Nota: Saint Seiya es propiedad de Kurumada y Toei, y los pobres ni se imaginan lo que les hacemos a sus pobres caballeros en estas páginas, me pregunto que dirían si leyeran nuestros fics, seguro no entenderían nada de nada por eso del idioma, pero sigue siendo una interrogante.

Los problemas empeoran

Sin sospechar nada los caballeros continuaban con sus propios asuntos

—Oye Hyoga —dijo Seiya una vez que Shura le había liberado a él junto con Shun e Ikki —, ¿no has visto a Shiryu?

—No, creo que se fue hace rato porque Dokho le dio un encargo —respondió el cisne.

—Qué mala suerte —dijo el Pegaso chasqueando sus dedos—, necesitaba que me ayude con algo. Tú y tus amigos pueden ayudarme entonces.

—¿A qué? —Preguntó con recelo el cisne

—Es un problema muy serio —comenzó Seiya para llamar la atención del chico ruso —. Ikki está muy enfermo y debo darle un jarabe para que se mejore.

—¿Y qué te hace pensar que me importa? —dijo Hyoga —Yo tengo mis propios problemas.

—Vamos ganso, yo pensaba que eras mejor amigo —se burló Hagen

—Es el peor amigo —siguió Isaac —, ¿cómo crees que perdí el ojo?

—¡Yo soy buen amigo, por eso voy a ayudar a Ikki! —les gritó el cisne —Dime Seiya ¿cómo piensas darle esa medicina?

Ahora, una buena explicación para el proceder de Hyoga y los otro dos era que todavía seguían bajo el influjo del alcohol que habían bebido gracias a Camus. Por eso es que este trió accedió a formar parte en el plan de Seiya, porque de haber estado en sus cabales esto no habría ocurrido.

Esto da pie a saber del plan que iba más o menos así: Seiya sabía bien que Ikki no tomaría su jarabe, al menos por su propia voluntad, por lo que al imaginativo caballito se le ocurrió mezclar el jarabe con alguna bebida, para que el remilgoso Fénix tomara su medicina y así pudiera salvar su vida. Y sin dar más detalles los dos caballeros y Hagen e Isaac se fueron a buscar la bebida del fénix.

Mientras en la mesa de los dorados Saga lucía ahora una túnica larga al estilo del patriarca, aunque en honor a la verdad no era otra cosa que un mantel blanco que se amarró alrededor del cuerpo.

—Ves, querido Shun… —explicaba amistosamente géminis

—Hades para ti —interrumpió el muchacho de cabellos oscuros.

—Eso mismo, no debes odiar a tu hermano —decía Saga —, él te quiere mucho, como yo quiero a Kanon, mi hermanito favorito.

—Soy tú único hermano —aclaró Kanon que no se tragaba esa palabrería de Saga. Sabía bien de lo que era capaz.

—Por eso —siguió el gemelo con su discurso —, como el único y omnipotente patriarca del Santuario…

Fue cuando notó que se quedaron callados y sus expresiones cambiaron a la más absoluta seriedad.

—¿Qué les pasa? —preguntó Saga extrañado —Parece que hubieran visto un fantasma.

Fue cuando escuchó que alguien golpeaba con la punta del pie repetidamente.

—¿Patriarca, Saga? —preguntó Shion con ese temible tono calmado que usaba.

—¡Gran maestro! —exclamaron todos juntos por la sorpresa.

—Interesante reunión de caballeros dorados —dijo observando que los caballeros no estaban solos —, guerreros y generales además.

—No es lo que parece, patriarca —Saga trató de explicar.

—Cierto, solamente estaba haciendo una imitación de usted —añadió Kanon.

—No me ayudes Kanon —le reprochó su hermano

—Yo pensando que estaba en problemas —se burló Máscara de la Muerte observando a sus compañeros.

—Si hay algo que sabemos en Asgard es que las cosas siempre pueden empeorar —dijo Mime.

Era una frase con algo de sabiduría, pero eso es algo de lo que más de un guerrero de Odín carecía.

—¿En verdad es usted el gran patriarca? —se le ocurrió preguntar a Bud.

—Eso es obvio —dijo Syd —, ¿no ves cómo todos se portan bien con su sola presencia?

—Pues yo me alegro de que no haya patriarca en la Atlántida —dijo Baian.

—Tienes razón —siguió Io —, así podemos manipular fácilmente a Julian.

—¿A qué te refieres con que pueden manipularme fácilmente? —preguntó Julian Solo.

—Lo que hace hablar demás —dijo Tholl que había observado la escena —. Por suerte no tenemos esos problemas en Asgard —Tholl se inmiscuyó en la discusión —, tenemos a Sigfried para calmar el mal humor de Hilda.

