El momento llegó, tuvieron que salir temprano por lo que Yuki aún tenía sueño y se aferraba al cuerpo del japonés, escondiendo su rostro en busca de protegerse de la luz matutina. Yuri los ayudó con las maletas, el taxi ya los esperaba abajo por lo que solo debían subir las cosas y luego acomodarse ellos. El rubio hizo que padre e hijo subieran mientras él se preocupaba de acomodar el equipaje ya que hacía un poco de frío y no quería que el pequeño se enfermara.
— ¿Todo bien? —les preguntó una vez se subió al vehículo y pudieron arrancar.
—Si, Yuki aún tiene sueño —le explicó con tranquilidad. Ambos iban en el asiento trasero, el pequeño estaba envuelto en una mantita para que pudiera descansar un poco más.
El infante logró con mucho esfuerzo sacar una mano de su escondite con la intención de estirarla hacia el rubio, Yuri instantáneamente la tomó y la movió un poco como indicándole que estaba ahí y el pequeño pudo cerrar los ojos con tranquilidad.
—En el avión podrá dormir más, ya que el viaje es largo —le comentó Yuri para hacer conversación.
El trayecto en el vehículo no fue muy largo, una vez en el aeropuerto la espera fue un poco tediosa ya que el pequeño comenzó a impacientarse, quería correr de un lado a otro para después cambiar de opinión y pedir algún juguete que se encontraba en alguna de las maletas y ponerse a llorar por no conseguir lo que quería. Ambos Yuris se turnaron para tomarlo en brazos e intentar entretenerlo con alguna canción.
Yuuri cantaba canciones infantiles mientras el rubio cantaba algunas canciones de rock que conocía, Yuki reía a ratos hasta que por fin pudieron abordar logrando que el pequeño se distrajera con las cosas nuevas que veía alrededor. Si bien ya había viajado con Yuuri antes, al ser tan pequeño su mente olvidaba esa clase de sucesos por no ser recurrentes en su vida diaria, haciendo que todo lo veía fuera como la primera vez.
—Al parecer se te dan bien los niños —dijo el japonés al ver como Yuri le daba al pequeño una cajita de leche y lo convencía de que estaba muy deliciosa, bebiendo él primero y aguantando la cara de asco ya que odiaba las bebidas lácteas.
—En realidad nunca he compartido tanto con un niño, pero él es mi hijo y debemos aparentar que tenemos una relación normal —le explicó una vez vio que Yuki comenzó a beber tranquilamente.
Yuuri pensó que entonces toda esa amabilidad con el pequeño era fingida por su conveniencia, tal vez después de que el acuerdo acabara, el rubio no querría tener ningún contacto con su hijo biológico, después de todo no le sería de ninguna utilidad.
El viaje fue largo, pero entre los dos adultos se organizaron lo mejor posible para cuidar del menor y lograr que no se pusiera de mal humor. Yuki durmió cómodamente en el pecho de Yuri al mismo tiempo que este descansaba la vista también, el japonés no pudo resistirse a tomar una fotografía del momento, puesto que se veían muy tiernos juntos.
Después de tener a Yuki, Yuuri no tuvo ninguna pareja estable. Salía con alguna que otra persona, pero al momento de saber que tenía un hijo, ellos se esfumaban ya que tenían el mal concepto de que tendrían que hacerse cargo del pequeño, que tendrían que hacer el papel de padre y esas cosas. Yuuri no quería una pareja para eso, él solo podía hacerse cargo de su hijo, si bien era un factor importante que la pareja que llegara a tener quisiera a su pequeño, no quería que este se sintiera obligado a responder por el infante ya que esa era una obligación del japonés.
