Nota: Yo siempre digo que Saint Seiya y los demás son propiedad de Kurumada y Toei. Este el decimotercer capítulo, el de la mala suerte, pero no para nosotros, sino para los caballeros.

El misterio de la piña desaparecida.

El choque entre Aldebaran y Tholl no pasó desapercibido. Fue como el choque de dos planetas pequeños, pero planetas al final de cuentas.

—¡Qué leñazo! —decía Tholl tirado en el suelo —¿Por qué tenías que atravesarte?

—Tú te atravesaste en mi camino —dijo Aldebaran también en el piso —. Si no fuera porque siento que algo se encaja en mis costillas ya verías.

—Aldebaran ¿qué te pasó? —preguntó Shura que era el que estaba más cerca y llegó primero.

—Ayúdame Shura —dijo el caballero de la segunda casa.

—Por supuesto —Capricornio intento jalar al toro por un brazo, pero no pudo —, pero qué pesado. Creo que voy a necesitar ayuda —La cabra dorada se fue en busca de sus amigos

Por su parte Syd corría lejos de la vista del patriarca, no vaya a ser que se arrepintiera. Además que quería encontrar a gemelo para repartirse el recientemente obtenido botín, sin fijarse que adelante estaban Mu y Shaka llevándole su piña colada a Shion.

—¡Mira lo que me hiciste! —se quejó Mu al ver el vaso del patriarca derramado sobre el carnero dorado —¡Por tu culpa mi maestro me castigará!

—No sería una novedad —murmuró Shaka —, creo que ya van tres veces en la semana.

—Yo me marcho —dijo Syd sin importarle las quejas del caballero de la primera casa.

—Nada de eso —dijo Mu ya enojado —. ¡Pared de Cristal!

—¿Qué le pasa a la gente del Santuario que parece que todos saben ese truco? —dijo Syd atrapado —Ya déjame ir, que no quiero ponerme violento.

—Como si pudieras. Tú no me has visto violento —dijo Mu casi con una sonrisa, pero de pronto su rostro risueño cambió—, sin embargo ahora tengo un problema más serio…

Mu no pudo seguir porque en ese momento llegó Shura.

—Mu, necesito tu ayuda —dijo Capricornio —, es sobre Aldebaran.

—¿Qué le pasó? —preguntó Shaka.

—Está tumbado en el piso y yo no puedo levantarlo solo —dijo Shura.

—Debes estar bromeando Shura —dijo Mu —, tú eres capaz de levantar solo a Aldebaran.

—Lo sé, pero no puedo evitar echarme a reír al verlo todo despatarrado en el suelo —respondió Shura.

—Yo no iré, tengo peores problemas —dijo Mu —, no quiero ni pensar cuando mi maestro se entere lo de su piña colada.

—Pero yo sí quiero —dijo curioso Shaka —, vamos a ver lo que le ocurrió a Aldebaran.

Shaka se fue con Shura y Syd al que Mu tuvo la gentileza de liberar de la pared de cristal.

—Ahora ayúdame Shaka —dijo Shura intentando tomar por un brazo al toro dorado.

—Yo no —dijo Shaka —, yo solamente vine a ver, no dije nada de ayudarte.

—Eres un aguafiestas Shaka, nunca quieres cooperar —dijo Shura —, mejor voy por Aioros.

Y así lo hizo, pero ni con Aioros pudo ayudar al toro, ya que Aioros para esa hora ya había brindado bastante por Camus y ya no estaba en condiciones ni de levantar a un gato sin caerse de cabeza. Sin más remedio llamaron a los otros caballeros que no estaban mejor que Aioros. Solamente Saga mostraba algo de compostura.

—Creo que me va a salir una hernia de disco —se quejaba Milo en uno de los muchos intentos por levantar a Aldebaran, por fortuna Tholl no necesitó tanta ayuda y pudieron ponerlo en pie primero —. ¿No era más sencillo contratar una grúa?

—¿Y quedar como enclenques frente a los generales marinos? —dijo Aioria que gracias a la mirada aguda de la amazona del Águila, tampoco estaba en un estado tan etílico como el resto —Vamos, todos juntos —Finalmente pudieron levantar al toro.

—Gracias muchacho —dijo Aldebarán conmovido —, sabía que podía contar con ustedes. De no haber sido porque sentía un bulto en mi espalda me hubiera levantado solo.

—Pues el bulto al parecer tiene nombre —dijo Shura al ver el lugar donde se había estampado en toro.

—Hermano, hermanito —se oyó la voz de Syd —, háblame, dime ¿qué fue lo que te pasó?

