9.

-¿cuándo vas a devolverme el pañuelo?-le pregunté quitando una pelusa de almohada de su melena bajo mi cabeza-era mi regalo

-es suave-me dijo sin darme ninguna explicación, simplemente le gustaba y no tenía intenciones de regresarlo

Suspiré soltando la resaca de sueño que nos atacaba. Llevábamos más de dos horas despiertos hablando tonterías y haciendo prácticamente nada, ni siquiera desayunar nos motivaba. El día estaba gris y apagado, no había mucho que hacer y estar en la cama como vagos sin trabajo parecía el panorama más apropiado.

Kurapika había regresado al día siguiente de nuestro beso con la excusa de seguir investigando la muerte de mi madre, aunque yo no estaba muy emocionado, era un tema que me dolía en tanto y no estaba seguro de querer develar lo que me habían ocultado tantos años. Temía destruir los pocos recuerdos que me quedaban de niño.

Sin embargo, pronto nuestro encuentro en mi habitación de hotel se convirtió en una tarde fría perfecta para pasarla bebiendo café y charlando sobre los múltiples desenlaces que yo veía a nuestro viaje contra las únicas dos opciones que él veía: vivir o morir. Para Kurapika no había intermedios, en su cabeza no cabía la posibilidad de un arrepentimiento o de acobardarse al último momento, ni siquiera existía la remota oportunidad de sobrevivir si acaso no estaba mejor preparado que el cuarto príncipe, por consiguiente en su futuro no estaban los chicos, su sueño de dedicarse a la astrología ni yo. Solo eran él y su venganza avanzando juntos hacia una muerte solitaria.

Todo aquello siempre lo supe, pero prefería ignorarlo. Así se construyen momentos felices ¿no?

-¿quién cuidó de ti cuando tu padre desapareció?-me preguntó de pronto evitando que volviera a quedarme dormido

-una mujer a la que llamaba Abuela-dije bostezando-era muy amable, pero jamás respondió a mis preguntas

-¿sabes dónde vive ahora?

-debe vivir aún en la misma casa, en frente de la mía

Kurapika se volteo hacia mí con el rostro en duda, los ojos hinchados y las mejillas sonrojadas luego de dormir tantas horas. Tenía una idea, la pude leer en su frente antes que sus labios la soltaran y aún me pregunto por qué no pude negarme.

-vamos a visitarla

Lo miré absorto en su imagen descuidada, tal vez ni siquiera le oí con exactitud y asentí confiando en que estando a su lado nada podría salir peor de lo que ya estaba. Era cosa de mirarnos, ver que estábamos a días de romper la burbuja que nos sostenía y de entender que cada beso, cada sonrisa y cada minuto juntos hacía más y más dolorosa la despedida.

-Leorio

-qué

-me gustan tus pestañas

Me quedé en silencio un momento antes de echarme a reír como un tonto, con unas cuantas palabras había borrado toda mi confusión y me obligaba a quererlo un poquito más. No tenía siquiera excusas para negarme a su querer.

Casi como una orden seguí su intención de hacerme regresar a mi hogar. Era cierto que Abuela podría darnos más información de lo que había ocurrido con Amir, yo seguía inseguro de querer conocer los detalles de cómo mis padres se habían deshecho de mí, pero me sentía tan feliz e infundido de amor al ver a Kurapika entusiasmado y enfocado en otro tema que no fuese los ojos rojos, no pude negarme a ninguna de sus peticiones. Era un chico caprichoso que conocía con maestría mis puntos débiles y la honda sensación de una inminente despedida no me dejaba ordenar con claridad mis prioridades.

Kurapika me tenía en las nubes.

Salimos hacia la estación de trenes cerca de las tres de la tarde cargando una pequeña maleta y un bolso con lo que pudiéramos necesitar. No era un viaje de vacaciones, no íbamos mentalizados en disfrutar de unos días al aire libre, pero al menos estaríamos solos y lejos de la ciudad que nos intimidaba.

