8. Beso

Su canción favorita se llamaba Shikibu Murasaki, de un tipo al que le gustaba vestirse de geisha. Hanzo le había dicho que la oyera mucho tiempo atrás y Kurapika jamás pudo dejar de amarla, tal vez por su carácter alegre que invitaba a bailar o porque simplemente era un artista de mal gusto y a él le gustaban las personas estrafalarias.

No le gustaba el azúcar ni la miel, pero a veces endulzaba el café con caramelos y gustaba de comer galletas de manzana y canela por la mañana. Odiaba el té de manzanilla, los espárragos y las hamburguesas, comía poca carne y le daba asco mezclar el arroz con ensaladas.

Sin embargo, había una cosa a la que no podía negarse: los misterios.

Cuando desperté, el sol ya estaba puesto en lo alto cercano al mediodía y yo estaba completamente solo. Kurapika había salido muy temprano dejando en la sala muestras de todo lo que había hecho: las hojas volvían a estar en la basura y rotas en pedazos, una nueva taza de café a medio tomar ya muy fría sobre la mesita, no estaba su abrigo nuevo ni mi pañuelo de lujo; faltaba un libro en el alféizar y había una nota pegada tras la puerta escrita muy rápido a pulso de madrugada:

"Llegaré antes de las tres de la tarde, no te preocupes por mí.

Tomé tu brazalete prestado, lo cuidaré"

Volví a la cama buscando el brazalete y en efecto no estaba, ni siquiera había notado cuándo había salido ¿y por qué lo llevaría?

La señora Fuiro me encontró en el pasillo mientras me dirigía a la salida. Debía regresar al hotel, ducharme y organizar un poco mi cabeza. No sabía si Kurapika deseaba que me quedara con él, al menos quería que lo esperara por lo que decía su nota, pero no tenía más ropa y no soportaba un día más con la misma camisa.

-¿vio a Kurapika?-le pregunté ayudándola a cargar ropa limpia hacia la bodega del hostal

-lo vi en la mañana, iba muy apresurado y me saludó de lejos, pero se veía muy feliz, me alegra saber que moriré conociendo su sonrisa, es como un ángel

Reí un poco apenado, ella pensaba tan exageradamente como yo.

-¿volverá?-me preguntó al despedirme en el antejardín

-más tarde

-¿le preparo un cuarto?

-no se preocupe, vendré de visita-le sonreí saludándola con la mano antes de correr a la calle principal hacia mi hotel dos cuadras más abajo

Estaba feliz, yo también parecía brillar aquella tarde.

Le escribí un par de veces, pero los mensajes ni siquiera le llegaban, estaba fuera de la zona de cobertura.

Me duché, mandé a lavar ropa, leí un poco y tomé apuntes antes de tener noticias de Kurapika. Me sentía ansioso, no podía quedarme quieto y aunque buscara distracciones, la idea de verlo regresar a mí me enervaba hasta el alma.

Intenté transcribir unos apuntes de un compañero de la escuela de medicina, pero acabé escribiendo lo que sentía por Kurapika en un patético poema que terminé por botar a la basura, pero sirvió para desahogar mi pobre ser que temblaba sin poder contener la incertidumbre, ¿cómo se suponía que de pronto estuviese todo en orden?

Luego de las seis de la tarde recibí una llamada de recepción pidiendo mi permiso para dejar entrar a un chico que venía a visitarme pero que no quería dar su nombre ni su relación conmigo; por políticas del hotel debía confirmar la visita o se le consideraba un intruso.

-es un amigo, no se preocupe-insistí arrugando un papel en mis muy nervioso.

Colgué la llamada y esperé.

Kurapika vestía su abrigo abrochado hasta el cuello con mi pañuelo color vino bajo la solapa, tenía la nariz roja y la piel pálida por el frío que hacía allá afuera y yo no había notado.

Entró quitándose el bolso, el abrigo y la chaqueta. Me sorprendí de ver que estaba usando su traje de combate con vanguardias verdes y los zapatos azules que tanto le gustaban, como si hubiese leído en mí que lo prefería así y no vestido de negro como un guardaespaldas cualquiera.

Parecía haber retrocedido en el tiempo, incluso me cuestioné si estaba soñando.

Sonreía con la emoción pintada en los ojos: había descubierto algo importante y le ardían los labios por contarme.

