4.
-oí a Mizai decir que tienes una habilidad perfecta de curación-me dijo en voz baja acurrucado en la silla junto al alféizar
Lo miré un poco sorprendido. Era cierto que parte de mi tiempo la había invertido en crear una habilidad de curación, pero aún no funcionaba del todo correctamente y me gastaba mucha energía, aún así Mizai la llamaba "perfecta" y Cheadle estaba muy interesada en darme el espacio necesario para afinar detalles en su ejecución, después de todo, gracias a mí podría mantener a salvo a sus cazadores aún al borde de la muerte. Yo era su mejor arma, y acababa de entenderlo.
-se suponía que nadie debía enterarse-le dije sin querer darle importancia mientras terminaba de acomodar las pocas cosas de Kurapika en la mesita. Luego de una hora limpiando y ordenando con él recuperándose en esa silla, al fin había nacido la conversación, aunque no estaba seguro si debía seguir hablando
-solo lo oí a la rápida
-¿y pretendes que te cure?-me acerqué a él buscando señales tardías de intoxicación. Aún tenía la piel pálida, hinchada y los párpados amoratados, pero ya estaba bien, era cuestión de oírlo hablar de corrido evitando verme a la cara
-Mizai dijo que además de sanar-hizo una pausa viéndose los dedos quebrados-eras capaz de fortalecer los tejidos, y mi cadena no lo hace, solo sella el daño como un parche de curita y si vuelvo a golpear en el mismo sitio puede volver a abrirse la herida
-no lo sabía
-y yo…-se pasó las manos por la cara con nerviosismo-yo quería pedírtelo, pero nunca encontré el momento adecuado...y cuando anoche me puse a pensar, me di cuenta que me convenía mucho tenerte de mi lado y que te necesitaba para pelear
-sí, para pelear-puntualicé con enfado
-y volví a pensarlo, y me di cuenta que estaba pensando en ti como en una herramienta
-siempre lo has hecho
-y tomé esas pastillas para dormir-me ignoró-las había tomado antes y pude conciliar el sueño, pero anoche…-suspiró aún más nervioso abrazándose las rodillas sobre la silla-anoche no pude detenerme, no podía parar de tomarlas y cuando me di cuenta ya estaba en la cama sin sentir ni las manos
-dijiste que solo querías dormir
-eso quería, en ningún momento pensé en morir y sabía que un frasco no me mataría, Leorio
-quiero creerte-le dije cerrando las cortinas-y voy a hacerlo, solo querías dormir, estabas afectado por tus heridas y el insomnio de la noche anterior, te pasaste de la raya, es todo. No hubo intento de suicidio, otra vez
-¿estás enojado?-me preguntó concentrando su mirada en los dobleces de las cortinas. Era un niño que no sabía pedir perdón
-no, solo preocupado
-¿me curarás?
-con una condición
-no iré al psiquiatra-se adelantó poniéndose de pie y mirándome a los ojos con el ceño fruncido-¿esa es tu condición?
-lo necesitas-insistí. Aunque sabía que la batalla estaba perdida.
-no necesito un psiquiatra ¿qué podría decirme que yo no sé? ¿Y de qué me serviría?
-¡de mucho!
-no, Leorio, hemos discutido esto antes y no voy a cambiar de parecer aunque tenga que curarme las heridas yo solo sin tu ayuda-me advirtió escabulléndose a su cama
-podrías usarlo para desahogarte y no ensuciar nuestra relación con tus arranques y tus histerias
-¿qué relación?-se preguntó rebuscando en el cajón de la mesa de noche
-"esto", lo que sea esto, se ensucia cada vez que haces estas tonterías, y un psiquiatra te ayudará a orientar toda esa ira
-si tanto te molesta "esto", puedes dejarlo en cualquier momento
-veo que te sientes con ánimos de discutir-sonreí. Estaba un poco entusiasmado, no recordaba la última vez que habíamos hablado tanto rato y de corrido como verdaderos amigos
-tú siempre quieres discutir, lo veo en tu cara cuando me saludas en la Asociación y me tengo que alejar, no quiero que todos nuestros compañeros se enteren
-¿de qué?-reí con un nudo en el estómago, esperaba con ansias oírlo de su boca
-de "esto"-hizo las comillas en el aire con ironía y volteó sobre la cama el cajón de la mesa de noche
Me pasó un sobre de plástico y luego otro que contenían pequeños pedacitos de una lámina comestible.
-me las dieron-me dijo con cierta vergüenza en la cara-no me mires así
-es LSD-dije sorprendido-Kurapika, ¿qué demonios has estado consumiendo?
-ni siquiera las probé. Neón me las regaló, pero anoche estuve muy tentado a tomarlas y quiero que te deshagas de ellas-explicó colocando el cajón en su lugar-tómalo como una muestra de confianza
-lo tomaré como lo que es, una advertencia y un llamado de ayuda
-¿llamado de ayuda? Leorio por favor, pude salir de esa sobredosis incluso sin ti y puedo sanarme por mí mismo. Si te pido estos favores es para que veas que confío en ti
-y que te soy útil en la batalla
-claro
Asentí con una sonrisa en mi rostro y guardé el LSD en mi maletín junto con las pastillas que debía eliminar. Kurapika era como lo recordaba, y aunque estaba decepcionado, no podía dejar de quererlo.
