Nota: Saint Seiya y los demás son propiedad de Kurumada y Toei, y ya van once capítulos de esta historia sobre una sucesión de momentos absurdos. Agradeciendo como siempre a las buenas personas que leen y que escriben algunas palabras de aliento.
No eres el único con problemas
—Vamos Shun, tú buedes —decía Ikki con la nariz congestionada al ver que Andrómeda regresaba junto a él acompañado de Dokho —. Baldito ganso, me las bagarás.
—Ten hermano —Shun le dio un pañuelo —. Yo quiero quedarme a tu lado para cuidarte
—¿Te debe dinero Hyoga? —pregunto Seiya despistado como siempre.
Ikki se sonó la nariz y volvió a su voz normal.
—Seiya, si no vas a decir algo inteligente será mejor que no digas nada.
—Entonces ¿cuándo diría algo? —se quejó el Pegaso.
—Esa es la idea —dijo el fénix.
—Pero Ikki estás muy enfermo, no quiero dejarte solo —Shun abrazó a su hermano mayor.
—No Shun, quiero que salgas a cantar y ganes el concurso —dijo el fénix —. De esta manera tú y yo podremos ir al Caribe a tomar el sol y yo podré curarme de esta tos que me está matando —Ikki comenzó a fingir que tosía.
—No te mueras Ikki —Seiya se adelantó a Shun con las lágrimas y también abrazó al Fénix
—¡Quítate que me mojas la ropa con tus lágrimas! —Ikki empujó a Seiya —. Ve Shun, hazlo por tu hermano. Gana ese concurso.
—Está bien hermano —dijo Shun secando sus lágrimas —, cantaré y ganaré por ti para que te recuperes pronto —dicho esto subió al escenario.
—Si yo gano Ikki —comenzó a decir Seiya —, también te daré mis boletos para que no te mueras.
—No seas idiota Seiya —el Fénix cambió por completo el tono de su voz —, no estoy muriendo, solamente quiero los boletos para venderlos y obtener dinero.
—Peo Ikki —dijo Seiya sorprendido —, yo creí que te morías.
—Ni yo me creí esa actuación tan mala —le dijo Dokho que vino con Shun —, realmente actúas muy mal.
—Seiya, tu coeficiente mental rebaja un punto cada día —se burló el Fénix
—No creo que eso sea cierto —Dokho dijo para sorpresa de los caballeros de bronce.
—Gracias maestro Dokho —Seiya abrazó a ahora a Libra.
—Imagínate —siguió Dokho librándose del abrazo del caballo alado —, a este paso Seiya ya estaría en números negativos.
—Mejor cierra el pico Seiya —le reprendió Ikki —, y tráeme algo para el resfriado si no quieres que te vaya mal. —le amenazó además.
—Si ya me val —se quejó el Pegaso —, con lo de Saori y todos sus enemigos ¿no crees que es suficiente?
El Fénix y Libra no sabían qué contestar, el caballito alado tenía razón.
Afortunadamente para ellos llegó alguien para desviar el tema.
—Maestro, no pude conseguir piñas —dijo Shiryu jadeando por el cansancio —, lo único que había eran mangos.
—¿Y por qué no los trajiste? —le reprochó Dokho.
—Porque usted me pidió piñas, no mangos, y a estas hora me los querían vender a precio de oro.
—¡Ve por los mangos Shiryu! —ordenó Libra —Mejor voy con Mu y Shaka, porque ya me aburrí las tonterías de Seiya.
Mientras en el escenario.
—Un aplauso para Shun, por favor —decía el anunciador leyendo un papelito —, que nos interpretará la "Oda a la alegría" de…
—¡Cambia de canción si no quieres morir! —amenazó Shun que repentinamente tenía el cabello negro como la noche.
—Perdón señor, no entendí lo que acaba de decir —dijo intrigado y asustado el anunciador.
—La oda a la alegría está bien —dijo Shun con su hermosa sonrisa y su cabello verdoso.
—¡Con ustedes Shun! —dijo el anunciador que luego bajó rápidamente del escenario mientras comenzaba a sonar la novena sinfonía de Beethoven
—Si no quieren que les cante "Epitafio" será mejor que quiten esta música, no la soporto —dijo Shun con el cabello azabache.
—Se me hace conocido todo esto —decía Kanon desde su escondite bajo una mesa de mantel largo.
—¡Así que aquí te escondes! —de pronto oyó la voz de Saga mientras reía diabólicamente.
—¡Socorro! —Kanon salió corriendo de su escondite.
—Para mi hermano Ikki —dedicó Shun cabellos verdes —, recupérate pronto —y comenzó a cantar con su melodiosa voz —. Escucha hermano la canción de la alegría —acto seguido su cabello cambiaba al negro más profundo así como la voz de Andrómeda se hacía más grave —, el canto fúnebre de la muerte del nuevo día —verde otra vez —. Ven canta, sueña cantando —negro azabache —, muere soñando la muerte del sol.
