Nota: Saint Seiya es creación de Kurumada, además algo tiene que ver en ello Toei Animations, como firmaron un contrato entre ambas partes, no sé a cuanto les toca a cada uno, pero les aseguro que a mí no me toca nada más que los comentarios de ustedes.
Tu horrible vicio
—¿Quién me manda a meterme en estos enredos? —refunfuñaba Mu llevando el enorme vaso —Yo tan tranquilo que estaba en mi casa haciendo que Kiki trapeara el piso con una enaguas que encontramos en el tendedero del templo de Atena.
Y con estos pensamientos muy productivos Mu se dirigía sin saber aún que excusa le daría a la diosa de la sabiduría para que aceptara beber este enorme vaso con cuanto alcohol hubo disponible en este bar de mala muerte.
Algo más lejos Ikki todavía estaba molesto con medio mundo, como todos los días, pero hoy especialmente enojado. Todo por culpa de Shun, pero como era su hermano lo mejor sería desquitarse con los demás. Así que pensó en pegarle a Seiya, pero el caballo era tan resistente a los golpes que no tenía ningún caso. Pensó entonces en el dragón, podría ser, pero hace rato que no lo veía por ningún lado. Así que el único que le quedaba a mano era el cisne, ese abominable ganso de las nieves siempre lo molestaba por cualquier motivo, ya sea que siempre andaba recordando a su mamita querida, le respondía con sarcasmos cada que podía y sobre todo lo que más le molestaba es que era rubio.
Ikki tomó la decisión y se fue en busca de Hyoga para convertirlo en ganso a la siberiana, y precisamente allí estaba el pequeño patito de hule.
—Creo que tu plan no es muy bueno Seiya —dijo el cisne en un breve lapso de razón.
—Además ya llegó Hilda —dijo Hagen preocupado.
—Y Julian —siguió Isaac con el mismo tono.
—¿Hilda y Julian están aquí? Saori debe estar con ellos —nadie supo cómo, pero el Pegaso pudo deducir este dato —. Me pregunto si trajo consigo los palitos chinos que le pedí.
—¿Le pediste palitos chinos a Saori? —preguntó Hagen intrigado — ¿Por qué?
—Cuando vi que Saori se estaba alistando para salir, le pregunté a donde iba. Me respondió que a la China, por eso le pedí los palitos —explicó Seiya.
Hagen simplemente atinó a ver a Issac que hacía lo mismo.
—¿Se supone que este es el caballero que derrotó a los caballeros dorados, guerreros divinos, generales marinos y a los espectros? —Beta Merak pregunto con incredulidad.
—Si no lo hubiera visto con mis propios ojos no lo creería —respondió el cisne,
—Yo no viendo creo —siguió el Kraken.
—¿Creer qué? —preguntó despistado Seiya —Mejor vamos con Saori a preguntarle si trajo mis palitos.
—Seiya, dudo que te de palitos, si acaso un par de tortas —le contestó Hoyga, mientras sus ocasionales compañeros asentían
Hagen e Isaac comprendieron bien el mensaje de Hyoga y decidieron acompañar al Pegaso para ver a cuanto le tocaba.
En otro lugar Milo ya había echado por tierra sus intentos por lograr que Camus cante.
—Era una canción muy bonita, representaba bien a Camus —dijo suspirando el Escorpión.
—No te des por vencido tan pronto —dijo Aioros optimista como siempre.
—Puedes invitarle otro día —añadió Shura.
—¿Para qué? Ya no habrá concurso y con este público tan nutrido como de esta noche —Milo hizo notar.
—Ya estás hablando como Camus con sus palabritas raras —le dijo Shura
—¿Qué te sucede Milo? —preguntó Camus que había escuchado la conversación a medias por el bullicio del lugar —¿Quién tenía que cantar?
—Nadie, nadie —dijo rápidamente Milo
—No me mientas —dijo Camus fríamente —, sabes que me doy cuenta cuando mientes
—Hablábamos de Mu —dijo Shura sacando de apuros a Milo.
