*Cap +18, no digan que no les advertí xd


12.

La señora Fuiro nos recibió emocionada y encantada de volver a vernos solo dos días después. Agradecí su discreción al no preguntar por la mejilla herida de Kurapika o por nuestros rostros de profundo cansancio, había solo una cosa que no deseaba hacer aquella noche y era revivir lo que había sucedido. Mi mente solo estaba en él, en su inminente partida y la sucia idea que había despertado y que rondaba mi cabeza hace mucho.

Por algún motivo sentí que Kurapika me evitaba, aunque a veces me miraba un poco nervioso regresando a su quehacer y me ignoraba nuevamente mientras ayudábamos a la señora Fuiro con los nuevos inquilinos o mientras cenábamos con ella para hacernos compañía. No lo entendía, no sabía lo que quería, se marchaba en la mañana y parecía que solo quería alejarme.

Cuando regresamos a su cuarto de alquiler, Kurapika se entretuvo hasta el anochecer limando, puliendo y pintando sus uñas con tanto esmero que pareció desaparecer de mi lado durante una hora. Lo observé absorto casi con admiración pues olvidaba completamente quién era cuando me detenía a verlo con atención.

Siempre adoré el gesto que hacía con los labios cuando estaba concentrado o la mirada arrogante que usaba para trabajar, era la misma que lo había llevado tan lejos enfrentándose a los gordos de la mafia, aún así, me parecía ingenuo y poco comprometido con su mayoría de edad, como si no le interesara en lo más mínimo ser plenamente un adulto.

Me gustaba el tono de su voz, siempre austero y a veces violento, el arrastre de las últimas sílabas por usar un idioma distinto al suyo, las veces que susurraba molesto palabras ininteligibles que solo su madre podría entender, cuando reía de alguna tragedia como si fuese el efecto de haber vivido la más grande en carne propia y las tantas ocasiones que discutía conmigo porque su amor más intenso era con tener la razón y detestaba no poseer la verdad.

Amaba incluso su gran defecto al cual temía profundamente: Kurapika jamás se permitiría desposeer el control, jamás lo había reconocido, pero algo más fuerte que la pena de haber quedado huérfano, era haber perdido el control de su vida y tener que vivir la miseria de la dependencia.

Era tan sencillo como una rabieta del niño de 12 años que dormía en su interior.

Sonreí cuando lo vi admirar en alto el resultado final de su faena: uñas estrictamente limadas de corte recto y pintadas en un suave color damasco. Se veía muy satisfecho.

Luego de ausentarse una hora recordó que existía y me miró sin saber qué decir, incómodo.

Me levanté de la silla junto a la ventana y me eché a su lado tomándolo de la mejilla para verlo a los ojos antes de atraparlo con un beso que rechazó al instante.

-vas a arruinar mi esfuerzo-susurró molesto alejando sus uñas de mí

-mantén las manos en alto-le sonreí sintiendo que los segundos pasaban lentamente mientras le sostenía la mirada

Lo jalé hacia mí dejándolo caer en mi regazo.

Me odiaba.

-¿por qué me obligas?-preguntó caprichoso rodeándome por el cuello

-no te obligo, solo disipo tu miedo sin sentido-sonreí esperando su rechazo, su enojo y mirada desafiante.

En cambio, susurró un par de palabras y me permitió besarlo como si aún dudara y estuviese pensando su respuesta.

Amé como se hizo vulnerable solo para mí, cómo me mostró su rostro más humano y me permitió romper la cadena que ahogaba parte de su alma. No le gustaba ser juzgado, todo el tiempo era escindido del mismo mundo por lo que era, por ello que llevaba clavado en el corazón. No sabía hacer amigos y los pocos que tenía los descuidaba creyendo que ignorando podría protegerlos, amaba sobre todas las cosas ser amado, deseaba como a nada en el mundo tener un hogar al cual regresar y poder decir que tenía una familia. No quería poder, fama o fortuna, siquiera quería venganza, no quería matar ni volver a ensuciarse las manos; sufría por el par de vidas que había quitado y se despreciaba por haber convertido la justicia en todo lo que su padre odiaba del mundo exterior.

Se quitó de mí al sonar su teléfono y fue a atenderlo dejándome con una extraña sensación de melancolía en los labios, ¿en qué pensaba mientras me besaba?

No tenía más que ir tras él.

