Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Derechos a Masami Kurumada.

Nota: en este capítulo se hace referencia a los gemelos de Géminis de Lost Canvas. Especialmente los sucesos que ocurren en los gaidens (el de Defteros, para ser precisos).


Corte de cabello.


VI. Razones.

¿Deseaba verme, Patriarca? —había preguntado Saga, una vez que se hubiera arrodillado a manera de respeto delante de Shion, quien se hallaba en sus aposentos personales. Delante de él, la armadura de plata del Águila se encontraba destrozada, necesitada de una reparación.

Así es, Saga. He mandado a llamarte para hablarte de tu próxima misión —respondió el Pope con ese tono de voz sereno característico de él.

Estoy a su disposición —dijo el Santo de Géminis con determinación.

Shion abrió la túnica que envolvía de manera generosa su cuerpo. Se encargó de deshacerse de las mangas y ajustar las telas en su cadera, dejando descubierto su torso. A continuación, se dispuso a deshacerse de las vendas que cubrían su mano izquierda.

¿Sabes, Saga? Antes de la Guerra Santa, Mu solía ser el Caballero Dorado encargado de la reparación de las armaduras. Estos conocimientos los heredó de mí, ya que yo fui su maestro. Esta ha sido una tradición que se ha llevado a cabo con orgullo, generación tras generación entre la gente de nuestra etnia —Shion le sonrió amablemente y Saga se descolocó un poco al notar que el Patriarca cambiaba de conversación, pues aquella plática no parecía atañer a los asuntos sobre su misión. Se mantuvo en silencio—. Sin embargo, luego de regresar a la vida después de la guerra contra Hades, las memorias de todos ustedes no han regresado por completo, por lo que Mu ha perdido el recuerdo sobre cómo reparar una armadura.

Saga lo miró con un cierto malestar que se retrató en su entrecejo, en el cual se mostraba una clase de frustración.

Es verdad, hay muchas cosas aún que no recuerdo de mi vida pasada, salvo… —Saga suspiró y miró con amargura la cicatriz que cruzaba el pecho de Shion y cómo fue que el Patriarca obtuvo esa marca. El remordimiento de los recuerdos que poseía le impidió hablar.

El antiguo Caballero de Aries le miró con ternura, como si sintiera compasión por el malestar de Saga. Dejó sus vendajes sobre un escritorio cercano y se agachó delante del gemelo mayor.

Tú también adquiriste tu propia cicatriz, Saga —dijo, colocando el dedo índice sobre esa parte de su armadura que cubría su corazón. Cuando Shion tocó a Géminis, esta brilló y Saga pudo ver como dos momentos importantes de su vida tomaban forma con claridad en su mente: El primero, cuando decidió asesinar al hombre que estaba delante de él, y el segundo, cuando decidió quitarse la vida él mismo.

Su mano derecha tembló al observar cómo, siendo joven, había decidido atravesar el pecho del Patriarca con su propia mano; trece años después hizo lo mismo, esta vez, destrozando su propio corazón. Miró sus dedos temblorosos, mientras sentía como ese órgano inquieto revoloteaba con intensidad, como si quisiera emprender un viaje fuera de su pecho, presuroso por salir de la jaula que representaban sus huesos.

Shion cerró los ojos y se levantó, regresando a donde se encontraba la armadura del Águila.

¿Có-cómo hizo eso? —preguntó, ofuscado, mirándole con cierta clase de miedo haciendo presa de sí.

Saga recordaba que la primera vez que probó el cruel rasguño de la muerte, había sido a causa de su propio puño, por lo tanto, aquel fragmento de su vida no formaba parte de sus memorias perdidas, pero le sorprendía que Shion pudiera revivir ese momento y compartirlo en su mente nítidamente, como si de nuevo hubiera ocurrido.

Nací con una capacidad innata para conversar con las armaduras y ver sus recuerdos —explicó Shion, con tranquilidad. Luego de eso, colocó su muñeca por encima de la armadura del Águila y se infligió la herida. La sangre comenzó a manar y bañar al destrozado metal—. Lo que has visto ha sido un recuerdo que guarda la armadura de Géminis y que yo únicamente te he transmitido a través de mi cosmos.

