Advertencia. Ninguna.
16. Los clones
– ¡Goddard, enciérrate a estos clones!– exclamó el niño genio; cinco palabras que cambiarían el curso de acción.
Inmediatamente el perro mecánico sacó de uno de sus compartimientos el tan conocido cubo de cuatro dimensiones. Haciendo uso de su mano robótica, presionó un botón y se activó su funcionamiento. Una fuerte corriente de aire fue creada por la fuerza de succión del dispositivo, y sin poder haberlo predicho, los niños que le rodeaban fueron jalados hacia su interior.
Después de un exhaustivo día que había iniciado con un inocente viaje al espacio, el joven científico se encontraba caminando de un lado a otro en su laboratorio. Tenía su bata de laboratoria puesta y una mano sosteniendo su barbilla.
– Mis clones no han sido un fracaso, Goddard. Por lo menos, no del todo. Aún pueden ser de utilidad – se detuvo para mirar hacia su canino. Una traviesa sonrisa cruzaba por su rostro– Además, tienen el gen Neutrón… podríamos hacer que esto funcione. ¿Te imaginas? Sería el principio de un Imperio… un Imperio Científico.
Goddard se cubrió los ojos con sus orejas metálicas y emitió un chillido.
– ¿Estás listo, amigo? – el niño de ojos azules extendió el HiperCubo sobre su mano, hizo una pausa, inhaló aire y luego, presionó el botón de extracción. Un pequeño remolino emergió del invento junto con cinco réplicas suyas. El remolino perdió fuerza hasta desaparecer y los clones cayeron sobre el suelo, unos con más estilo que otros.
– ¡Yujú! ¡Ese viaje fue emocionante! – exclamó uno de los niños, que se encontraba tumbado encima del más galán.
– ¡Odio el hiperespacio! – se lamentó otro que estaba en el suelo, boca-abajo. Su cabello castaño caía hacia delante, cubriendo uno de sus ojos.
– Oh, mon'amie. ¡Qué alegría volver a estag en suelo figme! – dijo uno, con un acento francés falso mientras besaba el suelo.
– Oh vamos, el secreto estaba en los brazos. ¡Justo así! Mírenme amigos, – su peluca colorida se sacudía en cada movimiento mientras con sus brazos imitaba un tipo de nado al estilo libre sobre el pavimento, haciendo círculos alrededor de todos sus colegas y riendo frenéticamente.
El quinto de ellos se puso de pie impulsivamente, quitándose de encima al más alegre. Se aproximó hacia Su Original con pasos agigantados y una expresión amenazante.
– Nunca… JAMÁS… vuelvas a hacer eso, amigo. – añadió, y luego, sacó de su bolsillo del pantalón un peine, y acomodó su cabello. – Listo, soy guapo otra vez. – concluyó.
Jimmy miraba hacia los niños que por tercera vez en ese día, tenía nuevamente en frente de él. Estos niños eran él mismo, y al mismo tiempo, eran tan diferentes de él, personas vivas con pensamientos propios y diferentes personalidades y actitudes. No podía evitar mirarlos y sentir una conexión con ellos.
– Bienvenidos a casa – saludó el científico, con una amigable sonrisa. Todos los clones se aproximaron en un semicírculo – Veo, que se sienten más comodos en el laboratorio. Lamento haber tenido que encerrarlos en mi cubo de cuatro dimensiones, no encontré antes mejor solución para ese momento. – se disculpó, rascándose la nuca, antes de proseguir.– Mejor les pongo al día con la situación que nos atañe a todos. Imagino que ya habrán notado que nos hace falta uno.
Todos intercambiaron miradas para realizar un reconocimiento de caras.
– ¡El clon malvado! – exclamaron a unísono los niños.
– Así es. – asintió el genio. – Como recordarán, antes de ser succionados por el hipercubo, el clon intentó engañarlos haciéndose pasar por mí. Ha sido un movimiento ingenioso de su parte, y casi lo consigue, pero a Jimmy Neutrón no lo vencen tan fácilmente, ja ja já– añadió con una sonrisa orgullosa.
En silencio, los clones nuevamente intercambiaron miradas de desconfianza. Pasaron unos instantes hasta que uno de ellos se decidiera a hablar.