-debería comprarme una camisa nueva-me dijo en las nubes-¿amarilla con líneas o lila?

-da igual, todas te quedan bien-sonreí

Dio un par de vueltas por la habitación pensando seriamente el color de la camisa y luego desistió quedándose junto a la ventana.

El cielo nocturno reflejaba el silencio de la ciudad.

-debe ser amarilla con líneas-le dije luego del silencio que me hizo flaquear

-¿por qué?

-te verás más profesional y parecerás un cazador de verdad

Kurapika asintió conforme con mi respuesta y quitó de mis pestañas el mechón de cabello que me molestaba.

Me sonrió extraño, como si estuviese muy enamorado de mí por primera vez.

Entré en pánico cuando se acercó a besarme de la misma forma extraña con que me miraba. Demasiado sútil, poco práctico y muy apasionado, me estaba seduciendo con un maldito beso y de pronto no sabía cómo reaccionar.

Con torpeza se acercó rodeándome el cuello. Estaba nervioso, le temblaban las manos y respiraba muy lento como si pensara cada movimiento de su cuerpo.

No podía interpretar con exactitud qué quería.

Lo miré sonrojado y entregado al pánico hallándome con sus ojos celestes nublados por el suave rojizo que intentaba ocultar de mí sin sostenerme la mirada.

-creí que solo sucedía con la ira

-las hormonas son las mismas-me dijo avergonzado abrazándose un poco más a mí-estás dudando

-eres muy frágil-me defendí inquieto-me pones nervioso

-no esperas que haga todo el trabajo ¿verdad?-me susurró al oído

Me tomó de la nuca invitándome a perder la cabeza y respiré profundo besándolo hondamente en la boca.

Aspiré su aroma como una droga sintiendo en mis manos la tibia piel de su espalda bajo la camiseta, quería retenerlo para siempre en mi memoria y hacer eterno el momento. No tenía palabras ni forma de explicarle que era todo mi mundo, y que lo amaba, lo amaba más que a mi vida.

Le quité el colgante escarlata que lucía bajo la melena y besé su cuello notándome tan nervioso como él. No era como Kurapika, no podía hacer y pensar al mismo tiempo.

Mis manos fueron mucho más rápidas que las suyas y le quité la camiseta pegándolo a la pared en medio de un beso fatídico y asfixiado que convirtió su respiración en un ir y venir de suspiros que intentaban captar lo míos mientras tentaba a la suerte con sus uñas rozando mi cintura.

Su imagen delicada, su melena rubia desordenada entre mis dedos, sus manos inexpertas desabrochando mi camisa y el rojo de sus ojos que me volvía loco si me miraba solo un segundo, me hizo olvidar que a las diez de la mañana debería dejarlo ir quizás para siempre y que jamás tendría nuevamente su piel contra la mía.

Me abrazó haciéndose nuevamente pequeño y vulnerable. Sentí su cuerpo frágil entre mis brazos, temí herirlo, ser demasiado rudo, brusco o violento como si el Kurapika que soportaba fracturas y las sanaba al instante no existiese y no hubiera más que el muchacho temeroso mordiendo mis labios con precaución mientras alcanzaba con sus dedos el interruptor de la luz en la pared.

Lo alcé del suelo llevándolo conmigo hasta la cama y me quité la camisa acorralándolo bajo mis brazos.

-¿de qué te ríes?-le pregunté al escucharlo contener una risa nerviosa

Negó con la cabeza y retuve su sonrisa besando sus labios con profundo amor, tomando sus mejillas entre mis manos y olvidando por un segundo que moría de ganas por hacerle el amor.

Desabrochó el cinturón de mi pantalón y tiró de él insistiendo para que me desnudara. Me giró sobre la cama y me tomó de las manos sin permitirme libertad de acción. Cerré los ojos sintiendo sus labios húmedos en mi cuello, soñando despierto con el placer que me provocaba cada uno de sus besos, su piel contra la mía y la peligrosa sensación de ahogo que inundaba la poca distancia que nos separaba.

Contuve la respiración al sentir sus manos bajando por mi cintura y me mordí los labios sintiendo sus manos frías buscando entre mis muslos, me hizo sentir temor de lo que era capaz de hacer.

Lo cierto es que no estaba preparado, solo moría de ganas por poseerlo pero jamás pensé que el día llegaría. Me sentía un niño.