Padre e hijo despertaron poco antes de aterrizar, Yuki lloró cuando tuvo que ser separado del rubio para ponerse el cinturón, pero era necesario. Una persona comenzó a quejarse por el llanto del pequeño y el rubio le dijo que se callara o se levantaría solo para partirle la cara. El japonés quedó impresionado y un poco asustado por la actitud violenta del rubio, no sabía que sentir ya que por un lado se sintió seguro porque siempre se sentía mal cuando Yuki lloraba y alguien alegaba, ya que pensaba que molestaba a los demás y por otro lado creía que la reacción de Yuri era un poco desmedida. Lo importante era que el hombre extraño dejó de molestar por lo cual sirvió que el rubio estuviera ahí.
—Nos quedaremos en la casa del abuelo, dejaré una habitación para ustedes dos —les explicó mientras entraban a la vivienda— avísame que es lo que necesitas, ya que no sé mucho sobre cuidado de infantes ¿Una cuna? ¿Silla de comer? ¿Biberones? Cualquier cosa. Solo dime —dejó las maletas en la sala para luego subir las escaleras y ver la habitación de invitados— ¡Vengan un momento!
Yuuri subió con el menor en brazos, la habitación tenía solo una cama individual, un velador y un ropero— necesitaremos una cama infantil con baranda —le explico de inmediato el japonés mientras bajaba a su hijo para que pudiera caminar un rato— una silla para comer, una puerta para la escalera y creo que eso sería todo por el momento.
Yuri asintió a modo de entendimiento mientras ayudaba a Yuki a subir a la cama, el infante comenzó a saltar torpemente sobre ella, casi cayendo varias veces al estar muy a la orilla, pero el rubio lograba alcanzarlo antes de que tocara el suelo. En la última ocasión logró agarrarlo de un pie, haciendo reír al niño por como lo tenían colgando, mientras los dos adultos quedaron con el corazón en la garganta por el susto.
—Entonces vamos de inmediato a comprar —les dijo para luego retirarse de la habitación con la intención de subir el equipaje, después de todo eran cosas que necesitarían en la habitación.
El japonés buscó ropa mas abrigadora ya que Rusia era bastante frio, el rubio sabía que tendrían que pasar a comprar vestimentas más adecuadas para los otros dos y él debía hacerse cargo de esos gastos ya que era parte del trato. Yuri pagaría todo lo que necesitaran en su estancia en Rusia, además de pagarle una suma de dinero a Yuuri por ayudarle de esa manera.
Una vez listos se dirigieron a las tiendas, Yuri tenía la camioneta del abuelo así que fueron en ella— también necesitaremos una silla de auto —hablo el japonés una vez subieron al vehículo. Parecían una familia ya que Yuuri le pedía las cosas con normalidad al rubio y este asentía como si fuera lo más común del mundo.
Fueron a un centro comercial, el pequeño quiso caminar e ir en medio de ambos Yuris tomando sus manos, colgándose de ellas de vez en cuando ya que le parecía divertido. Los adultos lo dejaban ya que así no causaba tantos problemas, después de todo en ocasiones se ponía muy inquieto.
Primero se metieron a las tiendas de ropa infantil, Yuki se molestó ya que debían cambiarle la vestimenta a cada momento para probar como le quedaba, además se llevaron prendas más grandes puesto que no sabían cuanto tiempo estarían ahí y el pequeño crecía rápido. Yuri tuvo que convencer al menor con la última ropa, ya que se negaba rotundamente a ponérsela mientras se escondía. Increíblemente el rubio se armó de paciencia para ofrecerle un helado y hablarle "lindo" lo cual funcionó en ese momento.
La siguiente tienda que visitaron fue para comprarle ropa al azabache, Yuri creía que el japonés no tenía buen gusto por lo que él escogió lo que usaría, cuando este se negó el rubio le dijo que tomara esto como un trabajo y la ropa como su uniforme, así que no podía objetar.
Le pasó muchas prendas para luego arrastrarlo hasta uno de los probadores, mientras él esperaba afuera vigilando al menor. Yuuri se demoraba demasiado, ya estaba a punto de golpear la puerta cuando el otro salió dejándolo con la boca abierta. Cuando conoció al japonés, este usaba ropa ancha como si ocultara algo entre ellas, ahora con prendas un poco mas ceñidas al cuerpo a pesar de ser de invierno se podía apreciar parte de su figura.