– Pardon, monsieur, pero ¿qué nos asegura que tú seas el verdadero Jimmy?
Los demás clones agitaron la cabeza de arriba a abajo, apoyando la pregunta de su compañero.
– Estaba seguro de que me preguntarían eso.– sonrió y se dirigió hacia el asiento que se encontraba frente a su computadora personal. – Solo hay dos opciones: pueden simplemente decidir creer en mi palabra, o… podemos aclararlo con la ayuda de la ciencia. – añadió, y tomó asiento. Tecleó una serie de códigos y una serie de gráficas fueron apareciendo en el monitor. Seis siluetas verdes a la derecha y una a la izquierda. Por debajo de las siluetas había un fragmento de ADN que representaba el código genético de los sujetos. El genio continuó hablando. – Como todo científico que se respeta, llevo un registro de todo lo que ocurre en mi laboratorio. El día de hoy no ha sido excepción, sin embargo, debo aceptar que la información es pobre en esta ocasión, pues esta tarde he tenido prisa de salir al espacio y no escatimé en detalles. Sea como sea, aquí pueden ver la poca información recopilada de sus códigos genéticos. Es una estimación, pero nos servirá para evidenciar mi autenticidad.
Los clones se acercaron hacia él. El clon más alegre sonreía muy emocionado al ver su código mientras que el clon más galán se recargó con estilo en el asiento de la computadora principal, fingiendo poco interés.
– Sí, sí, sí… ¿Vamos al grano? – preguntó acomodándose sus gafas de sol.
– Por supuesto. – asintió el genio. – Lo que propongo es que comparemos una pequeña muestra de nuestro código genético entre nosotros, así podrán reconocer que mi ADN es el más completo de todos. Ustedes, aunque son réplicas casi exactas de mí, han sentido los efectos de la clonación a hipervelocidad. Por lo que las diferencias entre nuestros códigos serán visibles en un porcentaje casi imperceptible, pero existente. Esa diferencia es lo que les proporciona a ustedes una personalidad diferente.
– Y pog lo tanto, entre clones, la diferencia será siempre mayog mientras que la diferencia entre uno de nosotros y el vegdadero Jimmy será…
– ¡Será casi nula! – aplaudió el más sonriente.
– Podemos hacer un análisis con el escáner de sangre de Goddard. – sugirió, antes de sacar un micrófono de entre su peluca colorida– Y hablando de sangre, ¿cuál es el colmo de Drácula? Que su esposa y su hija sean unas sangronas. ¡Ja ja ja ja! ¡Vamos, amigos!
– ¿Tendremos que pincharnos la mano? ¡Me dan miedo las agujas! – lloriqueó el más sensible.
– ¡Pues yo no le tengo miedo a nada! Adelante, viejo. ¡Hagámoslo! – exclamó el de las gafas.
Jimmy sonrió al ver la cooperación de sus clones.
– Muy bien, Goddard. Colecta todas las muestras, y muestra los resultados en pantalla. – ordenó el niño de peinado en forma de remolino.
Todos los niños ofrecieron su dedo índice y Goddard estiró su mano robot para pinchar a cada uno de ellos con un alfiler y recoger las pequeñas gotas de sangre. El clon más sensible sacudió su mano inmediatamente después y se lo chupó. – Ouch – exclamó.
El niño de bigotes pintados se le acercó, y con solemne encantó recitó: – No está tang mal. Lo único peor que sentig dolor es no sentig absolutamente nada.
Los números aparecieron en pantalla y todos desviaron su mirada hacia el Jimmy que controlaba el mando de la supercomputadora.
…
Comentarios: Ya sé, ya sé… no es un drabble, es un oneshot. En fin, este borrador lleva guardado en mi disco duro desde hace ya unos dos años, quizá ^^. Un final alternativo al conocido episodio de Llegaron los clones. Originalmente mi idea era hacer un "spin-off" donde Jimmy viviese con los clones y lo divertido que esto hubiese sido cuando lo trataran como "hermano mayor". En fin, gracias por leer. Espero les haya gustado y quien guste darle continuidad a alguna de estas ideas sería excelente :)
