Nota: Los personajes son propiedad de Kurumada y Toei. Aquí les presento otro capítulo producto de mi mente retorcida y malvada.

¿Sobrevivirás?

Seiya tropezó con el micrófono lo que produjo un sonido desagradable mientras el público le observaba con indiferencia.

—Esto es horrible —pensó Seiya —, no creí que vendría tanta gente hoy.

—Canta de una vez que ya comenzó tu canción —le ordenó el anunciador mientras se escuchaba la pista de la canción de Lucero.

—Eres un cursi Seiya —le gritó Saga —, ¿no pudiste escoger una canción peor, como una de Juan Gabriel?

—O de Pimpinela —añadió Kanon y ambos gemelos chocaron palmas.

—Les digo que no era esta canción —se defendió Seiya.

—Nos haces perder el tiempo —gritó Máscara de la Muerte —, mejor baja del escenario.

—Tal parece que estás muy ansioso por cantar —Mu dijo con una sonrisa —, ¿o me equivoco?

—No, no es eso… es que yo, yo —dijo Máscara sonrojándose —, mejor bajamos a Seiya de una buena vez. Déjame buscar algo para lanzarle el caballito alado.

Pero alguien se le adelantó.

—¡Apestas Seiya! —dijo Syd lanzándole un tomate en la cara a Seiya.

—¿De dónde sacaste eso? —Sigfried vio que venían los problemas por el comportamiento de Myzar.

—Fue porque intuimos que podríamos toparnos con los caballeros de Atena —dijo Bud.

—Tú siempre nos dices que hay que estar preparados para todo —siguió explicando Syd.

—Así que no puedes culparnos —añadió Bud.

—Denme esa bolsa —Sigfried les arrebató la bolsa con los tomates —. Saben bien que a Hilda no le gustaría enterarse de otra pelea con el Santuario.

—¿Quién me lanzó ese tomate? —se quejó Seiya — Ya te vi. Fuiste tú, el sujeto con cara de lobo.

—¡Qué! Yo no tengo nada que ver —se defendió Fenril.

—Hermano, ayuda a Seiya por favor —Andrómeda quiso ayudar a su amigo —, se ve que la pasa mal ahí arriba en el escenario.

—Con gusto —dijo el comedido Fénix —¡Ave Fenix!

Así que además de tener la cara con tomate, Seiya terminó todo quemado y cubierto de hollín.

—Señores del público, por favor contrólense —dijo el anunciador intentando apaciguar las cosas —. Y tú canta de una vez o serás descalificado.

—Oh bueno —Seiya se puso a cantar la canción, pero como no tenía ni la menor idea de cómo iba canta peor de lo que Shun o algún otro lector hubiera imaginado.

—¡Sobreviviré, claro que sí, aunque reviente contigo o sin ti! —decía intentando seguir la letra en la pantalla y el ritmo.

—Por piedad Sigfried —suplicó Syd —, devuélvenos nuestros tomates.

—No ves que si no hacemos algo puede seguir toda la noche—añadió Bud en el mismo tono suplicante.

—No es para tanto —respondió Sigfried —, no sean exagerados, ¿verdad Fenril?

—¡Auuuuu!—aulló Fenril —, digo ya cállenlo que es horrible.

—El muchacho tiene razón —intervino Krishna—, hasta yo tengo trabajo para concentrarme.

—El morenazo tiene razón —siguió Afrodita—, está más feo que el cara de arenque ahumado.

—¿Morenazo? —Krishna se sorprendió.

—Gracias por el cumplido linda —Kasa se interpuso entre Piscis y Krisaor —, sabía que nos entenderíamos.

—Eres un atrevido —Afrodita estaba a punto de perder la paciencia —, no te lanzo una rosa nada más por no regar de sangre el escenario.

—Yo pensé que traías la rosa porque querías bailar tango —dijo el general de Lymnades —. Yo soy un gran bailarín —momento en el que Kasa hizo un pasito de tap.

—Agradece que yo no recurro a la violencia como mis colegas, porque ya serías pez muerto —dijo Piscis sin ocultar su molestia—. Vete a acechar a otro como a Mime.

