Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen. Derechos a Masami Kurumada.


Corte de cabello.


III. Espejo.

—Solía mirarme mucho en el espejo. Buscaba en mi rostro todas las diferencias que pudiera encontrar con el tuyo. Cuando ibas a entrenar con Aioros… yo sólo me quedaba encerrado en nuestra pequeña cabaña así que tampoco es como si tuviera mucho que hacer.

—¿Por qué buscabas diferencias conmigo?

—Tú sabes, somos gemelos. Yo no existía, o no debía existir. Parecerme a ti era lo que me sobrevivía. Si alguien llegaba a verme, creían que era tú. A menudo me preguntaba si realmente nos parecíamos tanto…

—¿Te molestaba que nos pareciéramos? A mí nunca me molesto eso en realidad…

—Al principio no le tomaba importancia. Pero las cosas cambiaron.

—¿Cómo cambiaron?... ¿Sabes? Nunca terminé por entenderlo. No sé en qué momento sucedió todo esto. Cuando te apartaste de mí.

Saga se revolvió en su cama. Había intentado dormir, pero los recuerdos de aquella conversación hacia cuatro meses atrás no dejaban de darle vueltas en la cabeza.

El viento helado entró por la ventana, colándose junto a la luz plateada de Artemisa.

—No tiene caso que lo diga. No necesitas saberlo, de cualquier forma.

—¿Por qué no debería saberlo? Creo que si queremos arreglar esto debemos decirlo todo. Yo era el candidato a Géminis y tú eras mi sombra. Y sé que eso estaba mal, lo sé. Pero intenté mantenernos unidos. Traté muy duro.

—Tú también te alejaste. No lo olvides.

—¡Claro, lo hice cuando ya no podía entenderte!

—¿Entenderme? ¡Por Athena! ¿Era tan difícil entender que me estaba asfixiando en mi no-existencia? ¡Estaba asqueado de ser tu sombra! ¡Ese hastío me estaba ahogando! ¡Nunca podrías comprenderlo porque siempre tuviste la mejor parte!

—¡Eso no es verdad! ¡Yo lo sabía! ¡Yo sabía que no eras feliz!

—¿Entonces por qué no hiciste nada para remediarlo? ¡Responde! ¡¿Por qué en lugar de decir algo sólo te alejaste de mí?!

...

¡Vamos! ¡DI ALGO, MALDITA SEA!

—¡YO TAMPOCO ERA FELIZ, KANON! ¡No lo era!... Si tú te sentías ahogarte en aquella pequeña cabaña, yo me sentía ahogarme en mi propio cuerpo.

—Él…

—Sí. Cuando más te necesitaba, tú también te apartaste. Tú incluso…

—¿Incluso qué?

—…

—Vamos, dilo, Saga. ¡Te reto a que lo digas!

—Incluso… tú…

—¡Anda, dilo!

—Trataste de asesinarme. Varias veces, cuando perdía la consciencia. Intentaste matar a tu propio gemelo. Sentí que ya no podría confiar nunca más en ti… Es cierto, me refugié en Aioros, porque cada vez que regresaba a casa no sabía si mi hermano menor estaba esperando a emboscarme con un cuchillo en mano.

—…

—Nunca pensé que me odiaras así. Sabía que teníamos problemas, pero imaginar que eras capaz de lastimarme así… No sabes cuánto daño me hizo saberlo. Comprendí que entonces no tendrías ningún problema en borrarme del camino con tal de obtener tu libertad…

—…

¿Por qué, Kanon? ¿Por qué intentaste matarme? Siempre me pregunté el porqué un día desperté de mi desmayo, contigo encima apuntando mi cuello con un pedazo de vidrio roto… o aquella vez en que conseguiste un arma y me disparaste…

—…

—Supe entonces que ya no éramos hermanos. El cuerpo mismo me pesaba, pero no podía desollarme la piel y aún haciéndolo él no se iría. Dejarte ir sólo fue la opción que escogí para dejarte crecer por tu cuenta, pero el camino que elegiste nos separó más…

—Eres un completo imbécil, Saga.

—Lo sé. Pero tú sabías que él estaba conmigo. Alejarte también fue una forma de asegurarme de que él no te lastimara. Lamento si no fue la mejor forma de hacerlo, pero en ese proceso estaba buscando el no perderme a mí mismo.

—Al final no te resultó tan bien, por lo que veo.