—¿De qué estás hablando Tholl? —dijo claramente disgustada la representante de Odín.

—Por eso en mi casa decían que en boca cerrada no entran moscas —comentó Shura que había sido testigo de la escena en que Polaris le daba un golpe en la cabeza a Tholl con su bolso y esto se debía a que el guerrero estaba sentado porque no hubiera alcanzado si se hubiera encontrado de pie.

—Con todo son afortunados —dijo Aioros con un tono reflexivo —, al menos no tienen que lidiar con la bruja de…—y no terminó la frase por un codazo de Capricornio.

—¿La bruja de dónde? —preguntó Aioria que, como todo felino, era muy curioso, por lo que Marin tuvo que darle un coscorrón para corregir al león dorado —. ¿Por qué hiciste eso?

—Con que bruja —dijo Saori que había llegado para escuchar las palabras de Aioria.

—No estábamos hablando de usted —dijo Aioria —, por cierto ¿por qué asocia su persona con las brujas? —preguntó el desafortunado felino que no se libraba de una para caer en otra.

Desde una ventajosa distancia observaba Milo y con la experiencia de un caballero dorado en batalla, sabía que lo mejor era conservar dicha distancia, o mejor aumentarla.

—Ahora sí nos cayeron —comentó el escorpión para sí —, justo cuando el plan marchaba y ya faltaba poco.

—¿Poco para qué? —preguntó Camus junto a Milo.

—De nada, de nada Camus —respondió nerviosamente el caballero de la octava casa —. Oye te estaba buscando. Será mejor marcharnos.

—Eso quería decirte —respondió Camus, pero justo en ese momento.

—¡Shion, debes castigar a Aioria! —dijo Saori muy molesta con el caballero de Leo.

—Pero Atena, no creo que… —respondió el patriarca, pero no pudo terminar porque fue interrumpido.

—Un momento, si tú Shion estás aquí, ¿quién es el que vino conmigo? —preguntó la señorita Kido.

—No lo sé —respondió su ilustrísima, fue cuando Mu que observaba la escena supo que corría un peligro inminente.

—Yo mejor desaparezco —dijo intentando desmaterializarse del lugar, pero fue muy tarde.

—¡Alto ahí, impostor! —Shion bloqueó la telekinesis de Mu —. Nadie abandonará el lugar, es una orden —Por eso ni Milo ni Camus pudieron escabullirse.

—Pero gran maestro, no fue mi intención —dijo Saga al sentirse aludido.

—¡Tú no, él! —dijo Shion.

—Pero maestro —susurró Mu mostrando terror en su mirada.

—Sígueme la corriente Mu —le murmuró y luego siguió a viva voz —. ¡Cómo pudiste engañar a Atena!

—¿Atena está aquí, dónde? —saltó Shun Hades empuñando una cuchara —¡Quiero su cabeza!

—¿Qué te sucede Shun? —dijo Saori con evidente enojo —¿Cómo te atreves a amenzarme?

—Saori, ¿por qué estás tan enojada conmigo? —preguntó Shun de cabellos en tonos verdosos y los ojos llorosos.

—Shun, no me mires así, no quise ser ruda contigo —dijo Kido a modo de disculpa.

—¡No me llames Shun, soy Hades! —respondió de pronto el caballero ahora con los cabellos más oscuros

—¡Hades, compórtate! —saltó en defensa de la diosa Kanon, acto que parecía un reflejo en los caballeros de Atena —No se preocupe señorita Saori, es que Shun ha tenido problemas y por eso se comporta raro —dijo señalando la bebida —. Vamos señor Hades, le llevaré a un lugar donde podrá relajarse.

—Lo que sea con tal de no escuchar la horrible voz de Atena. —dijo Shun Hades.

—Es el problema que tiene —dijo Kanon y de paso aprovechó para alejarse de Saga.

—Se nota que la mitad de tus caballeros quiere matarte —se burló Hilda —, vaya manera de manejar el Santuario.

—Yo no estaría tan feliz de ser tú —dijo Saori molesta por el comentario —. Dime Hilda, ¿dónde están tus guerreros tan valiosos?

—Donde sea que estén, no están confabulando en mi contra —dijo satisfecha Polaris — A ver Tholl, dime ¿dónde está Sigfried? Tengo que decirle algo.

—No lo sé con exactitud —dijo el guerrero rascándose la cabeza —, la última vez que lo vi estaba recibiendo notitas románticas de una joven.

—¡Qué estás diciendo! —dijo Hilda visiblemente enojada.

—Las mujeres siempre hacen drama por todo —dijo satisfecho Julian —. Por eso yo no necesito de patriarcas ni nada para administrar mis dominios. Baian, Io y Krishna, espero que ustedes no hayan tomado parte en las atolondradas actividades de los caballeros y los guerreros.