Kurapika habló con la señora Fuiro para que no estuviese preocupada y le prometió que regresaría en unos días. No podía dejar de enternecerme cada que lo veía hablar con ella, el tacto y la paz que le comunicaba parecían incluso una mentira, o quizás realmente se sentía tranquilo. No era capaz de leerlo detrás de la cortina de seriedad y poco interés que a veces despedía. Era todo un enigma descubrir lo que pensaba.

-llegaremos por la mañana-le dije cerrando la puerta del vagón que compartíamos

-me duele la cabeza-se quejó tomándome del brazo para sentarme a su lado y poder descansar en mi hombro

-no has descansado bien-suspiré contagiándome de su cansancio-ahora puedes dormir un poco

-esto me recuerda a cuando viajábamos con los chicos, eran tan ruidosos-sonrió impresionado echándose el flequillo hacia atrás mientras soltaba un suspiro-los extraño

-sí, a veces me hacen falta-reconocí apoyando mi cabeza sobre la suya-espero que nos encontremos pronto

-me temo que me guarden rencor por haber desaparecido

-no pienses tonterías, ellos no son así-le aseguré confiado en la amistad que habíamos forjado con Gon y Killua, y estaba seguro que ellos comprendían incluso mejor que Kurapika los motivos de su distancia-intenta dormir ¿está bien?

-Leorio

-¿qué sucede? me aterra cuando de pronto me nombras así, como si fueras a matarme

-quiero que sepas que luego de esto no hay más

-¿de qué hablas?

-de nosotros-me dijo evitando mirarme a los ojos-cuando regresemos de Ochima iré a terminar unos asuntos antes de iniciar el viaje y no quiero tener la cabeza en otro lugar, ni siquiera en ti

-está bien-dije con el nudo apretando mi garganta, no esperaba que a Kurapika no le temblase siquiera la voz para terminar conmigo-sé que no hay nada que pueda hacer

-intentaré mantenerme sonriendo para que veas lo feliz que me haces-me dijo soltando una sonrisa dolorosa que ni siquiera él creyó

-no tienes que esforzarte-susurré sincero intentando mantenerme optimista-me basta con que estés conmigo

Kurapika sonrió avergonzado sorprendiéndome con unas mejillas sonrojadas que hicieron explotar las mariposas en mi estómago. Reí con él, reímos de la estupidez que significaba vernos a la cara sabiendo que teníamos el tiempo contado, y me besó, ignorando por completo las palabras con que había roto mi corazón medio minuto atrás.

Era tan errático, al borde de la locura.

Durmió la mitad del camino, yo no fui capaz de cerrar los ojos durante toda la noche, estaba nervioso por regresar a casa luego de tanto tiempo y no estaba seguro de querer encontrarme con tantos recuerdos que poco a poco comenzaban a florecer dejando en segundo plano mi alma destrozada por el amor de Kurapika y la incertidumbre de mi supervivencia en la expedición de la AC, parecía una pesadilla cada que pensaba en el brazalete, el nombre escrito en él, mi padre, su ida repentina y su imagen borrosa llorando la muerte de mamá. Desde siempre supe que una pieza no encajaba, mas, estuve tan obsesionado con recuperar mi vida a través de la muerte de Pietro, que nunca puse en duda los vagos recuerdos que tenía y jamás cuestioné los hechos que Abuela me contó.

Fui tan estúpido.

Acaricié el cabello de Kurapika que dormía acurrucado junto a la ventana y acomodé el cobertor que lo cubría hasta el cuello viéndolo dormir calmo por primera vez en mucho tiempo. Me parecía un ángel ¿cómo podía negarme al instinto de protegerlo y amarlo? ¿Había forma que su decisión de no querer regresar no rompiera mi corazón? ¿Tendría en el futuro siquiera oportunidad de olvidarlo?

El tren se detuvo un momento en medio del puente que cruzaba el Gran Lago hacia Ochima antes que dieran las cuatro de la mañana, pero solo me llamó la atención el silencio aterrador que nos cubrió al partir nuevamente el tren hacia destino, una extraña pesadez se apoderó de mí, como si de pronto hubiesen arrebatado cada gota de energía de mi ser.

