser llamado un verdadero líder.- dijo con voz serena la mayor Armstrong, no tenía ni señales de estar asustada a pesar de estar fuertemente amarrada con una cuerda, tenía heridas leves en todo su cuerpo y cara.
-¿Y A TI QUIEN TE PREGUNTO VIEJA BRUJA! CÁLLATE ¡¡POR ESO A LAS MUJERES NUNCA HAY QUE DARLES UN LUGAR TAN ALTO EN ESTE MUNDO, SI NO PIENSAN QUE SON SUPERIORES!!.- comenzó a darle de puñetazos en la cara con fuerza, la mayor Armstrong solamente se limito a aceptarlos sin soltar quejido alguno.
-Acaso, solo por ser hombre te sientes superior.
-¡Ed!
-OBVIAMENTE, IM... ¡AAAAAAY!
-Jajajaja si con mi sola presencia se te hace chiquita, no mereces ser llamado hombre.
-Llegas tarde, estúpido estudiante.- le dijo con voz fuerte y firme, pero, si no conociera a la Mayor Armstrong, no podría distinguir ese tono de alivio en su voz.
-Si lo se.- la ayudo a desatarse. En cuanto se vio liberada, toda un aura asesina la rodeo.
-Ahora tu, pedazo de mierda ¿A quien has llamado vieja bruja?
-Iiiickk
Y así fue como recuperaron el Monte de Briggs y lograron que las tropas enemigas se retiraran. A pesar de que intentaron causar el menor número de bajas, en ese asalto murieron 150 soldados del lado enemigo y solo 2 del ejército de Amestris, sin contar las bajas que hubieron el día que tomaron Briggs. Al día siguiente, regresaron a Ciudad Central para entregar los cuerpos a sus familiares.
¡Hola chicas!
¿Les gusto el capítulo?
¡Espero que si!
¡La siguiente semana el capítulo final!
¡Bye Bye!
