Nota: Penúltimo capítulo de esta cos… digo fanfic, sí es un fanfic, tienen que creerme, con resultados poco probables como el del concurso.

Espero que la demora no les moleste, he estado ocupada en temas poco fanfickeros.

Agradeciendo a las buenas personas que siguen leyendo pese a tantos capítulos y tanto desastre contado.

El Ganador es…

Mientras estos desafortunados hechos sucedían, en otro lugar del recinto, otros personajes tampoco tenían mejor suerte.

—Lo que faltaba ––Alberich protestó —, llegó Hilda.

—¿Hilda? ––preguntó Sigfried —¿Dónde?

—Por allá, junto a Julian Solo ––señaló con el dedo el guerrero de la amatista.

—Otra vez con ese presumido ––bufó Alfa Dubhe —. Hilda sabe que me molesta que salga con él.

—Así son las mujeres ––le explicó en tono burlón Alberich, pero luego de pensar un rato su tono cambió a uno con cierta malicia —. Deberías vengarte y darle celos con otra.

—¿Crees que eso resulte? ––preguntó intrigado Sigfried.

—Siempre resulta ––dijo animado Alberich —. Dale Celos con Tethis. Invítala a bailar

—Pensé que Tethis te gustaba a ti ––dijo Alfa —, ¿para qué quieres que la invite a bailar? Además ya le mandé una nota en tu nombre contándole sobre tus sentimientos.

—¿Hiciste eso? ––rara vez mostraba Megrez desconcierto —¿Cómo pudiste?

—Es lo más maduro cuando alguien te gusta ––le dijo Sigfried —. Además es una buena forma para que me dejes de molestar.

Alberich no dijo nada y solamente se cruzó de brazos mientras hacía un puchero.

—Sin embargo ––siguió Dubhe de alfa —, es posible que tengas razón. Le daré celos a Hilda para que vea lo que se siente ––dijo ceñudo y poniéndose en pie el guerrero de Alfa.

Estas palabras intrigaron al intrigoso guerrero de la amatista.

—¿Y con quién le vas a dar celos? ––preguntó olvidando de pronto su mal humor —. No me digas que piensas hacerle caso a Kasa y aceptar salir con la chica que te manda notas. Sigfried, no te creí capaz.

—Tienes razón ––dijo Sigfried volviendo a sentarse —, no soy capaz.

—Pero yo sí ––dijo Alberich que ahora fue él el que se puso de pie —. Ahora mismo busco a Kasa y lo traigo.

Por su parte Aldebaran intentaba reparar los daños con el caballero de Virgo.

—Shaka, Shakinha, responde amiguinho ––decía el caballero de la segunda casa zarandeando al caballero de la sexta casa —. No fue mi intención lastimarte.

—¿Qué te sucede hermano, por qué estás llorando?

—¡Shaka, estás vivo! ––dijo el Toro dorado levantando al liviano caballero de Virgo.

—Claro que estoy vivo ––dijo Shaka en un tono más alegre al acostumbrado —. Aliviánate wey.

—Otra vez estás hablando raro Shaka, sabes que no te entiendo cuando hablas de filosofías extrañas ––dijo Tauro.

—No wey, no te aceleres sin motivo ––le respondió el rubio —. Déjame regalarte una flor…

—Arrancar flores es probarles del ciclo al que estaban predestinada ––dijo Syd reprochando la actitud del caballero más cercano a Buda —, esa es una mala acción que se acumulará en tu karma.

—Syd, no me gusta que hables así –– le reclamó Bud —, es como si pensaras en los demás.

—Ustedes no son de ayuda ––dijo Hilda perdiendo la paciencia —. ¿Dónde está Sigfried? ¡Sigfried!

—Qué gritos tan feos ––se quejó Saori —, Es de muy mal gusto gritar. Por lo pronto Aldebaran, recoge a Shaka y avisa a los demás caballeros que estoy aquí y necesito que se formen.

—¿Para qué? ––preguntó Tauro mientras el resto de caballeros le miraban intrigados ––¿Regresaremos al santuario?

—Siempre tengo que explicarles todo ––dijo Saori con cierto hastío —. Quiero que se formen para que me aplaudan cuando cante y así ganaré el concurso.

Aldebaran le dirigió una mirada confundida a Aioria, que era el que estaba más cerca. El León dorado siempre diligente quiso ayudar a su amigo y por eso.

—¡Bueno, ya la oyeron, todos en filas de a cuatro! ––comenzó a dar órdenes Leo —. ¡Los que pueden permanecer en pie que sostengan a los que no!

—Bueno, yo puedo sostener a Camus, pero dudo que pueda aplaudir a Saori ––explicaba Milo tratando de conseguir ayuda para su problema —. Creo que se nos fue la mano.

—Vamos, no debe ser tan grave ––le dijo Shura

—No sé cómo decirlo de otro modo, pero Camus se quedó congelado en el tiempo ––l e explicó el escorpión.

