13. Kurapika

Mis ojos rojos no me permitían verlo con claridad, en mis oídos había ruido, llantos y risas que me insistían en terminar con el asunto tan pronto como fuese posible. Los fantasmas me penaban, me pedían ir con ellos, exigían mi vida con violencia quitándome del todo el control sobre mi cuerpo.

Tenía que morir, y Leorio no lo entendía.

-¡basta, basta!

Me gritaba con lágrimas en los ojos mientras alejaba de mí el cuchillo que había tomado y que convertía el correr de la ducha en un baño de sangre. Tal como las otras veces, no recordaba haberlo decidido, simplemente abría los ojos y me encontraba al borde del suicidio sintiéndome presa de mi propia locura. No era capaz de elegir, el instinto que me empujaba era poderoso y hacía que mis manos actuaran por sí solas.

Leorio me empujó contra los azulejos y tomó mi rostro entre sus manos clavando sus ojos azules sobre los míos. Mi corazón se detuvo al verlo romper en llanto, rogándome de rodillas que me detuviera, le estaba haciendo daño y aunque yo no dejaba de llorar, no podía controlarlo.

-estaremos bien-me susurró quitando la sangre que escurría por mis mejillas-voy a curarte tus heridas…-sonrió cansado quitando el cuchillo de mis manos-y vamos a descansar, estaremos…

Sostuve el cuchillo antes que pudiera tomarlo por completo y lo empujé contra la pared clavando con fuerza el filo contra él. La sangre corría por mis dedos y antes que pudiera darme cuenta estaba de rodillas frente a Leorio, con mis ojos llorando sangre por el repentino golpe de conciencia que sobrevino y sintiendo a través del metal la piel abierta de Leorio. Los cortes punzantes en mi cuerpo comenzaron a arder como si verlo retorcerse de dolor fuese sal escociéndome sin piedad.

Retrocedí asustado.

-haz lo que quieras-escupió tirando el cuchillo-pero no regreses a mí, ya hiciste demasiado daño

Abrí los ojos olvidando en un instante la pesadilla que me había asaltado sin piedad, sudaba y sangraba por la nariz manchando la agenda que había sobre mi escritorio. Estaba solo, Basho había terminado de ponerme al tanto de los sucesos ocurridos en mi ausencia y Linzen se había retirado. No recordaba cómo me había dormido, simplemente había dejado de leer las cartas que habían llegado para Nostrade.

Busqué un pañuelo incorporándome e ignorando el dolor de cabeza. Asumía que viajar toda la mañana y sentarme a trabajar sin siquiera detenerme a comer me había agotado, pero no me explicaba la sensación sudorosa ni la epistaxis. Aunque mis amigos creyeran lo contrario, no solía enfermar repentinamente o sin encontrar rápidamente la causa, además, no me preocupaba demasiado, era lo suficientemente sano.

Deambulé un poco por la sala sosteniendo el pañuelo sobre mi nariz y me detuve frente a la mesita junto al balcón. Había un sobre gris con bordes plateados que acentuaban el sello de lacre puesto en medio, no tenía escrito remitente y una extraña pesadez se apoderó de mi mente y mi estómago. No solía confiar en los presentimientos, pero tuve miedo de leerlo.

El sello era de La Casa Windsor.

Me acerqué ansioso sin alcanzar a tomarlo, la entrada de Eliza a la sala y mi estupidez me hicieron actuar como un niño que oculta una verdad.

-la señorita quiere verlo-me dijo con esa lejanía que siempre tuvo conmigo. Eliza nunca confió en mí, incluso me detestaba, pero se esforzaba en ser cortés y ocultarlo-¿está bien?

Asentí recordando que tenía un pañuelo ensangrentado sobre mi rostro y que parecía enfermo por el mal semblante que me había dejado el viaje, evidentemente se preocuparía.

-necesito hablar con usted

-claro

Quise pedirle que se retirara, no quería hablar con nadie de nada, ni siquiera Senritsu me había interrumpido desde mi llegada, no era el momento para charlar. Aunque si fuese sincero, para mí nunca era el momento de hablar, odiaba enfrentarme a los problemas "humanos" porque mis capacidades comunicativas eran pésimas y mi empatía muy pobre, pero al parecer nadie lo entendía y solo me tomaban como un cretino arrogante.

