Yuki jugaba tranquilo hasta que fijó su vista en el rubio un momento, se levantó y fue hasta el televisor para cambiar los canales ya que en casa lo hacía con su padre y a este le parecía divertido.
— ¡Hey! Estaba viendo eso —le dijo un poco molesto, no estaba acostumbrado a convivir con infantes. El niño lo miró para luego seguir apretando el botón mientras observaba desafiante al adulto— Yuki, deja eso. Ahora —parecía una guerra de miradas, el menor se había detenido, pero su pequeño dedo seguía en el mismo lugar y Yuri fruncía el ceño preguntándose si el azabache haría caso o desobedecería.
El pequeño volvió a presionar el botón, debió haberlo adivinado ya que él era igual de pequeño. Si su abuelo estuviese en casa le diría que era el karma.
Se levantó para sacar al menor de ahí, pero simplemente no pudo. Cuando Yuki llegó al canal de dibujos animados y comenzó a bailar sin ritmo la canción del programa infantil, con su mirada fija en la pantalla, el rubio supo que estaba perdido. Suspiró y se sentó en el suelo cerca del pequeño azabache para ver el aburrido programa que terminó capturando su atención también, dejándolo tan concentrado que no se dio cuenta en el momento que el pequeño se había sentado en sus piernas y ambos tenían la vista fija en la pantalla.
Yuuri terminó de bañarse pensando en lo agotador que había sido salir apenas llegaron del viaje. Se vistió y bajó las escaleras encontrándose con padre e hijo viendo dibujos animados, ambos con la boca abierta y muy atentos como si aprender las vocales fuera algo muy interesante para un adulto.
Tosió levemente haciendo que Yuri volteara el rostro hacia él— Yuki me cambio el canal —dijo a modo de acusación y el japonés quiso reír por lo infantil que sonaba eso.
—No te preocupes, Yuki debe tomar un baño y dormir ahora —le dijo acercándose y tomando al pequeño en brazos.
—Nooo —comenzó a quejarse el menor mientras se movía intentando bajar de sus brazos— papá no —comenzó a estirar sus bracitos hacia el rubio esperando ser rescatado.
Yuri quería de verdad salvarlo, pero el japonés era el que mandaba y no podía desautorizarlo delante del niño— lo siento, enano —le dijo acercándose y revolviéndole el cabello— haz caso y te leo un cuento ¿Si? —fue lo único que se le ocurrió para tranquilizarlo y al parecer había funcionado, ya que el menor se quedó tranquilo, aunque en su rostro se notaba que seguía enojado.
—Gracias —le dijo Yuuri para luego llevar al pequeño al baño, como siempre lo aseo y después lo llevó a la habitación para ponerle el pijama y acostarlo a dormir.
Al poco tiempo apareció el rubio en la habitación para cumplir con su palabra, se quedó de pie en el umbral de la puerta mientras observaba el cariño con el que el japonés cuidaba del infante, hablándole de manera cariñosa, cantándole canciones e intentando que el pequeño se pusiera la ropa sin hacer tanto escándalo ya que no le gustaba vestirse.
—Cueto —dijo Yuki apenas vio a Yuri en la puerta.
—Oye, no me llamo así —se acercó y se sentó a los pies de la cama— Yura —dijo mientras se apuntaba a sí mismo— vamos, dilo… Yu-ra —le habló más lento en un intento de que lo llamara por su nombre.
—Yu-a —dijo el menor. Eso ya era un progreso e hizo que Yuuri lo felicitara por decirlo— Yua… cueto —le dijo de inmediato, al parecer era un niño demasiado interesado.
El japonés buscó uno de los libros infantiles que había traído con él y se lo paso al rubio para que pudiera leerle, acomodo a Yuki en la cama mientras Yuri observaba como el padre del niño se veía en pijama, recordando como lucia con la ropa que había escogido para él.
—Había una vez… —comenzó a leer el ruso mientras el pequeño lo observaba con atención, la historia era corta por lo que no tardó mucho en leerla y a pesar de que para él era aburrida y predecible, imitó las voces de los personajes haciendo que el pequeño se riera por ello. Todo lo que Yuri hacía debía hacerlo bien, no le gustaba ser mediocre.
Después de eso el menor se durmió feliz, Yuuri fue a prender la luz espanta-monstruos para que su hijo no tuviera miedo en la noche, cosa que el ruso no entendía, pero no decía nada. El japonés se dio cuenta de que tendrían que comprar otra o un adaptador ya que al cambiar de país el enchufe no era el mismo— ¿Tienes alguna lámpara pequeña? —el rubio negó con la cabeza mientras pensaba en una solución.
—Podrías dejar el teléfono encendido, yo te presto un cargador ya que el tuyo tampoco funcionara aquí —le ofreció y el azabache aceptó de inmediato— buenas noches —le dijo luego de pasarle el transformador y acercarse para dejar un beso en la frente del niño.
—Buenas noches —le dijo Yuuri inclinando levemente la cabeza. Cuando se fue el rubio, se metió en la cama junto a su pequeño para poder dormir, el día siguiente sería muy importante y tenía que saber cómo comportarse para que el abuelo del rubio no dudara de que eran una familia, esperaba que Yuri le explicara en el desayuno como era que debían actuar y que tanto le había dicho a Nikolai sobre ellos.
Se levantaron temprano por la alarma del teléfono, Yuuri y Yuki se vistieron para luego bajar y darse cuenta de que el rubio había comenzado a preparar el desayuno para los tres, aunque fruncía un poco el ceño como si no entendiera algo.
—Buenos días —dijo Yuuri al entrar en la cocina— ¿Pasa algo?