Saga lo miró con sorpresa.

Entonces, eso quiere decir… ¿Usted sería capaz de devolvernos todas nuestras memorias?

Shion cerró los ojos y negó, tristemente.

Es algo que consideré hacer, pero me he dado cuenta de que las armaduras no poseen todas las memorias que sus anteriores portadores crearon junto a ellas. Como si se las hubieran robado… —El anterior Santo de Aries miró con frustración la armadura del Águila—. Por otro lado, tenemos esta armadura: su portadora desapareció hace meses, Athena ahora es incapaz de sentir su cosmos y recientemente encontraron su armadura destrozada al fondo de uno de los acantilados que cerca el Santuario; sin embargo, no había ningún cadáver a las cercanías.

¿Cree que el Santo Femenino haya desertado?

Shion negó con la cabeza.

El Santo Femenino del Águila era un valioso aliado para Athena, alguien en quien ella podía poner su confianza. Así que su desaparición, más que ser sospechosa es también preocupante porque Athena se ha dado cuenta de algo: pese a que tiene en su corazón la imagen de cómo era el Santo Femenino, ha olvidado su nombre —suspiró con amargura.

¿Athena ha olvidado del nombre de alguien tan valioso para ella? —consultó Saga con incredulidad.

El Patriarca asintió.

Considero de vital importancia encontrar a quien fuera Santo Femenino de Águila —continuó—. Tenemos la certeza de que no poseemos todas nuestras memorias de la vida que llevábamos antes de la Guerra Santa contra Hades, pero ahora también, gracias a Athena y al asunto con Águila, podemos asegurar que al igual que a las armaduras, a nosotros también nos están robando las memorias. Pienso que la razón de la desaparición del Santo Femenino del Águila tiene que ver con todo esto y probablemente esa persona posea información de vital importancia que puede jugar un papel importante en el futuro. Sea lo que sea, alguien está tratando de atacar el Santuario desde adentro y debió comenzar con el Santo Femenino del Águila.

Eso quiere decir que debemos comenzar su búsqueda cuanto antes —Saga adoptó un porte de intensa determinación—. ¿Esa es la misión que iba a encomendarme, Patriarca?

Para su sorpresa, Shion negó.

He decidido primero reparar la armadura del Águila para así, ver si hay algún recuerdo guardado en ella que nos dé una pista de su paradero.

Saga lo miró, confundido.

Gran Maestro, entonces… ¿Puedo saber en qué consiste mi misión? —preguntó Saga, ya un tanto impaciente por saber a dónde quería llegar Shion con todo eso.

Por ahora lo único que quiero que hagas es que te dirijas al oráculo de Delfos y recibas un mensaje de la pitonisa y sin importar nada, el mensaje debe serme transmitido.

Al escuchar eso, Saga se sintió un poco extrañado.

No quiero sonar irrespetuoso, Patriarca… pero ¿Eso es todo?

Así es —respondió Shion, tranquilamente—. Sé que consideras que esta es una tarea sencilla, pero estoy seguro de que, llegado el momento, comprenderás por qué te he enviado a ti a esta misión —Shion limpió su herida y se apresuró a cerrarla con su cosmos curativo antes de que perdiera la consciencia, pues comenzaba a sentirse mareado debido a la pérdida de sangre.

Saga cerró los ojos y agachó el rostro.

Entiendo.

Además es importante que esta información que te acabo de confiar no se la cuentes a nadie más en el Santuario, incluyendo a tu hermano Kanon. Si los demás se enteran de que los recuerdos les pudieron haber sido robados, comenzarán a desconfiar y se creará el caos.

Está bien, Patriarca, no diré palabra de esto a nadie.

X—

Antes de cualquier acción, Saga decidió ganar tiempo. Relajó su postura, y observó con sutileza a la pitonisa. Sin embargo, su mirada pese a mostrarse serena, era profunda.

—¿De verdad cree que estoy dispuesto a sacrificar la vida de mi hermano por un simple presagio? —consultó, esta vez viéndola con cierto deje de reproche—. La vida humana no vale la lectura de un futuro que no es seguro. Sin importar si lo que me tenga que decir se cumpla o no, confío plenamente en que los humanos podemos moldear nuestro destino, los oráculos sólo se dedican a limitar nuestro desarrollo.