—Tonterías ––habló Ikki —, yo lo veo igual que todos los días. Aburrido como ese ganso congelado.

—No te burles Ikki, esto es serio ––Aioros trató de ayudar a Milo —. ¿Qué era lo que traías en ese vaso, Mu?

—Ya ni me acuerdo ––respondió el carnero dorado.

—Camus tenía razón ––Aioros le habló a Shura como si Mu no estuviera presente ––. Ese vicio que adquirió Mu es serio, debería buscar ayuda.

—¡Qué! ––protestó Mu —¡Yo no tengo problemas con el alcohol!

—Ese es el primer síntoma, la negación —le dijo Shura con su aire de desaprobación.

—También las lagunas mentales ––intervino Aioria.

—¿Qué yo no tengo problemas con las bebidas! ––se enojó Aries —. Esa bebida no era para mí.

—Entonces ¿para quién? ––interrogó Aioros.

Mu observó que los caballeros de Atena no estaban solos, desde hace rato que los generales marinos les observaban en silencio.

—No les puedo decir en este lugar ––dijo haciendo un además hacia los curiosos generales de Poseidón —. Ustedes ¿qué me ven?

—Nada —respondió Io —. Estamos buscando a nuestro colega Kasa para irnos, ¿no le han visto? Dijo que tenía una cita con una pelirroja.

—¿Cuál pelirroja? ––Aioria saltó al escuchar esa palabra —. Espero que no se refieran a una amaz… ¡Ay!

—¿Cómo te atreves, Aioria? ––Marín le había dado un pellizco al desconfiado León dorado.

Demás está decir que los generales marinos se quedaron a ver la escena de la pelea de pareja y se olvidaron de Kasa, quien estaba muy ocupado en esos momentos.

—Así que ya sabes amigo cara de pez ––decía Alberich —. Sigfried quiere conocer a tu amiga. ¿Dónde está?

—Ahora mismo la llamo—dijo Lymnades —¡Linda, ven!

—Deja de llamarme linda ––protestó Afrodita aproximándose.

El rostro de Alberich jamás mostró tal alegría.

—Entonces…—dijo relamiéndose los labios ––¿él es tu amiga? Esto es mucho mejor de lo que hubiera podido planear.

—¿De qué estás hablando? ––preguntó Afrodita —. Me dijeron que había una persona muy atractiva. No tanto como yo, pero que serviría.

—Claro que servirá —Dijo Alberich más sonriente que antes —, ven conmigo, te vas a llevar una sorpresa.

Kasa y Afrodita acompañaron a Alberich contentos de que al fin su plan daba resultado.

Fue grande su decepción al ver lo que les esperaba.

—Ahora, cara de bagre atropellado, ¿dónde está la mujer hermosa que me dijiste me ibas a presentar? ––preguntó el caballero de Piscis.

—¿De qué está hablando este caballero? ––dijo Sigfried también sorprendido ––Usa mucho maquillaje, pero puedo ver que es un hombre.

—Yo no uso maquillaje, tengo un cutis excepcional ––protestó Afrodita —. Al menos no tengo la cara cubierta de ollín.

—No te permito que me hables así, travesti ––le reprochó Alfa Dubhe —. Deja de enviarme notas que yo no soy de esos.

—¡Cómo te atreves, desaliñado! ––protestó Afrodita —. Jamás le enviaría una nota a alguien como tú, todo mugroso y prosaico.

—¡No mientas! ––dijo Sigfried enojado —. A ver tú, cara de pez, dile que me envió una nota.

—Y una bebida ––añadió Alberich que encontraba todo muy divertido. Fue un mal momento llamar la atención de Alfa sobre Megrez.

—El feo de Kasa me dijo que era para una chica ––dijo Afrodita que todavía no se daba cuenta de lo que Sigfried ya lo había hecho, pero de pronto —. Tienes razón, esto es culpa de este par.

Dos segundo tres cuartos más tarde el guerrero y el general eran arrastrados por Piscis y Alfa Dubhe a las afueras del local para darles el correspondiente merecido. Fue algo providencial porque así no fueron testigos de lo que sucedió a continuación.

De pronto las luces se apagaron y sólo un reflector iluminó el escenario donde dos siluetas negras en un principio fueron tomando forma, para dar paso a Hilda y Julian

—Con ustedes Hilda y Julian…—dijo a viva voz el anunciador.

—Julian e Hilda ––corrigió el señor de los mares.

—Cállate Julian ––Hilda le dio un codazo.

—Otro par de locos — dijo para sí el anunciador—. Nos van a interpretar una ranchera muy conocida

—¡Qué! ¡No puede ser la canción que escogí! —Protestó Saori —. Además Julian me prometió que cantaría conmigo, ¡Hilda me robó! ¡Alguien debe hacer algo!

Shion como patriarca era sabio y conocía bien el significado de las palabras de Saori: un berrinche estaba en camino. Por esto decidió tomar medidas.

