Nota: Saint Seiya es creación de Masami Kurumada. Esta historia es pura ficción, cualquier semejanza con la realidad en mera coincidencia
Generales en Marinada
Cuando la música comenzó a sonar Shaka estaba flotando en posición de "flor de Loto". Una cítara en sus manos y de pronto se pudo observar luces y colores psicodélicos que rodeaban a todos los espectadores.
Entre mandarinos y cielos de mermelada, como decía la letra de la canción el caballero de Virgo cantaba las delicadas notas, mientras las flores amarillas de celofán se asomaban por sobre su cabeza.
—Este sujeto siempre me pone los nervios de punta —se quejaba Ikki —, pero hoy se ha pasado de la raya.
—Caramba, no creí que Shaka pudiera flotar —apuntó Seiya.
—Es que está muy flaquito —explicó Aldebaran —, apenas y como el pobre.
El dragón Shiryu asentía con la cabeza, ya que el Fénix no era el único que se sentía incómodo con la escena. Todos los caballeros le veían boquiabiertos, excepto uno.
—Yo no veo nada raro —dijo Krishna, que por su origen estaba acostumbrado a los colores alegres y el sonido de la cítara.
—Hay que reconocer que no canta tan mal como Seiya —dijo Tholl.
—Un montón de gatos no podrían cantar peor que Seiya —corrigió Fenril —. ¿Tú, qué opinas, Mime?
Mime abrió la boca, pero emitió ningún sonido.
—Pareces muy tranquilo —dijo Tholl —. No dijiste nada cuando ese caballero de Atena tomó tu lugar.
Mime trataba de gesticular y movía los brazos, pero no podía hacerse entender.
—Es que Mime sí sabe tomar las cosas con deportividad —Añadió Hagen —. A diferencia de esos belicosos caballeros de Atena. Seguro Hilda estará contenta de tu comportamiento ejemplar.
El guerrero de Benetnasch zapateo en su lugar por no poder emitir sonido alguno.
—Saben —dijo Bud —, creo que intenta decirnos algo.
—Dale un lápiz y un papel, porque parece que se ha quedado mudo —sugirió Tholl
Bud le alcanzó una hoja y un lápiz y Mime con mucho coraje anotó en letras grandes: ¡VENGANZA!
—Mime, en verdad te entiendo —dijo Hagen —, pero ya sabes que Hila nos ha prohibido buscar pleitos con la gente del santuario.
—Cierto. Sigfried es capaz de ir a contarle todo el chisme a Hilda —siguió Alberich —, y nos castigaría de maneras horrible.
—Como dejarnos sin postre —dijo Tholl estremeciéndose ante la idea.
—Pero no te preocupes —Alberich habló —, yo tengo un plan para darle su merecido a esos engreídos caballeros dorados.
—Pero no queremos que Hilda nos castigue —dijo Tholl.
—No te preocupes —dijo el guerrero de Megrez —, nadie sabrá que fui yo.
Dicho esto se levantó de la mesa y se marchó rumbo a los generales Marinos.
—Te digo Kasa que deberías transformarte —le explicaba Io —, por lo menos hasta que la chica no pueda escapar.
—¿Crees que eso puede resultar? —preguntó intrigado Kasa.
—No creo que de resultado —dijo Baian escéptico —. Además eso suena a secuestro. Por fortuna a mí nunca me rechazó alguna chica.
—No fue lo que escuché —dijo Alberich interrumpiendo la conversación.
—¿De qué estás hablando? —preguntó el caballo marino.
—No es que me guste el chisme —comenzó el guerrero de Megrez —, pero aquí entre nos, oí bien clarito cuando ese que ahora está cantando.
—¿Shaka? —preguntó Krishna.
—Ese mismo, comentó que los generales marinos no son más que sardinas enlatadas y que además son un montón de inútiles que hasta los mocosos de bronce los vencieron.
—Eso no es verdad —protestó Baian —, no somos ningunos inútiles.
—Cierto —siguió Io —, puede que Julian Solo meta la pata de cuando en cuando, pero eso no les da derecho a esos engreídos caballeros dorados a hablar mal de nosotros.
—Nadie puede menospreciarnos de esta manera —siguió Baian —, vamos Kasa, tenemos cuentas pendientes.
—Pero yo no quiero pelear, solamente quiero una cita.
—No esperaba menos de ustedes —dijo satisfecho Alberich regresando a su mesa.
Mientras guerrero y generales estaban en esos afanes, los santos de Atena tenían sus propios problemas.
—Todavía no entiendo Saga —dijo Marin —, ¿qué querías que viera?
—¿Qué no ves a Shaka cantando? —explicó Saga.
—Lo veo —dijo Marin —, eso no tiene nada de raro. De hecho canta mejor que Seiya.