El japonés estaba sonrojado y se abrazaba a sí mismo al no estar acostumbrado a usar vestimentas de ese tipo— ¿Tan mal me veo? —preguntó mirando en cualquier dirección menos en la del ruso. Creía que el otro se había quedado en silencio porque no le gustaba.
—Te ves… —"hermoso" pensó— decente —respondió pasando saliva y obligándose a hablar.
—G-gracias —respondió nervioso y volvió a entrar al probador. La acción se repitió algunas veces más hasta que terminó. Yuuri había entrado nuevamente al probador para ponerse la ropa que traía en un principio, mientras el rubio comenzaba a entrar en un ataque de pánico al darse cuenta que había perdido de vista al infante. Estaba desesperándose y esperaba poder encontrarlo antes de que Yuuri saliera del probador, lo cual no le daba mucho tiempo. Preguntó a algunas vendedoras que le coquetearon en vez de ayudarle y algunas personas que compraban en el lugar. Nadie había visto a su hijo.
— ¿De casualidad no vio a mi hijo? Es un pequeño de dos años, cabello verde y ojos negros… —habló con desesperación, sintiéndose estúpido por unos segundos— perdón ojos verdes y cabello negro —el guardia negó con la cabeza, pero llamó por radio para que el personal de la tienda estuviera atento.
Yuuri salió del probador sin poder encontrar al rubio, como no hablaba ruso decidió quedarse donde estaba, repentinamente sintió una risita que se le hacía conocida y provenía de un perchero lleno de ropa. Se acercó y se agachó para poder correr las prendas, en medio de todo se encontraba Yuki agachado abrazando sus piernas mientras reía y ponía su índice sobre los labios en símbolo de silencio.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Yuuri, sonriéndole mientras pensaba en una y mil maneras de matar al ruso por no estar cerca de su hijo en el centro comercial. Además de que no le había puesto la pulsera con GPS.
—Escondido —respondió el pequeño en tono divertido.
—Ya te encontré, así que terminó el juego —lo tomó en brazos justo en el momento que Yuri llegaba hasta ellos, al verlos juntos se puso mas pálido todavía ya que lo habían descubierto.
El evento no pasó a mayores, Yuuri al ver al ruso tan asustado decidió que ese había sido suficiente castigo por su distracción y que debió haber aprendido su lección. Por su parte Yuri abrazó con fuerza al pequeño y lo llevó durante el resto de las compras en sus brazos o a caballito.
—Me asustaste mocoso —lo único que recibió como respuesta fue un suave golpe en la cabeza de parte del pequeño al cual llevaba en sus hombros.
Comieron helado y terminaron de comprar todo lo necesario. Por esa noche Yuuri debería dormir en la misma cama con su hijo ya que la nueva llegaría al día siguiente junto a la silla de comer. Las puertas para la escalera y la silla de auto se las habían llevado de inmediato, aunque tuvieron problemas para instalar la silla.
Yuuri no tenía auto y el rubio nunca había tenido a su hijo con él, por lo que ninguno sabía como ponerla. Aunque parecía fácil, ambos tenían ideas distintas y discutían sobre cómo se hacía. Una pareja que se había estacionado junto a ellos, se apiado de su situación y les ayudó a ponerla correctamente.
Había sido un día agotador y al siguiente irían a ver al abuelo Nikolai, por lo que Yuuri comenzaba a ponerse nervioso— ve a tomar un baño en la tina —le dijo el rubio— yo cuido al enano.
Yuki jugaba en la sala con unas figuritas de animales, imitando los sonidos mientras Yuri veía la televisión desde el sofá— está bien, te lo encargo —respondió el japonés.
Ya habían instalado las puertas por lo que era imposible que el infante subiera la escalera, además de que en la sala no había tanto problema y suponía que el rubio ya había aprendido que al menor descuido podían pasar muchas cosas.
Continuará…
