Nota: Los caballeros del Zodiaco, y los guerreros Divinos de Asgard, más lo Generales marinos de Poseidón, son propiedad de Kurumada y Toei Animations. Ya me gustaría a mí tener los derechos, pero no los tengo (lágrimas). Claro que pensándolo mejor también me pertenecerían Julian e Hilda, eso pase, pero para rematar también ¿Saori? Ni loca que estuviera, bueno al menos no tanto, así que mejor dejamos las cosas como están y dejan de perder el tiempo leyendo esto.
Cambio de planes
No bastaba con los problemas en que ya estaban la mayoría de los caballeros, guerreros y generales y ahora.
—Sigfried, te traigo noticias excelentes —dijo Alberich cuando llegó con Sigfried
—Conociéndote bien, eso significa que los demás están detenidos en alguna comisaría —dijo sin emoción Alfa Dubhe.
—Eres un mal pensado —dijo Megrez tratando de sonar ofendido —, yo solamente vine a decirte que ya sé dónde está Hagen.
—¿Dónde está? —preguntó Sigfried con algo de aprensión
—Haciendo las paces con Hyoga —dijo Alberich esperando que eso tranquilizara a Sigfried y así mantenerlo de buen humor por un momento —. Veo que tú también estás en buenos términos con este general marino —dijo viendo a Kasa.
—Yo solamente vine a hacerle un favor a una amiga muy bonita que va a cantar para Sigfried —dijo el general —, aunque para serte sincero, no sé porqué tanto interés en él. Tiene la cara cubierta de hollín. ¿Trabaja en una mina de carbón?
—No quiero que le contestes Alberich —le advirtió Alfa Dubhe —. Será mejor irnos ahora.
—Pero mi amiga, la chica linda del lunar ya va a cantar —dijo Kasa, y tenía razón porque sobre el escenario
—Esta canción la dedico a la persona que más quiero en el mundo: yo —decía Afrodita con mucho garbo, pero pronto le dirigió la mirada a sus compañeros caballeros —. Por eso no quiero interrupciones o de lo contrario va a correr sangre ¿me oyeron bien?
—Canta de una buena vez —le gritó Saga —, necesito que hagas un encargo luego.
—Eres un bárbaro que no entiende de arte y cosas bellas —protestó Piscis.
—Oye tú —de pronto dijo Tethis —, ¿vas a cantar así?
—¿Así, cómo? —preguntó el pez dorado.
—Con esta mancha en la frente —dijo la sirena tocando con el dedo la frente de Afrodita, dejando una mancha.
Rápidamente el caballero de la última casa sacó un espejo y vio esa horripilante mancha en su siempre inmaculado cutis.
—Esto es un desastre —dijo azorado —, voy a tener que limpiar esto inmediatamente.
—Ven rápido, yo te ayudo —dijo Diligente Tethis.
Afrodita por la prisa, no se dio cuenta de que entró en el baño de mujeres. Simplemente comenzó a limpiarse con una toalla la mancha y en menos de un minuto ya estaba listo para ganar el concurso, pero al intentar abrir la puerta.
—Con esto será suficiente —dijo Tethis trancando la puerta con una silla.
—Todo fue una trampa —decía Afrodita detrás de la puerta —, déjame salir.
Pero nadie le abrió la puerta a Afrodita, tal vez porque esa noche no había muchas chicas aparte de Marin y Tethis, y solamente pudo escuchar cuando comenzaba la pista de su canción y a la traicionera sirena cantando.
Esto no pasó inadvertido para los generales marinos.
—Oye Kasa ¿no es esa Tethis? —preguntó Isaac que había venido a buscar a Alberich.
—Es cierto, ¿qué habrá sido de mi amiga? —se preguntaba el Lymnades.
—Así que además de la misteriosa mujer del lunar ahora también Tethis te dedica canciones —dijo Alberich con cierta malicia —. Sigfried, como se ve que estás arrasando con las chicas.
—No sé de qué hablas —dijo Sigfried alterado —. ¿No estarás pensando llevarle el chisme a Hilda?
—¿Me crees capaz? —dijo Alberich simulando un tono de ofendido.
—Sí te creo capaz —respondió seriamente.