Avanzó unos cuantos pasos hasta quedar frente a ella. La miró esta vez inclinando un poco la cabeza para observarla, pues la chica debía ser al menos veinte centímetros más pequeña en estatura. Luego sus ojos se desviaron al cuerpo del inconsciente gemelo.

—Me llevaré a mi hermano. No la hago perder más el tiempo. Con permiso.

Pasó de largo y se aproximó hacia la cama de piedra en donde reposaba Kanon.

—Si tocas esa cama de piedra, perderás la mano, Saga.

Se detuvo al escucharla. Luego la observó con sigilo.

—¿De qué habla?

La joven suspiró con tristeza. Saga dio media vuelta para mirarla, pero la pitonisa seguía dándole la espalda. La observó levantar el rostro y las manos.

—Mira alrededor, Saga —comenzó ella, con una voz tranquila—. Este templo yace en ruinas y la naturaleza aquí está triste. Hace más de doscientos años la sangre de las ninfas que cumplían el papel de sibilas fue derramada aquí, y sus cuerpos fueron enviados a vagar en otra dimensión. El dios Apolo sigue llorando a sus ninfas.

—¿Otra dimensión? —Saga frunció el entrecejo.

—Así es —la pitonisa entonces dio media vuelta y se decidió a encararlo—. En la anterior Guerra Santa, el oráculo de Delfos sirvió solemnemente al Santuario y tenemos la gracia o tristeza de asegurarte que todos nuestros presagios se cumplieron. El último presagio que dimos fue recibido por el anterior Caballero de Géminis: Aspros de Géminis.

—Aspros las asesinó —dedujo. La joven asintió con la cabeza.

—¿Por qué crees que las asesinó, Saga?

El joven se quedó contemplando en las posibilidades hasta que de pronto, la respuesta le pareció clara.

—El presagio, no estuvo de acuerdo o no quiso aceptarlo o quería ocultarlo. Quizá tenía que ver con alguien a quien amaba o consigo mismo.

La chica lo miró con tristeza, pero su expresión facial pasaba desapercibida por la máscara.

—Permitiremos que lo veas por ti mismo —dijo, luego miró a un costado del templo, en donde entre las ruinas se encontraba su joven acompañante—. Kiki ¿Podrías ayudarme?

El muchacho de mirada tranquila pero triste asintió con el rostro. Saga observó como el jovencito desapareció de la piedra en donde estaba sentado y en un parpadeo reapareció a un lado de la pitonisa.

—¿En qué puedo ayudarte, señorita June?

—Muéstrale a Saga, por favor.

—Entiendo.

El joven levantó la mano y las asas de la armadura de Géminis que Saga cargaba consigo se rompieron. El gemelo reaccionó sorprendido, y le hizo sentir un poco impotente que la caja de Pandora desaparecía de su lado para reaparecer junto con la pitonisa y el muchacho de cabellos rizados.

—¿Qué pretenden? —cuestionó serio. No le asustaba que le hubieran despojado de la armadura, siendo que siempre bastaba con que la llamara con su cosmos para que ella volviera a él. Lo que lo había dejado con un leve aturdimiento, fue lo rápido que sucedió todo. Saga había estado mirando con sigilo a Kanon, asegurándose que nada pudieran hacerle, que ello lo había orillado a descuidar un poco alguna abertura con respecto a la defensa de su propia persona.

—Como te dije, el anterior Santo de Géminis fue el asesino de las ninfas protectoras del Templo. Ese es un recuerdo que la armadura presenció, ella misma está triste porque fue utilizada en un acto injusto —explicó June—. Mi noble acompañante tiene la habilidad de mostrar los recuerdos de las armaduras así que él te enseñará.

Puede mirar los recuerdos de las armaduras, igual que Shion —pensó Saga. Las capacidades del chico sobre teletransportación y telequinesis también le recordaban mucho a Mu. Saga comenzaba a creer que el joven quizá perteneciera a los de su etnia, pero no podía comprobar si el mismo tuviera los lunares característicos de los muvianos puesto que el muchacho se encontraba utilizando un antifaz dorado que cubría sus pómulos y su frente, con una gema rubí pequeña que se ubicaba en la parte del entrecejo.