Le pedí unos minutos y me escabullí al cuarto de baño más lejano solo para tener tiempo de pensar, orar, vomitar o lo que fuera necesario para dejar de temblar y sangrar como un enfermo. Desde la mañana no dejaba de sentirme mal o tener problemas, y no era yo el símbolo de la paciencia y del autocontrol.

Cuando me mojé la cara supe que estaba asustado y luego de ver el sobre de los Windsor me sentía aterrado, implicaba un problema mayor e involucraba mi trabajo con Nostrade. Tuve miles de ideas en aquellos cortos cinco minutos, ninguna me tranquilizaba ni me hacía sentir que había una solución al presentimiento que seguía apretando mi garganta.

Regresé a la sala que servía de estudio para mí y los demás guardaespaldas y escuché atento las palabras de Eliza, Habló mucho, pero intuí al instante lo que quería hacer: huir. Estaba cansada de Neón, de vivir con la niña que había provocado la muerte de su prometido y necesitaba descansar de tantas penas; me habló de sus padres en el campo, que había reunido dinero suficiente para vivir tranquila algunos años y que incluso había comprado los pasajes para dejar la ciudad en dos días. Pensé en decirle que no era necesario hablarlo conmigo, que podía salir por la entrada de la casa cuando ella quisiera y que sus servicios no eran indispensables, pero Eliza estaba afligida y no tuve el valor de ser duro con ella, me costaba mucho encontrar las palabras adecuadas, no estaba hecho para trabajar con personas.

-lo entiendo-dije sin mirarla a la cara-¿le has dicho a Neón? ella depende en gran medida de tus cuidados

-no, pensaba decirle hoy durante la cena. Además-sonrió con los ojos húmedos-ahora que su hermana está aquí podría relevarme ¿no lo cree?

Gabriel. La había olvidado por completo.

-es una buena idea-respondí nervioso temiendo que descubriera mi mentira-lo hablaré con ella-asentí firmando la carta de despido que había encontrado para ella

-traigo mi renuncia

-si renuncias no te pagaremos absolutamente nada por tus años de servicio, en cambio, si te despido, te debemos indemnizar-sonreí corto entregándole la hoja firmada-unos miles de zenis de sobra no te caerán mal

-Nostrade no tiene para pagar esta cantidad-susurró mirándome desconfiada

-es mi forma de decir que lo siento

No quise mirarla a los ojos, no sabía si iba a sentirse agradecida u ofendida por lo que estaba haciendo, estaba incluso en el derecho de gritarme si lo deseaba, por mi causa Eliza había perdido lo más valioso que tenía.

-gracias

Ella se marchó sin decir más y dibujé en mi mano izquierda una carita feliz que me recordaría el dinero que ahora le debía. Me quedé con la mente en blanco algunos momentos contando las flores del papel tapiz que repetía su patrón por toda la habitación y pensé en lo que debía hacer más próximamente, como hablar con Gabriel, debía al menos saludarla.

Tomé el sobre gris y observé el sello Windsor con detención, era real.

Mis nervios aumentaron al instante. La familia Windsor poco y nada hacía contacto con Nostrade, solo una vez habíamos compartido con el ministro de Ochima que era un tío de los hijos herederos, por tanto, tío de Amir.

No tuve paciencia para buscar el abrecartas, simplemente rompí el sobre y desplegué la hoja leyendo la fecha, fue escrita sólo dos días atrás; y si hay algo en lo que creo menos que los presentimientos, son las coincidencias.

"Honorable representante de la familia Nostrade:

Escribo la presente para invitarlo cordialmente a usted a nuestras dependencias para negociar su contrato con nuestra poderosa familia. He recibido innumerables elogios sobre su trabajo con Nostrade y creo, sin desmerecer su prestigio, que un cazador como usted debe estar en frente de una dinastía distinguida y exclusiva como la nuestra.

Lo espero en cuatro días a contar desde la fecha a las 21:00 horas.

