Nota: Los personajes son creación de Kurumada, esta es la cuarta parte de este fic traído por los pelos pero fic al final de cuentas. No hay ninguna intención de lucro con él aunque si les hace reír un poco es suficiente para mí.

Los mejores planes

Inmediatamente hubo terminado la canción de Seiya todos los caballeros dirigieron miradas furibundas hacia el lugar donde habían pedido repetición. Hay que decir que un segundo más tarde el lugar apareció quemado, cortado, congelado, golpeado, pateado, electrocutado, arañado, sepultado, agujerado, mordido, escupido, etc., etc. Para cuando se acercaron a ver nada quedó.

—Creo que se nos fue la mano —dijo Shaka soplando un montón de cenizas.

—Se lo merecía —resopló Ikki.

—No quedó ni polvo —acotó Baian.

—Es inexplicable, quién pudo pedir una repetición —preguntó Shura.

—Creo que nunca lo sabremos —respondió Tholl.

—Mejor —dijo Saga —, así no tendremos que colgarlo junto con Seiya.

—Por cierto —Sorrento preguntó —, ¿dónde está?

—¿Para qué quieres a Seiya? —Milo le preguntó con curiosidad.

—Para darle su merecido —respondió Io —, ¿para qué más ha de ser?

—Nadie nos quitará ese derecho —añadió Hagen

—Pues hagan cola —respondió Issac —, nosotros llegamos primero.

—No puedo dejarles sin vigilancia un segundo —les reprendió Sigfried, todavía con la bolsa de tomates en la mano —. Ya les dije que Hilda nos prohibió buscar pelea con los caballeros del Santuario.

—Pero no dijo nada de ser agredidos —dijo Mime —, en lo que a mí respecta la canción del Pegaso fue un claro atentado contra el buen gusto.

—Además asustó hasta a mi lobo Jin —Fenril también hablo —, tuve que ocultarlo debajo de la mesa y con su oído tan fino debió haber sufrido horrores.

—¡Fenril! Te dije que no trajeras a tu lobo come hombres a Grecia —le reprendió Alfa Dubhe.

—Veo que fuiste al mercado Sigfried —de pronto interrumpió Saga burlándose del guerrero de Odín.

—¿Acaso a Hilda se le antojó gazpacho? —siguió Kanon en el mismo tono que su gemelo.

—A Hilda no le gusta el gazpacho —explicó Alberich —, debe ser para una máscara facial.

—Que tonta, todos sabe que los tomates son pésimos para máscaras faciales —explicó Afrodita que conocía del tema —. Mejor hubieras comprado pepinos.

—No te permito que hables así de Hilda —Acto seguido Sigfried el aplastó un tomate en la cara al caballero de la última casa.

—Las cosas que hacen algunos por amor —sacudió su cabeza Aioria.

—Tú ni hables —Máscara de la Muerte intervino —. Ya voy corriendo Marin, mi vida —añadió imitando al león dorado en tono de burla.

Los generales marinos rieron por las palabras de Cáncer.

—No se rían ustedes, especie de sardinas enlatadas —Aioros salió en defensa de su hermanito —. Aioria puede que se vuelva un gatito cuando habla con Marin, pero no es motivo de burla.

—Cierto —añadió Shura—, un gatito al que solamente le falta ronronear —lo que provocó todavía más risas.

—¡Hasta aquí! —rugió Leo —. No toleraré la burla de nadie.

He aquí que otra pelea entre los caballeros dorados, los guerreros divinos y los generales marinos comenzó. Por fortuna no eran todos, solamente los aludidos. El resto se limitó a observar de palco, como los chicos de bronce que miraban boquiabiertos lo que pasaba y a su lado Kasa que echaba porras por Afrodita y Mime.

—Esto es increíble —habló Shiryu —. ¿Cómo lo consigues Seiya?

—¿Conseguir qué? —preguntó el Pegaso.

—Que los demás se agarren a golpes por tu culpa —respondió Hyoga.

—Deberías organizar peleas callejeras —dijo Ikki —, seguro ganarías mucho dinero apostando.

—Ikki, no le des ideas —le reclamó Shun —, recuerda cuando tuve que buscarte en la comisaría…

—Shun, prometiste no hablar de ese asunto.

—Está bien hermano.

—¡Pero si es una idea magnífica! —intervino Kasa que escuchó la conversación —Organizar peleas entre chicas, pero mejor sobre el lodo y con bikini. ¡Dale pelirroja! ¡Así se golpea, linda del lunar!