Observó como Kiki colocó una mano gentilmente sobre la caja de Pandora, luego cerró los ojos con parsimonia. A los pocos segundos Geminis comenzó a brillar, al mismo tiempo que Kiki abría los ojos desmesuradamente y en ellos brillaban imágenes diferentes que corrían muy rápido. Luego de un momento, la luz en la armadura se extinguió y Kiki volvió a cerrar los ojos.

El silencio que se apoderó del ambiente fue abrumador, pero apenas y duró unos cuantos segundos. Saga, quien seguía observando al jovencito con sigilo, no esperaba que este abriera los ojos repentinamente: sus irises magentas brillaban con una luz iridiscente y cuando Kiki cruzó mirada con él, todas las imágenes se deslizaron ahora en los ojos de Saga.

Pudo observarlo, a un hombre llamado Aspros, enfrente de las pitonisas y la imagen del futuro que ellas le mostraban: él moriría y su hermano gemelo tomaría su lugar, dos años después resucitaría como un Espectro de Hades y se vería la cara con su gemelo, quien en ese entonces ya portaría Géminis.

Aquella imagen hizo eco en la cabeza de Saga y se sintió como un golpe al corazón, pues le recordaba a la ocasión en que se reencontró con Kanon en Géminis, una vez iniciada la Guerra Santa. El destino de ambos no había sido tan diferente, siendo que el primer Géminis había terminado por convertirse en Espectro.

Continuó observando.

Aspros rechazó ese destino. Molesto, utilizó su cosmos para asesinar a las pitonisas. Un tipo idéntico a él, pero de piel morena y utilizando un bozal, apareció en el sitio —Saga dedujo que se trataba de su hermano gemelo—. Y Aspros, negando ser el asesino de las pitonisas, utilizo Otra Dimensión para desaparecer los cadáveres, los cuales quizá todavía continuaran vagando entre dimensiones, volviéndose motas de cosmos en el más amable de todos los escenarios.

Las imágenes se detuvieron en seco. Saga tuvo que sostenerse la cabeza con ambas manos para frenar el mareo y dolor de toda la información que había recibido. Cerró los ojos y apretó los parpados.

—Desde entonces la relación del Santuario con el Templo de Delfos se rompió. Hemos esperado pacientemente a que la deuda que el Santuario tiene con nuestro recinto, sea pagada.

Saga observó como la chica hacía aparecer un látigo en sus manos. Al mismo tiempo, el muchachito de nombre Kiki se teletransportaba a un lugar apartado de ahí. El Santo de Géminis preveía que se aproximaba una pelea.

—Es por esa razón que no puedo dejar que te lleves a tu hermano. Ustedes dos son las reencarnaciones de los anteriores Géminis, ustedes deben pagar lo que les hicieron a las pitonisas. Si la deuda no es pagada, entonces no podremos volver a trabajar con el Santuario en armonía.

Saga frunció el entrecejo.

—Eso fue hace más de doscientos años y es algo que no fue nuestra culpa —alegó—. Lo que hicieran nuestras vidas pasadas no nos corresponde.

La joven tensó el látigo entre sus manos.

—¿Estás seguro de ello, Saga? —la voz de June se escuchó fría—. Te recuerdo que en tu vida "pasada" usurpaste el trono del Patriarca y le quitaste la vida en el proceso. Hace más de doscientos años, la ambición de Aspros de Géminis había sido la misma, la única razón por la que no logró concretar su propósito fue porque su hermano gemelo se lo impidió, asesinándolo en el proceso. En esta ocasión la tragedia no pudo ser evitada porque te encargaste de tu gemelo a tiempo… En aquel momento buscaste acabar con su vida ¿Y ahora te pesa mucho quitársela?

Saga chasqueó la lengua, esta vez no pudo reprimir el enfado que aquel comentario le provocó.

No fue mi voluntad asesinar a Shion ni tomar su lugar.