—La pelirroja ya tiene pareja —dijo Kasa desilusionado —. Dime ¿tú tienes novio?

—Por supuesto que no tengo novio, yo soy un…—Afrodita calló —, espera un momento, ¿dijiste que Mime tiene pareja?

—Así me dijeron.

—Y ¿cómo era?

—De buena estatura, ojos celeste, cabellos castaños y sedosos

—Parece alguien de apariencia aceptable —dijo para sí el caballero de la última casa —. Si le robo la novia a Mime, puede ser una buena conquista y de paso mis colegas dejarían de hablar mal de mí —dijo en un tono reflexivo —. Se morirían de envidia cuando me vean con alguien más hermoso que ellos. Por supuesto nunca sería más hermosa que yo. Será mejor que investigue.

Por su parte el público, que no son otros que los caballero, generales y dioses guerreros ya estaba harto.

—Alguien dígale que se calle —se quejaba Baian —, yo no lo soporto.

—Tendré que mandarlo a la otra dimensión —sentenció Saga.

—No Saga— interrumpió Shaka —, eso estaría muy mal. Déjame usar mi Capitulación del demonio que es más efectiva.

—¿Shaka? —preguntó Kanon —¿No estabas tú hipnotizado?

—Con esos berridos —Aioria habló —, hasta los espectros de Hades se asustarían. Ahora, ¿alguien quiere explicarme qué hago en este antro de mala muerte?

—Mi hermanito —Aioros corrió a abrazar a Leo —, dime ¿qué quieres cantar?

—¿Qué? ¿De qué estás hablando Aioros?

—Si cantas bien puedes ganar el primer premio —explicó Capricornio —, un viaje para dos al Caribe.

—No es tan complicado —añadió Aioros— , si hasta Seiya participa. Míralo ahí en el escenario.

—Pero canta horrible —dijo el león dorado —. ¿Cómo fue que no cantó contra los espectros de Hades? Hubiéramos ganado fácilmente sin necesidad de tantos muertos.

Era una buena observación. El canto de Seiya era pero con cada estrofa, por eso los dioses guerreros estaban al borde de un ataque de nervios.

—Por lo que más quieras Sigfried —suplicaba Syd —, devuélvenos los tomates.

—Ya no lo soportamos —añadió Bud.

—Creo que esta vez los gemelos no exageran —dijo Hagen con las manos en los oídos —. Tenemos que hacer algo para callar al Pegaso antes de que nos quedemos sordos.

—Ya lo sé, pero le prometí a Hilda que no nos meteríamos en problemas con la gente del Santuario —. Explicó Alfa Dubhe con las manos en la misma posición que la de Hagen —. Mira a Alberich, parece sobrellevarlo mejor que ustedes.

—Alberich , dinos cuál es tu secreto —preguntó Merak, pero no hubo respuesta.

—Te está hablando Hagen, responde —Bud habló en un tono más agresivo, y Alberich seguía sin contestar.

—Contesta pequeño murciélago —Syd fue el más rudo y estaba a punto de golpear al guerrero de Megrez, pero Sigfried lo detuvo.

—¿Te encuentras bien Alberich? —dijo Dubhe tocando el hombro del guerrero de Delta.

—¿Decían algo? —finalmente contestó Alberich quitándose unos tapones de amatista de los oídos.

—Con que hacías trampa —Dijo Fenril indignado.

—Qué buena idea —al contrario celebró Hagen —, ¿puedes hacer un par para mí?

—Por supuesto, pero va a costarte —respondió el guerrero de Megrez Delta —. Tú sabes cómo ha subido el precio de la amatista. Está por los cielos.

—Eres un malvado —Hagen saltó a ahorcar a Alberich con sus manos.

—Sig…fried… —Alberich apenas podía hablar —, ayu…dame… le pro…metiste… Hilda.

—Así fue, pero era sobre las peleas con la gente del Santuario —respondió el guerrero de Alfa Dubhe —. No dijimos nada sobre las peleas entre nosotros.