-fui a ver a tu padre-me dijo así sin más echándose en el futón junto al escritorio

-¿qué?

De pronto toda la emoción que sentía por verlo a él se esfumó tras una profunda bocanada de confusión y nostalgia.

-no te pareces en nada a él-me dijo mirándome de pies a cabeza y sacó de su bolsillo el brazalete de oro

-¿cómo…?-me senté en la otra esquina del futón intentando acomodar las ideas-¿cómo lo encontraste?

-el brazalete estaba sellado con nen-me explicó-como eres tan poco observador y no utilizas nen constantemente como yo, no pudiste abrirlo, pero en cuanto lo noté pensé que alguien en tu familia debía ser un cazador profesional o al menos tener alguna relación con la Asociación

-¿y lo encontraste?

-sí, es un cazador y vive como un infeliz

Se incorporó junto a mí y me miró con cierta ternura al ver que mis ojos estaban llenos de lágrimas. No podía evitar sentirme entristecido y melancólico, cuando era un niño no veía maldad en papá y de cierto modo lo quería, hasta que crecí lo suficiente para ver su verdadero rostro.

-no vale la pena-me dijo Kurapika con enfado-es un miserable y no merece saber que tiene un hijo como tú-me sonrió resignado

-¿de qué hablaron?

-no quiso decir mucho, le dije que era cazador profesional y que buscaba información de la línea no oficial de los Windsor

Lo miré expectante, después de todo tuvo la razón desde el principio.

-me habló de Amir, que tuvo un hijo con ella y que cuando Amir murió decidió dejarlo porque no se sentía capaz de verle la cara y recordarla

-maldito mentiroso ¡ni siquiera la quería!-dije exaltado quitándome las lágrimas de la cara

-yo creo que dijo la verdad. Te pareces mucho a ella y no te dejó abandonado, dijo que te había encargado a una mujer de confianza y que sabía que vivirías bien

-¿cómo puedes empatizar con él?-le pregunté hondamente asombrado

-conozco la miseria de mucho más cerca que tú, Leorio. Ese hombre no mentía, incluso tiene una foto de ustedes, yo le creí cuando me dijo que los amaba

Rompí en llanto, no podía soportarlo ¿por qué de pronto sentía lástima por mi padre y creía plenamente en lo que Kurapika me decía?

-lo siento, quizás no debí llegar tan lejos-me dijo él buscando la forma de consolarme-¿estás bien?-me preguntó luego de un silencio incómodo

-sí, tranquilo-le dije al verlo nervioso-¿no dijo nada más?

-no, estaba muy afectado y me dejó hablando solo

-¿y el brazalete?

-le pregunté si la firma S. Paladiknight era suya, dijo que no, que no tenía nada que ver con eso y que no metiera la nariz en los asuntos familiares de los Windsor, al parecer es un tema complejo

-¿qué crees que signifique?

-intenté buscar información de tu madre en el sitio del cazador, pero no dice mucho, solo que es hija directa de los hermanos que hoy dirigen la familia, estudió artes y murió hace 13 años en una isla cerca de Osbor, en Ochima

-papá dijo que murió en Padokia, al menos recuerdo oírlo decir eso

-la información oficial es otra, no dice nada de un matrimonio ni de hijos, de hecho en tu acta de nacimiento no aparece su apellido, solo "Amir"

-¿y de mi padre?

-tiene su licencia desde los 20 años, jamás ha ejercido, probablemente empeñó la licencia y no hay datos de familiares u otros hijos además de ti

-la verdad…-suspiré inquieto poniéndome de pie-desearía no haber sabido de esto, era más feliz con las lagunas mentales

-no pude evitarlo-se disculpó abrazando mi pañuelo contra su rostro-debiste ignorar todas las señales para no buscar información, está todo al alcance

-¿comiste?-le pregunté sin querer hablar más del tema

-sí, y te traje frambuesas caramelizadas. Las vi en la estación y recordé que te gustaban-me dijo mirando el suelo-tengo que regresar al hostal, la señora Fuiro debe estar preocupada

-puedes llamarla y decirle que estás aquí-le propuse colocándome una chaqueta sobre la camisa

-¿vas a salir?-inquirió yendo en busca del teléfono

-pensaba salir a comer, no me alcanza para el servicio a la habitación-sonreí resignado

-¿por qué no me pediste dinero?-me preguntó un poco molesto-te dije que no dudaras en hacerlo