—Tampoco fue la verdadera voluntad de Aspros el haber actuado así. A él también le habían implantado un cosmos maligno. Pero te diré algo… —June desenrolló el látigo, esta vez, preparándose para la batalla—. Él al menos continuó orgulloso de sí mismo, jamás se excusó cobardemente de todo lo que hizo.

El Santo de Géminis cerró los ojos. Apretó las manos en forma de puños y su cosmos comenzó a encenderse.

—Los seres humanos somos diversos: nos reconstruimos todo el tiempo. No soy la misma persona que encerró a Kanon en Cabo Sunión, así como no soy la misma persona de hace más de doscientos años. Entiendo que tus comentarios sólo buscan hacerme perder la razón, pero no lo conseguirás. Si me ves encender mi cosmos no es para atacarte, sino para defender a mi hermano.

Saga abrió los ojos esta vez. La miró con determinación y June pudo ver en sus ojos verdeazulados, como la sinceridad de él se reflejaba en el brillo de sus irises. Sonrió detrás de la máscara.

Saga esperó a la reacción de la chica frente a él, pero le sorprendió como ella abandonaba su postura de pelea y el látigo que cargaba en su mano desaparecía, dejando un leve rastro de cosmos tras de sí.

—Dime algo, Saga de Géminis… —habló June, con voz suave—. ¿Amas a tu hermano?

El gemelo se ofuscó un poco por aquella inesperada pregunta. Sin embargo, terminó en recobrar la postura y volvió la mirada a Kanon. Observó como el viento mecía levemente sus cabellos, y sonrió sosegadamente al contemplar el semblante tranquilo de su gemelo.

—Sí.

—¿Por qué lo amas? —por alguna extraña razón, Saga sintió que esa pregunta dolía—. Ni siquiera has podido recuperar todas tus memorias con respecto a tu vida o cómo la compartiste con él.

En ese momento Saga recordó la pregunta que le hizo a Kanon aquella vez que discutieron con respecto al pasado. La noche anterior no había podido dejar de recordar aquella discusión y sin importar cuanto tratara de darle vueltas al asunto, aún había muchas cosas que no entendía.

"Dime Kanon… ¿Por qué lo hiciste?"

—¿Crees que lo seguirías queriendo si pudieras recordar todo lo que se hicieron el uno al otro? ¿Lo mucho que se lastimaron mutuamente?

"¿Por qué intentaste matarme?"

El silencio de su gemelo ante aquellas preguntas lo había dejado helado.

—¿Si recuperaras todas tus memorias qué crees que encontrarías ahí? —al escuchar aquella pregunta, Saga volvió la mirada a la joven y la contempló con intriga—. ¿Encontrarías recuerdos agradables o tristes? ¿Verías a Kanon lastimándote o…?

El joven géminis se quedó a la expectativa de aquella pregunta incompleta. Le pareció extraño que la pitonisa no continuara.

—¿O… qué? —se aventuró a continuar.

—O… —June suspiró—. ¿Recordarías todo el daño que le hiciste a tu gemelo?

Aquel fue un arañazo al corazón.

Saga se quedó en silencio. Dentro de su mente, muchas cosas comenzaban a cobrar sentido.

Sí, era cierto que él no recordaba varios eventos del pasado, pero nunca estuvo completamente seguro que Kanon tampoco recordara. Cuando le preguntó la razón por la cuál había intentado asesinarlo cuando recién habían dejado de ser niños, Kanon se había quedado con una mirada dudosa, sin atreverse a responderle.

Saga intuía al principio que Kanon se avergonzaba de las razones. Pero ¿Qué tal si no era así? ¿Y si Kanon estaba tratando de protegerlo de la verdad?

¿Y si Kanon había tratado de asesinarlo en un intento de autodefensa?

—No estoy seguro que cosas horribles llegamos a cometer en el pasado —comenzó Saga, con una voz meditativa y un poco triste—. Sin embargo, lo que estamos viviendo es el presente. Quiero a mi hermano por quien es hoy, ahora: un hombre que intenta reconstruir su vida. El pasado se ha quedado ahí, en pasado.