Sin otro particular,

Leonard Windsor"

Doblé la hoja en mis manos y la guardé nuevamente en su sobre. Era una invitación directa a una trampa y al parecer no podía siquiera negarme. Entre líneas podía leer la manipulación de Suirimiho en el jefe de la familia Windsor, lo cual significaba que de algún modo se había acercado lo suficiente al núcleo selecto de la familia, tanto como para influenciar en las decisiones del jefe directo.

Tal como lo había hecho yo.

Quizás Suirimiho no estaba tan equivocado y las palabras que dijo en nuestro primer encuentro eran reales: "somos idénticos, llevamos la misma impotencia y la misma vergüenza en nuestro interior", y yo lo negué ingenuo, como si aún fuese capaz de redimirme alguna vez.

-¿Kurapika?

Guardé la carta en el bolsillo de mi chaqueta y recibí a Senritsu con la mejor de mis sonrisas. Era ella la única persona que no deseaba ver sufrir por mi causa, sabía que Leorio podía soportarlo y me perdonaba, pero Sen no merecía cargar con mi dolor.

-¿estás ocupado?

-no, de hecho pensaba en salir un momento, necesito pensar-sonreí viéndola caminar hacia el balcón

-me llamó Leorio preguntando por tí, dijo que prometiste contestar el teléfono y te ha escrito algunas veces

-me quedé dormido-me defendí levantándome en busca del bolso que ella me había regalado y que ni siquiera había desempacado.

Tomé el teléfono y en efecto, había perdido dos llamadas suyas, aunque no me había escrito ningún mensaje.

-estás enamorado

El aparato cayó de mis manos y sentí que el corazón se me quedaba en la garganta. Senritsu se echó a reír al ver mi reacción ante sus palabras y acabé echándome derrotado sobre el futón sin deseos de cuestionar su sentencia. No podía mentirle, ni a ella ni a mí, pero siempre estaba la posibilidad de zafar de la vida real evitando responder con exactitud.

-¿por qué lo dices?-pregunté cerrando los ojos para sentir en mi rostro la fuerte brisa que entraba por el balcón

-es el único latir sincero que te he oído desde que te conozco y la verdad, no me lo esperaba

-quizás estoy nervioso por otras causas, por ejemplo que Nostrade está al borde del suicido y su hija no sabe de su verdadera condición

-no, ese ritmo tuyo lo conozco bien y es falso, porque en el fondo no te interesa lo que pase con ellos

Sonreí. Sen jamás se equivocaba.

-¿cuándo lo notaste?-pregunté llevando mi mano a mi cara para constatar que sangraba otra vez

-cuando nos despedimos en York. Estabas a punto de llorar, pero no lo hiciste porque estabas confundido, ni siquiera entendías lo que estabas sintiendo y tu corazón latía extraño, simplemente no podía leerlo. En cambio hoy, cuando regresaste y no hablaste con nadie quise venir a saber qué pasaba, y te mentí

-Leorio no me escribió

-tampoco me llamó-sonrió-inventé una excusa para nombrarlo y casi se te sale el corazón por la boca detrás de un romántico 7/4

Me acomodé a la orilla del futón cargando los brazos en las piernas para dejar caer la cabeza hacia abajo y Sen vino hacia mí prestándome uno de sus pañuelos. Con ella no sentía la misma culpa, simplemente me aliviaba que estuviera conmigo y le agradecía su preocupación, aunque a veces fuese un poco inoportuna con sus revelaciones o un tanto soñadora. La adoraba así, y era quizás a quien no quería perder jamás.

-¿estás bien?-me preguntó asustada-¿quieres que llame un médico…?

-no-sollocé impresionado de mi propia angustia.

La simple imagen de un médico había roto mi corazón en pedazos obligándome a romper la firme barrera que había puesto entre Leorio y yo durante la mañana mientras nos despedíamos fuera de la posada de la señora Fuiro. Todo mi esfuerzo por mantener mi mente fría y en blanco se había deshecho de un momento a otro sin siquiera notarlo.