—¿Sabías que Mu ha estado bebiendo mucho alcohol para agarrar coraje y subir a cantar? —Aioros siguió con las mentiras.
—Eso mismo —Milo les siguió la corriente —. No queríamos contarle a nadie su secreto.
Ahora bien, otro caballero cuerdo se habría dado cuenta de la maraña de mentiras, pero hay que recordar que Camus hace poco ya había notado ese comportamiento en el carnero dorado. De no haber sido por su intervención Mu hace rato que estaría ebrio como una cuba, pensaba Acuario, sin embargo…
—Hay algo que no cuadra —dijo el suspicaz caballero de la onceava casa —. Si Mu tuviera miedo de subirse a un escenario no hubiera hecho ese numerito de baile con Aldebaran. Creo que podemos esperar todo de él.
—Eso era antes, pero ahora que está Shion la cosa cambia —explicó Capricornio —. Mu no debe saber que el patriarca está aquí.
—Pero acabo de verlos conversando hace un momento —respondió Camus.
—Pero es que Shion no sabe que Mu ha estado bebiendo —siguió Aioros que notó que Acuario no era tan fácil de engañar.
—Y ya sabes lo que diría si se enterase de ese vicio que ha adquirido Mu —Milo sentenció para reafirmar a sus cómplices —. Podría ser castigado de maneras horribles.
—Y no queremos que eso le pase al bueno de Mu, es un gran amigo —Shura terminó.
—Es cierto —para sorpresa de Milo y los otros, Camus se puso de su parte —. A pesar de todo me simpatiza Mu porque vive lejos de mi casa y casi no viene de visita, lo que es un punto que tiene a su favor.
Y fue así como enredaron a Camus, sin motivo en una maraña de mentiras, con tal de no ser descubiertos por el caballero de la onceava casa.
—Lo mejor que podemos hacer es buscar a Mu y esconderlo de Shion para no le vea en un estado de ebriedad —dijo Shura —. A ti te hará caso porque eres un santo muy serio.
Mientras los otros asentían con la cabeza. De esta manera fueron con Camus en busca de Mu, que era inocente de todo este horrendo plan.
No le fue difícil a Acuario dar con Aries, que estaba parado con un enorme vaso sin atreverse a aproximarse a Saori.
—Tal vez no sea muy difícil de convencer— se decía Mu —, la he visto en la fiesta de Julian bebiendo hasta el agua de los floreros.
—Lo veo y no lo creo —regañó Camus a Aries —. ¿Otra vez estás tratando de beber?
—No. No es lo que piensas Camus —dijo Mu perdido sin reflexionar que Acuario le reclamaba por algo que probablemente Camus hacía a menudo. Pesó más las miradas de reproche de sus compañeros en ese momento —. Esto no es para mí, es para… miren, no puedo decirlo… mi maestro me castigará si hablo. ¡Rayos! —maldijo Aries finalmente.
Contrariado como estaba, el caballero de la primera casa no sele ocurría ninguna excusa valedera para contarle a Acuario, fue por eso que no vio venir al Pegaso en vuelo, que cayó a un centímetro del carnero dorado. Lo que pasó fue que Seiya cavaba de recibir un buen golpe de Saori luego de su inoportuna insistencia al pedirle los palitos chinos.
—Ten más cuidado Seiya —reprochó Mu al Pegaso —, por poco me hacer derramar mi vaso.
—¡Aja, lo sabía! —Camus le reclamó a Aries —. Has estado bebiendo a escondidas de tu maestro.
Mientras Milo, Aioros y Shura sacudían sus cabezas como señal de desaprobación.
—Pero Camus —dijo Mu sin saber qué mas decir —, te digo que este vaso no es mío.
—Acabaste por reconocerlo cuando Seiya cayó a tu lado—siguió Camus
—¿Estás bebiendo Mu? —preguntó Seiya que se recuperaba del golpe con ayuda de Hyoga y compañía que llegaron a ayudar al caballo alado —¿Qué dijo Shion de todo esto?
