Se quedaron mirando por unos segundos y por acto reflejo Yuuri le cerró la puerta en la cara, dejando al otro totalmente perplejo.

¡Oye! —Gritó golpeando la puerta con el puño— ¡Abre de una vez!

S-si no te vas llamaré a la policía —habló nervioso el japonés con la espalda apoyada en la puerta. Sintió como el rubio la pateo, ya que retumbó por completo.

Volveré —fue lo último que dijo antes de retirarse del lugar. Sabía que no había sido la mejor actitud, pero no tenía tiempo que perder y no era bueno pidiendo favores.

Yuuri por su lado se sintió un poco aliviado de que aquel hombre se fuera, miró a Yuki quien se encontraba en su propio mundo jugando nuevamente y al parecer no prestaba atención a nada más. Se sentó en el suelo tras su pequeño y lo envolvió en un abrazo, tenía miedo de que, de alguna forma, aquel chico pudiera quitarle a su hijo solo por ser el padre biológico, esperaría a calmarse y llamaría a su hermana para saber realmente que era lo que sucedía.

Por su parte Yuri seguiría insistiendo, aunque tuviera que ir todos los días a esperar frente a esa puerta. No dejaría que su abuelo dejara este mundo sin conocer a su bisnieto, se lo debía por todo el tiempo que cuido de él, ya que gracias a eso estaba donde estaba.

Llegó al hotel donde se estaba quedando y se permitió derramar algunas lágrimas. Había sido muy estúpido el haber inventado algo así para no preocuparlo, pero ya estaba hecho y ahora debía hacer algo para que no lo descubriera y no porque lo fueran a regañar, sino que no quería que Nikolai muriera con la decepción dentro suyo. Sacó algo de Vodka del mini bar y bebió un poco antes de irse a dormir— mañana tendré otra oportunidad —se dijo a si mismo mientras pensaba en ser menos impulsivo, intentaría explicarle su situación al japonés pues sabía que él carecía de tacto.

Yuuri llamó a su hermana explicándole la situación, diciéndole si aún tenía los papeles que indicaban que el rubio era un donante y que por la misma razón no tenía ningún derecho sobre Yuki. Mari se quedó en silencio por unos minutos y Yuuri supo de inmediato que algo le estaba ocultando, sintió el miedo crecer dentro de él.

¡Mari! Dime de una vez —le habló molesto al teléfono, sea lo que fuera ya estaba hecho y no sacaba nada con esconderlo más, ahora debían buscar soluciones.

Mali, Mali —decía una y otra vez el pequeño de ojos verdes estirando sus manos en un intento por agarrar el celular, pero el mayor se lo impidió parándose de donde estaba y comenzando a caminar por el departamento lo que provocó que el pequeño comenzara a hacer un berrinche.

Yuuri, no hay papeles, ni contrato de por medio —confesó su hermana y el chico sintió que la cabeza le iba a explotar entre la nueva información y el llanto de su hijo— es solo una persona que encontré y aceptó dinero a cambio de sus… semillitas —explicó luego de un suspiro. El de lentes buscó un celular antiguo y se lo paso a su hijo para que se calmara, eso duraría unos minutos hasta que se diera cuenta que nadie le respondía del otro lado.

Entonces puede quitarme a Yuki —habló resignado y su hermana intentó calmarlo, le dijo que la mejor opción era escuchar lo que el chico tenía para decir y ver lo que realmente quería, después de todo había utilizado la palabra "prestar" y eso significaba que no quería quitárselo.

Terminó la llamada, aunque no sin antes darle su teléfono al infante para que le dijera a su tía que su papá era muy malo y que le diera un castigo, Mari solo reía al otro lado del teléfono prometiéndole que cuando los visitara castigaría a su hermano y que también le avisaría a la abuela para que hiciera lo mismo. Yuuri rio cuando su hijo le sacó la lengua al saberse protegido por su abuela y tía.