—Lo sé… lo sé.

—¿Y por qué crees que no haya salido como planeabas, idiota?

Saga suspiró. Terminó levantándose de su cama y se dirigió al enorme ventanal de Géminis. Cerró las puertas y corrió las cortinas. Así la oscuridad invadió su habitación.

—La decisión de alejarte también fue tuya, Saga. Tú también me empujaste a todo esto. Cuando pierdes a la única persona con la que has vivido toda tu vida cualquier decisión a partir de ese momento ya no parece imposible. "Si lo he perdido todo no me queda nada más que perder; perdí mi identidad, perdí a mi hermano, no tengo un amigo en quien confiar, no tengo un maestro de quien aprender, no tengo absolutamente nada": eso es lo que solía pensar y eso solo reforzaba mi sentimiento de vacuidad. Entonces pensaba que quería otras cosas: quería tener poder, ser reconocido, que aclamaran mi nombre, poseer una armadura, tener un rango. Así no sentiría que estaba incompleto. Traté de llenarme con otras cosas para no darme cuenta de que estuve desperdiciando mi vida encerrado en una habitación oscura, vistiendo una máscara de silencio la mayor parte del tiempo. Eras mi único amigo. Cuando te apartaste, no fuiste el único que se sintió traicionado.

—Al menos nunca intenté matarte… Nunca intenté lastimarte, jamás quise hacer algo que te dañara.

—¡Claro! ¡Y Cabo Sunión fue un parque de diversiones!

—¡No me diste alternativa! ¡Tenía que cuidarme la espalda de ti todo el tiempo!

—…

—Dime, Kanon… ¿Por qué lo hiciste?

—…

—¿Por qué intentaste matarme?

—…

—Responde.

—…

.

.

.

—Tú no estabas sólo. Tenías a Aioros, a Shion, a todo el Santuario. Tenías quien te reafirmara a cada instante. Lo único que me confirmaba mi existencia era el espejo.

Kanon recordó sus manos sangrar.

El espejo estaba hecho pedazos en el lavabo. Él sostenía un pedazo de vidrio en su mano derecha, apretándolo con fuerza, lacerando su carne. La sangre desfilaba por su piel morena y terminó derramándose sobre el rostro de un Saga, pequeño e inconsciente, recostado sobre el piso. Kanon también era pequeño y sus manos todavía muy dulces como para sostener un vidrio tan pesado.

Kanon experimentó el sentimiento, la peligrosa duda… ¿Qué pasaría si cruzaba el filo de ese pedazo de vidrio roto sobre el cuello de su hermano?

Él lo recordaba todo. Nunca olvidó. Saga lo hizo, pero él no pudo.

Aquellos pensamientos estremecían a Kanon. Terminó entonces por cerrar los ojos con fuerza y se cortó un mechón de cabello. Uno suyo y otro de Saga. Estaba ahí la diferencia: sus cabellos azules eran los verdaderos: seguían siendo los mismos. Mientras tanto, el matiz gris en los de Saga señalaban al impostor… ¿Entonces por qué Saga debía ser el único, el perfecto? Kanon lo hubiera hecho igual de bien que Saga. Se hubiera esforzado igual que él. Quería creer que él era bueno.

Terminó llorando, abrazándose a su hermano inconsciente.

El viento meció su cabello ondeante, semejando al mar.

Se encontraba a las afueras de Athenas, apenas sosteniendo en la espalda una bolsa con unas cuantas pertenencias. El sol asomaba por el horizonte, a lo lejos, los primeros crinares de los pájaros resonaron a través del aire.

Cuando el sol terminara por ponerse Saga iría de misión y para ese entonces Kanon ya debería hallarse muy lejos de ahí.

Continuó caminado.


NdA: Tres meses sin actualizar esto... ¡Y se supone que serían capítulos cortos para que no demorara en actualizar! xD Lo lamento mucho pero ahora he estado tan atareada entre universidad y trabajo que mi tiempo libre ya sólo lo uso para dormir. xd Necesito ponerme al pendiente con mis fics y también con los fics que sigo :S

En fin, en esta ocasión agradezco mucho sus lindos comentarios en el capítulo anterior a CamiSaintS, KukieChan, Sofhi y Hi... ¡De verdad, muchas gracias! No saben lo mucho que me anima que les esté gustando la historia :D

¡Abrazos! Nos vemos en el próximo capítulo.