-estoy bien-dije sin poder verla a la cara-te prometo que estaré bien-susurré soltando un suspiro cansador-necesito estar solo

Fui a mi habitación y me desplomé sobre la cama queriendo solo dormir. No había nada que pudiera hacer, ya nada dependía de mí y estaba frustrado, tanto que deseé ahogarme con mi propia sangre mientras dormía.

Luego recordé que estaba enamorado, y que no podía dormir sin escribirle o al menos avisar que estaba sano y a salvo aún contra mi voluntad.

Cómo quise decirle que lo amaba.

Gabriel está preocupada porque no has comido, llamó diciendo que llevas horas encerrado en tu habitación

_ he preferido dormir

ya te echo de menos

_ ...

de camino a casa compré un regalo para ti, espero poder entregártelo antes de zarpar

_ ...

podrías responder, sé que lees los mensajes, tonto

_ hablas demasiado jaja

¿te estás riendo? Kurapika deja que te llame, no entiendo tus mensajes

_ No

maldición

_ ...

buenas noches, estudiaré un poco y me dormiré. Debo estar temprano en la AC. Cuidate, y no te enojes tanto. Descansa.

_ buena suerte en tu viaje mañana

Esperé a que apareciera bajo mi mensaje las palabras "leído a las 23:34" y apagué el teléfono acurrucándome con mi almohada en medio de la oscuridad. Llevaba cerca de ocho horas en mi habitación durmiendo y despertando una y otra vez, me dolía la cabeza y sufría de tinnitus por el silencio casi ensordecedor que había en la casa Nostrade, aún así no quería levantarme ni hacerme cargo del desastre que se había armado en mi ausencia, debía salvarle el culo a Nostrade otra vez y ni siquiera tenía un plan. En mi cabeza solo estaban mis ganas de escribirle a Leorio con cualquier excusa, renunciar o simplemente irme muy lejos donde nadie pudiera encontrarme.

El teléfono se encendió mostrándome la foto de Leorio y su llamada entrante.

Colgué. Tiré el aparato contra la pared y me escondí bajo las sábanas llorando como el niño mimado que era. Estaba confundido y asustado, en menos de 20 horas debería enfrentarme a Suirimiho otra vez y no tenía fuerzas para hacerlo, no tenía sentido.


Llegué a la mansión Windsor alrededor de las ocho de la noche. Antes de salir había discutido con Neón, luego con Senritsu, incluso Gabriel me había detenido en un intento de charlar, pero no contaba con mucho tiempo ni paciencia para sostener una mentira tanto tiempo. Había dicho que debía asistir al funeral de mi novia de forma urgente, que no quería compañía y que no me llamasen hasta que yo lo hiciera. No podía decir abiertamente que iba al encuentro con los Windsor, Neón podría avisar a su padre y ocasionar mi despido o alguien podría alertar a Leorio de mi actuar extraño, después de todo, ponía en peligro mi vida sin avisar.

Me recibieron amablemente, leyeron la carta que traía como muestra de la razón de mi presencia e incluso me llamaron por mi apellido haciéndome sentir incómodo, ni siquiera en mi licencia de cazador estaba escrito y los empleados de esa mansión lo usaban para llamarme a cada instante.

Caminé tras el joven que me acompañó hasta la entrada y esperé paciente que me dejaran entrar luego de registrarme de pies a cabeza y de hacerme mostrar todos mis documentos. Me sentía atrapado, cada mayordomo, criada o cochero de la mansión poseía habilidad nen y eran potenciales rivales muy poderosos, no lograba descifrar si ello significaba que el jefe de la familia era un simple anciano o una persona de temer.

Estaba nervioso, y duras penas podía disimularlo.

-querido-me llamó una mujer en el hall principal viniendo hacia mí en un largo vestido rojo que dejaba poco a la imaginación por lo ajustado que lucía-tú debes ser Kurapika, de la familia Nostrade

-un placer-respondí opaco y serio intentando leerla. Su aura me ahogaba como un mal presentimiento y de cierto modo me hizo sentir vulnerable

-mi señor padre está esperándote en su oficina ¿me acompañas?