Ya era tarde para que Yuki estuviera despierto, por lo que al terminar la llamada lo llevó al baño para llenar la bañera y asearlo antes de ponerle la pijama y acostarlo. Al menor le encantaba el agua así que estaba feliz, tenía la tina llena de juguetes y hablaba sobre muchas cosas que salían desde su imaginación, a veces palabras que ni siquiera existían puesto que su vocabulario no era tan amplio como el de un adulto. Yuuri mientras tanto lavaba el cabello del menor quien tenía puesta una visera de goma para que no le cayera shampoo en los ojos, así podía echar agua directo en la cabeza del pequeño y este podía seguir jugando tranquilo.

Una vez listo le puso el pijama y secó su cabello para luego acostarlo en su cama y poner la baranda anti-caídas. Le leyó un cuento mientras Yuki abrazaba un peluche de un caniche marrón. Yuki se durmió casi al instante y el mayor besó su frente para luego encender la luz "espanta-monstruos" para que su hijo no tuviera miedo si despertaba en la noche.

Siempre era la misma rutina antes de dormir y siempre en la madrugada sentía como un pequeño monstruito se metía en su cama con dificultad, claramente porque él no disponía de esa luz "espanta-monstruos", así que no tenía más remedio que calmarlo con abrazos y mimos para que se durmiera nuevamente y no lo devorara.

Al día siguiente despertó con el sonido de su puerta de nuevo, miró junto a él y el menor seguía dormido así que se puso una bata y fue a abrir, intentando pensar quien sería tan temprano. Abrió encontrándose de nuevo con aquellos ojos verdes tan iguales a los que veía a diario, lo miró unos segundos notando que traía con él un par de cafés en una mano y una bolsa de papel en la otra.

¿Qué quieres? —preguntó desconfiado, pero sin poder ocultar la curiosidad en su voz al ver ese cambio de actitud en el otro.

Conversar —respondió con una amabilidad forzada— solo… escúchame y si no te parece bien lo que quiero proponerte, me ignoras y listo.

Ya te ignore y volviste.

Pero eso fue porque no me escuchaste.

Entonces… si te escucho y luego te ignoro, te rendirás.

No.

Yuuri rodó los ojos, pero no le quedaba otra opción, se movió a un lado para que Yuri pasara. Este se dirigió de inmediato a la mesa, dejó todo sobre ella y se sentó sin siquiera pedir permiso. El japonés se sentó frente a él esperando que comenzara a hablar.

Come —le dijo en tono de orden mientras sacaba una dona del interior de la bolsa junto a una servilleta y la dejaba frente al azabache, lo mismo hizo con el café— es hora de desayunar.

Yuuri miró desconfiado lo que el otro le ofrecía, así que no tocó nada y esperó pacientemente a que el otro comenzara a explicarle realmente lo que quería. Yuri por su parte comió una dona y bebió un sorbo de su café antes de comenzar a hablar.

Eres demasiado desconfiado ¿Sabes? —Le habló el rubio con tranquilidad— está bien, no te haré perder más tiempo. Mi propuesta es esta.

Yuri le explicó que necesitaba que lo acompañara a Rusia junto al niño, que el pagaría todo y además podía ofrecerle un pago por el tiempo que no trabajaría. El japonés lo miró extrañado por la oferta ya que no sabía para que quería aquello.

¿Crees que viajaré con un desconocido a otro país solo porque si? —preguntó incrédulo y Yuri se puso completamente serio.

Mi abuelo está en sus últimos días, tiene cáncer y no hay mucho que hacer por él —procedió a explicarse mientras intentaba contener las ganas de llorar, no podía mostrarse débil ante nadie— yo vivo aquí desde hace mucho, en este país. Le mentí diciéndole que había formado una familia. Ahora él quiere conocer algo que no poseo.

¿Por qué no le dices la verdad? Pierdes el tiempo aquí cuando deberías estar junto a él —replicó Yuuri, no entendía las razones por las cuales las personas mentían.