Observó como la pitonisa caminaba hacia él, para colocarse a su lado y observar a Kanon. Saga hizo lo mismo, siempre alerta por si la chica buscaba atacar a su hermano de improviso.

—Es bueno dejar el pasado atrás, pero no es bueno olvidar: Sí olvidas, puedes permitir que el pasado se repita.

June dejó de mirar a Kanon y dirigió su rostro a Saga. Al hacer eso, el Santo de Géminis también volvió sus ojos hacia ella de forma instintiva.

—¿A qué te refieres?

—¿No te das cuenta que la situación de Kanon se está repitiendo? De nuevo él debe esperar a que algo te pase para tomar tu lugar: dentro del Santuario él sólo es una pieza de repuesto… ¿No fue así en el pasado? ¿Qué será de él si la situación continúa de esta forma?

El nudo en la garganta de Saga estaba amarrando sus palabras, por lo que no pudo responder al instante. El silencio respondió en su lugar, mientras desviaba la mirada al suelo, tratando de analizar la situación. Frunció el entrecejo, confundido y ligeramente asustado.

Parecía ser que tanto él como Kanon no podrían progresar si él otro formaba parte de sus vidas. Era cierto, ya no vivía anclado al pasado —o al menos eso intentaba—. Pero ¿Qué sería de su futuro? Saga no quería ser de nuevo una pared que amurallara a Kanon y lo apartara del avance y el progreso. Si Saga continuaba ahí, sería el impedimento de su gemelo para crecer.

Dirigió la vista a la armadura de Géminis. Luego observó a Kanon. Entonces recordó las palabras de Shion.

"Llegado el momento, comprenderás porqué te he enviado a ti a esta misión".

—Dime algo, pitonisa —habló finalmente Saga, después de un tiempo. June lo miró atentamente—. ¿Es realmente importante el mensaje que tienes para el patriarca?

La observó asentir con el rostro.

—El mensaje para el patriarca y Athena les ayudará a entender qué es lo que está pasando en el Santuario con respecto a las memorias de todos, asimismo les ayudará a encontrar al Santo Femenino del Águila que se encuentra desaparecida.

Eso era todo lo que necesitaba; Saga comprendió que la pitonisa tenía información valiosa que podría ayudarlos y por mucho que la analizara, Saga no veía pizca de maldad en ella. Siendo plena representante de su papel y sus vestimentas, la joven parecía representar con pureza sus intenciones.

—Escucha, no puedo ofrecer la vida de mi hermano para pagar por lo que mi vida pasada hizo —Saga habló con voz fuerte y directa—. La razón es sencilla: yo no soy dueño de la vida de mi hermano. Pero sí hay algo que puedo ofrecerte.

Saga se arrodilló delante de June.

—Puedes tomar mi vida. Mi hermano se encargará de regresar al Santuario y transmitir el mensaje que tienes para Athena. Asimismo, llegará convertido en el nuevo Santo de Géminis.

Sí, ahora para Saga todo tenía sentido.

June sonrió detrás de la máscara.

—Muy bien, Saga. Has encontrado la respuesta, no esperaba menos de ti.

La mano de June se encendió con su cosmos. Una luz brillante y amarilla que comenzaba a tomar forma de daga se posó ahí, en su palma.

El Santo de Géminis pudo contemplar como la chica dirigía aquel cosmos en forma de daga hacia su frente. Decidió volver la mirada hacía Kanon, quien recién iba abriendo los ojos. Pudo concretar que Kanon se encontraba débil, lo observó levantar su mano temblorosa y trémula en dirección hacia él.

—Saga… —lo escuchó susurrar, sin ser completamente consciente de qué era lo que pasaba.

—Kanon —respondió Saga, con una sonrisa—. Es tu turno para vivir.

La pitonisa enterró la daga en forma de cosmos en la cabeza de Saga. No hubo sangre, ni heridas. Saga sólo cerró los ojos y cayó al suelo. De pronto, todo se volvió oscuro.


NdA: Agradezco mucho sus comentarios en el capítulo anterior, me alegraron muchísimo. Con respecto a la actualización de este fic, hablaré sobre ello en mi perfil.

Les mando un fuerte abrazo.