-¿su padre?-pregunté por inercia con el pulso acelerado, mi cabeza trabajaba al cien sacando conclusiones

-mi nombre es Amir Windsor, evidentemente su hija predilecta

Me sonrió amable dejando ver las arrugas que ocultaba tras el maquillaje e ignoró mi rostro sorprendido mientras me arrastraba con ella escaleras arriba hacia la oficina del jefe de la familia. Mi corazón no podía contenerse, la ira y la impotencia se apoderaron de mí caminando junto a la madre de Leorio, era la misma mujer que lo había abandonado y roto su corazón fingiéndose muerta. Ni una pizca de remordimiento existía en ella, tan jovial y exuberante parecía jamás haber tenido hijos, siquiera un perro.

La odié desde ese mismo instante. Me asqueaba su cinismo y que me llevara del brazo com un trofeo me horrorizaba. Por primera vez me sentí arrepentido de haberme involucrado con la mafia, jamás vi tan de cerca la hipocresía y la desigualdad.

-él es el señor Kurta, padre-me presentó invitándome a sentar frente al viejo de cejas pobladas al otro lado del escritorio de mármol en medio de la sala

-muchas gracias Amir, déjanos solos-dijo el anciano con voz quebrada y añeja, y esperó en silencio a que la mujer saliera de la oficina

-agradezco la invitación-dije al oír el cierre de las puertas tras de mí-me siento halagado

-claro que sí, eres el segundo o quizás el más joven de nuestra comitiva, ¿cuál es tu nombre, pequeño?

Fruncí el ceño inquieto. Algo no estaba bien, todo parecía en orden y Suirimiho no estaba, ¿qué era lo que mantenía mi estómago apretado?

-Kurapika

-Kurapika…-repitió con parsimonia tomando con sus dedos gruesos un lápiz que usó para escribir mi nombre en su agenda-he oído mucho sobre ti, tengo los ojos puestos en Nostrade desde hace mucho, después de lo ocurrido en York quedó en quiebra y aunque tú estés pagando sus deudas no va a recuperar su estatus, pero me parece un buen tipo y tiene una hija muy bella, no merecen ser aniquilados, después de todo solo son un par de miserables-agregó mirándome al fin a los ojos

Tenía exactamente la misma mirada de Leorio, con el mismo color y la misma cadencia de los párpados que convertían sus ojos en la bondad hecha hombre, mas, el anciano había vivido lo suficiente, asesinado y arruinado las vidas necesarias para convertir tan bella mirada en una fría advertencia de muerte.

-estoy interesado en tus servicios-dijo poniéndose de pie con lentitud y cansancio-mis hijos han hecho bien esparciéndose por el mundo y ampliando los territorios de la familia, sin embargo, necesito de alguien que se quede a cargo de esta casa y quiero que lo haga alguien que lo merezca

-no entiendo su punto

El anciano suspiró deteniéndose a mi lado.

-Amir es mi hija amada, por ella daría la vida y toda mi fortuna, pero es una mentirosa, caprichosa y hace muy poco me enteré que tuvo otro hijo además del niño que perdió a los pocos meses

Mi garganta se apretó en un nudo doloroso, seguramente hablaba de Leorio y estaba seguro que Amir no habría revelado aquella verdad gratuitamente, algo más había en el fondo.

-por lo que sé tiene otros nietos-dije temeroso queriendo desde ya prevenir la idea que el viejo tenía en la cabeza

-sí, pero son pequeños, el mayor de ellos tiene solo 13 años y no son buenos niños. Necesito de alguien adulto y de confianza, y quiero que me ayudes a buscarlo

-¿a su nieto?

-sí, ese chico debe estar en esta casa, aunque para mi desgracia Amir insiste en que está muerto como su otro hijo

-usted no le cree

-no, porque ya lo hizo una vez. Dijo que mi nieto Suirimiho había muerto a los meses de nacido, pero resulta que vivió e incluso ella misma cuidó de él por once años

-¿puedo preguntar de dónde sacó esa información si no fue la misma Amir?

-Suirimiho

El anciano volvió a sentarse, estaba triste.

