5. Traidor
Regresé a trabajar confundido y sin ánimos, poco había que hacer la última semana antes de partir y no era el único que había perdido las ganas. Muchos habían decidido salir de vacaciones, volver a las casas, encontrarse con sus familias o dedicarse tiempo para ellos. Podía ser la última oportunidad de sus vidas para realizarlo.
Cuando regresé a la Asociación luego de dormir en mi cuarto de hotel, me di cuenta que estaba solo y que no tenía "deudas" con personas para utilizarlas de excusa y viajar a un lugar tranquilo. Sentía que ni siquiera conmigo mismo debía enfrentarme, y parecía que sin previo aviso la ciudad se había desmantelado, dejando en ella a los malditos huérfanos sin hogar, a nosotros.
Fui a la oficina de Cheadle, solo ella debía quedarse desde ahora y para siempre en la AC. Un triste destino para una mujer tan amable.
Llevaba un traje nuevo esa mañana y tomaba un té de pie junto a los ventanales de su piso. Observaba la ciudad con sus inmensos ojos claros, y sonreía dueña de todo.
-¿no hay reunión hoy?-le pregunté notando la ausencia de los oficiales que normalmente custodiaban su estadía
-claro que no, queda una semana para partir. Tienen todos libertad de acción, puedes regresar a dormir si quieres
-mañana es mi exámen
-¿cuál exámen?-se volteó hacia mí dejando la taza sobre la mesita en junto-lo hablamos hace unos días, no necesitas exámen
-me gustaría darlo de todos modos
Ella rió, por algún motivo mi corazón tropezó asombrado. Sin su traje de claustro y el excesivo maquillaje parecía otra mujer, y muy bella. Probablemente me hubiese enamorado de Cheadle en ese momento, pero mi corazón ya estaba ocupado y rápidamente rechazó la opción.
-¿quieres té?
Asentí confortado. Sí, quería hablar, conversar, soltarlo todo sin tener la presión de Kurapika en mi nuca. Quería volver a sentirme real.
Me senté frente a ella en su escritorio y aguardé un poco hasta que me hiciera la primera pregunta. Cheadle estaba curiosa por algún motivo y en sus ojos me decía que era yo el objeto de su admiración.
-tú lo sanaste-me dijo leyendo cada una de mis debilidades y expresiones no verbales que pudieran delatarme
-no sé de qué habla
-de La Rata, Leorio. Estuvo conmigo antes que tú, vino a dejarme el informe del último trabajo que le pedí, y lo vi con mis propios ojos: saludable, sin un rasguño, completamente renovado, incluso parecía más feliz ¿me vas a negar que fuiste tú?
-me pidió el favor, no pude negarme, es mi amigo y quiero lo mejor para él-bebí té intentando ocultar el nerviosismo en mi voz
-dijiste que no estabas seguro de utilizarlo en humanos vivos ¿solo te arriesgaste?
-iba a funcionar, tú lo sabías
-nunca desconfié de tu potencial como arma sanadora, solo temía que no salieras vivo; demanda mucha energía y concentración mental. Me alegra ver que lo lograste y que sigues vivo. Es magnífico, perfecto
Tragué grueso, no estaba acostumbrado a los halagos.
-tenía la esperanza que no calificaras-me dijo soltando un suspiro y se quitó los guantes de tela con suavidad. Llevaba las uñas limadas y pintadas con esmalte transparente, como Kurapika
-¿querías que reprobara?
-sí, quería que te quedaras aquí en la ciudad, estudiando medicina y convirtiéndote en el mejor de todos los tiempos-me sonrió con amargura-ambos lo queríamos
-yo no quería…siempre quise aprobar-exclamé confundido
Cheadle sonrió para sí, en ese momento no logré entender que al decir "ambos" no se refería a ella y a mí, sino a alguien más que se lo había dicho antes.
-eres una de mis mejores cartas-dijo ella terminando su té-quiero que regreses con vida, te pondré en el mejor hospital y siempre tendrás mi voluntad a favor
-¿por qué?
-porque no hay nadie en el mundo que lleve mejor el nombre de Caballero Paladín
Me sonrió nerviosa dejando ver la diferencia de edad que teníamos y su extraña desilusión.
¿Caballero Paladín? ¿A quién se le ocurriría transformar mi apellido en un nombre tan cursi? Era mera coincidencia, yo no era un caballero y no tenía un rey al cual servir y dar mi vida…
Apenas al mediodía ya estaba de vuelta en el hotel, estirado sobre la cama, con la ropa tirada por todos lados y mirando el techo pintado hace poco. Era un buen lugar, mucho mejor que el cuarto en el que vivía Kurapika, y tenía calefacción.
