Nota: Saint Seiya, el tigre y los demás, son propiedad de Kurumada y Toei Animations, como ya saben de memoria, pero una recordadita no está demás, ¿no?

Ayudaré con tus problemas

Saori no era por nada la diosa de la sabiduría. Dentro de esa sabiduría estaba el conocimiento de que una mancha es mejor removerla lo más pronto posible, y por ello fue directamente al baño de damas del local. Pero toda esa sabiduría no la preparó para lo que encontró ahí.

—Al fin, ya era hora de que me abrieran la puerta —se quejó Afrodita saliendo del cuarto de baño arreglando su cabellera.

—¿Afrodita? —preguntaba Saori mirando una y otra vez al caballero de Piscis y al letrero sobre la puerta del baño que indicaba damas —¿Qué haces aquí? —finalmente preguntó.

—¿Qué no es obvio? —dijo con ese tono de hastío que solía molestar no sólo a Saori —Intentaba salir.

—Pero del closet —murmuró sin pensar Saori.

—¿Qué acabas de decir? —dijo el susceptible pez dorado.

—Digo, necesito que me ayudes con algo —Saori trató de disimular porque conocía bien el temperamento de Afrodita —. Mira mi vestido, está arruinado.

—Por supuesto que está arruinado —dijo el caballero de la última casa —. Esos encajes del siglo XVIII, esas enaguas de bisabuela, esas mangas abombadas tan ridículas…

—¿De qué estás hablando Afrodita? —dijo Saori muy enojada —Yo me refiero a este fea mancha de tomate.

—Es horrenda —respondió Afrodita con su aire de diva —, pero yo no lavo ropa ajena. No está en mi contrato.

—¿No pensarás marcharte? —dijo Saori con su aire de diva más grande.

—Querida, esa cosa ni cien lavadas mejorará —dijo Afrodita con su tono de la diva más grande de la historia —. Es mejor que le eches a la basura junto con toda tu colección primavera verano del año 1745.

—¿Cómo puedes negarte a ayudarme —dijo Saori realmente ofendida —. Si no lo haces te obligaré a usar una máscara.

—¡No te atreverías! —dijo estupefacto Afrodita—¡Yo soy un varón, muy hermoso sí, pero varón al final de cuentas.

—¿Qué hacías entonces en el baño de mujeres? —le reprochó Kido.

—¿Es el baño de mujeres? —dijo con incredulidad Piscis —Ya me parecía raro encontrar un baño un poco decente al menos con espejo.

—No me cambies el tema Afrodita —dijo Saori con tono autoritario —, ¿qué hacías en el baño de mujeres?

—Fue Tethis —respondió el caballero de la última casa —. Ella me encerró para robarme mi canción… ¡rayos! Ahora quiere decir que tendré que..

—Al fin apareces —llegó Kasa que hacía un rato estaba buscando a Afrodita

—Me lleva el Hades —maldijo Afrodita al ver al general.

—¡Qué malos gustos tienes! —dijo Saori a modo de vengarse de Piscis —Este arenque ahumado hasta huele como uno.

—Al menos yo no uso las cortinas de mi abuela como ropa —respondió Lymnades —Ya tengo lista tu cita —luego se refirió a Afrodita en un tono más amable.

—Pues vámonos de una vez, no puedo hacer esperar mi cita —dijo Afrodita siguiendo a Kasa —. Chayito —se despidió.

—Par de locas —dijo para sí Kido.

En otro lugar no muy lejano, muy afligido, en la puerta del recinto, apareció Shaka. Buscaba a alguien con la mirada y cuando lo encontró fue hacia él.

—Aioria, ven —llamó en tono confidencial Virgo.

—¿Qué quieres, Shaka? —preguntó el felino

—Quiero que me hagas un favor —dijo el caballero de la sexta casa —. ¿Has visto al patriarca por aquí?

—Sí —respondió Leo —. De hecho he visto tres patriarcas.

—¿Cómo que tres patriarcas? —preguntó intrigado el caballero de la sexta casa.

—Pues sí, como ves… no ¿cómo vas a ver algo tú? —Aioria comenzó a sentir un cosmo horrible que venía de Shaka y sabía que el caballero de Virgo estaba comenzando a aumentar —. Bueno, te decía que ahora hay tres patriarcas.

—Aioria, debes dejar la bebida, ya estás viendo visiones —comenzó a sermonear el caballero de Virgo —. Es malo y puedes terminar como Saori.

—Pero si casi no bebí —trató de explicar Leo —, Marin no me deja, y ahora con tantos problemas…

—Creo que vienen el patriarca —dijo Shaka al momento de correr a buscar otro escondite

—Pero no es del Patriarca de quién debes preocuparte. —trató de explicarle Aioria.

Ya era muy tarde Shaka ya había corrido en busca de refugio, lugar que encontró en Aldebarán, cuya voluminosa figura hacían un buen lugar para esconder a un caballero tan delgado como Shaka.

Por su parte Aldebaran estaba atento escuchando las quejas de Dokho. Aioros junto con Hilda y Julina no podían evitar ser testigos de esta escena.