-Suirimiho vino aquí hace dos años, se hizo pasar por un empleado y fingió otra identidad hasta hace un mes. Me dijo que era mi nieto, que Amir lo abandonó pero que ella misma lo había buscado para traerlo nuevamente a su lado y darle el lugar que le correspondía

-¿y usted no lo hizo?

-no, Suirimiho tiene el carácter de Amir y si lo dejo al mando probablemente desperdicie el trabajo que esta familia ha hecho por siglos. En cuanto le dí mi negativa dijo que no me lo perdonaría y que buscaría a su hermano para traerlo frente a mí en una bolsa de basura, supongo que ha estado en ello el último mes que no se ha aparecido por aquí

-¿conoce a su otro nieto?

-no, Amir no ha querido decirme una palabra al respecto y por más que busco la información está clasificada incluso para mí; pero tú eres un cazador zodiaco y puedes acceder a ella ¿no es verdad?

-¿información sobre quién?

-alguien clasificó el nombre de Amir, hizo una defunción falsa y ahora ella aparece como si estuviese muerta, pero no he podido saber quién lo hizo ni por qué, quizás el padre de ese niño o alguien que quisiera mantenerlo alejado de su familia

-¿siquiera sabe el nombre?

-solo sé que debe tener unos 22 años, no hay nombre y debe estar inscrito con el apellido de su padre

-puedo comprometerme a ayudarlo en esta búsqueda-dije nervioso-pero no puedo quedarme como miembro de su familia, tengo un compromiso con Nostrade y no puedo abandonarlo

Leonard Windsor me sonrió.

-eres un buen chico-dijo tomando nuevamente su pluma-escribe la cifra que quieras en este cheque y retíralo cuando desees, por lo demás eres libre

-¿puedo hacerle una pregunta?

-claro

-¿qué pasará si su nieto no acepta hacerse cargo de esta familia?

-bueno, se atendrá a las consecuencias-sonrió con la malicia escrita en sus labios-recuerda, Kurapika, que cuando mi nieto aparezca necesitará de alguien que sea su mano derecha y lo proteja, espero que en ese momento aceptes unirte a nosotros

-lo pensaré-afirmé dispuesto a terminar nuestra charla

No quise despedirme de Amir, solo estreché la mano de Leonard y salí hacia la estación dejando atrás el nerviosismo que me sostenía. Suirimiho había logrado su objetivo y me tenía justo en medio del asunto, de mí dependía la vida o la muerte de Leorio y ambas opciones nos hacían infelices.

No podía regresar a su lado, la vida nuevamente me prohibía regresar a su cálido encuentro.

Me detuve cansado en medio del jardín fuera de la mansión y observé hacia lo alto la habitación con luces encendidas. Entrecerré los ojos intentando afinar la vista y descubrir si acaso Amir estaba en la sala de su padre, se movía errática con las manos en alto como si discutiera con él y caminaba de un lado a otro ¿Y si era una verdadera trampa? pensé, ¿y si el viejo solo fingía remordimiento y quería utilizarme para encontrar a Leorio y asesinarlo él mismo? Tanta amabilidad no me hacía sentido, mucho menos viniendo de un ser tan poderoso como él.

Di un respingo cuando me cogieron del brazo tapando mi boca y forcejeando para arrastrarme. Golpeé hacia atrás buscando el esternón y lo alcé sobre mi cabeza dejándolo caer contra el suelo antes de aplastarlo con mi rodilla en el pecho y mi mano derecha en alto.

Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando vi que Leorio se quejaba y se cubría el rostro con miedo a que lo golpeara con mi mano empuñada. Al instante relajé mi cuerpo quitándome de él, a mi mente solo vino la pesadilla que sufrí y temí tener un cuchillo en mi poder, tenía tanto miedo de hacerle daño.

-¿qué haces…?-pregunté notando de pronto que estaba herido, que sus quejas no era a causa de mi contraataque, sino que la sangre alrededor de su cuello y en su mejilla eran de un enfrentamiento cercano, quizás solo de minutos atrás

-vámonos-me dijo poniéndose de pie y tambaleándose hacia mí

-¿por qué estás aquí?-pregunté en voz baja abrazándolo por la cintura para que pudiera caminar apoyado en mi hombro

-recibí una llamada...dijo que te tenía-susurró sosteniendo su costado con dolor-¿crees que iba a quedarme sentado sin hacer nada?

