7. Windsor

Dormí alrededor de diez horas. Cuando abrí los ojos no entendía muy bien dónde estaba, las luces del cuarto estaban apagadas pero las de la salita contigua seguían encendidas. Recordé que estaba en el hostal de la señora Fuiro y que probablemente Kurapika estuviese despierto aún, supuse que era de madrugada por el silencio que venía de las calles.

Me levanté lento, sentía aún las piernas débiles y los ojos cansados, no quería caer al piso al primer paso que diera. Entendía muy bien que debía cuidarme.

Di un respingo al oír el golpe en seco que vino desde la salita, como si alguien hubiera golpeado con toda su fuerza la mesita de centro con los puños haciendo resonar todo alrededor. Y casi al mismo tiempo, las quejas de Kurapika:

-maldición, cómo es posible

Fui hacia la salita y observé las hojas que había tirado en la tarde y que él mismo estaba volviendo a organizar como un rompecabezas, aunque no se veía satisfecho y varias de ellas las había roto.

-¿qué haces?-le pregunté llamando su atención. Me miró sorprendido arrodillado en el suelo frente a la mesita.

-lo que he hecho todo el último mes, crear planes alternativos

-¿para qué?

-por si algo sale mal

-¿de qué? Kurapika por favor, te pedí que descansaras

-ya lo hice, estoy recuperado

-no, no lo estás. Ven a dormir, mañana sigues con esto ¿quieres?-le pedí levantándolo del suelo-a dormir-insistí cuando quiso protestar

-iré a dormir al cuarto de al lado-me sonrió corto quitándose de mí

-¿por qué?-le pregunté ignorando su mirada nerviosa-ven, solo vamos a dormir. Kurapika no me mires así, no seas ridículo-reí metiéndome a la cama. El maldito sueño no se iba de mí-ven-lo llamé nuevamente, pero él se había quedado observando un objeto sobre la mesa de noche

-esto cayó de tu chaqueta-me dijo sentándose a los pies de la cama con el brazalete de oro entre sus manos-nunca lo había visto

Se lo quité de inmediato casi por instinto, olvidé por completo que era Kurapika y que debía ser un poco más amable. Era mi secreto, tal vez el único y de pronto no sabía cómo llevarlo, ni siquiera estaba seguro de querer responder las miles de preguntas que vi en sus ojos en ese mismo instante.

-lo siento-me dijo con un gesto irónico-no sabía que era tan importante

-no-dije regañándome por mi reacción casi exagerada-lo siento, no es tan...relevante

-¿quién es?

-mi mamá

Sonrió de forma extraña, como si hubiese descubierto en mí la razón para quererme o respetarme, jamás comprenderé lo que quiso decirme con esa expresión de ternura que me hizo sonrojar.

-¿por qué te sorprendes?-le pregunté incómodo-es obvio que tengo una madre, tú también la tienes

-jamás habías dicho una palabra sobre tu familia, es nuevo para mí-reconoció quitándose los zapatos para meterse a la cama

-también tengo un padre, no te sorprendas

-¿están muertos?

-mi madre murió hace mucho, mi padre no lo sé, el maldito desapareció un día

Me sentí nervioso al verlo junto a mí prestándome toda su atención, estaba muy interesado, sorprendido, y no podía ocultarlo.

-¿qué quieres saber?-le pregunté acomodándome para verlo a la cara

-todo

-¿todo?

-sí, cómo eran, a quién querías más…-se mordió los labios guardando silencio-todas las preguntas que me hiciste en York

-no me gusta hablar de ellos

-a mí no me gusta hablar de mi familia, termino llorando y con ganas de morir, pero yo respondí todas tus preguntas aquella vez; es mi turno

-bueno, pero no me juzgues si lloro

-nunca te juzgo-me dijo frunciendo un poco el ceño-¿Leorio es tu nombre real?

-sí, no tengo segundos nombres, mi padre era...tacaño hasta con los nombres-sonreí

No quería verme demasiado frágil

-¿cómo se llamaba él?

-no lo sé

-¿no lo sabes?

-no, mi padre aparecía cada dos semanas y no hablábamos mucho. Ni siquiera se despidió de mí y jamás investigué sobre él, no tengo motivos para hacerlo

-¿tan malvado fue?

Asentí.