El ventilador girando sobre mi cabeza me obligó a esconderme bajo el edredón, pensando y pensando en él, en sus manos tan estrictamente cuidadas y el mal corte de cabello que le quitaba años haciéndolo parecer un crío de 16.
Había dormido a su lado, quizás había despertado en la noche y me había visto, o quizás solo fue una coincidencia voltearme y hallarlo despierto.
No podía quitarme sus ojos celestes de la mente, sentía que me volvería loco si seguía dando vueltas a la misma escena sin parar, pero que si dejaba de hacerlo, perdería mi alma.
-caballero paladín…-susurré observando el brazalete que me acompañaba a todos lados, el único recuerdo del hijo que alguna vez fui y que tuvo una madre santa que lo cuidó hasta que la vida la agotó.
La fotografía que había en el brazalete era antigua, mi madre no tendría más de 20 años y parecía feliz de haberse casado con el patán que me habían dado por padre. Inteligente, audaz y conmovedora, así era ella y nunca se dejó ganar a pesar de ser pisoteada por un infeliz todos los días hasta su muerte.
-ella no quería un caballero por hijo-me dije girando el brazalete entre mis dedos-a ella la pintaron como a una princesa y el caballero paladín que la salvó solo le hizo daño hasta matarla de pena
Cheadle no tenía por qué saberlo pero me había hecho el peor cumplido que pudiera imaginar. El apellido de mi padre era lo único que despreciaba de mí, pero también la única prueba que era hijo de mi madre, una princesa que nunca debió ser rescatada.
Abrí los ojos dándome cuenta que había dormido un par de horas con el brazalete bajo mi pecho, aún no estaba recuperado al cien de lo sucedido el día anterior. Debía descansar más, me quedaba una semana vacía para hacerlo y no me emocionaba para nada.
El teléfono sonó tres veces, no me levanté a contestar. No quería recibir visitas.
Volví a acurrucarme y cerré los ojos ignorando mis tripas que morían por una sopa o un buen fondo con patatas fritas. ¡Estaba tan deprimido, parecía un miserable!
-llamaron 3 veces para que me dejaras entrar
Di un brinco en la cama al oír su voz.
Kurapika estaba aún al borde del balcón, con una pierna dentro y la otra afuera quitándose el sudor de la frente. Había subido más de 15 pisos de ventana en ventana hasta llegar a mi balcón abrigado hasta el cuello y la voz rasposa.
-¿qué haces aquí?-fue mi pregunta mientras iba a ayudarlo para evitar una caída y una muerte segura
-no me dejaban entrar si no contestabas el teléfono y lo permitías-me explicó quitándose el abrigo y la bufanda-pero sabía que ibas a estar aquí
-sí, quiero descansar-le dije sin saber cómo reaccionar-¿por qué viniste?
Estaba aún más confundido.
-están todos de vacaciones
-¿no tenías nada mejor que hacer que saltar por el balcón arriesgando tu vida para verme la cara de estúpido?
-no sabía que estabas tan molesto
Hizo de nuevo esa mueca que odiaba, ese impulso nervioso con los labios que me mostraba su arrepentimiento y al mismo tiempo la lucha de poder que había en su mente y su alma.
Me mentía todo el tiempo.
-¿qué quieres?-pregunté con seriedad vistiéndome una camisa sobre la sudadera
-creo que-hizo una pausa tomándose las manos. Traía un anillo en el dedo anular que en la mañana no tenía y que jamás había visto. Me confundí diez veces más.
-¿vas a casarte?-le pregunté sin siquiera pensarlo
-¿qué?-sonrió nervioso soltando una risita chillona-no, no ¿por qué…?
-traes un anillo de compromiso en la mano izquierda
-no seas ridículo ¿quién me pediría matrimonio?-volvió a reír con nerviosismo
-tal vez Neón, y te convendría casarte con ella
-¿Neón? ¿Crees que me casaría con ella por interés?
-sí
Me miró horrorizado, ofendido y triste, incluso yo me sorprendía de la frialdad con que le hablaba.
-no, Leorio, no me casaría con ella por interés; y este anillo es...lo encontré lindo, fui de compras y creí que se me vería bien. Es todo-me explicó ruborizado hasta las orejas al borde de querer llorar
-por eso el abrigo nuevo
-estaba aburrido
-yo también, he dormido desde que llegué
Caminó en círculos sobre su eje un par de veces y me miró enojado con las manos en la cintura. No estaba enfadado conmigo, el problema estaba en su interior y buscaba en mí la forma de sacarlo fuera.