—Y a mí me llaman loco —sacudió su cabeza Saga mientras el resto del público observan atónito el espectáculo que superaba en rareza al de Shaka —.Ahora tengo que buscar a Kanon para encerrarlo y matar a Atena.
—Es una mala idea Saga —Shura le llamó desde su mesa —. Mejor ven a brindar con nosotros por Camus.
—Brindar —dijo Saga —, sí, mejor brindamos por Camus, pero luego tendrás que matar a Aioros.
—¿Y si en lugar de asesinarme lo jugamos en una partida de poker? —dijo Aioros que había escuchado la amenaza de Saga —Yo traje naipes.
—A tu salud Camus —Milo alzó su copa y el resto le siguió.
—Salud —respondió Acuario pensando en que si el resto bebía y se embriagaba más rápido que él, podría averiguar el porqué se empeñaban en emborrachar al santo de la undécima casa.
Por su parte Dokho llegó a la mesa de Shaka, donde Mu le daba el sermón de su vida a la reencarnación de Buda.
—Es que no es posible que hubieras actuado de esa forma —le reprochaba el carnero dorado a Shaka —, Mime ni siquiera te provocó o hizo algún gesto ofensivo en tu contra y tú sin otro justificativo le atacaste a traición.
—Sé que estuvo mal —decía Shaka avergonzado —, y lo peor es que no recuerdo porqué lo hice. Yo no tenía nada en contra de él, de hecho creo que es pacífico como Shun allá arriba, que no mataría a una mosca por su propia voluntad —Mu le respondió con una mirada confundida —, está bien, es un mal ejemplo.
—Mira Shaka, lo único que puedes hacer ahora es buscarle y pedirle disculpas a Mime —seguía Mu —, además me enteré que hoy justo era su cumpleaños y tú te encargaste de arruinarle la celebración.
—¿Y desde cuándo tú te preocupas por los demás Mu? —preguntó Dokho intrigado, además de reparar armaduras, sanar a los heridos e ir por los mandados, ¿ahora te dedicas a defender a los débiles de las injusticias?
—¿Qué no es nuestro deber como caballeros? —preguntó Mu.
—¿Lo es? —preguntó Shaka —Digo, todavía no sé porque yo ataqué a Mime.
—Tal vez Saga tenga que ver en todo —dijo Dokho pensando —. A ver Shaka, ¿te acuerdas por lo menos porqué estás aquí?
—Ahora que lo mencionas —dijo Shaka pensando —, lo último que recuerdo es que estaba en casa cuando escuché al gato pulgoso de Aioria canturreando porque tenía una cita y por eso fui a su casa a decirle que se callara y hasta ahí llega mi memoria.
—Y a mí me dicen que tengo lagunas mentales —protestó Dokho blanqueando los ojos—, por cierto, ya es hora de que regrese a Rozan, no vaya a ser que Hades se despierte de nuevo.
—Dokho, no es necesario —le explicó Mu—, ya vencimos a Hades. ¿No lo recuerdas? Si hasta mi maestro luchó en esa guerra.
—Incluso tuvimos que ir al otro mundo —siguió Shaka con la explicación —, y me costó mucho trabajo hacerle entender a Saori la forma de llegar hasta ahí, tuve que mandarle el mensaje escrito y nada que entendía, de no haber sido por Saga que quién sabe qué hizo para hacerle entrar en razón no sé que hubiera hecho yo solo en el infierno. Era
muy aburrido.
—¿Me lo juras? —preguntó Dokho todavía sin convencerse.
—Es cierto —siguió con la explicación Mu —. Hasta mi maestro participó en esa contienda
—dijo Aries y luego suspiró —, pobre mi maestro que tuvo que acompañar a Atena a esa fiesta en el yate de Julian Solo. Aunque suele castigarme sin motivo por las cosas que hacen otros, así que supongo que es lo que tú Shaka le dirías karma. ¿Qué les pasa? ¿Por qué me miran así?
Shaka y Dokho no sabían cómo hacerle señas a Mu de que Shion estaba en el lugar golpeando el piso con su pie.
—¿Qué era lo que decías Mu? —preguntó el patriarca.
—Maestro, que gusto de verlo —dijo Mu con cara de angelito que le sentaba muy bien —. ¿Qué puedo hacer por usted?
—Shion, yo pensaba que estabas en la fiesta de Julian.
—Dokho, estuve ahí, pero estaba tan aburrido que preferí buscar tu cosmo que parecía que te divertías, fue por eso fue que me teletransporté a este lugar… —pero Shion dejó de hablar al ver que Mu y Shaka escuchaban atentos —. Bueno cambiando de tema, ¿qué haces aquí Mu?
—¿Yo? —dijo Mu —Nada más vine a acompañar a Aldebaran.