—Claro qué no tomamos parte—.respondió Krishna.

—Tal vez tomamos uno que otro tequila —añadió Baian visiblemente ebrio.

—Pero nada más —siguió Io igual de intoxicado que su compañero.

En un lugar un poco apartado había un trío que seguía las órdenes de Seiya y no se enteraba de la tormenta que comenzaba.

—Ya está listo —dijo Hyoga —. Ahora, ¿dónde está el pollo ahumado?

—No ha de ser difícil de encontrar —dijo Hagen —, solamente debemos buscar un poco de humo.

—O a su hermanito —siguió Issac—, ese que es medio rarito.

—¡Shun no es rarito! —el cisne salió en defensa de su camarada —Es un buen amigo, no cómo los amigos de Hagen, especialmente ese Mime.

—Ningún guerrero de Asgard es del otro equipo —protestó Merak Beta —, en cambio Sorrento, ese sí parece niña en esteroides, al igual que ese que le llaman caballero de Piscis.

—Un momento, Sorrento no es raro —Issac calló a Hagen —, será excéntrico, mimado y hasta remilgoso a la hora de la comida, pero no es raro.

—Muchachos, estamos siguiendo el plan de darle la medicina a Ikki ¿lo recuerdan? —dijo Seiya tratando de calmar los ánimos de sus amigos.

—Tienes razón Seiya —dijo Hyoga —, ¿sabes dónde está Ikki?

—Sí —respondió el Pegaso —, está justo detrás de ti apunto de rostizarte.

Por fortuna para el cisne sus reflejos todavía funcionaban y pudo saltar a tiempo para esquivar el furibundo ataque del Fénix. Fue una lástima que sus ocasionales compañeros, Hagen e Issac, no lo hicieran a tiempo.

—¡Fallé! —maldijo Ikki —Pero la próxima tendremos ganso al horno.

—Tendrás que atraparme primero —dijo el cisne escapando con el jarabe mientras Ikki le perseguía seguido de Seiya y el Kraken y el caballo de ocho patas.

—¡Hyoga, ten cuidado con el jarabe, no lo vayas a echar! —gritaba en la carrera el caballo alado.

—Detente ganso cobarde —siguió Isaac —, me da vergüenza ser tu amigo.

Fue así como pasaron junto a Shun y sus nuevos amigos.

—Toca de nuevo esa canción Mime —dijo el caballero de bronce

—¿Cuál? ¿La del mariachi? —preguntó extrañado Benetnasch

—No, el réquiem —respondió Shun.

—Pensé que no te gustaba esa canción —dijo Sorrento

—Me recuerda a mi canción de cuna —respondió Shun Hades.

Fue justo pasó por el lugar Dokho, que pensaba decirle a Shiryu la novedad sobre las telarañas, pero como Dokho solía tener una mente muy dispersa pronto olvidó a que iba y por eso se quedo a ver la discusión entre dos guerreros de Odín.

—Alberich, creo definitivamente que tú deberías ir a invitar a Tehtis —decía Sigfried.

—De ningún modo, así no es cómo va el plan, digo que no puedo, soy muy tímido —dijo corrigiendo sus palabras el guerrero de la amatista.

—Es que yo no puedo, tengo que… —dijo Sigfried pensando en alguna excusa — tengo que cuidar la bolsa de los gemelos para que no intenten usarla de nuevo.

Fue cuando Dokho vio la bolsa del mercado, que era el mismo al que fueron Shiryu y los gemelos de Asgard. Por eso las bolsas eran iguales

—¿Qué veo? —pensó Libra —, es una bolsa como la que le trajo Shiryu —volvió a pensar —Shiryu, mangos, Shiryu, mangos, Shiryu mangos.

—¡Matanga! —dijo Dokho arrebatándole la bolsa de tomates a Alfa Dubhe y echándose a correr —Mis mangos, al fin pude encontrarlos.

—¡Oye! ¡Eso no es tuyo! —le gritó Sigfried persiguiendo a Libra.

—Sigfried ¿qué hay de tu promesa? —Alberich comenzó a seguir Alfa.

—Son mis mangos —dijo Dokho al momento en que comenzó sacar el contenido de la bolsa mientras corría—, espera un poco, esto no es un mango, parece un tomate.

Justo en el momento en que el cisne también huía del enardecido Fénix.

—¡Cuidado señorita Saori! —fue lo único que pudo decir Shion.

Saori se movió para no ser golpeada por el ganso fugitivo, pero fue cuando Dokho se estrelló tomates y todo contra la señorita Kido.

—¡Dokho qué has hecho! —se quejó la joven —¡Mi vestido está arruinado! —Cuando me quite esto de encima ya verán —amenazó y se fue al baño.