-recuéstate-le pedí yendo a buscar la silla para acomodarme junto a la cama-va a doler y estarás débil por unas horas, luego todo será como si tus huesos hubiesen vuelto a nacer
-gracias-me dijo cerrando los ojos sobre la almohada
-necesito que te quites la ropa
Me miró confundido, y arrepentido.
-si no veo la ubicación de las heridas gasto el doble de energía y podría fracasar-le advertí colocándome guantes
Kurapika se quitó la camisa, los pantalones y las tiernas calcetas con orejas de rata tan rápido como pudo y miró hacia la pared mientras lo examinaba. Estaba nervioso y podía leer en su complexión lo vulnerable que se sentía.
-duerme si quieres-le dije cubriéndolo con las sábanas hasta la cintura, hacia abajo no había mayores problemas, mi preocupación estaba en el par de costillas rotas, el músculo desgarrado en su espalda y las pequeñas trizaduras en los huesos de sus brazos. Las manos serían lo último.
-¿puedo hacerte una pregunta?-inquirió mientras yo auscultaba su abdomen-Leorio, ¿cuánto crees que me quede de vida natural?
-unos 80 años-respondí casi sin oírlo.
No podía concentrarme en nada más que en mi aura examinando los tejidos en busca de puntos críticos de reparación.
Demoré menos de lo que esperaba, no eran heridas de gravedad y la mayoría solo eran cortes o magulladas. Kurapika exageraba-quizás por primera vez- y no podía entender la razón. Quería mi ayuda, me lo estaba pidiendo a gritos con sus gestos y su actuar, pero cada vez que hablaba me alejaba y me remarcaba lo útil que era para su batalla. Yo no quería ser simplemente una herramienta, se lo dije muchas veces y seguía repitiéndolo cada que tenía la oportunidad.
Uní cada tejido, sané cada célula con tanto esmero y amor que había rejuvenecido parte de su cuerpo. Estaba satisfecho con lo que había logrado, a pesar de estar exhausto y un poco entristecido, era feliz de ayudarlo.
Cuando acabé con el desgarro en su espalda me di cuenta que estaba dormido y que también podía descansar un poco. Solo debía recomponer esas falanges y sanar la trizadura en la ulna derecha que al más mínimo empuje se rompería a la mitad. Pensé en dormir un par de horas, luego de dos horas utilizando nen sin parar y mi concentración al máximo, estaba agotado.
Tomé los dedos de Kurapika en mis manos y los examiné detenidamente. Sonreí al notar el largo de sus uñas, el esmalte transparente que las cubría y el corte perfectamente limado, ni en sus peores momentos se despreocupa de ellas.
Decidí terminar el trabajo de una vez, luego podría descansar.
Contuve la respiración un instante y traccioné con fuerza ambos dedos acomodando los huesos de un tirón, rápidamente los envolví en nen impidiendo que el estímulo doloroso llegara a su cerebro y lo despertara. Era un milagro verlo dormir tan plácidamente y no podía arruinarlo.
Cuando terminé con la trizadura no pude quedarme conforme y empecé a buscar cada grieta o situación extraña en su cuerpo. No podía curar su anemia ni el pequeño soplo en su corazón, eran tareas complejas y delicadas que requerían aún más experticia y experiencia. No quería matarlo en el intento de sanarlo.
Técnicamente cumplí mi palabra, al dar las diez de la noche, había reparado cada herida, como si hubiese vuelto a nacer.
Me quité los guantes, las zapatillas y la chaqueta. Tenía hambre, estaba mareado de cansancio y me dolía la cabeza. No tenía fuerza para regresar a mi hotel.
Apagué la luz y empujé a Kurapika hacia el rincón de la cama haciéndome un espacio junto a él. Era extraño después de casi un año volver a tenerlo tan cerca y mostrándose tan vulnerable, parecía que casi no le importaba.
Tan solo apoyé la cabeza en el colchón y desaparecí del mundo al instante. Fue como abrir y cerrar los ojos.
Cuando volví a pestañear, la luz del alba iluminaba parte de la habitación desde la ventana. Me dolía el cuello y las piernas, ni siquiera me había movido en toda la noche y mi mandíbula estaba rígida solo del estrés que había acumulado el día anterior. Había dormido, pero no estaba descansado.
Me volteé encontrándome de frente con los ojos celestes de Kurapika. Me miraba con un poco de culpa y las mejillas hinchadas luego de dormir tanto.
Me encantaba.
-¿qué hora es?-le pregunté notando que el corte de su cabello no era el mismo ¿hace cuánto lo había hecho? No le quedaba bien.
-la sra. Fuiro entra en la mañana a dejar el desayuno-me dijo en voz baja en medio del silencio y la oscuridad
-¿sabrá que somos dos?-pregunté corriendo mis pies hacia la orilla. Quería mantener la mayor distancia posible
Kurapika hizo una mueca con los labios que me intimidó.
-se alarmará si nos ve durmiendo juntos
-está bien, ya entiendo. Me voy-dije molesto poniéndome de pie-aún ni amanece y ya estás odiándome ¡vete al infierno, maldito malagradecido!
Noo, Kurapika es un tonto!
¿Irá tras Leorio o se quedará en su nube de ensimismamiento? No lo sabemos!
Gracias por los follows, fav y comentarios! Los amo montones!
Besos desde Chile! y suerte con el inicio a clases 3
