Nota: Todos los personajes son creación de Masami Kurumada, y los guerreros de Asgard y uno que otro de Toei.
Remordimientos
Cuando Camus reaccionó le devolvió el golpe inmediatamente a Sigfried, quien vio venir el puño y se hizo el quite agachándose, por eso el impacto le llegó a Hagen que colgaba del cuello de Alfa. Syd y Bud trataron de saltar sobre Acuario, pero no lo lograron porque Milo estaba atento y pudo tomar a Bud por el pie y aventarlo contra Io y Baian que todavía se recuperaban del ataque de Shaka. Mientras que Syd apenas pudo atinarle a Isaac.
—¡No avienten objetos contundentes! —se quejó Io
—Vamos a devolverles el favor —dijo Baian que junto con el general de Scylla tomaron al Bud e intentaron lanzarlo al centro de la pelea. Lastimosamente con tan mala puntería que el guerrero de Asgard cayó sobre la mesa de Mu y Shaka, y con eso se dieron por satisfechos con respecto a Virgo.
Habrá sido el espíritu del delicioso jerez, porque los dos pacíficos caballeros de pronto se alistaron para ingresar en la pelea campal que se desarrollaba. Primero tomaron a Bud y lo lanzaron al centro de vuelta a la reyerta. Fue justo cuando vieron a Ikki hacer su entrada espectacular al centro del zafarrancho con su patada voladora y acto seguido lo vieron caer congelado sobre Isaac.
—¡Cómo te quedó el ojo! —se burló Hyoga, aunque lo dijo por Ikki, el general del Kraken se sintió aludido.
—¡Te voy a matar ganso presumido! —se quejó Isaac y en ese momento atacó a Syd y a su sombra Bud que apenas se ponía de pie —. Vio maestro Camus, dos por uno.
—¡Eso no es nada! —fanfarroneó Hagen —Con una mano —y quemó a Io, Baian y Sigfried —. Tres en uno.
—¡Por favor! —el anunciador trataba de apaciguar a los belicosos guerreros —¡Compórtense o tendremos que llamar a la policía y el concurso terminaría en ese instante!
— Eso jamás —dijo para sí Afrodita que observaba entretenido cómo todos se partían la cara unos a otros —. Todavía no canto.
—Ni yo —siguió Sorrento también preocupado —. Tenemos que detenerlos. ¿Tienes algún plan?
—Por supuesto —dijo Piscis satisfecho. Su plan consistía en decirle a Aldebaran que era mejor detener la pelea. Como el toro dorado tenía también sus propios intereses, estaba preocupado de que primero le nombren ganador y luego el resto podía matarse entre sí si lo deseaban. Fue por ello que en el momento en que ingresó al zafarrancho y con un par de manazos a los infortunados que estaban en su camino, es decir Hagen, Isaac y Hyoga que pronto quedaron estampados en la pared, fue motivo suficiente para que el resto ganara de vuelta la compostura. Si tienes la amenaza de ser aplastado cualquier diferencia puede quedar a un lado, pensaron todos los participantes de la reyerta.
—Comienza a dolerme la cabeza —se quejó Shaka de vuelta en su mesa—, ¿por qué se tuvo que terminar ese remedio tan bueno que te dio Shura?
—No lo sé, además creo que Camus no va a volver con nuestras bebidas —dijo Mu al observar los restos de la pelea —. Será mejor ordenar otra cosa.
—No sé si debamos seguir bebiendo —dijo Shaka en un arranque de cordura —. De pronto volví a acordarme de lo que hice hace poco —que como suele ocurrir en algunas personas, luego de los efectos de euforia provocados por el alcohol suele seguirle una depresión.
—¿Te refieres a que usaste el Tesoro del Cielo contra Mime? —preguntó Mu —A Mime, un buen sujeto que odia la guerra a pesar de todo, que no te hizo nada a ti personalmente y que por más que buscas en tu mente no logras dar con un motivo valedero para tu comportamiento hacia él.
—Ya Mu, no me ayudes a recordar —dijo Shaka mostrando arrepentimiento como pocas veces —. Ya me siento bastante mal por lo que le hice.
—Por lo menos quítale el tesoro del cielo —le dijo Mu al que también comenzaba a esfumarse los efectos del alcohol.
—Eso haré cuando le encuentre —dijo decidido Shaka —. ¡Mime, Mime, dónde estás, contesta!
Bueno, al parecer todavía no se quitaban todos los efectos del alcohol al caballero de la sexta casa.
Ocupado en esos asuntos que le remordían la consciencia a Virgo, no pudo ver que Ikki estaba temblando y cubierto con una manta, algo que sin duda hubiera alegrado al santo de la sexta casa.