—Sí, pero el asunto es que Saga lo hipnotizó para que cante —Aioria trataba de sonar convincente, pero Marin seguía con una expresión escéptica en el rostro —. Shaka solamente saldrá del trance una vez que termine de cantar.
—No te creo —dijo secamente la amazona cruzándose de brazos.
Fue el momento justo en que los generales marinos saltaron sobre Shaka.
—¿Cómo estuvo eso de que somos sardinas enlatadas? —dijo Io al momento de atacar —. ¡Eagle claw!
—¿No somos buenos ni para los mocosos de bronces? —siguió Baian —. ¡Rising billows!
—Yo quiero tú número de teléfono —fueron las palabras de Kasa.
No era que los generales marinos fueran unas sardinas enlatadas y más inútiles que cenicero en motocicleta, era que simplemente Shaka, como ya había explicado Saga, no saldría del trance hasta terminar su canción y por ello no dejó de cantar mientras repelía esos ataques tan mal planeados.
—¡Kn! —fue lo único que tuvo que decir y los generales fueron repelidos con su propio ataque devuelto. Solamente Kasa seguía en pie porque él no había atacado al caballero de Virgo. De hecho el general de Lymnades había seguido el consejo de Io y se había transformado en Baian.
—¿Saldrías conmigo alguna vez? —preguntó Kasa.
—Shaka in the sky with diamonds —Shaka hizo caso omiso y siguió cantando.
—¿Te puedo llamar? —volvió a preguntar.
—Shaka in the sky with diamonds —dijo el santo de la sexta casa y finalizó su canción con un —¡Ah!
Shaka se limitó a abrir los ojos, pero fue como dijera Aioria un día: Cuando Shaka abre los ojos, todo lo que ve debe morir. No, esta vez fue diferente, porque el que moría, pero de vergüenza era Shaka que recién tomaba consciencia de la realidad, cruda realidad.
—¡Un aplauso para Shaka! —dijo el anunciador que fue el primero en reaccionar.
El público por su parte aplaudió al caballero de Virgo lo que provocó que se sonrojara más. Sin embargo en fondo del recinto.
—¡Buu! ¡Qué mal!
Todos los santos, guerreros y generales, los que no yacían inconscientes en el piso, se voltearon a ver.
—Otra vez el mismo de hace rato —dijo Milo enojado.
—Pensé que ya le habíamos dado su merecido —añadió Kanon alistándose para atacar al misterioso sujeto junto con los demás.
—¿Qué diablos estoy haciendo aquí? —dijo Shaka asustado —Pensé que era un sueño, un horrible sueño.
—Naturalmente —dijo Ikki —, si te la pasas todo el día durmiendo, es obvio que no sabrás distinguir el sueño de la realidad.
—Nadie te preguntó gallina al carbón —respondió Shaka —. Yo pregunté qué hago aquí.
—No pasa nada Shaka —dijo Shura —. De hecho creó que vas superando a Aldebaran.
—Eso sí que no —protestó Aldebaran —, al menos a mí no me abuchearon.
—Eso me recuerda que tenemos que darle su merecido a ese sujeto —dijo Aioros.
—Ya lo recuerdo, fueron ustedes dos junto con Saga los que me obligaron a subir a ese escenario y cantar —dijo Shaka que de a poco lograba volver a recordar.
—Pero Shaka, era por una buena causa —dijo Aioria —, tenía que mostrarle a Marin. Ven para que le expliques la técnica de Saga.
—No, yo con ustedes no quiero nada —dijo Shaka —. Tengo que encontrar a alguien cuerdo —fue cuando vio a Mu que para ese momento ya estaba muy sonriente —. Mu, necesito tu ayuda.
—Lo que quieras, Shaka amigo —dijo Mu que llevaba ya más de media botella de jerez él solo —. Este remedio al parecer nunca falla. Ten un poco.
¿Quién podría desconfiar del buen Mu? Shaka obedeció y bebió el remedio que el carnero dorado le ofrecía.
—Ves cómo te vas olvidando de tus problemas —decía Mu mientras los colores se le subían a las mejillas pálidas del santo de la sexta casa —. Ya casi he olvidado lo que vine a hacer a este lugar. Ten toma otra copa.
—A decir verdad sí es raro que Shaka y Mu beban —decía Marin observado a los dos caballeros más "respetables" del Santuario —, pero eso qué tiene que ver con el cuento de los hipnotizados y los generales atacando a Shaka.
—No tengo idea del porqué hicieron eso —dijo Saga —, tal vez Kanon sepa, él los conoce mejor —acto seguido Saga llamó a su hermano —. ¡KANON!
—¡NO GRITES! —gritó de vuelta Kanon —. ¿Qué quieres?