No puedo hacer eso ¿Qué tal si muere antes al estar decepcionado? —Habló mostrando un poco de desesperación— necesito que cuando todo ocurra, esté tranquilo, que pueda conocer a su bisnieto y ser feliz.

¿Por qué no contrataste a cualquiera? Podías haberle pagado a alguien con un hijo de cabello rubio y ojos verdes. Hubiese sido más fácil —Yuuri tenía muchas preguntas y no se abstendría de hacerlas.

Yuri suspiró— sé que no lo entenderás, pero quería que aunque sea eso fuera real, que el bisnieto que le presentara fuera realmente suyo, su sangre —se estaba cansando de tanta pregunta, pero sabía que eran necesarias para que el chico se sintiera seguro y terminara aceptando de una vez por todas.

El japonés se quedó en silencio un rato, analizando cada una de las respuestas del otro. Si este decía la verdad, sería muy triste porque esa persona estaba muriendo y lo único que deseaba era conocer a su familiar más pequeño. Solo él podía cumplirle ese deseo y simplemente debía decir que sí, el problema era que con un niño no puedes tomar decisiones apresuradas. Por otro lado Yuuri era padre soltero, tal vez podía hacer que su hijo conociera al único que tenía por parte de su otra familia, además de conocer su país de origen ya que nunca supo de donde era realmente el padre biológico de Yuki. Conocer un poco de sus raíces no sonaba tan mal.

Déjame pensarlo, no es algo que pueda decidir en este momento —explicó comenzando a comer, la ansiedad hacía que le entraran ganas de devorar todo lo que estuviera a su paso.

Cuanto… —el rubio no alcanzó a terminar la frase cuando el pequeño de ojos verdes se le había acercado dejando el peluche de caniche en su regazo— es… muy lindo —habló intentando sonreír. No era bueno con los niños, pero tendría que hacer un esfuerzo, no era que no le gustaran sino que no sabía cómo interactuar con ellos.

Wof wof —Yuki imitó tiernamente el sonido de un perrito mientras movía el peluche un poco.

Yuuri observaba atentamente el comportamiento de ambos, le llamaba la atención como el dicho "la sangre tira" al parecer era cierto. Yuki no era de los que se daba con extraños, era un poco arisco en ese sentido, por lo que le sorprendía un poco que él iniciara la interacción con el adulto.

Yuri acarició el peluche— lindo cachorro —le dijo sonriendo un poco más amplio, tomó una dona y se la extendió al pequeño quien en vez de recibírsela puso al caniche para que se la diera, el rubio obedeció. Yuki se fue corriendo a su habitación con la dona y el cachorro.

Sabe que no debe comer ese tipo de cosas —habló el japonés— por eso se escapó.

Yuri rio por la manera en que el pequeño logró lo que quería para luego levantarse— debo irme ¿Cuándo me tendrás una respuesta? No es por apresurarte, pero tengo el tiempo en contra —habló mientras la sonrisa se borraba de sus labios.

Dame dos días, te responderé entonces —acompañó al rubio a la puerta y este se fue con un simple "nos vemos". Yuuri se quedó pensando sobre que debía hacer, su corazón le dictaba que debía ayudar.

El japonés tuvo un largo día entre la charla y las clases de ballet en casa, las cuales le permitían cuidar de su hijo sin necesidad de una niñera o de dejarlo en un jardín de infantes. Cuando se fueron los estudiantes pudo trabajar desde el computador, ajustando horarios y administrando los pagos que recibía. Yuuri era muy organizado con eso.

Repentinamente su celular sonó anunciando una video llamada, vio que era Víctor y se emocionó, quería contarle todo lo que había sucedido y pedirle su opinión. Hace días que no hablaban gracias a la diferencia horaria y que el trabajo del otro le consumía mucho tiempo.

Hola amor —hablo sonriendo a la cámara tras contestar.

Continuará…