—Hasta Seiya se da cuenta de que lo que haces está mal Mu —Camus era implacable con Aries —. ¿Qué va a decir Kiki cuando llegues en ese estado a tu casa?
—Pero maestro Camus —Hyoga habló mientras Isaac asentía con la cabeza —, a usted nunca le importó beber durante el entrenamiento.
—Cállate Hyoga —Acuario le ordenó al cisne —, lo de Siberia era distinto, hacía mucho frío.
—¿Y por qué nunca nos dio ni una gota si estábamos al borde del congelamiento? —preguntó el Kraken.
—No me cambien el tema —Dijo Camus —. Estamos hablando de Mu y su horrible vicio.
—¿Mi horrible vicio? —Mu finalmente perdió la paciencia —. ¿No está hablando del burro de orejas?
—Si yo no dije nada —Seiya habló inoportunamente.
Justo cuando se todos se disponían a mandar a la miércoles al Pegaso, un poco más lejos en honor a la verdad, algo sucedió.
—¡Aquí estás ganso congelado! —apareció Ikki más furioso que de costumbre —Me las pagarás todas juntas ¡Ave Fénix!
Ikki no hubiera hablado tanto. Todos ya estaban en guardia cuando el Fénix lanzó su ataque, así que no hubo heridos, simplemente ofendidos.
—Mira lo que le hiciste a mi vaso Ikki —reclamó Aries al ver que el enorme vaso repleto de bebidas alcohólicas ardía en azules flamas —. ¿Ahora cómo haré para que Saori beba esto?
Tarde se dio cuenta Mu de que había hablado demás.
—¿Para qué quieres que beba Saori? —preguntó Aioros.
—Cierto —siguió Shura —, es un desperdicio de alcohol.
—Con lo caro que cuesta estos días —añadió Milo.
—Además Saori ya está suficientemente bebida —dijo Camus en un muy mal momento.
—¿Cómo qué suficientemente bebida? —preguntó la señorita Kido con su tono amenazador.
—Que parece que ya has bebido demás, que te gusta darle a la botella, que estás como una cuba, que eres más absorbente que una esponja —dijo Kraken tratando de explicar y mostrarle a su antiguo maestro qué era mejor que Hyoga.
—Así que este es el respeto que te tienen tus caballeros —se burló Hilda que llegó con Saori a ver la escena.
—Respetan más a las hormigas —Julian Solo también se puso del lado de Polaris.
—Esto es intolerable —protestó Saori —. Camus quiere que te disculpes inmediatamente.
—¿Yo te debo una disculpa? —preguntó el susceptible francés —De ningún modo, yo no hice nada.
—No me desobedezcas delante de Hilda y de Julian —dijo Kido a su rebelde caballero de Acuario—. Yo soy tu diosa y debes hacer lo que te digo.
—Exacto —intervino Milo en el momento en que Camus se cruzaba de brazos como señal de que no haría caso alguno.
—¡QUE! —los brazos de Camus cayeron a los costados — ¿Desde cuándo estás en mi contra?
—Yo siempre he sido un caballero ejemplar —respondió el Escorpión —. Si Saori te ordena que a modo de disculpa bebas todo el contenido de ese vaso que trae Mu, debe hacerlo.
—¿Cuándo dije eso? —preguntó confundía la señorita Kido.
—No se discuta más —dijo Milo tajante —. Camus, haz lo que te ordena Saori y bebe de una buena vez ese vaso.
—O tendremos que obligarte —dijo Aioros que finalmente comprendía el plan de Milo.
—No queremos ponernos violentos siguió Shura —, pero no podemos permitir que hagas quedar mal a nuestra diosa.
—Algún día me las pagarán —protestó Camus al ver que no tenía salida —, cuando averigüe qué se traen entre manos —tomó el vaso y apagó el fuego de un soplido —. Bebidas calientes, qué desagradable.
