Todos los derechos reservados de BnHA a Kōhei Horikoshi.

Poco a poco todos los invitados comenzaron a instalarse en el comedor del Wonder Duo, que ya habían puesto la mesa para atenderlos. Deku se veía sonriente y radiante como anfitrión, todos estaban muy animados debido a la nostálgica reunión, todos menos un rubio ceniza que parecía ignorar todo lo que sucedía a su alrededor.

Bakugō miraba hacia algún punto fijo en la pared como si fuera lo más interesante del mundo, pero en realidad todas sus ideas parecían estar haciendo un torbellino dentro de su cabeza.

Bakugō, serás mío.

Esas palabras no salían de su mente y se repetían una y otra vez, además de aquel casto pero significativo beso que había venido después.

Todo aquello le hizo remontar a sus años de preparatoria, cuando estudiaba junto a Izuku, Shōto y el resto de la clase A. Los tres reconocidos casi desde el principio como los más aptos para alcanzar su sueño de ser el próximo héroe número uno. Al principio ambos no eran más que sus rivales, compañeros a los cuales debía superar para cumplir su sueño, sin embargo luego del pasar de los años sus sentimientos habían comenzado a cambiar.

Izuku siempre había mostrado interés en él, siempre lo había perseguido diciéndole lo magnífico que era y lo mucho que lo admiraba, no conforme con eso, con el tiempo Bakugō había comenzado a notar otro tipo de interés también, pero prefería no hacer mención al respecto para evitar una incómoda situación, además existía un problema más grande y es que Katsuki realmente no tenía interés en el peliverde, sino más bien en alguien más, alguien imposible.

Todo había comenzado poco después de su examen para obtener la licencia que había pasado con el objeto de sus deseos: Todoroki Shōto.

No sabía como había comenzado, desde cuándo había pasado del odio y rivalidad al amor. Al principio se había negado a aceptarlo, insultándolo incluso más que antes, pero poco a poco había decidido asimilarlo, incluso en más de una ocasión había pensado en declararse a sabiendas de que sería rechazado, sin embargo cada vez que intentaba hacer un avance el heterocromático siempre parecía distante, le miraba con aquellos ojos inexpresivos y el rubio prefería no provocar una escena estúpida entre ambos, hasta aquel día.

Era conocido como el día de los enamorados, quizás era un poco cliché, pero había decidido que ese día le diría sus sentimientos a Shōto sin importar cual fuese su respuesta. Se dirigió al salón un poco más temprano para encontrarse con el bicolor a solas, pues siempre era de los primeros en llegar junto con él, sin embargo, al llegar sólo encontró a su compañero con cientos de regalos, chocolates entre otras cosas sobre su mesa, sin mencionar que también se encontraba con él la hermosa aspirante a heroína Yaoyorozu Momo, hablando animadamente con él, por lo que en vez de hacer el peor ridículo de su vida, Bakugō dio media vuelta y salió como había entrado, en completo silencio y con su dignidad aún intacta.

Quizás había sido un error pensar en exponer sus sentimientos, después de todo Shōto y él no parecían ser muy compatibles, él tenía un carácter explosivo y Todoroki era la seriedad personificada, ¿qué clase de rara relación podría salir de ahí? Él no funcionaría con una persona así, quizás él quedaría mejor con alguien que soportara su personalidad con paciencia y una sonrisa, alguien como…

—¡Kacchan!

Aún recordaba esa escena como si hubiera sido ayer, al joven Izuku Midoriya corriendo hacia él con una pequeña caja de chocolates y una brillante sonrisa exclamando su nombre.

Luego de eso, Deku le confesó sus sentimientos por él.

Katsuki le correspondió y así comenzó su historia de amor hasta la actualidad.

Aunque quizás en ese momento lo había hecho más bien por despecho, no podía negar el gran cariño que sentía por Izuku, pues sin importar que sucediera o cuántas veces lo alejara, él siempre lo había amado y protegido, aún en contra de su voluntad. Deku era un gran novio, amoroso, amable, inteligente, él era todo lo bueno que podía haber en el mundo y se había venido a enamorar precisamente de él, de Bakugō Katsuki, el alumno con el temperamento más problemático de la UA. Debería estar agradecido y lo estaba, no estaba seguro de si podía llamar amor a lo que sentía, pero definitivamente sentía algo muy fuerte por el peliverde, jamás podría dejarlo así sin más sólo por un estúpido beso, definitivamente no.