—Está… bien —dijo el pequeño murciélago —. Haré… tapones… para… todos.

—Eso era lo que quería escuchar —dijo Hagen soltando al guerrero de la Amatista.

—Bien harás ocho pares —ordenó Sigfried.

—Pero aquí solamente estamos seis —observó Alberich —. Ya extraviaste a dos guerreros Sigfried. Hilda va a dejar de hablarte.

Pero no era tan así, porque no muy lejos.

—Te digo Sorrento que es mejor mi réquiem de cuerdas —protestaba Mime— tu canción embrujada del mar no es tan efectiva.

—El sonido de mi flauta es más dulce que de tu lira — respondió Sorrento.

—Pero yo puedo cantar mientras toco, tú no —espetó el guerrero de Benetnasch de Eta.

—¿Todavía no se ponen de acuerdo? —preguntó Tholl.

—¿De acuerdo para qué? Preguntó Baian.

—Se están poniendo de acuerdo para ver cuál de los dos elimina a Seiya —explicó Io.

—No se deciden cuál de las dos muertes es más dolorosa —añadió Tholl —. Yo creo que Mime, una vez me corté con su lira y me dolió más que corte de libro con hojas nuevas.

—Estás completamente equivocado, como tu amigo ojos de conejo —dijo Sorrento —. mi flauta es mucho más efectiva que su lira. Además mi música es mejor. En la Atlántida todos escuchan mi música todo el día.

—Por suerte los peces no tienen oídos —dijo Mime —, sino habría suicidios en masa. En cambio en Asgard sí apreciamos lo bueno.

—Tan cierto como que Seiya ganará el concurso —se mofó Afrodita que se había acercado gracias a lo que Kasa le había dicho.

—No digas tonterías —espetó Sorrento —, yo voy a ganar.

—Es que tú en tu vida habrás escuchado a un profesional como yo –se mofó Afrodita, que como todos saben tenía el defecto de ser muy narcisista.

—Hablas demasiado —Dijo el general de Sirena —¿por qué no lo demuestras?

—Eso voy a hacer cuando me llegue el turno —respondió el caballero de la última casa.

—Se ven tan confiados —dijo Mime divertido con la disputa —. ¿Por qué no lo hacen más interesante?

—¿Qué quieres decir? —preguntaron los dos.

—Que el que pierda tenga que bailar con cara de arenque ahumado.

—¿Cómo se te ocurre que yo baile con Kasa —se ofendió ante la idea el general de la Sirena.

—Es que tienes miedo —dijo Afrodita.

—No es miedo, es que yo no juego para el otro equipo y además tú, ojos de conejo, también deberías incluirte en la apuesta.

—Hilda nos tiene prohibido apostar —respondió Benetnasch

—Y tú tan obediente —se burló Sorrento—

—Déjalo, tiene miedo de perder —Afrodita sentenció.

—No tengo miedo —dijo Mime —, voy a mostrarles que yo canto mejor que ustedes.

Mientras en el bar.

—Este lugar es un espanto —se quejaba Camus —, el ambiente e malo, Seiya no podría cantar peor y este es el peor vino que he probado.

—Pues no parece, porque se ha terminado toda la botella usted solo maestro Camus —observó Hyoga.

—No te quejes tanto Camus, si bebieras otra cosa además de vino te divertirías más —le respondió Milo.

—No creo que bebiendo todo lo que ofrecen en este antro de mala muerte podría parecer que Seiya canta un poco menos horrible —respondió Acuario —, ¿cuánto tiempo dura esa horrible canción?

—Al parecer ya va a terminar —respondió el caballero Cisne —. Eso espero para dejar de sufrir penas ajenas.

Por suerte para todos así fue.

—Ahí teníamos a Seiya —dijo el anunciador —. Un aplauso para nuestro primer concursante.

El silencio hubiera inundado el lugar de no ser por una desconocida voz al fondo del salón.

—¡Viva! ¡Sí! ¡Otra!

Todos se voltearon a ver al enajenado que quería repetición de la horrenda interpretación de Seiya, pero estaba oscuro y no lograron distinguir bien de quién se trataba.