—¡Aplastaste a Bud! —protestó Tholl —Eso es un abuso.

—Fue un accidente del que fuiste parte —se defendió Aldebaran —, además como si nunca te hubiera pasado algo parecido.

—Ahora que lo mencionas —dijo pensando el guerrero de Phecda Gamma —, hubo una vez que pisé sin querer la pata de Fenril. Me mordió y yo terminé con inyecciones contra la hidrofobia y a él le enyesaron la patita y le pusieron un cono en el cuello. Pero no pasó de eso.

—Bueno, es algo parecido —dijo el caballero de la segunda casa tratando de minimizar los daños levantando a Bud del piso —. No te preocupes, se recuperará. Lo mismo le pasó a Shaka y ya lo ves.

—¿Shaka? —preguntó Syd —¿El mismo Shaka del santuario que hace unos minutos nos brindó un numerito medio raro luego de atacar sin motivo a Mime?

—Supremo buda para ti —corrigió Shaka.

—¡Pero si está más loco que una cabra! —dijo Syd consternado, pero luego observó a Shura —Digo, sin ofender a los presentes.

—¿De qué estás hablando? —le preguntó Capricornio.

—Lo que digo es que tengo que reanimar a mi hermano. —dijo Syd pensando que los españoles le parecían muy susceptibles para un carácter nórdico como el suyo.

—Aioros sabe cómo —dijo Shura haciéndose de la vista gorda —. Aioros, necesitamos que nos ayudes.

—Siempre listo —dijo Sagitario —, a ver ustedes generales acuáticos, necesito un poco de agua por aquí.

—Ya se acabó —dijo Io —, ahora estamos bebiendo tequila.

—Supongo que puede dar resultado —dijo Aioros encogiéndose de hombros. Io le lanzó la botella con la advertencia de que no se la termine él solo. Por eso Aioros vació media botella en el rostro de Bud.

—Bud, hermano —decía Sud preocupado sacudiendo al tigre vikingo—, dime algo.

—Hermanito del alma —despertó de pronto Bud hipando—, ¿dónde te habías metido? Estaba en un lugar maravilloso. Había música…hip, y una luz al final de un túnel, donde mi conejo Chispita me espe.. hip, raba.

—Pero tu conejo Chispita se mur… digo, se fue a trabajar para un circo —corrigió Syd.

—Oye Syd —comenzó a hablar Tholl —, ¿no me convidaste el otro día estofado de conejo?

—No te convidé nada, tú llegaste y te invitaste solo. Además te dije que era un secreto —le dijo Syd sin poder disimular.

—Pero te ayudé a deshacerte de las evidencias…—Tholl seguía sin entender las indirectas directas de Syd —. Según yo recuerdo creo que era el mismo…

—Que no era el mismo, era una liebre salvaje que cazamos con Fenril —dijo Syd pensando en qué le tendría que regalarle una pelota al lobo asgardiano para comprar su silencio.

—Bueno, si tú lo dices —dijo Tholl sin convencerse.

—Esto de tener hermanos gemelos mimados es un problema —dijo para sí Syd.

—Y me lo dices a mí —interrumpió Kanon que había escuchado todo debajo de una mesa donde se escondía de Saga.

—Con que ahí estabas. ¿Sigues enojado por lo de Cabo Sunion? —preguntó Saga que de pronto tenía los cabellos azules —Trataba de protegerte, no quería que sufrieras.

—¡Casi me ahogo en esa prisión! —reclamó Kanon.

—No seas rencoroso Kanon —dijo Saga —, y cambiando de tema, Shura, pensé que te había enviado a matar a Aioros —dijo Saga con los ojos rojos y el cabello blanco

—Pero Saga, ya te dije que no tengo nada en contra de Aioros —reclamó Shura—, además es mi mejor amigo y un buen compañero para todos en el santuario. Además ya ni eres el pat…

—Síguele la corriente —dijo Kanon notando como Saga nuevamente otra vez tenía la personalidad de Arles —, se puede poner peor.

—Digo, ya no eres el pat … ernal… amigo —tartamudeó Capricornio—. ¡Rayos Saga, yo no quiero matar a Aioros!

—Me hubieras dicho antes —dijo Saga —, entonces ve a matar a otro.

—¿Por qué tiene que morir alguien? —preguntó Aioros.

—Supongo que es como el golpe fantasma —dijo Kanon —, si no se muere alguien no podrá volver a la normalidad.

—Ni me mires —dijo Aioros —, ya desperdicié 13 años de mi vida estando muerto.