—¡Tengo frío! —decía el fénix —Cuando atrape a ese ganso me las pagará.
—Tú tienes la culpa Ikki —le reprochaba a su modo Shun, con mucha ternura —. No debiste atacar a su maestro.
—Tiene razón —Shiryu también le reprochó a Ikki —. Camus nunca hizo nada para molestarte.
—Le enseñó a ese ganso cómo congelar cosas —respondió Ikki —, en lo que a mí respecta, eso es suficiente motivo —de pronto comenzó a temblar más —. Seiya necesito otra manta.
—Pero Ikki —comenzó el Pegaso con cierto tono socarrón— ¿no eres capaz de calentarte por tus medios?
—Es lo que estoy intentando —le recriminó el fénix —, además si fueras mi amigo ya me habrías conseguido alguna bebida caliente.
—¡En serio crees que soy tu amigo! —dijo el caballo alado muy contento —Voy enseguida Ikki —dijo Seiya emocionado porque Ikki difícilmente llamaba amigo a cualquiera.
Seiya fue al bar donde estaban Afrodita y Kasa teniendo una conversación seria y muy secreta.
—Ahora, ya sabes cara de guachinango —decía Afrodita —, le llevarás esta bebida y esta rosa a la pareja de Mime. Le dices que es de parte de la criatura más hermosa del santuario. Mientras yo voy con Mime para que se convenza de una vez que debe bailar contigo y que te dé una cita.
—Tú si me comprendes —dijo Kasa —, ¿por qué no quieres salir conmigo si nos llevamos tan bien?
—Solamente te dirijo la palabra porque tengo que taparles la boca a los otros caballeros —dijo Piscis —, confundes mis buenos modales con que quiero algo contigo, espantajo. Vete de una vez con el encargo.
Kasa se fue pensando lo difícil que era entender a las mujeres, pero en este caso el personaje no era ninguna mujer, sino un caballero muy susceptible.
—Ahora a buscar a Mime para que cumpla su parte del trato.
Mime no estaba muy lejos, pero estaba muy callado escondido en un rincón porque no quería escuchar los reproches que Alberich le hacía Sigfried por su vergonzoso comportamiento.
—Pelear con los del santuario, cuando Hilda nos prohibió tal cosa —dijo Megrez —, eso estuvo mal, muy mal Sigfried —dijo seriamente, aunque se le notaba que ocultaba una sonrisa mal disimulada, mientras los otros guerreros asentían con la cabeza —, y todavía atacaste a Camus, uno de los caballeros más respetables del santuario. Si hubiera sido Seiya, podría ser justificado, pero Camus.
A decir verdad poco le importaba a Alberich la gente del santuario y su discurso no hubiera cambiado así el agredido hubiera sido Ikki.
—Eres el menos indicado para hablar —respondió Sigfried todavía con la cara cubierta de hollín —. Cuando me entere de quién fue el bromista que me inscribió en este estúpido concurso, lo van a recoger con pala —añadió mirando fijamente a Megrez.
—No seas vengativo —le dijo Alberich —, creo que fue algo bueno que participaras. Si no hubieras atacado a Camus hubieras conseguido muchos aplausos y les habrías ganado a esos caballeros del santuario.
—Además no fui el único que participó en ese horrendo espectáculo —dijo Alfa dubhe dirigiendo la mirada hacia los gemelos que comenzaban a estornudar. Comenzó Syd, pero fue Bud el que finalmente estornudó.
—Salud —les dijo Tholl alcanzándoles un pañuelo que tenía el tamaño de un mantel, con el que los dos gemelos se sonaron la nariz al mismo tiempo. Distraídos en esos asuntos no se dieron cuenta de que alguien estaba junto a ellos.
—Para ti —dijo Kasa con una copa de Martini y una rosa en una bandeja.
—Oye, te confundes yo no soy…—dijo Sigfried algo avergonzado.
—No es de parte mía —explicó Lymnades —. Es de parte de una chica.
—¿Una chica? —mostraron sorpresa todos los guerreros de Odín.
—Una muy bonita con un lunar que le da una mirada misteriosa —dijo Kasa que casi mostraba corazoncitos en los ojos.
—No sé cómo serán las cosas en Grecia —le dijo Syd —, pero en Asgard es poco frecuente que una mujer le mande rosas y copas a los hombres
—A menos que el hombre ya le sea familiar y le haya dado motivos —siguió Bud.
—Cuando Hilda se entere —dijo Alberich relamiéndose el labio superior.
—Hilda no se enterará de nada —dijo enojado Sigfried que entendía bien por donde iba la conversación —. ¡Nos marchamos de este lugar! ¡Dónde diablos se ha metido ese caballo mutante de Hagen!
