Yuuri tenía una relación a larga distancia con Víctor Nikiforov, un hombre ruso bastante guapo quien estaba saliendo de una relación complicada. Hablaban hace medio año y mantenían un noviazgo hace dos meses, se mantenían en contacto seguido a menos que el platinado tuviera demasiado trabajo y no pudiera contactarlo. El japonés sabía que la vida de Víctor era complicada, se llevaba mal con su ex mujer y estaban en planes de divorcio, al parecer no se hablaban y el ruso se había ido de su casa a vivir a un departamento él solo porque ya no la soportaba.
—Hola Víctor —saludó sonriente y algo sonrojado por la forma cariñosa que le hablaba el otro. Tomó asiento para ponerse cómodo y ver cómo podía abordar el tema sobre lo que estaba sucediendo, quería su opinión y saber si es que habría una oportunidad de conocerlo en persona si decidía aceptar la oferta del rubio e irse a Rusia. No sabía si estarían en la misma ciudad, pero podrían aunque sea verse una vez.
—Te noto distante ¿Qué sucede? —preguntó el platinado, preocupado por lo que le sucedía a su pareja, Vivian lejos por lo que no podía hacer mucho por él, pero podía escucharlo si tenía algún problema— ¿Yuki está bien? ¿Pasó algo?
—Él está bien, no te preocupes —respondió con rapidez, amaba la forma en que Víctor se preocupaba por el pequeño tanto como por él— es solo que… apareció el padre de Yu y no sé cómo debería proceder —le confesó para ver su reacción.
Hubo silencio por unos segundos que al japonés le parecieron eternos— ¿El padre? Pensé que había sido una inseminación artificial —preguntó intrigado.
Yuuri suspiró y procedió a explicarle todo de principio a fin, para él las parejas no debían tener secretos. Víctor lo escuchó atento, al principio no le pareció buena idea, pero sabía que Yuuri era de los que se preocupaban demasiado por otras personas, así que estaba claro que el corazón del japonés se estrujaba del solo pensar en aquel anciano a quien no conocía, pero al que aún así quería ayudar.
—Creo que puedes hacerlo si quieres, aunque no sé si podamos conocernos en persona —respondió con seriedad— ya sabes, el trabajo y esas cosas.
Yuuri se puso triste por un momento, pero era un "no sé" por lo que igual habría una pequeña posibilidad de poder verse a la cara. Así que aceptaría la oferta, lo ayudaría solo para que aquel hombre pudiera conocer a su bisnieto y Yuki lograra conocer parte de su familia paterna, aunque no lo recordara mucho al crecer.
Terminaron la llamada diciéndose muchos "te amo" y mandándose muchos besos a través de la pantalla— Vitya —escuchó Yuuri la voz de su hijo, miro hacia el lado y vio que el pequeño estiraba su mano para tomar el teléfono. Se había hecho un hábito de hablar con Víctor también cada vez que llamaba.
Yuuri le avisó al platinado para luego pasarle el teléfono al infante, sus conversaciones no duraban mucho. Yuki tomó el teléfono y miró la pantalla— Hola, Yu ¿Cómo estás? —saludó Víctor con su sonrisa de corazón y agitando la mano frente a la cámara.
Yuki lo miró fijamente para luego sacarle la lengua— feo, papá es mío —le dijo en su tono infantil y cortó la llamada con el botón rojo. Yuuri rio porque siempre era lo mismo, él de ojos azules había estado intentando ganarse a su hijo cada vez que este pedía el teléfono, pero siempre recibía la misma respuesta de parte del pequeño. Un hermoso y celoso hijo es lo que Yuuri tenía.
El japonés tomó a Yuki en brazos y lo llenó de besos— tú eres mío —le dijo al niño de manera cariñosa para luego llevarlo al baño— hora del baño.
Como siempre llenó la bañera, lo aseó y luego lo secó y vistió para hacerlo dormir con la luz especial encendida. Yuuri se fue a dormir pensando en la propuesta y todo lo que debería arreglar antes de irse ya que no sabía cuánto tiempo estaría allá y pensaba que sería cruel preguntar cuánto tiempo exactamente le quedaba al bisabuelo de Yuki.
Los dos días pasaron con rapidez, Yuri recibió una llamada del japonés quien le pedía que se juntaran en un parque cercano para poder conversar mientras su hijo jugaba en el arenero con otros niños. Al llegar se encontró con que Yuuri ya estaba ahí, de inmediato comenzó a buscar al pequeño con la mirada, con algo de preocupación inconsciente, se tranquilizo al verlo jugando y fue hasta el azabache mayor sin quitarle la mirada al infante.
—Buenas tardes —lo saludó cordial el japonés cuando lo vio sentarse junto a él.
—Hola —saludó dándole una rápida mirada para luego volver a observar al pequeño. No entendía como los padres podían dejar a los niños ahí solos sin estar al lado ¿Y si alguien venía y se lo robaba o un pedófilo intentaba algo? Eso era algo que se veía en las noticias a diario y el japonés se veía demasiado tranquilo.
—Estará bien —habló divertido Yuuri, nunca habría pensado que alguien tan impulsivo podría ser tan atento también— tengo esto —le mostró un pequeño llavero y el rubio no entendía para que servía— si se aleja más de cierta distancia comienza a sonar el que Yuki tiene enganchado en el pantalón, no puede quitárselo porque es con una llave y tiene GPS para encontrarlo con una aplicación del teléfono —procedió a explicar al ver la cara confundida del ruso.