—¿Pero cuándo yo te he traicionado como amigo? —preguntó Megrez —Hieres mis sentimientos.
—Alberich, el papel de víctima no te queda.
—Pero yo no estoy fingiendo y que dudes de mí me lastima más —dijo con los ojos llorosos el guerrero de la amatista —. Yo pensé que eras el único amigo que tenía.
—Alberich yo… —intentó calmar a Megrez de Delta
—No, no hay nada de qué hablar —dijo más compungido —. Me iré lejos donde nadie me encuentre.
—Pero Alberich…
—Nadie me quiere porque soy más listo que todos y nadie lo aprecia —siguió con sus lágrimas —, hasta tú Sigfried, que te consideraba mi único y major amigo, me das la espalda.
—Yo no quise ofenderte —dijo Sigfried preocupado por Megrez —, dime ¿qué puedo hacer por ti?
—Ahora que lo mencionas… —sonrió con malicia el guerrero de la amatista.
Mientras donde los dorados.
—Ese Milo siempre demora cuando le mando por algún encargo —protestaba Saga —. De no ser porque el inútil de Afrodita se las dio de cantante, ya le habría mandado para que acabe el trabajo.
—Pero ahí hay una chica —Shura hizo notar —, yo pensaba que iba a cantar nuestros pez dorado.
—¿Estás seguro? —preguntó Aioros —Me pareció ver a Afrodita hace un momento.
—Reconozco una chica cuando la veo —respondió Shura —, ahí está una chica.
—¿No será que Afrodita finalmente decidió por hacer un cambio de sexo? —se preguntaba Aioros.
—De ser así tendría que usar una máscara todo el tiempo y ya nadie vería su rostro —explicó Shura —, no creo que él estuviera de acuerdo con esa regla.
—Ya me dio escalofríos nada más con la idea —dijo Aioros.
—A mí también —siguió Shura.
Por su parte los generales marinos tenían pensamientos más afortunados.
—Los caballeros dorados no son tan odiosos como Seiya —dijo Io.
—Cierto —dijo Baian —, por lo menos los que están en esta mesa, no como ese chiflado que nos golpeó.
—Si ustedes no le molestaban primero —dijo Krishna.
—No nos cambies de tema Krishna —se quejó Io —, por cierto los guerreros de Odin tampoco son malos muchachos.
—Eso, no entiendo por qué tenemos que pelear todo el tiempo —dijo Baian reflexivo —, deberíamos dejar que los dioses resuelvan sus diferencias en una partida de póker.
—Eso pienso yo —dijo Tholl —, deberíamos brindar por la paz mundial.
—Para que eso pase tendrías que devolverme mis mangos —reclamó Aldebaran que por el momento seguía con hambre.
—Que no son tuyos —respondió Tholl —, además yo los vi primero. Si los quieres ven por ellos.
—Luego no te quejes —amenazó el toro que con las copas demás y el hambre ya se había puesto de mal humor, algo raro de ver en un caballero tan amable como él.
Sin darle más vueltas al asunto se abalanzó sobre el guerrero de Odín y no había que tener un sexto sentido para saber que eso significaba problemas. Así era como pensaba más de un general marino por lo que hubo alguno que puso el pie justo en la trayectoria del furioso toro dorado.
—Salud por la paz mundial —dijeron en coro elevando sus copas los generales y viendo como Tauro caía.
—Ya te subió la bebida, Aldebaran —dijo Marin —, será mejor que regresemos al santuario. Ayúdame Aioria.
—Otra vez a hacer de grúa —se quejó Leo —. Ven Aldebaran, sé que puedes levantarte.
—Siento que algo me patea las costillas.
—Es mi hermanito Syd —dijo Bud que seguía bajo los efectos del alcohol —. Primero se murió mi conejo y ahora Syd —siguió el tigre vikingo con los ojos llorosos
—No le pasó nada, verás cómo lo despierto —dijo Aldebaran tratando de minimizar los daños —. A ver pequeño, despierta —decía mientras sacudía al gemelo de Asgard.
—No debes llorar Bud —dijo el reanimado guerrero —, estoy seguro de que tu conejo reencarnará y volverán a verse en la siguiente vida.