-¿te hirió de gravedad?

-no, pero necesito un lugar seguro para curarme

Lo llevé hasta el arreglo de arbustos que había alrededor de la mansión y me quedé en guardia observando y esperando la llegada de Suirimiho mientras Leorio curaba sus heridas. No había tiempo de pensar, debíamos salir de la mansión sanos y a salvo.

-quiere matarme-dijo luego de media hora en silencio concentrado solo en su hatsu

-creo que eso ya lo sabemos-respondí mirándolo de reojo. Estaba triste

-Kurapika

-¿la viste?-pregunté inseguro buscando la sombra de Amir en la habitación iluminada

-sí, me reconoció de inmediato y enloqueció. Pero…

-es la preferida de tu abuelo

-él no…-detuvo sus palabras tosiendo un poco de sangre que limpio con el dorso de su mano-Kurapika necesito que te vayas

-¿a dónde?-pregunté ingenuo volteándome definitivamente a mirarlo

-ve a casa de Neón, toma tus cosas y métete en ese barco lo antes posible-me pidió tomándome por los brazos para verme a la cara-estarás seguro allí

Abrí los ojos conmocionado al entender su intención de salvarme, luego enfurecí.

-¿estás demente?-respondí empujándolo hacia atrás con la ira contenida en mi bajo tono de voz-¿pretendes luchar solo contra ese infeliz?

-esta no es tu pelea-insistió en un susurro colérico-tú tienes otras guerras que ganar-agregó apuntándome al pecho con su dedo índice-vete

-no

-¡por el amor de dios!-exclamó enojado-ese maldito me quiere a mí, vete de una vez

-va a matarte

-¿y eso a ti qué? ¿qué demonios te interesa? es un asunto familiar, imbécil, es mi hermano y va a perseguirme hasta el fin del mundo para asesinarme ¡y ni siquiera lo necesita! es odio puro

-¿por qué me metió en este asunto, entonces?-pregunté confundido por el extraño tono de desconfianza que Leorio usaba conmigo y la doliente distancia que interponía con sus palabras-dime, ¿por qué?

-no lo sé, por el mismo principio por el que dejamos a Gabriel en un lugar seguro. Ahora deja de hacer preguntas innecesarias y lárgate

-puedo ayudar…

Me empujó contra el pasto montándose sobre mí y dio un puño contra el piso junto a mi cabeza, tan rápido y brusco que apenas tuve tiempo de reaccionar.

De pronto lloraba.

-¡quiero mantenerte a salvo!-sollozó-¿no lo entiendes?

-no lo entiendo porque implica que vas a ofrecerte como un ciervo al sacrificio-dije con el nudo en la garganta sintiendo la húmeda hiedra bajo mi cuerpo-¿pretendes hacerte el mártir dejándome ir? tu muerte no servirá de nada

-prometió que dejaría de buscarte

-Leorio eres tan ingenuo-dije soltando un suspiro de resignación-sigues creyendo todo lo que te dicen, sigues confiando en las personas ¡eres un estúpido!

Lo pateé contra los arbustos levantándome de un brinco hacia Suirimiho oculto en la oscuridad, intenté alcanzarlo con mi puño pero me esquivó y tan veloz como en nuestro primer encuentro, me tomó del brazo y me lanzó contra el piso soltando aquella carcajada que solo me traía pesadillas.

-perdiste tu oportunidad-me dijo cogiéndome del cuello de la camisa-Kurapika, eres tan brillante, un genio, pero ocupas la cabeza en falsas ilusiones

-¿qué es lo que quieres?-pregunté sin dejarme intimidar por sus ojos verdes idénticos a los de Amir

-¿qué es lo que quiero? ¿conoces a Kuroro?-sonrió disfrutando mi evidente estado de turbación al oír el nombre del líder de La Araña-somos viejos conocidos, y hace poco oí que deseaba la cabeza del último kuruta ¡y mira cómo son las coincidencias! tengo a Leorio y ahora te tengo a ti. Lo siento tanto hermosura, no puedo dejarte ir-dijo con tono romántico acercándose lo suficiente a mi rostro como para rozar sus labios con los míos al hablar

Suirimiho se volvió hacia a la derecha al oír un arma de fuego cargar a su lado.