Regresó a mi boca deslizando sus manos con sensualidad sobre mi cuerpo y saboreé su lengua intrépida tomando entre mis manos lo que se elevaba entre sus piernas y hacía presión sobre mi cintura.

Quise preguntarle qué pensaba, pero solo me atreví a besar su mejilla y verlo a los ojos en medio de la penumbra.

De pronto lo tuve desnudo contra mí y mis ojos se llenaron de lágrimas al sentir que me abrazaba con fuerza y miedo, respiraba inquieto junto a mi oído y parecía tan inundado como yo al sentir el tacto de mi cuerpo cálido sobre el suyo.

El par de gemas escarlata me observaron temerosas y se ocultaron de mí aguardando en silencio las palabras que yo moría por decir y él no quería oír.

Sonreí sofocado por el calor y tomé su mano haciéndome espacio entre sus piernas. Entrelazó sus dedos a los míos y relamí mis labios un segundo antes de introducirlo dentro de mi boca, iniesto y fuerte, acomodándose dentro de mí como si allí perteneciera. Sin darme cuenta me lancé a la tarea hundiéndolo hasta mi garganta con cuidado exagerado temiendo lastimarlo con mis dientes, con furia soportando el ahogo y la náusea cortando mis ganas. Oírlo suspirar y decir mi nombre me erizaba el cuerpo, me enloquecía y me hacía sentir que el calor en mi vientre pronto saldría disparado sin poder contenerlo más.

Me detuve cuando me sostuvo fuerte y suspiró profundo quitándome de él al borde de la violencia. Reí limpiándome los labios y me acerqué a su rostro buscando un beso.

-qué asco…-susurró casi como un gemido moviéndose nervioso junto a mi pecho

-¿quieres que me detenga?-pregunté mordiendo el lóbulo de su oreja

Negó con la cabeza mordiendo sus nudillos y respiró asfixiado cuando mordí su cuello apretando entre mis dedos su pezón. Su respiración calurosa y el sabor de su piel me hizo verter un poco de mí sobre su abdomen. Estaba extasiado y loco por acabarlo.

Abrí mi boca saboreando su sabor, lo contuve dentro de mi boca y cerré los ojos lamiéndolo de arriba a abajo.

Quiso que me alejara, que dejara de hacerlo y me empujaba con las piernas sin convencerme mientras el tono de su voz subía, las bocanadas de aire se le hacían cada vez más pequeñas y la tensión en su vientre aumentaba.

-basta-me dijo exhausto, jadeante y tembloroso-...no…

Apretó con dolor mis manos arqueándose sobre la cama como si un shock eléctrico hubiese recorrido su espina hasta los pies, un gruñido rasgó su garganta como el alarido de un demonio que no pudo controlar.

Aguanté la viscosidad que chocó en mi paladar y tragué grueso soportando la fuerza de su orgasmo en mis manos. Quise vomitar, la arcada en mi estómago era insoportable, pero respiré profundo y me alejé sin querer imaginar el baño de esperma que había sobre mi rostro.

Me soltó al fin quejándose y tembló de pies a cabeza sacudiéndose por última vez. Fui a su encuentro riendo por lo bajo, como si me hiciera gracia verlo sufrir de una forma tan extraña.

Sentí sus mejillas calientes bajo mis manos y le susurré al oído que era el orgasmo más tierno que había oído en mi vida. Me apretó la nariz como si me regañara y se quitó enseguida al sentir que mi rostro estaba sucio, y por su culpa.

-lo siento-me dijo en voz baja acompasando su respiración aún jadeante

-sabe bien-susurré haciéndolo reír

Me dejé caer sobre la cama y miré el techo sintiendo que me endurecía otra vez al verlo deslizarse por mi pecho hasta mi cintura. Me advirtió que no sabía hacerlo, que no sabía cómo meterlo dentro de su boca y que le daba un poco de asco, ¡como si pudiera pensar en ese momento!

Lo ignoré. No aguantaría tanto, si estaba a punto de explotar.

Su lengua fue tímida y sus labios fríos erizaron mi piel, me sostuve del edredón y mordí mis labios sintiendo que el fuego bajaba desde mi cintura hasta la punta de mis pies como un escalofrío. Me moví inquieto evitando mis deseos de tomarlo del cabello y sentí cómo lentamente la presión de su boca en mí me elevaba a las nubes, ya podía sentir el punto cúlmine, cada respiración sofocada me desvanecía un poco liberando desde mi boca gemidos ahogados y gruñidos de pasión latente.