—¿Puedes creer Shiryu me haya mentido de esta forma, Aldebaran? ¿Me dijo que me trajo mangos y lo que había en la bolsa eran tomates? —se lamentaba Libra —voy a tener que castigar mi pupilo por intentar engañarme de esta forma tan ruin.

—Dokho, amigo —decía Aioros —. Creo que ese es el menor de los problemas. Luego de ver cómo quedó el vestido de Saori, lo mejor es que regreses a Rozan.

—Más bien deberían darle un premio —dijo Hilda—, Ese vestido no podía ser más feo.

—Hablas por celos Hilda querida —dijo Julian —, nada le queda mal a Saori.

—¿Celosa yo de esas raídas cortinas? —Hilda se mostró ofendida

—Los celos son sentimientos de los espíritus poco evolucionados —dijo Syd —, deshazte de esos sentimientos tan mundanos y eleva tu alma.

—¡Qué diablos le hicieron a Syd! —dijo Polaris molesta y asombrada.

—Fue esa mole de Aldebaran que quiere vengarse porque lo derrotamos en su casa aquella vez —Explicó Bud, ahora mi hermano se ha vuelto tan loco como ese Shaka.

—¿Cuál loco? —Shaka salió de su escondite sin fijarse que Aldebaran trataba de far un paso adelante para encarar al gemelo de Asgard. Obviamente esto provocó que el buen toro dorado perdiera nuevamente el equilibrio, cayendo está vez sobre el infortunado Shaka.

—Ya te dije que no lo hice a propósito —El caballero de la segunda casa trató de justificarse todavía tendido en el suelo —, el problema es que ustedes son muy bajitos y yo no puedo verles.

—Esto es un desastre —dijo Julian con su tono de superioridad —. A ver muchachos denle una mano a este enorme caballero.

—Definitivamente no es mi día —dijo Baian.

—Recuerda que lo hacemos por Aldebaran, no porque lo dice Julian —le dijo en tono confidencial Io.

Como pudieron los dos generales volvieron a colocar en pie al Toro dorado y con ello solamente consiguieron un gran dolor de espaldas.

—Lamento ser un problema para ustedes —decía Aldebaran al ser elevado —, son estos zapatos muy resbalosos.

—No hay cuidado —le dijo en tono amistoso Baian.

Una vez en pie los cabelleros y generales fueron testigos de la lamentable escena.

Sobre el piso del lugar, yacía Shaka, plano como un papel.

—Pobre Shaka —dijo Aioros —. Ahora sí nos va a castigar Saori.

—O Shion —dijo Shura —. Por cierto ¿dónde está?

Lejos en el bar

—De veras lo siento maestro —trataba de disculparse Mu con su túnica de patriarca —, no fue mi intención.

—Te dije bien claro que transportaras a la señorita Kido a su casa en oriente —regañaba Shion a su pupilo —, ¿por qué tenías que traerla aquí?

—Es que no pude negarme —explicó Aries —, como usted me dijo que no abriera la boca.

—El daño ya está hecho —dijo resignado el patriarca —, ahora tenemos que deshacernos de ella.

—Sí, pero ¿cómo? —preguntó el borreguito dorado.

—Tengo un plan —respondió el borrego mayor.

Y dicho plan no era otra cosa que la de emborrachar a Saori hasta las chanclas, para que luego por la mañana no se acordara de nada, y hay que decir que este plan no tenía nada de original y no había garantía de que funcionara, pero Shion era el gran patriarca y nadie podía discutir sus opiniones.

Ahora bien, Mu para reparar el daño cumplió las ordenes de Shion y mezcló en un vaso cuanta bebida encontró a su paso, bebidas que eran mucha gracias a Shura que trajo tragos de todos los colores y todos los sabores, empezando por el agua ardiente, terminando en el zumo de zanahoria, pasando por el ron, saque, pulque, chicha, mezcal, vino, cerveza, ginebra, vodka, tequila, etc, etc. Incluido el contenido de una botellita de plástico sin etiqueta que se encontró en el bar, todo bien mezclado en un vaso que casi era del tamaño de una jarra de cuatro litros.

—¿Ya tienes todo listo? —preguntó Shion

Mu asintió con la cabeza

—Bien, ahora hay que hacer que Saori beba esto —Shion le explicó a Mu.

—¿Cómo haremos eso, maestro? —preguntó Aries.

Shion se detuvo unos momentos a pensar y luego de darle vueltas al asunto resolvió.

—Tú encárgate de eso—

—¿Yo? —preguntó extrañado el caballero de la primera casa.

—Por supesto, el plan es mío y yo digo que tú te encargues de eso —le explicó Shion a su pupilo como si fuese lo más normal —, ¿es que acaso tengo que pensar en todo?

—Pues sí…—respondió Mu pero corrigió inmediatamente —, digo: no.

—Bien, es hora de que vayas a buscar a Saori. —le ordenó Shion.

—Parece que está cerca de la mesa de Sigfried.