—Bien, entiendo. Lo tienes ultra vigilado como en una cárcel —respondió con ironía— ¿Qué pensaste sobre lo que te dije? —preguntó directo.
—Creo que aceptaré tu oferta —le dijo con tranquilidad— pero tienes que esperar para que deje todo listo aquí. Yuki y yo todos los años viajamos a Japón, así que tenemos los papeles al día para ello, pero debo arreglar lo de las clases que imparto y otras cosas.
Yuri no cabía de la felicidad por haber conseguido lo que necesitaba, no le importaba tener que esperar unos días ya que sabía que podría hacer feliz a su abuelo con aquello y eso era lo único importante para él.
Se quedaron un rato más en el parque, Yuri quería saber más sobre el pequeño, pero el japonés no sabía si sería buena esa cercanía, aunque si lo pensaba bien de todos modos se acercarían al viajar ya que cuando vieran al abuelo del rubio tendría que parecer que se conocían desde siempre. Respondió todas las preguntas que se le ocurrían a Yuri hasta que llegó un momento que el pequeño se acercó a ellos en busca de atención, pero no la del japonés sino la del rubio.
—Tú ven, aquí —le dijo con su infantil voz tomando a Yuri del pantalón y apuntando hacia los columpios—quero volar.
El rubio miró a Yuuri como pidiendo permiso y el otro asintió, no le veía problema puesto que él podía observarlos. Ambos adultos se levantaron para llegar hasta los columpios, el rubio iba a subir al pequeño a uno de los columpios para bebes, pero este se negó pataleando en el aire cuando lo alzó.
— ¡Noooo, yo soy gande! —se quejó el menor y Yuri entendió que quería el columpio para niños más grandes. Yuuri le dijo que no, pero el pequeño insistió y el rubio lo complació.
—Afírmate bien —le dijo observando que este se agarrara firmemente de las cadenas— ¿Listo? Allá voy —comenzó a impulsarlo despacio y por acto reflejo dejaba sus brazos cerca del cuerpo del niño por si se soltaba y se caía, para poder agarrarlo. Yuri sentía su corazón latir con fuerza por el miedo de que Yuki se cayera y no lograra atraparlo, por suerte no sucedió nada y el menor solo se divirtió. Si bien el impulso era poco, se sentía como un niño grande.
Se divirtieron esa tarde en el parque, Yuri jugó como un niño subiéndose a las resbaladillas y ayudando a su hijo a subir al "sube y baja" donde Yuuri se quedaba tras el niño para que no se cayera y el rubio hacía fuerza desde el otro extremo para elevarlo.
Los tres caminaron hacia el edificio del japonés, el rubio tuvo que llevar al menor a caballito puesto que el pequeño era muy exigente y no había como decirle que no. Más bien Yuri por alguna razón no podía negarse ya que el japonés si podía hacerlo ante las cosas que pedía su hijo.
—Nos vemos mañana entonces —se despidió el ruso bajando a Yuki y dejándolo en el suelo.
— ¿Por qué mañana? —preguntó Yuuri— en una semana todo estará listo, nos vemos entonces —no sabía la razón, pero Yuri había pensado que podía pasar un poco más de tiempo con el mocoso, al parecer ambos se llevaban bien y el hecho de cuidarlo no le parecía tan tedioso como había pensado, pero no lo diría ya que no había razones para relacionarse más de lo necesario, después de todo solo era un acuerdo que cumplirían y al terminarlo no volverían a verse.
—Bien, nos vemos en una semana —le revolvió los cabellos al menor y se fue a su hotel, necesitaba comenzar a arreglar todo para el viaje también, ver qué cosas necesitarían una vez allá; además de que no sabía si Yuki tenía ropa adecuada para el frío de Rusia. Se sentía extraño al preocuparse por alguien más que no fuera él mismo o su abuelo.
La semana para Yuuri pasó rápido, aunque fue algo difícil ya que Yuki había estado comportándose un poco mañoso. Todos los días le pedía ir al parque y buscaba con la mirada a alguien, pero al parecer no lo encontraba y se enojaba, se sentaba en un rincón del arenero con los brazos cruzados y se negaba a jugar. El japonés pensó que buscaba a algún otro infante que tal vez se había hecho su amigo, alguien que tal vez no había ido esos días.
Todo se aclaró un día antes de terminar la semana, estaban en el parque y de casualidad el rubio pasó cerca. La alarma en el llavero del japonés sonó y comenzó a buscar a su hijo con la mirada, encontrándolo aferrado a la pierna de Yuri. No quería soltarlo a pesar de que el otro le preguntaba que sucedía. Yuuri entendió que todos esos días su hijo debió haber estado buscando a su padre, definitivamente los genes estaban ganando y el pequeño inconscientemente se estaba encariñando con el que era su progenitor.
Fue otra tarde en el parque con Yuri subiéndose a todos los juegos para seguir al pequeño y que no se hiciera daño. La misma rutina de la vez anterior se repitió y volvió a encaminarlos al edificio, se despidió de la misma manera avisándole a Yuuri que lo pasaría a buscar a las diez de la mañana del día siguiente para que pudieran dirigirse al aeropuerto y viajar todos.
Ya estaba todo listo, Yuuri entró a su departamento nervioso ya que al día siguiente las cosas cambiarían para ellos y tal vez podría encontrarse con aquella persona que tanto ansiaba conocer. Por otro lado al parecer su hijo necesitaba del contacto con el rubio, tal vez podría permitir que se siguieran viendo aún cuando el trato entre ellos se terminara.
Continuará…