-vine a agradecerte-soltó al fin buscando en los bolsillos de su abrigo
-no hice nada que no pudieras hacer por ti mismo-se me hizo un nudo en la garganta. Lo estaba hiriendo, sabía que estaba tocando su hebra más frágil y parte de mí lo disfrutaba mientras la otra quería largarse a llorar.
Se acercó a mí y envolvió mi cuello en un pañuelo color vino, muy suave y fino, valía miles de zennis, podía saberlo solo por la calidad de los hilos. Era su obsequio de agradecimiento.
Se alejó de mí tan pronto como acabó el nudo del pañuelo y recogió su abrigo dispuesto a salir, me daba la espalda y mantenía la mirada en el suelo. Creía que su gesto no era suficiente y estaba triste, diez veces más triste.
-no uso pañuelos-le dije aún consternado
-¡ahora lo vas a usar!-me gritó volteándose a verme con los ojos húmedos-todos los días de tu vida lo vas a usar y te regalaré otro, aún más costoso para que lo presumas por ahí y…-se colocó el abrigo sin poder continuar la frase
-está bien, lo usaré y gracias, me gusta el color vino-dije queriendo complacerlo. Me partia el alma verlo así, atrapado en sí mismo sin poder salir.
-es el que mejor te queda, no sé por qué usas trajes azules, te ves muy delgado-me explicó intentando mirarme a los ojos-pasé toda la maldita mañana eligiendo un regalo para ti, al menos finge que entiendes lo que quiero decir
-no, no entiendo nada. Nunca hablas claro y siempre andas de aquí allá en situaciones peligrosas, no tengo idea en qué estás o siquiera si eres tú mismo, no te reconozco
-¡sí me reconoces!-se mordió los labios conteniendo la impotencia. Le temblaban las manos-te escribí…
-¡hace siete meses!
-¡pero lo hice y esperaba que entendieras! Crees que todo el mundo funciona como tú, con buenas intenciones y estando rodeados de personas amables que solo quieren la paz mundial ¡pues te equivocas! Hay personas que desean absolutamente lo contrario, y son egoístas, sucias, tramposas y se aprovechan de los ingenuos como tú
-¿debo entender que tú eres uno de esos y yo solo soy un ingenuo?
-sí
-una herramienta, para llegar más lejos
Kurapika me miró secándose la cara con las manos y meditó frente a mí enarcando las cejas antes de echarse a reír.
-se trata de eso-me dijo asintiendo y burlándose de mí-¿es porque dije que eras como una herramienta para mí?
-siempre lo he sido-dije un poco avergonzado y me quité el pañuelo tirándolo sobre la mesita de la estancia-nunca has sido sincero conmigo, pero siempre me buscas cuando necesitas un imbécil que te escuche
-¡Intenté matarme…!-se calló cubriéndose la cara casi con dolor. No quería llorar-intenté suicidarme porque solo una vez lo pensé así ¡y tú piensas que ando por la vida utilizando a las personas! ¿Con quién crees que estás tratando? ¿Con un demonio?
-a veces
-está bien, lo siento, lo siento mucho, lo siento una y mil veces. Fui un tonto, un idiota, un malagradecido, un mal amigo, arrogante y jugué sucio. Mi forma de protegerlos les hace daño, bien, tú ganas. Soy un completo imbécil y tú eres el héroe, el que lo ha hecho todo bien y siempre contestas las llamadas, siempre podremos contar contigo y toda la cursilería. Tú ganas
Suspiré cansado.
-no entiendes nada-le dije sin ocultar mi decepción-no estás llorando por mí, estás llorando por ti, no te gusta rebajarte y pedir perdón, ni siquiera sabes como hacerlo. Crees que no hay nadie en el mundo con tanto dolor en su alma que pueda igualarte, y vas por la vida apuñalando a tus amigos
-¿apuñalando?-Kurapika rió sin poder creerlo-¿eso es lo que piensas de mí? Probablemente Gon y Killua piensan igual, ¿eso es lo que soy para ustedes: un traidor?
Hubo un silencio terrible, pero no dije nada.
Me quedé frío viéndolo partir del cuarto, quizás para nunca regresar.
:O
Muchas gracias mis amores por los mensajes y los follows, me motivan a seguir. Espero no pasarme con el drama jaja
Besos desde Chile n_n