—Ahora se nos va a armar la grande ––dijo a los caballeros que estaban cerca —, sugiero que nos marchemos en este instante.

—¿Volveremos al santuario? ––preguntó Shura.

—No es el lugar más seguro en estos momentos ––dijo el patriarca —. Mejor será que cada quien vaya a su lugar de entrenamiento y si las cosas salen bien, en seis meses…

Shion no pudo terminar porque Milo habló.

—Patriarca, no encuentro a Camus ––dijo el escorpión preocupado.

—Pero si lo tenías a tu lado hace un instante ––le dijo Aioros —, ¿cómo fue que se te perdió?

—Estaba a mi lado cuando el patriarca comenzó a hablar y cuando me volví a verle de nuevo ya no estaba ––explicaba el escorpión dorado.

No pudo decir más porque en ese momento las luces se apagaron y comenzó a sonar la música mientras dos siluetas de Hilda y Julian se veían en la luz del reflector.

Muchos hubieran jurado ver que comenzaban a abrir la boca cuando se volvieron a apagar las luces y cuando regresaron una estatua de hielo estaba parada al lado de Polaris.

—Es así como me gusta más el decorado ––dijo un inusual sonriente Camus —, Ahora sí maestro, ponga todo el volumen.

—Cómo usted ordene señor Camus ––dijo el anunciador haciendo señas a controles y comenzó la canción.

—¡Yo sé bien que estoy afuera…! ––decía Camus, que paso de ser el siempre elegante caballero francés a un mariachi ebrio y desafinado —. Pero el día en que yo me muera sé que tendrás que llorar.

—¡Llorar y llorar, llorar y llorar! ––cantaron en coro Hyoga, Isaac y Hagen que seguían bajo los efectos de la infame bebida que Camus les proporcionara.

—Dirás que no me quisiste, pero vas a estar muy triste... ––cantaba Acuario con su marcado acento francés mientras el público no daba crédito a sus ojos.

Fue en ese instante en que Julian logró romper el bloque de hielo y se dispuso a atacar.

—¡Ahora conocerás la furia de Poseidón! ––dijo el heredero de la familia Solo, pero con tan mala suerte que no pudo atinarle a Camus que se tambaleaba en el escenario y solamente le atinó a un espejo del decorado, sufriendo él su propio ataque.

—¡Y así te me vas a quedar! ––dijeron a modo de festejo los generales marinos.

—¿Qué le hiciste a Julian? ––finalmente reaccionó Hilda, pero fue un mal momento y con el caballero equivocado ––Esto no se quedará así.

Hilda ha debido estar muy enojada porque su frío ataque no le hacía ningún efecto al señor de los hielos, en cambio el embriagado Acuario pensó que se trataba de una invitación a bailar y esto fue lo que hizo mientras seguía la canción.

—Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero.

—¿Dónde diablos se ha metido Sigfried?— refunfuñaba Polaris.

Ciertamente Sigfried hubiera hecho algo de no haber estado ocupado y afuera del recinto en esos momentos dándole su merecido al guerrero culpable de tan horrenda cita.

En cuanto al resto de guerreros, ya sabemos que Alberich era brutalmente masacrado por Alfa Dubhe, mientras que Tholl seguía en disputa con Aldebarán por los tomates de Sud y Bud, mientras los tigres vikingos gemelos discutían sobre cuestiones filosóficas. Mime en cambio encontró que Shun y Sorrento eran buenos para el réquiem, ya sea con la flauta de Siren o la dulce voz de ultratumba de Shun Hades. De Hagen mejor ni hablar porque hasta le hacía los coros a Camus junto con Hyoga e Issac.

—¡No tengo trono ni reina ––seguía con la canción Acuario mientras en el baile hacía dar vuelta a Hilda —, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey!

Fue cuando soltó a Polaris que por la inercia siguió girando hasta llegar al borde del escenario para caer en los brazos de Shaka.

—¡Qué gran espectáculo! Hasta regalan mujeres, que cool ––dijo Shaka contento.

Demás está decir que el resto de los caballeros dorados, incluido Shion, que no estaban tan bebidos no sabían cómo reaccionar a este comportamiento. Fue cuando de la nada se oyó la voz de Saori.

—Todos, aplaudan a Camus y quedarán perdonados ––ordenó Kido.

Sin más remedio y porque estaban ya bastante asustados comenzaron a aplaudir.

—¡Viva, Camus es el ganador! ––decían en medio de los aplausos.

Los generales, viendo que no tenían nada que reprocharle al caballero de la onceava casa, porque no encontraron que hiciera nada que ellos mismos no hicieran, también le aplaudieron. Mime simplemente imitó a Shun y Hagen ya estaba aplaudiendo al maestro Camus.

—¡EL GANADOR ES CAMUS! ––sentenció el anunciador levantándole el brazo al caballero de Acuario.