Observé aterrado las manos de Leorio sosteniendo el revólver junto a la sien de su hermano, él no podía asesinar a nadie, no debía hacerlo; Leorio no debía ensuciar sus manos cómo yo lo había hecho.

-está bien, entiendo que la nena tiene dueño-se defendió Suirimiho soltándome al fin-llegamos a un acuerdo Leorio, no caigas en estos juegos infantiles

-el único que está jugando eres tú-respondió Leorio sin dejar de sostener el arma pegada a la frente del primer heredero Windsor-parte del acuerdo era que lo dejarías ir ¡y no te atrevas a ponerle un dedo encima otra vez!

Suirimiho quitó el arma de la mano de Leorio y caminó hacia el interior del jardín dejándonos nuevamente atrás, en silencio y conmocionados.

-respira

Abrí los ojos notando que había perdido la conciencia en los segundos que Suirimiho se había despedido de nosotros. Su nen me afectaba, me debilitaba cada vez que me tocaba y Leorio había corrido en mi ayuda sanando la porción envenenada de mi aura. Tosí recuperando el aliento, el cálido poder de Leorio rodeándome me hizo olvidar que acababa de recibir una amenaza de muerte del mismo Kuroro y que mis días, aparentemente, estaban contados.

Tomé su mano y me levanté caminando a su lado hacia la salida.

-¿ahora lo entiendes?-me preguntó luego de tensos minutos sin hablar

-sí

-después de todo, es lo que querías

-¿qué…?

-ayer dijiste que debíamos continuar como si no nos hubiéramos conocido, que actuar como amigos no era suficiente y que no querías volver a verme hasta terminar con el asunto de los ojos rojos, ¿no es ésta la oportunidad perfecta?

-es distinto, Leorio, me estás pidiendo que ignore al maldito que quiere matarte

-ya no es tu problema

Lo miré en silencio en medio de la calle. Aquella noche todo en él me hería y me recordaba la miserable persona que era, las veces que él fue a socorrerme y yo respondí con indiferencia, todas las ocasiones que tuve la oportunidad de agradecer y corresponder a su afecto y que deseché sin miramientos, había tanta culpa acumulada en mis labios resecos sin palabras que decir.

-Suirimiho tiene un plan en mente-dijo al fin sin verme siquiera un instante-necesita de un médico y puedo ayudarlo, acepté sus condiciones a cambio que olvide el favor de Kuroro y te deje en paz

-¿era a mí a quien buscaba?

-ambos éramos sus objetivos, pero nunca esperó encontrarse contigo de camino a mi búsqueda

Asentí sintiendo la congestión en mi nariz por el llanto que quería explotar y la honda depresión que se había apoderado de mí.

-estaré bien-susurró acercándose a mí-volveremos a vernos, te lo prometo

-no quería que fuese así-reconocí llevando mis manos hacia él en busca de un abrazo-lo siento

-no es tu responsabilidad-intentó tranquilizarme tomándome de la barbilla para elevar mis ojos hacia él-tenías razón, por ahora no podemos hacer nada, solo esperar -sonrió entristecido

-vamos a sobrevivir-respondí intentando imitar su falso optimismo-lo prometo

Volvió a sonreír acariciando mi mejilla y nos besamos por última vez abrazándonos y desgarrándonos en nuestro encuentro como si temiéramos perder la vida al separarnos.

-eres toda mi vida

-lo sé, lo sé, lo siento tanto, soy un completo imbécil, perdóname

-vamos a encontrarnos, y será para siempre

-para siempre


TnT Conchalalaraaaa me tienen con depresión

Aún no sé si darle un final feliz ¿o quizás un final esperable del manga en el barco?

Besos desde Chile