-no puedo hacerlo

-vi tu cuenta bancaria y estoy sorprendido, nadie creería que eres un cazador zodiaco si las viera

-gasto la mitad de mi sueldo en estudiar y la otra en sobrevivir-le dije ignorando su expresión mientras aceptaba la visa a su nombre que me ofrecía

-sé que gastas en estudiar, por eso no me duele darte una mano

-gracias

-úsala cuando quieras, solo te pido que no la sobregires

Sonreí viéndolo hablar por teléfono con la dueña del hostal, era amable y cuidaba de sonar feliz solo para ella, un bello gesto que solo tenía por fin hacerla sentir querida y acompañada.

Cuando noté que terminaba la llamada, una presión se apoderó de mí y fui hacia él tomándolo por la barbilla y obligándolo a verme a la cara, tan cerca estaba de él que pude sentir su respiración cortada al verse nariz a nariz conmigo sin preverlo.

Vi en sus ojos celestes sus ganas de besarme, sus labios resecos por el frío me lo pedían a gritos y su cuerpo dejándose cazar por mi abrazo hablaba por sí mismo.

Nos vimos a los ojos un momento acercándonos con temor al encuentro que deseábamos, ¿cómo podía siquiera pensar en dejar de quererlo si con solo una sonrisa había borrado todo el daño que me había hecho sufrir?

Al instante cerré los ojos sintiendo el roce de su boca junto a la mía, sus labios tibios atraparon los míos mientras sentía sus manos buscando abrigo en mi cabello. Todo en él era un manojo de nervios, podía saberlo por la tierna indecisión que velaba el movimiento de sus labios. Un beso que solo rozó nuestra piel, suficiente para reconocernos y olvidar que no éramos los mismos de un año atrás besándonos por primera vez.

Se quitó de mí sin alejarse un centímetro y contuvo la respiración mordiéndose los labios. Rogué al cielo para que no hablara, solo debía dejarse llevar ¿por qué le costaba tanto?

-Leorio-susurró acomodando mi cabello-yo…

-no lo pienses mucho-le advertí interrumpiendo su hablar y tomándolo por las mejillas para verlo a los ojos-estamos bien

-no es tan sencillo

-lo es-le sonreí un poco angustiado-solo deja de pensar-susurré enternecido por sus mejillas sonrojadas-confía en mí

Me acerqué nuevamente besándolo pausadamente. No le gustaban los besos atropellados ni enérgicos, prefería disfrutar las pausas que se formaban entre el roce de nuestros labios y contener la respiración hasta recuperarla en un suspiro.

La piel suave de sus mejillas bajo mis manos ardía en contraste con su nariz aún helada por el frío de la tarde; su cabello rozaba mis dedos mientras me hundía en él sintiendo la suavidad de esa melena rubia y el dulce aroma que se desprendía de ella.

Estaba fascinado, lleno de felicidad y una plenitud que se colaba hasta mi vientre provocando un calor que subía hasta mi pecho cada vez más acelerado. Se me estremecía la piel explorando su boca, recorriendo con mi lengua sus labios y sintiendo en la espalda los arañazos sin garras del deseo que contenía mi sed de él.

Dio un paso atrás tirando al suelo el teléfono y nos miramos un poco asustados lamentándonos de haber sido sacudidos de pronto por la realidad.

¡Que estupidez!

-lo siento-me dijo recogiendo el teléfono y escabulléndose de mí en busca de su abrigo con el rostro sonrojado y los ojos brillantes

-creí que te quedarías-le dije recuperando la calma de mi respiración y sintiendo aún la presión de su beso en mi boca

-no creo que sea conveniente-me sonrió dando una mirada rápida a mi entrepierna-¿nos vemos mañana?

-supongo, tal vez-respondí con rapidez sentándome en el futón con la vergüenza pintada en la cara-llámame cuando llegues

Me sonrió desde la puerta y salió llevándose consigo mi pañuelo.

Suspiré irritado conmigo mismo y fui a la cama apagando las luces, quería dormir, a ver si en sueños podría quitarme todo el deseo que me estaba consumiendo en ese momento.


OMG! Cómo negarse! Dios mio estos dos siempre acaban rompiendo mis nervios! uwu

Sí, hice una maratón de capítulos porque sentí que eran muy cortos jajaja

Nos leemos, besos desde Chile n_n