Suspiró, si tan sólo Shōto le hubiese dicho esas palabras ese día en la academia, ¿cómo de distintas habrían sido las cosas?

—Kacchan…

¿Habrían logrado ser una pareja feliz?

—Hey, bro.

Y lo más importante de todo, ¿aún estaba enamorado de él?

—¡Bakugō!

—¿QUÉ MIERDA QUIEREN? —exclamó de vuelta ante el grito que habían lanzado todos, pues al parecer habían estado hablando con él sin que éste les pusiera mucha atención.

—Oh, vamos, bro. Hace tiempo que no nos reuníamos todos, ¡hay que disfrutarlo! —respondió Kirishima, como siempre restándole importancia a la grosera contestación de su mejor amigo.

—L-lo siento, pero te veías tan perdido, creí que quizás te sentías mal, ¿no prefieres un poco de té? —dijo esta vez Izuku. Otra vez, ahí estaba esa personalidad que tanto había odiado, tan característica de él, esa que alguien como Katsuki no merecía.

—Estoy bien, Deku. Sólo recordé que olvidé comprar unas cosas en el supermercado, iré antes de que cierren —respondió mientras se levantaba de su asiento.

—¿Eh? P-pero no tienes porque ir ahora, luego iré yo.

—Cuando esta reunión termine habrá mucho que limpiar, es mejor ir de una vez… No tardaré —murmuró antes de cerrar la puerta detrás de él, ante la atónita mirada de sus compañeros y la preocupación de su pareja.

Katsuki caminaba sintiendo el viento contra su rostro, aquello le servía para pensar más claramente sobre la situación y sobre lo que debía hacer. Se odiaría, odiaría tener que ver la sonrisa de Izuku después, pero tenía que estar seguro.

Desvío su camino del supermercado hacia una residencia, una bastante sencilla si consideramos a quien pertenecía. Se paró frente a la puerta y tocó el timbre una vez, esperando que no se encontrara vacía en ese momento.

Esperó unos segundos hasta que la puerta se abrió, dejando ver a un joven con dos tonos en su cabello, quien al verle pasó de una expresión neutra a una de pura sorpresa.

—¿Bakugō?

—Sólo cállate, dos caras.

Dio unos pasos haciéndose camino dentro de la residencia, lo suficiente para no ser visto si alguien pasaba por ahí y tomando al bicolor del rostro lo forzó a unir sus labios nuevamente en un demandante beso.

Todoroki no daba crédito a lo que sucedía, era como un sueño, el maldito sueño más perfecto que había tenido en mucho tiempo y era real. No tardó en corresponderle, tomando al rubio de su estrecha cintura para profundizar el contacto.

El medio pelirrojo estaba en una ensoñación, pero tan rápido como había llegado, terminó de sorpresa dejándole con ganas de más.

—Bakugō, ¿qué fue es-

—Escucha, soy feliz con Izuku, no pienso dejarlo por un idiota que nunca supo lo que quería, ¿entendiste? Deja de hacer esto y olvidemos que algo sucedió —sentenció, directo y molesto, como sólo él era.

Shōto sólo le escuchó, sabía que estaba siendo egoísta al hacerle ese daño a su mejor amigo, sin embargo, aún así no se daría por vencido sin antes pelear, por lo que cuando el rubio esperó su respuesta en silencio, habló:

—Yo siempre supe lo que quería, siempre te quise a ti, pero fui un cobarde y no pienso volver a cometer ese mismo error dos veces.

Observó la mueca desencajada del rubio y no pudo evitar volver a besar sus labios con amor.

—Pienso enamorarte, Bakugō, es lo que quiero.

Katsuki estaba en una lucha interna consigo mismo, no quería hacerle daño a Izuku, lo quería, no merecía esa traición, pero luego de ese beso se había dado cuenta de que sus sentimientos no habían cambiado, aún quería a Todoroki y aunque sabía que con ello firmaría su propia sentencia, le miró con determinación.

—Bien, pero vas a hacerlo, más vale que lo hagas bien.

Dicho esto, se separó bruscamente del más alto y se dio media vuelta para salir de ahí, cerrando de un portazo detrás de si.

Ahora sabía que las cosas iban a cambiar, por una parte el corazón de Shōto se sentía revitalizado sabiendo que tenía otra oportunidad de enmendar su gran error de antes y por otro lado, Bakugō sabía que aquello no podía terminar bien y esperaría a ver quien sería el primero con el corazón destrozado en aquel cruel juego del destino.