11.

-vámonos

Kurapika me levantó dejando que me apoyara en él y caminamos en silencio hacia las escaleras dejando atrás el cuerpo de papá.

No pude hablar en horas, él tampoco dijo una palabra; simplemente estuvo a mi lado, me observó golpear hasta sangrar el tronco del árbol que había junto a la casa y me ayudó a sacar la gasolina del sótano para luego esparcirla en todos los rincones de la casa.

Vi a Gabriel hablar con Kurapika en medio de la calle pero la olvidé muy pronto, en mi mente no había más que la horrorífica imagen de mi padre cercenado en el mismo lugar que ocupaba para esconderme cuando jugaba a las escondidas, me sentía culpable y absorto en las posibilidades de haber crecido conociendo la verdad, no quería perseguir a nadie más, creí que si seguía hurgueteando en mi pasado acabaría aún más arrepentido.

Cuando Kurapika lanzó el primer cerillo encendido hacia el rastro de gasolina quise preguntarle por qué había insistido tanto, por qué simplemente no ignoró el brazalete tal como yo lo había hecho por años, cabía la posibilidad que mi padre siguiera vivo y pudiéramos hablar al fin, si Kurapika no se hubiese encaprichado con el brazalete nada habría ocurrido, nuestras vidas seguirían tal como una semana atrás.

Porque claro, culparlo era la salida más sencilla.

La casa ardió tan pronto como el fuego subió por la entrada principal y junto a ella todas mis ganas de vivir. Vi en las llamas la mentira que había vivido tanto tiempo y lloré por última vez dándome cuenta que Kurapika no había dejado de sostener mi mano entrelazada a la suya, estaba de pie a mi lado observando el fuego en silencio, en sus ojos celestes se reflejaba la llamarada con una triste nota de miseria y tristeza. Éramos los huérfanos del mundo desprendiéndonos de todo lo que poseíamos, dejando atrás cualquier pasado que tuviéramos. Nuevamente estábamos uno junto al otro soportando el suspiro de la muerte sobre nuestras cabezas.

-voy a protegerte-susurró apretando con fuerza mi mano sin dejar de mirar el fuego consumiendo los restos de la casa casi en cenizas

Fue todo lo que dijo aquella noche.

Gabriel me preparó un baño caliente, galletas y una sopa que olvidé agradecer. Su mirada preocupada e ignorante de todo lo ocurrido me tranquilizó, ella no merecía recordar a Suirimiho, quizás mi padre también lo quitó de su memoria para protegerla y Abuela había guardado el secreto hasta aquella llamada que la había descompensado llevándola la muerte. De todos modos no podía dejarla allí, era mi obligación llevarla conmigo y mantenerla alejada del pueblo, de su casa, de su amado jardín. Gabriel no podría defenderse y Suirimiho era capaz hacerle daño solo para atormentarme, simplemente no podía permitirme darle una oportunidad de ataque.

Recuerdo haber comido y reposado en mi cama sin ser capaz de dormir, ya ni siquiera quería llorar, estaba en blanco, hondamente afectado, y persistí en mi estado hasta el alba.

Respiré hondo oyendo los ladridos de Rojo junto a la ventana en el jardín, el sol pronto barrería con su luz los escombros de mi casa e irrumpiría sin vergüenza en todas las habitaciones. Era la hora del amanecer, el momento más frío del día y el más estático, el instante en que se podía oír los susurros de las personas evitando despertar a otros, las pisadas descalzas sobre el piso y los primeros pajarillos despertando entre los árboles.

Parecía que la noche se haría eterna.

Quité el paño tibio que había sobre mi cabeza y me levanté buscando a Kurapika, el solo hecho de tenerlo lejos me crispaba los nervios y apenas podía controlar mi paranoia, no dejaba de ser quien más amaba, temía por su vida.

Lo encontré en medio de las escaleras. Venía desde la cocina con un café caliente y un trozo de pie en la mano. No había dormido ni descansado, sus ojos hinchados me mostraban que había llorado y hasta hace muy poco, sus pestañas seguían húmedas. Traía el cabello mojado y ropa limpia, lo cual no quitaba el rojo de su mejilla herida ni sus nudillos magullados. Estaba destrozado, aún así, me sonrió.

-te eché de menos-me dijo mordiendo el pie con ganas sin poder ocultar sus ojos tristes-creí que nunca volverías a hablar

-quiero regresar-dije sin pensarlo quitándole un poco de crema de la comisura de los labios

-compré pasajes para un vuelo a las tres de la tarde, Gabriel vendrá con nosotros, hablé con Senritsu y podrán darle trabajo en casa de Neón. Estará bien-me aseguró regresando a la habitación

-¿cómo…?

-hice un par de llamadas-me sonrió con sueño sentándose frente al escritorio a desayunar

Me quedé junto a la puerta un momento para observarlo, Kurapika se esforzaba por permanecer fuerte a mi lado, incluso había regresado a su tono cálido y casi maternal que lo convertía en la persona digna de ser amigo de Gon.

Esa mañana me miraba y hablaba con completa sinceridad.