Un poco más lejos fuera del alcance de vista de Alfa Dubhe el guerrero de Beta Merak estaba recibiendo el sermón de su vida junto con el cisne y el Kraken, una vez que habían sido despegados de las paredes.
—No puedo creerlo —decía Camus mostrando más seriedad que de costumbre —¿Cómo fue posible que me desobedecieran?
—Pero maestro Camus —dijo Hyoga mirando hacia el piso —, fue por usted que nos metimos a la pelea.
—No íbamos a permitir que sea atacado de esa forma —siguió Isaac.
—Además era nuestro deber como sus alumnos —añadió Hagen
—En primer, yo no soy tu maestro —le dijo Camus rompiéndole el corazón a Hagen —, en segundo lugar soy capaz de defenderme yo solo…
—Ya no los regañes Camus —intervino Milo —, mira sus caritas señalando el rostro compungido de Hagen y sus ojos llorosos.
—Se ven muy arrepentidos —Kanon apoyó al escorpión dorado.
—Por cierto —Saga que no era tan compasivo como Milo intervino en la charla —, ¿por qué estaban ustedes tres escondidos debajo de la mesa?
—No cambies de tema Saga —dijo Camus al notar la mirada perspicaz de Géminis.
—Tienes razón —dijo Kanon que recién se dio cuenta de ese detalle.
—Es muy sospechoso —también pensó Milo, siendo un signo muy malpensado las ideas qué se habrá formado en su cabeza —. Oye Camus, ¿no crees que Hyoga estaría mejor de alumno de Afrodita?
—¡No, no me separen de mi maestro Camus! —Hyoga saltó a abrazar a Acuario.
—También es mi maestro —dijo Isaac celoso y empujando a Hyoga para abrazar él a Camus —, ¡apártate ganso!
—¿Otra vez Isaac? —le reprochó Kanon —. No saben el trabajo que costaba en la Atlántida hacer que deje de hablar de Camus.
—¿Por qué? —preguntó con desdén Saga —Si Camus no es tan buen maestro, ni siquiera en buen amigo.
—Es medio aburrido cuando nos habla del cero absoluto y esas cosas sobre los átomos —siguió Kanon.
—¡Qué!—exclamó Camus ofendido, pero antes de que pudiera decir más.
—Eso no es verdad —dijo Hagen —, fue el maestro Camus el que nos convidó esas deliciosas bebidas de colores.
—¿Cuáles bebidas? —preguntaron Saga, Kanon y Milo.
—Unas que venían un unos vasos muy grandes —siguió Beta Merak.
—Algo no cuadra —se puso a hacer cálculos Milo —. ¿Qué no era solamente un vaso? ¿De dónde sacaste los otros dos?
—¡Eso no importa! —dijo Saga que ya había perdido hace rato la paciencia con Acuario —¡Nos mentiste Camus!
—No, es cierto, yo no digo mentiras —dijo en su defensa Acuario
—¡Nos dijiste que habías bebido todo el contenido de ese vaso! —siguió Kanon que también comenzaba a molestarse.
—Con el trabajo que me costó conseguir los cilindros de hielo —dijo Milo, pero en un tono más bien de decepción.
—Eso, y con el trabajo que nos costó conseguir la dichosa sombrillita —Kanon no quería decirlo, pero había encontrado la sombrillita de una de sus muñequitas de geishas japonesas adornadas con un quitasol que quién sabe porqué las tenía—. Esto no se quedará así.
Camus retrocedió un paso al ver los rostros enojados de sus compañeros
—¿Saben qué? —comenzó a explicar Camus —. Esto es muy divertido, ¿por qué no buscamos a Aioros para que se ría de las cosas que han pasado?
—Recién nos enteramos de que hubo zafarrancho —dijo Sagitario con cierto aire de decepción —, y no esperaron por nosotros.
—No es justo —dijo Shura —, yo también quería jugar.
—Sí, nunca nos dejan divertirnos —dijo Aioria cuando presintió la mirada de reproche de Marin —digo, que no es divertido, para nada, que salvajes, cuándo aprenderán.
—¿Ibas a algún lugar Camus? —Preguntó Marin al ver al caballero de la penúltima casa.
—Ya no —dijo Saga colocando su mano sobre el hombro de Camus amenazante —, se supone que tenía que buscarles, pero ya están aquí.
—¿Dónde estaban? —preguntó Kanon.
—Fuimos por unas botellas —explicó Aioros —, ¿de qué eran?
Shura sacó una lista muy larga y aclaró la garganta para leerla, pero en ese momento se oyó por el micrófono.
—¡Démosle un aplauso a Sorrento!