—¿Sabes por qué los generales atacaron a Shaka? ¿No tendrás nada que ver? —preguntó receloso.
—Yo no —respondió poniendo la cara más inocente que tenía Kanon.
—No me gusta cuando pones esa cara —dijo Saga—, algo tramas. Además esos que atacaron a Shaka eran tus compinches cuando trabajabas para Julian Solo.
—Pero eso fue hace tiempo Saga —explicó Kanon —, no me digas que sigues resentido por la pequeña broma de secuestrar a Saori e inundar el santuario. No puedes culparme por intentar. Además estoy muy ocupado. Tengo muchas que hacer.
—¿Haciendo qué? —pregunto uno de los caballeros de géminis.
—Pues lo de Camus, tú sabes —dijo Kanon sin querer dar más explicaciones —. Es un tipo difícil. Hemos intentado con vodka, cerveza y tequila. Ahora estamos intentando con ron y agua ardiente.
—Tienes razón —dijo Saga —. Olvidé lo de Camus.
—¿Qué hay con Camus? —preguntaron al mismo tiempo Aioros y Shura.
—Es un secreto que nos confió Milo —dijo Saga hablando en voz baja.
—Sí, y se supone que no debemos decirle a nadie —siguió Kanon.
—¿Qué cosa? —preguntaron Aioria y Marin también intrigados.
—Que Camus tiene miedo a presentarse en público —dijo Kanon.
—Entonces fue por eso que se fue a vivir tan lejos —señaló Shura.
—¿Cómo fue que se animó a venir aquí hoy? —preguntó Aioros.
—Es parte del plan de Milo —explicó Saga —. Va a hacer que Camus venza sus miedos.
Capricornio, Sagitario, Leo y Águila miraron extrañados a Saga esperando una explicación.
—Vamos a emborrachar tanto a Camus que ni se acordará de su nombre —Kanon fue el que les dio la respuesta.
Los cuatro parpadearon un par de veces hasta procesar la información, hasta que.
—Me parece un buen plan —dijo Shura.
—Está bien —añadió Aioros —, ayudaremos a Camus a ahogar sus penas. Ya lo logramos con Mu y ahora Shaka va por el mismo camino —dijo moviendo la cabeza hacia el par de santos que pedían otra botella de jerez.
—¡Qué ha pasado con la música! —Dijo a viva voz Shaka.
—Cierto, queremos ver quién es la próxima víctima —siguió Mu.
—Esto no está bien —dijo Marin —, la idea era embriagar a Camus, no a esos dos, los favoritos del patriarca. Ve a hacer algo Aioria.
—Sí Marin —dijo obediente el gat… es decir el león dorado.
—Disculpa Mu —dijo el caballero de la quinta casa —, necesitamos esta botella
—No te lleves el remedio de Shura –dijo Mu.
—Además ¿para qué la quieres? –siguió Shaka.
Aioria les explicó en calidad de secreto, lo que ya casi todos sabían sobre Camus y el plan de Milo. Y aunque en principio Shaka y Mu se mostraron reticentes, aceptaron donar su jerez para esa buena causa.
Mientras en el escenario el anunciador que había escuchado los reclamos de Virgo y Aries, comenzó a hablar.
—Atención, tenemos un nuevo participante —dijo a voz en cuello —, denle la bienvenida a Sigfried.
—¡QUÉ! —fue lo único que pudo decir Alfa Dubhe mientras Alberich sonreía furtivamente.
—Si no sube inmediatamente al escenario será descalificado.
—No podemos permitir que eso suceda —dijo con malicia Megrez jugando con una amatista redonda en su mano.
—Será el modo de vengar a Mime —dijo Bud sorpresivamente. Al parecer Alberich había encontrado un aliado que no era muy amigo del favorito de Hilda —. Si no podemos pelear contra ellos, al menos los derrotaremos en el canto. A menos que quieras que los del Santuario nos ganen.
—No podemos permitir que eso pase —dijo Hagen que en realidad su rivalidad era con Hyoga, no con todos los caballeros de Atena.
—Hay que hacerlo por Mime —dijo Syd —, mira cómo lo dejaron.
—Y en su cumpleaños —añadió Bud.
—No podemos permitir otra humillación —dijo Alberich disimulando mal su sonrisa
—Claro, como tú no serás humillado —pensó Sigfried.
—No se diga más —Megrez sentenció —. Tholl ayuda a Sigfried a subir al escenario.
—Pero es que yo…
Ni tiempo tuvo de decir más el guerrero de Alfa Dubhe, el gigante levantó a Sigfried de los hombros y lo puso sobre el escenario.
—Y aquí está Sigfried —dijo el anunciador —. Un aplauso por favor.