-¿crees que vaya por ella?-pregunté preocupado

-no le conviene exponerse a la mafia-concluyó- los Windsor sabrán de su existencia y sus planes se verán entorpecidos, a esos gordos no le gustan los bastardos-rió con cierta malicia disfrutando su pie de arándano

-¿y Amir?-pregunté sin querer llegar a propias conclusiones

-no encontré información, la familia Windsor la asume muerta hace once años en Padokia aunque no existe tumba alguna con su nombre y probablemente esté viva en algún lugar, Suirimiho habló de ella como si lo estuviera

-no quiero encontrarla-reconocí echándome sobre la cama-no quiero nada de ella

-Suirimiho podría asesinarte, o peor aún, ir por mí

-tú podrías defenderte

-es muy poderoso Leorio, no puedo contra él

-es increíble, pero creo que en el Continente Oscuro estaremos más seguros-resoplé angustiado-¿sabías quién era?

-me lo dijo cuando nos enfrentamos en la ciudad

-¿por qué no me lo dijiste?

-creí que bromeaba, no se parecen mucho y Suirimiho es malvado, no me cabía en la cabeza que fuesen hermanos

-solo de madre-afirmé sintiendo que de cierto modo resguardaba el honor de mi padre-¿dijo algo más?

-que te mataría, lo dijo como una promesa y supe que tenía que mantenerme a tu lado, creo que debí hablar en el momento y no seguir su juego-se disculpó mirándome con culpa-quizás habría evitado esta tragedia

-no necesito que me protejas-respondí al instante sin medir mis palabras

Mas, Kurapika guardó silencio y suspiró decepcionado dándome la espalda para continuar con el desayuno que yo había amargado.

No fui capaz de decirle que lo sentía.

Salimos de la casa de Abuela pasado el mediodía, Gabriel no había hecho preguntas de más y se había conformado con poder llevar a Rojo consigo. Jamás sabré si Kurapika le dijo la verdad, si acaso él intercedió por mí para que ella no indagara demasiado; Gabriel no parecía completamente desentendida de la situación, pero mi estado de conmoción no me permitió ver más allá y asumí que ella simplemente confiaba en nosotros.

Kurapika se mantuvo alejado de mí desde el principio del viaje, apenas habló y se dedicó la mitad del tiempo a fingir que dormía para evitar que hiciera preguntas. Estuve tentado muchas veces a tomar su mano, abrazarlo o decirle que lo sentía, pero los ojos de Gabriel sobre nosotros me intimidaba y me obligaba a guardar silencio. No dejaba de sentir culpa, en un solo día había arruinado las esperanzas de la mujer que más amé, entristecido sus ojos miel y opacado su semblante con la incertidumbre. La verdad no estaba seguro de querer llevarla con Neón Nostrade, era exactamente todo lo que Gabriel detestaba de la vida citadina y debería cumplir sus órdenes día y noche, al menos mientras Suirimiho estuviese al acecho.

Le pregunté si estaba bien, me respondió con una sonrisa corta y una mirada baja abrazando a Rojo contra su pecho. No lo estaba, pero al igual que Kurapika, me sonrió. Gabriel tampoco quería hacerme más daño.

Despedirme de Rojo fue lo más doloroso. Sabía que no volvería a verlo, que estaba viejo y que el haber podido acariciarlo el día anterior fue una suerte tremenda, no quería dejarlo ir, incluso pensé en llevarlo conmigo, pero con Gabriel sería feliz y debía asumir su pérdida como otras tantas veces.

Gabriel me prometió que escribiría y que estaría bien, al menos Kurapika confiaba en ello y yo confiaba en él. No me quedaba mucho más.

La abracé fuerte y la despedí con la mano en alto viéndola marcharse en el taxi dirección a la mansión Nostrade. Deseé con todo el corazón haber hecho lo correcto.

Nosotros nos quedamos sentados frente a la zona de vuelo y esperando el dirigible a la ciudad en silencio.

-¿podré hablar con ella?-le pregunté buscando en mi bolsillo un pañuelo para limpiarme la nariz

-sí, Senritsu se hará cargo de dejarla en un buen puesto y la presentará como mi hermana, tendrá todos los privilegios que imagines solo por esa mentira

-Neón sabrá que no es cierto

-Neón apenas sabe mi nombre, no tienes que preocuparte-asintió mirando sus uñas un poco descuidadas-estará bien y protegida-insistió

-¿aún estás molesto?-me atreví a preguntar endulzando el tono de mi voz

-no, estoy decepcionado

-es aún peor

-creí que eras capaz de diferenciar lo que quiero y lo que debo hacer, y que no me juzgabas, pero eres como todo el mundo-sonrió irónico-hablas desde tus zapatos

-no entiendo qué es lo que hice mal

Me miró ofendido.

-da igual-resopló herido-mañana tengo que regresar a casa de Neón y terminar los asuntos de los que te hablé. Supongo que no importa mucho lo que sienta si ya no queda nada de esto

-preferiría que me dejaras ahora-espeté poniéndome de pie. De pronto su pasividad me encolerizaba y me confundía-puedes hacer lo que quieras

-quiero quedarme contigo hoy-me dijo sincero con los ojos muy abiertos y un poco asustado-y es todo, no importa lo que esté pasando, solo tengo hoy-susurró tan bajito que debí acercarme a él para oírlo

-¿estás enojado?

-sí

-¿no puedes retrasar tu viaje?-sonreí suplicante tomando sus manos entre las mías

-no, no soy de esos-rió sonrojado mirándome cómplice-tal vez podemos vernos antes que zarpe el barco

-no será posible, nuestras divisiones embarcan días distintos-le recordé un poco apenado pero emocionado por sus ganas de volver a vernos y tan pronto-dijiste que íbamos a terminar

-nunca empezamos nada-susurró alzando las cejas con astucia, como si ello lo librara de mí y mis sentimientos

Suspiré resignado y lo abracé descansando al fin.

No quería más.