—¿De qué estás hablando, Syd? —preguntó Bud.
—Todo el es un ciclo —explicó con cierto aire de paz — lo que muere renace y vuelve a morir para renacer en algo superior.
—No te entiendo —dijo sorprendido Bud —, ¿estás bien, hermano?
—no debes preocuparte —dijo Aldebaran tranquilo —, lo mismo dijo Shaka aquella vez que me caís sobre él cuando éramos niños.
—No ha cambiado desde entonces —Aioria dio un suspiro y explicó.
—¿Eso quiere decir que se va a quedar así para siempre? —dijo más sorprendido el guerrero de Alcor
—No para siempre —interrumpió el pacífico Syd —, todo cambia y mejora con el tiempo. Es la única manera de alcanzar el nirvana.
—Aldebarán, me temo que has creado otro Shaka —dijo el león dorado sacudiendo su cabeza.
Menudo problema, no tanto como el que acababa de llegar
—¿Alguno de ustedes se llama Krishna? —preguntó Hagen.
—¿Para qué quieres saber? —preguntó el aludido
—Isaac te está buscando —dijo Hyoga —, venimos de parte de él.
—Pues díganle que no tengo dinero —respondió el general de Crisaor.
—¡Cómo qué dinero! —gritó Isaac desde donde estaba y había escuchado las palabras de su compañero —¿Cuándo te he pedido dinero? —dijo airadamente corriendo hacia la mesa —¿Yo no quiero que me prestes dinero!
—Entonces ¿qué quieres? —preguntó Krishna.
—Queremos que nos prestes esa cámara fotográfica que traes —dijo Hagen
—¿Mi cámara? ¿Están locos? —dijo el general de Crisaor —De ninguna manera, es mía y me costó un ojo de la cara. Sin intenciones de ofenderte Isaac.
—¿De qué estás hablando? —preguntó medio ofendido el Kraken.
—Ahí estás —Dijo Camus que por el escándalo de la caída de Aldebaran se había escabullido un momento —, ven rápido con tu maestro.
—Ya voy maestro —dijeron al mismo tiempo Hyoga e Isaac.
—Me llama a mí —dijo enojado el cisne.
—No, a mí —le respondió el Kraken.
Acto seguido ambos comenzaron a forcejear.
—Basta —dijo con tono autoritario Acuario —. Necesito que vayan por Milo. Es hora de marcharnos. Presiento que algo raro se traen entre manos los otros caballeros dorados. Será mejor que abandonemos este lugar lo más pronto posible. Intuyo que problemas más serios se aproximan.
Pero los problemas ya llegaron. Especialmente para el pobre Shaka.
—Espero que con eso aprendas la lección, pequeño Shaka —dijo el patriarca con su tono paternal. Valga la redundancia.
—Pero gran maestro…—Shaka no podía esgrimir argumento alguno de lo atribulado que se encontraba.
—Tómalo como parte de tu eterno aprendizaje .le recomendó Shion.
—Creo que te pasaste de la raya, Shion —Dokho trató de abogar por Virgo —, es inhumano lo que acabas de hacer.
—Es cierto —añadió Máscara de la Muerte —, hasta yo siento pena por Shaka, pero no demasiado.
—¿Por qué? —preguntó Mime —¿Qué tiene de malo?
—Lo siento —respondió Shion ignorando la pregunto a de Benetnasch —, la decisión ya está tomada, no puedo retractarme—
—Pero maestro —Dijo el caballero de la sexta casa con la voz quebrada y los ojos llorosos —, prometo portarme bien.
—Ya es demasiado tarde —dijo Shion cerrando los ojos, señal de que no cambiaría de opinión.
—Pero yo no le veo el inconveniente —decía Mime que no terminaba de entender —, no es para hacer tanto drama.
—Para ti tal vez, pero para Shaka es demasiado —respondió el cangrejo dorado —. Ni a mí se me habría ocurrido hacerle semejante maldad. Felicidades gran maestro, es usted asombroso.
—¿Por qué, pequeño Máscara de la Muerte? —preguntó el patriarca.
—Porque su nivel de crueldad supera al mío —respondió Cáncer.
—Que alguien me diga porqué ese castigo es tan terrible —demandó Mime.