-al menos no lo quiero-puntualicé dejando que tomara en sus manos el brazalete de oro-¿te gusta?

-parece muy antiguo y…-cargó su pulgar contra la orilla del anillo que rodeaba la fotografía y lo giró logrando que se abriera como un portaretrato

-¿cómo demonios…?-estaba sorprendido. No sabía que podía sacar la fotografía

-tiene una ranura ¿jamás la viste? Eres muy poco observador

-eres tú el genio, no yo

-ten-me dijo pasándome la pequeña fotografía de mi madre-¿quién es S. Paladiknight? ¿Tu madre?

-no, su nombre era Amir Windsor-respondí extrañado con el descubrimiento

-¿tu padre?

-tal vez…no estoy seguro, mi padre me dijo que me lo dieron al nacer ¿por qué tendría su nombre

-tiene más de 30 años Leorio, no fuiste su primer dueño-pensó profundamente intrigado-espera, ¿dijiste Windsor?

-sí

-¿como la familia real?

-¿cuál de todas?

Sus ojos celestes se posaron en mí con una extraña sugerencia, casi como un niño.

-los Windsor, de Ochima. Son dueños de casi todo un continente y tienen muchos tratos con la mafia, solo hay una familia Windsor en todo el mundo

-¿y eso qué? Mis padres eran pobres, no hay posibilidad que haya conexión-dije un poco molesto. Me hacía sentir que no conocía a mi propia familia y pasado

-Amir Windsor-susurró sin dejar de mirar el brazalete-¿no tienes hermanos?

-no. Quizás le pertenecía a mi padre, o algún tío desconocido, aunque no tendría sentido que me lo hubiesen regalado con una fotografía de mi madre

-Leorio

-¿qué pasa?

-¿cómo murió ella?

Suspiré con el nudo en la garganta.

-no quiero hablar, lo siento-respondí colocando la fotografía en su lugar y guardé el brazalete bajo la almohada volteándome hacia la pared-lo siento mucho-insistí al notar su incómodo silencio

-no te preocupes, todos tenemos secretos

Me quité las lágrimas de la cara con enfado, ni siquiera me dolía tanto hablar de ella o recordarla, solo me sentía un poco decepcionante y poca cosa al pensar en la mujer que tenía en mi recuerdo, esa de la que mi padre siempre hablaba con admiración luego de su muerte y que yo deseaba oírla decir que estaba orgullosa de mí.

-no lo sé-dije luego de varios minutos. Kurapika ni siquiera se había movido, seguía mirando el techo

-está bien si no quieres hablar-me dijo apagando la luz de la lámpara

-Kurapika

-qué pasa

-la verdad no sé lo que pasó ni cuándo, tengo demasiadas lagunas mentales entre los diez y los trece años, solo recuerdos muy vagos

-¿nunca has buscado información?

-no, solo le pregunté a la mujer que me cuidó cuando mi padre desapareció y me dijo que Amir Windsor llevaba muerta mucho tiempo, y que nadie conocía a su asesino

-¿fuiste a su funeral?

-no

-¿al de tu padre?

-no, ni siquiera sé si está vivo

Kurapika se removió en la oscuridad abrazándome por la cintura y apoyando su cabeza en mi espalda mientras buscaba con su mano fría las mías. Acomodó la cabeza detrás de mi corazón, enredó sus piernas con las mías y soltó un suspiro de cansancio, como si al fin pudiera descansar como deseaba.

No supe bien cómo reaccionar, antes de desmayarme estaba a punto de sacarme a patadas del lugar y ahora me abrazaba como si los siete meses de ausencia no significaran nada ¿jugaba conmigo? Maldición, se sentía tan bien creer que era completamente sincero y sus arrebatos de furia no eran más que eso: momentos en que su única vía de escape era gritar y discutir. Después de todo, los instantes en que éramos nosotros mismos eran aquellos, a media noche y en silencio, sin más que decir.

Me volteé en la cama y me acerqué a él recibiéndolo en mi regazo. Lo abracé acariciando su cabello y sonreí al oír que estaba riendo.

No quise hablar, no había más que decir. Él me había elegido porque sabía guardar silencio en el momento indicado y lo aceptaba así, aunque me molestara su forma de expresar afecto y me hiciera sentir como un tonto...lo adoraba.


Un poco de calma para nuestro Caballero Paladín!

Cariñooos y besos desde Chile!