Quería morir.

-Leorio-me nombró una voz ajena obligándome a abrir los ojos con urgencia

Mi corazón dio un brinco al reconocer la voz de Suirimiho frente a mí, sentado de piernas cruzadas con una mano sobre el cabello de Kurapika como si fuese consciente que de cierto modo mantenía secuestrada a la única persona que amaba sinceramente. Kurapika no se dignaba a despertar a pesar de la tensa aura que el asesino había generado a su alrededor, solo éramos yo y Suirimiho sonriéndome con una extraña mueca de descaro.

-no me recuerdas

Lo miré incierto sin querer desprender mi atención de sus dedos sobre la melena rubia de Kurapika, ¿recordarlo? no entendía a lo que se refería, ni siquiera hacía el esfuerzo por escucharlo, estaba dispuesto a pelear si era lo que deseaba.

-en casa no vas a encontrar nada-me dijo rebuscando en su bolsillo-Amir sabe ocultar sus secretos

-¿Amir…?-susurré intentando buscar una explicación al hecho que Suirimiho supiera el nombre de mi madre y hablara de ella con tanta soltura

-definitivamente no me recuerdas-exhaló decepcionado

Oírlo hablar inundó mi mente de lagunas y estrés, aquella pieza que no calzaba luchaba por salir a flote y completar el rompecabezas que Suihimiro de pronto había puesto frente a mí.

Se acercó a mí olvidando a Kurapika y susurró junto a mi oído todo lo que necesitaba saber para decidirme a buscar la verdad pues era todo una mentira.

-a Pietro no le gustaba jugar conmigo-me susurró congelando mi respiración-decía que yo era el malvado, impresionante su intuición para ser un niño

Sonrió orgulloso viéndome temblar frente a él y se puso de pie mostrándome el brazalete de oro que llevaba en su mano derecha, era genuino y tenía el nombre de Amir Windsor.

-regrésame el mío, Leorio-me dijo tomándome del cuello para tenerme cara a cara, tan cerca que pude ver sus ojos verdes iluminados por la fría luz del pasillo. Eran los ojos de mamá, y despedían el mismo desprecio que el último día que los vi-devuélvemelo

Busqué en mi bolsillo el brazalete y lo dejé en sus manos sin detenerme a pensar, mi cabeza daba vueltas y quería que todo acabara. No tenía fuerzas para pelear, no quería hacerlo luego de ver en él los ojos verdes que perseguí en tiernos sueños durante años.

-cuídate mientras puedas, hermanito

Me sonrió desde la puerta del vagón cerrando tras él y me dejó atrás temblando de pies a cabeza con el corazón en la mano y la cabeza destruida en dudas.

Creí que debía ser una mentira, una coincidencia o si dios existía, una pesadilla, pero el tren seguía andando y no podía dejar de oír una y otra vez la voz de Suirimiho en mi oído como una sentencia de muerte que había llegado desde el más allá con el rostro de mi madre.

-¿qué hora es…?-bostezó Kurapika incorporándose como un gato perezoso-Leorio-me habló lejano viéndome sentado frente a él con los ojos llorosos y perdidos en la distancia, yo apenas lo oía-¿estás bien?

Se sentó junto a mí buscando mi mirada con preocupación, pronto descubrí que estaba a su lado y no quise armar un escándalo. Le sonreí diciéndole que estaba muy cansado, que necesitaba dormir un poco y guardé tras mis ojos cerrados lo que acababa de conocer y el terror que me daba la idea de tener un hermano, un asesino que llevaba mi sangre y que prometía en sus ojos perseguirme hasta matarme.


ahhh! ¿qué es lo que quiere esta persona? déjenlos en paaaz

uwu

sé que es mi personaje pero a veces es como si tomaran vida propia y arruinaran mis planes jajaja

Nos leemos, besos desde Chile n_n