—Caballeros, por favor, no hay porque pelear —intervino el anunciador —. Ya le tocará su turno a cada uno. Ahora le toca al señor Aldebaran.

—No peleamos por eso —dijo Hagen al que Aioria tenía asido del cuello

—Entonces ¿por qué pelean? —preguntó el anunciador.

—No lo recuerdo bien —dijo Saga que había saltado a la pelea simplemente porque sí y ahora tenía a Sorrento colgado de un pie

—Déjame ver —respondió Kanon que había hecho como su hermano y le torcía el brazo Baian —, ¿fue porqué quemaste la cena?

—Eso fue la semana pasada —aclaró Saga.

—Era para darle su merecido a Seiya —le recordó Sorrento de cabeza.

—Tienes razón —le dijo Saga soltando el pie de Sorrento.

—¡No! Ya fue suficiente —dijo Sigfried que estaba sujetando a Afrodita de las solapas

—Bien, entonces suéltame —le dijo Piscis y Alfa Dubhe que le hizo caso y soltó al pez dorado.

—Bien dicho —dijo Aldebaran dándole una palmada en la espalda al dios guerrero —, además es nuestro turno para cantar. Vamos muchachos.

—Vamos me suena a manada —dijo Mu —, ¿qué no oyes que te llaman a ti solo?

—Además primero tenemos que vengarnos de Seiya y su fan —le dijo Máscara de la Muerte.

—Pero necesito de su ayuda —dijo Tauro con la mirada triste.

—¿Otra vez ese truco? —le reclamó Mu —Esta vez no te funcionará.

—Yo creí que ustedes era mis amigos —dijo con los ojos llorosos el caballero de la segunda casa.

—No, aunque inundes el lugar con tus lágrimas —se puso tajante Cáncer —, de ninguna manera subiremos a cantar. Puedes pedirnos lo que sea menos cantar.

—¿Lo dices en serio? —preguntó compungido el toro dorado.

—Sí, y es nuestra última palabra —siguió firme el cangrejo dorado —, ¿no es verdad Mu?

Y el carnero dorado asintió con la cabeza.

—Entonces está todo solucionado —dijo Aldebarán en un tono más alegre —, porque yo no quiero que canten ustedes.

—¿No quieres que cantemos contigo? —preguntó Mu —, entonces ¿qué quieres?

—Que me acompañen hasta el escenario —respondió.

—Bueno, si es eso —dijo Máscara de la Muerte con extrañeza —, supongo que no habrá problema.

Los tres subieron al escenario y Aldebaran tomó el micrófono.

—¡Buenas noches! —dijo en un tono muy legre —¡Les voy a interpretar una canción que era muy popular en mi país natal, Brasil, de la región de Bahía! Es en ritmo de Axé, y como no puede ser de otra manera, ¡aquí está mi cuerpo de baile!

Demás está decir que todos los presentes se echaron a reír al ver las caras de los caballeros de Aries y de cáncer.

—Aldebarán —dijo Mu por lo bajo —, no dijiste nada de bailar.

—Me dijeron que no querían cantar—dijo Tauro —, estoy cumpliendo con su deseo.

—No puedes obligarnos —dijo Máscara de la Muerte con la poca paciencia que le caracterizaba —, ¿nos oyes? De hecho me voy ahora mismo de aquí.

—Está bien, pero si un día Saori mira al techo de su templo y ve la antena de su televisor con uno de sus vestidos y un cartel que dice La Antena de Atena y me pregunta quién fue, no tendré más remedio que contarle —dijo en un tono que sonaba más a Vito Corlenone.

—¿No te atreverías? —dijo notablemente compungido el cangrejo dorado.

—O si quiere saber cómo fue que la estatua de Atena misteriosamente se teletransportó unos centímetros para quedar sobre el vestido de Saori, voy a tener que informarle —Tauro seguía hablando mientras acariciaba su propia mejilla.

—Todos saben que es Kiki el que hace ese tipo d bromas —respondió Mu muy nervioso —, además nadie me vio y nadie tiene pruebas.

—¡Ah que sí! —dijo Aldebaran viendo como surtía efecto su treta.

—Pero Aldebaran —explicó Mu —, date cuenta de que nosotros no sabemos bailar.

—Es muy sencillo —explicó el santo de la segunda casa —, solamente hagan como yo.

Máscara de la Muerte y Mu intercambiaron miradas. El toro los tenía en su pezuña.