—¿Y dónde está que no lo veo? —preguntó Shion, que no veía al toro que luego de su intento fallido por robarle el chocolate a Saga se fue a buscar algo de comer.
—Estaba por aquí —dijo Mu intentando buscar al toro con la vista —. ¿Dónde se habrá metido?
—No me cambies el tema Mu —le dijo Shion con ese tono tranquilo, pero que asustaba al carnero dorado del Santuario.
—Pero maestro…
—Maestro nada —dijo Shion serio —, por lo pronto ve a traerme una pila colada —dijo en un tono más alegre.
—A la orden maestro dijo Mu llevándose a Shaka con él —. Vamos Shaka.
—Mala idea —le dijo Dokho sacudiendo la cabeza —, no hay piñas en este lugar.
Shion solamente atinó a golpear su frente con la palma de su mano.
Mu y Shaka corrían hacia el bar por la piña colada de Shion.
—¿Por qué tengo venir contigo? —se quejaba Shaka —Shion es tu maestro, no mío, haz tú solo los mandados.
—Cállate Shaka —le reprendió Mu —. Mira quién está aquí.
Sin proponérselo se toparon con Mime.
—Mime amigo, te hemos estado buscando —dijo Mu con su hermosa sonrisa.
Mime le devolvió una mirada enojada a Aries.
—Shaka tiene algo qué decirte —dijo Mu sin darle importancia y hablándole luego al santo de Virgo en forma confidencial —, vamos Shaka, discúlpate con Mime, así todo quedarás en el pasado y mi maestro no nos castigará, especialmente a mí que no he hecho nada, pero presiento que pagaré los platos rotos.
—Era eso —dijo Shaka —, por eso me sermoneabas, para que Shion no se entere.
—No me hagas obligarte Shaka —dijo Mu mientras Benetnasch les seguía viendo desconfiado sin decir nada.
—Bueno, lo siento —dijo Shaka de mala gana —, si no fuera porque Mu me obliga. ¿Por qué no respondes siquiera? ¿Para eso me hiciste pedir disculpas?
—No entiendes Shaka, primero quítale tu Tesoro del Cielo —le dijo Mu —, además para pedir disculpas tienes que ser sincero y sentirlo.
—Solamente porque realmente no tengo nada en contra de Mime —dijo Shaka y acto seguido le quitó el Tesoro el cielo a Mime —. En verdad no acostumbro a pedir disculpas, pero bueno. Lo siento, no fue mi intención atacarte, bueno sí, pero no logro explicarme el porqué lo hice. No sé si me entiendes, ni yo lo sé, pero como ya me han sermoneado desde hace rato, no me queda más que pedirte disculpas para que no quede ningún resentimiento y así no se entera de nada el gran patriarca y no nos castig…
—¡Sh! Qué no queremos que sepa —Mu le tapó la boca a Shaka con la mano mientras Mime les miraba con suspicacia.
—¡De todos los caballeros del santuario tú eres el que está más loco! —le gritó Mime —¡Ahora por tu culpa voy a tener que bailar con esa especie de arenque ahumado que no ha dejado de perseguirme en toda la noche! Por eso voy a contarle todo al patri…
Mime no pudo continuar porque vio algo que le hizo esconderse rápidamente
—¡Hola lindas! —Kasa les hizo un guiño a los dos caballeros dorados —¿No vieron por aquí a una pelirroja linda?
—Linda será tu abue… no qué va a ser lindo alguien en tu familia —dijo Mu
—Si buscas a Marin, pierdes el tiempo —le dijo Shaka —, hace tiempo que anda con Aioria, aunque ellos lo nieguen.
—No, no se llamaba Marin, creo que se llamaba Mime —explicó Kasa.
—Tienes peor vista que yo —le dijo Shaka.
—Creo que es esa que vino con los de Asgard y que toca el arpa —dijo Mu.
—Aparte de hermosa talentosa —dijo Kasa más entusiasmado.
—Si le dices algo ahora mismo te acusaré con tu maestro —Mu escuchó la voz de Mime detrás de Mu, lugar donde se había escondido.
—No vimos a alguien así por aquí —dijo Mu.
—Lástima —dijo Kasa desilusionado —. Oye rubia, ¿no quieres bailar conmigo?
—¡Qué te has creído! —le gritó Shaka
—Sabes, me gustaría quedarme conversar con ustedes —dijo Kasa haciéndose el desentendido —, pero tengo que llevarle este mensaje a Sigfried.
—¿A Sigfried? —preguntaron al mismo tiempo Mu y Shaka —¿De quién?
—De una chica muy bonita —dijo Kasa —. Aquí entre nos, les cuento que hicimos un trato, ella se queda con Sigfried y yo con Mime.
—¿No me digan que el mismo Sigfried se confabuló con este arenque ahumado para arruinarme el cumpleaños? ¡No! —Mime se fue corriendo.