En un momento me levanté y me monté sobre su pecho queriendo verlo a la cara mientras con su mano terminaba el trabajo que me llevaría a la locura.

-Kurapika, tienes una llamada-oímos a la señora Fuir golpeando la puerta-Kurapika-llamó nuevamente esperando una respuesta mientras Kurapika cubría mi boca con su mano libre evitando que se oyeran mis alaridos más allá de nosotros mismos.

La anciana desistió pronto y se alejó por el pasillo ignorando que dentro de la habitación Kurapika y yo nos acusábamos con la mirada para evitar que oyera siquiera el suave ruido de mi respiración sofocada por él.

Cuando ya no pude más, cerré los ojos violentamente y golpeé la pared expulsando fuera de mí todo el contenido de mi vientre hasta el pecho y el cuello del rubio que amaba sobre todas las cosas. Necesitaba verlo cubierto de mí, ver su cabello pegoteado y su mirada asqueada.

Había soñado tantas veces con ese momento que me parecía un sueño.

Suspiré agotado y soporté los calambres que aún golpeaban mi abdomen mientras él me miraba en la penumbra con sus ojos nuevamente celestes, inmóvil, con un poco de miedo por la bestia que lo había sorprendido al final y sin saber qué hacer mientras mi esperma se secaba sobre él.

-lo siento, lo siento…-exhalé exhausto dejándome caer a su lado

Sonreí agotado soltando un profundo suspiro y oímos en medio del silencio a los nuevos inquilinos discutir en la habitación de al lado. Era un matrimonio y tenían un niño que lloraba sin parar, recordé que siempre quise tener hijos y que estaba cada día más lejos de hacer realidad mi sueño, aunque pronto lo olvidé, no tenía sentido sentirme frustrado una noche como aquella.

Descansé viéndonos a nosotros mismos desnudos sobre la cama, sucios y sudorosos volviendo a la realidad. El mundo real donde nuestra relación terminaba justo allí, donde la muerte nos seguía un paso atrás y en donde no existía más el Kurapika que acababa de conocer. Luego del fuego de la pasión me sobrevino una profunda pena, como un balde de agua fría.

Kurapika se levantó en medio del silencio y se encerró en el baño sin encender las luces. Yo me quedé ahogado en el sentimiento que nos trajo la bofetada de realidad y busqué mi ropa interior para regresar a la cama con una horrible pesadez en el pecho, era un mal presentimiento que anuló con penosa facilidad el amor desenfrenado que nos habíamos entregado.

Tuve sueño y me pareció eterno el tiempo que oí la llave del grifo a todo dar en el baño. Supe que Kurapika había huído de mí, que probablemente lloraba y que la pena había revivido en él en forma de culpa.

Me esforcé en mantenerme despierto y guardé silencio mientras lo escuchaba regresar vistiendo un short y una camiseta. No me dijo nada, no quiso hablar, pero se aferró a mí abrazándome fuertemente y acomodó su cabeza junto a mi pecho acariciando mi espalda con sus manos.

Intenté dormir ignorando la discusión de los inquilinos y descansé mi rostro sobre su cabello acariciando su mejilla con ternura, no quería dejar de transmitirle lo mucho que lo quería, aunque nunca estuve preparado para la verdad que saldría de su boca en medio de sus mejillas húmedas por el llanto que no podía controlar.

-te amo-susurró con la voz temblorosa hundiéndose un poco más en mi pecho, y temí que a través de él pudiera sentir mi corazón rompiéndose en mil pedazos

Tomé su barbilla y besé sus labios con la misma ternura con que acariciaba su mejilla, no quise decirle la verdad ni cargar más culpa sobre su alma, no me dio el valor para decirle que sabía todo lo que sentía; solo pude amarlo un poco más, sostenerlo, abrigarlo en mi abrazo y permitirle dormir junto a mi corazón como si las ocho horas que nos quedaban fuesen eternas.


Hace mucho no escribía lemon, perdonen lo amateur jajaja

La verdad no sé si darles un final feliz o dejar que la tragedia culmine en una pérdida, no lo sé, quizás dependa de ustedes jaja

Besos desde Chile n_n