Y así hicieron los pobres, porque no tenían más remedio. Por supuesto que no se aprende a bailar de la noche a la mañana. Por eso las imágenes que siguen a continuación se las dejo a su entera y retorcida imaginación.

Cabe decir que los caballeros, guerreros y generales se revolcaban cada uno en el piso por la risa. Todos menos uno.

—¿Qué te pasa Camus? —preguntó Milo —, pareciera que no te estás divirtiendo. Vamos, es gracioso ver a Mu y a Máscara intentando igualar los pasos de Aldebaran.

—No me hace ninguna gracia —respondió secamente el frío caballero de Acuario.

—Vamos Camus —dijo Saga —, no seas aguafiestas. Recuerda que también llegará tu turno y espero que nos presentes un mejor número que el de Aldebaran.

—De ninguna manera me subiré a ese escenario ¿me escuchas? —dijo Acuario con un poco habitual tono nervioso — ¡Ni tú ni nadie me obligará! —acto seguido Camus se alejó del lugar y se fue al bar.

—¿Qué le pasa a Camus? Ya no aguanta ni una broma —dijo Saga sorprendido por las palabras de Acuario —. ¿Sabes algo Milo?

—No quería divulgarlo —respondió el escorpión y le comentó en tono confidencial—, es que Camus tiene miedo escénico. Le aterra presentarse en público.

—¡Mi maestro Camus tiene miedo escénico? —dijeron al mismo tiempo Isaac y Hyoga, al parecer el tono confidencial de Milo no era tan confidencial —. Oye, es mi maestro no tuyo.

—¡Sh! No lo digan en voz alta —les reprendió Milo —Es un secreto.

—Cómo es posible —decía Saga —, Camus es uno de los caballeros más fríos, nada le afecta. ¿Estás seguro de lo que dices?

—Me lo contó un día —respondió el caballero de la octava casa mientras sus dos pupilos y los gemelos dorados se acercaban a escuchar el relato.

—¿Te contó, a ti? —dijo Kanon, que había escuchado el alboroto del cisne y el kraken —Si Camus apenas abre la boca para comer.

—Bueno, lo leí en su diario —dijo Milo —. El asunto es que cuando era niño e iba al jardín de infantes y tenía que recitar un poema, en medio del acto se le olvidó todo y se quedó como congelado y los demás niños se rieron de él.

—Bueno, congelado sí ha quedado —dijo Saga—. Pero no parece el tipo de persona con traumas del pasado.

—Lo sé, pero como Camus es mi mejor amigo he decidió ayudarle con su problema —dijo Milo muy entusiasmado con la idea —. Voy a hacer que venza sus miedos.

—¿Y por eso intentas hacer que quede en ridículo delante de todos nosotros? —preguntó Kanon —Qué bueno que no eres mi mejor amigo.

—No es para tanto —explicó Milo —. Yo sería incapaz de hacerle algo tan feo a Camus. Solamente quiero que vea que presentarse en público no es tan malo.

—¿Y con los ejemplos de Seiya, Aldebaran y Mu, piensas lograrlo? —siguió Saga todavía incrédulo.

—Este concurso es la ocasión propicia. Camus podría ganar fácilmente si canta en francés, porque a las chicas les gusta ese idioma.

—Como que no veo muchas mujeres en este antro de mala muerte —apuntó Kanon —. Aunque creo que tiene una oportunidad luego de ver los primeros números.

—Por eso me aseguré de enviar a Orfeo a Borneo a buscar unos cocos para Atena —Milo seguía contando partes de su plan —, así no habrá competencia.

—Al menos pensaste en ese detalle —dijo Saga —, pero todavía no entiendo cómo vas a convencer a Camus de subir al escenario.

—Pensé en emborrachar a Camus hasta la médula y cuando ya no sienta nada subirá a cantar por su cuenta.

—No está mal —dijo Kanon —, pero olvidas que Camus ya lleva dos botellas de vino y no se le nota ningún cambio.

—Ese es un problema —respondió Milo —. Parece inmune a los efectos del vino. Debe ser por su origen francés.

—Sin embargo parece una idea divertida —dijo Saga con una mirada traviesa, ya que Camus no era el tipo de caballero juerguista, la broma parecía prometer diversión para todos —. Está bien yo te ayudo. ¿Ustedes dos qué opinan?

Isaac y Hyoga asintieron con la cabeza.

—¿Kanon?

—Por supuesto —respondió el antiguo dragón marino —, pero después de que termine el numerito de Aldebaran, Máscara de la Muerte y Mu.