—Tampoco yo —dijo Aioria —, yo tengo una novia.

—Tampoco yo —dijo Milo —, tengo mascotas.

—Todos los caballeros dorados tenemos cosas que hacer —dijo Shura

—Entonces busca más abajo —dijo Aioros —, los que están más cerca son los chicos de bronce.

—Ay sí —dijo Shaka con emoción —, deshazte de Ikki.

—Mejor de Seiya —dijo mu que pasaba por el lugar buscando una piña colada para su maestro.

—No creo que haga falta —dijo Aioria recibiendo inmediatamente una mirada de reproche de Marin —. Lo digo porque se la pasa salvando a Saori.

—Es cierto, además siempre hace preguntas tontas —dijo Shura.

—Por eso Shura, te encargo que traigas el cadáver de Seiya —dijo Saga con autoridad.

—Te dije que yo no quiero matar a nadie —dijo Shura —, búscate a otro.

—Bueno, entonces ve tú Camus —dijo Saga.

—¿Para qué? —dijo Camus con cierto aire existencialista —Es probable que la lagartija de bronce Shiryu lo saque del ataúd de hielo donde lo pondría.

—El único que queda es Milo —ordenó Saga —. Tú ve a traer el cadáver de Seiya

—Yo no puedo yo tengo que embr… digo, ya sabes que tengo cosas que hacer —se excusó Milo.

—¿Qué tienes que hacer Milo? —preguntó Camus sospechando algo

—Que tengo que obedecer a Saga —dijo Milo marchándose para evitar darle explicaciones a Camus —. ¿Por qué siempre me tocan los trabajos feos? —decía el escorpión —Primero me mandan a esa isla con sujetos más raros que Afrodita y las cosas que vi y de las que no quiero acordarme.

El caballero de la octava casa se mostraba preocupado, pero no tanto como el caballero de la primera.

—Maldito Milo —refunfuñaba Mu regresando con los otros caballeros dorados —, por su culpa se acabaron las piñas coladas y que no hay más ni de dónde comprar a estas horas.

—¿Qué sucede Mu? —preguntó Shaka —¿Ya no hay más piñas coladas? Tu maestro ya debe estar impaciente.

—No te burles Shaka —dijo Mu —, el problema es serio, tenemos que conseguir algo qué darle a mi maestro Shion.

—Nosotros solamente tenemos tequila —dijo el caballo marino —, si te sirve de algo.

—Pues llena este vaso con esa botella —dijo Mu sin pensar y porque en realidad tenía poco conocimiento de lo que era una piña colada y cómo se debería ver.

—¿Vas a engañar a tu maestro con tequila? —preguntó Shaka incrédulo —Me gustaría verlo, pero algo me dice que será peligroso. Mejor me pongo a buen recaudo donde tu maestro no pueda alcanzarme.

—No señor —dijo Mu asiendo a Shaka del brazo —, nos mandó a los dos, tú vienes conmigo.

—Pero ante la menor sospecha me iré lejos —dijo Shaka antes de desvanecerse a la vista de todos junto con Mu, apareciendo delante de Shion y Dokho.

—Así que si escucho alguna queja de los caballeros sobre tu comida Shiryu, lavarás la ropa del Santuario. Así aprenderás a ser un niño bueno.

—Pero maestro, si me dejara explicarle —dijo Shiryu acongojado.

—Nada, no me digas nada —Dijo Dokho con decepción —, acepta tu castigo con entereza.

—Maestro Shion —dijo Mu —, aquí está su piña colada.

—Mu, esto no es una piña colada —dijo Shion al ver el vaso.

—Fue lo que encontré —dijo Mu—, ¿verdad Shaka?

—Yo no miento —dijo Shaka —, lo que le dieron a Mu fue una piña colada.

—Pero esto no se parece en nada —protestó Shion

—Es una nueva variedad, creo —dijo Mu en su defensa —, especial para patriarcas.

—Sin piña —añadió Shaka.

—¡Cállate Shaka!

Shion observe el vaso, olió su contenido y probó un sorbo.

—Mu —dijo Shion con tranquilidad —, ven aquí pequeño, acércate.

—Esto ya se puso peligroso —dijo para sí Shaka —, yo me borro, adiós.

—Sí, querido maestro —dijo Mu con inocencia.

—¡¿Cómo has podido creer siquiera por un segundo que ibas a engañarme con esto?! —gritó Shion —¡Es tequila y conozco muy bien al diferencia entre ambos!

Mu cerró los ojos esperando que alguien le salvara.

—Además la piña no aparece todavía —se quejó Dokho —, esto es un abuso.