—Hola, yua —habló el menor entrando rápido y acercandose al rubio para agarrarse de su ropa e intentar ponerse de puntitas inútilmente con el objetivo de ver que hacía el ruso en el mesón.
—Buenos días. No sé preparar leche o como la toma el enano —dijo sin mirar a ninguno de los azabaches.
Yuuri se acercó y en dos minutos ya la tenía lista, le explicó cuantas cucharaditas de leche y azúcar llevaba, además de mostrarle la temperatura aproximada a la que debía estar para que no se quemara el pequeño. El rubio observó con atención y puso la leche en la taza con boquilla que habían comprado para el menor.
Se sentaron a desayunar mientras el rubio le explicaba al japonés que debían fingir ser una familia completa, que siempre le había hablado a su abuelo de que tenía una pareja, pero nunca le había dicho si era hombre o mujer, así que no tenía mucha relevancia. Usualmente cuando hablaba con su abuelo evadía el tema o hablaba muy por encima de este, distrayéndolo con otras conversaciones para que se le olvidara, estaba seguro de que su abuelo sabía que todo era falso, pero ahora dudaría al llevarle a un pequeño igual a él, porque no tenía como negar que fuera suyo.
Terminaron de desayunar y arreglaron un bolso con todo lo esencial para el menor. Yuuri agradecía que hace pocos meses Yuki ya sabía ir al baño, por lo que ya no necesitaba pañales para él, solo algunas mudas de ropa por si acaso, su vaso con boquilla, toallitas húmedas y mantillas.
Fueron en el vehículo a la clínica donde tenían al abuelo, Yuri pasó a recepción a hablar mientras los azabaches esperaban para luego subir por el ascensor a donde estaba la habitación privada de Nikolai. El rubio entró primero, dejando a los otros dos afuera para poder avisarle al mayor a quienes traía, preparandolo un poco.
—Hola, abuelo —le dijo sonriendo y acercándose para abrazarlo con cuidado y dejar un beso en su mejilla— ¿Cómo te has sentido? —le preguntó sentándose a los pies de la cama de hospital.
—Yuratchka, volviste —le habló con alegría— solo quiero irme a casa, ya me siento bien, pero ellos no quieren dejarme ir —dijo un poco molesto— pero cuéntame ¿Cómo va todo? ¿La familia? —le preguntó mirándolo fijo, haciendo que su nieto se pusiera nervioso, aunque no lo demostró.
—De hecho, los traje —soltó de repente logrando que el anciano se sorprendiera de ello, la verdad era que dudaba de su nieto, pero no le decía nada ya que sabía que le decía esas cosas solo para complacerlo. Ahora pensaba que tal vez había contratado a alguien, pero no estaba seguro de que su Yura llegara a ese punto.
— ¿En serio? Quiero verlos —sonrió mientras el rubio se levantaba y caminaba hasta la puerta haciéndole señas a alguien para que entrara.
Yuuri entró y de su mano Yuki, quien miraba con curiosidad el lugar. Nikolai quedó completamente impresionado, era como un pequeño clon de su nieto, pero con el cabello azabache, sus facciones y sus ojos eran de Yura y eso no había forma de negarlo.
—Buenos días —dijo en inglés, por suerte Yuri le había dicho que Nikolai hablaba ese idioma.
—Buenos días, muchacho —le habló amablemente, recién reparando en el hecho de que la otra persona era un chico, no era anormal en esos días con tantos hombres que nacían con la capacidad de poder concebir vida en su interior, aunque nunca se imagino que su nieto estaría con otro hombre. Ahora le calzaba que cambiara de tema, seguramente su Yura había tenido vergüenza de decirle toda la verdad y prefirió hacerlo ahora que sabía que les quedaba poco tiempo— me alegro de por fin conocerte, Yuratchka me ha hablado mucho de ti.
Yuki se acercó al rubio para estirar sus brazos, pidiéndole que lo tomara a lo que este le hizo caso para luego acercarse a su abuelo— abuelo, este es Yuki, tu bisnieto —sentó al menor junto al ruso mayor— Yuki, este es el abuelo Nikolai —le habló con voz suave esperando que el pequeño entendiera, después de todo no le estaba mintiendo. Biológicamente ese era su abuelo.
— ¿Cómo estás, Yuki? Es un gusto conocerte al fin —Nikolai tomó una de sus manos como si la estrechara y el menor lo dejó para luego bajar el cierre de su chaqueta dejando ver su peluche de cachorro escondido en esta. Lo sacó de su escondite para dejarlo sobre el abuelo y acariciarlo como si fuera de verdad.
El mayor también lo acaricio siguiéndole el juego al más pequeño, se sentía feliz de que no hubiera sido una mentira y que hubiese logrado conocer a su bisnieto por fin.
—Ben —respondió luego de que ambos acariciaran al cachorro— ¿Y tú? —preguntó mirándolo a los ojos.
Yuuri solo observó la escena en la distancia, no sabía bien como actuar en ese caso, solo agradecía internamente de que su hijo no hubiera rechazado el estar con una persona que a él se le hacía extraña. El rubio se le acercó para murmurarle al oído que se acercara a ellos, apuntándole una silla que había junto a la cama. Yuuri asintió y se dirigió al lugar.
— ¿Co- como se ha sentido? —Preguntó el japonés con algo de nervios— ¿Lo han tratado bien aquí?
—Me he sentido bien, uno que otro dolor, pero los analgésicos hacen bien su trabajo. Gracias por preocuparte —le dijo sonriendo mientras Yuki jugaba con el peluche junto a él.
—Me alegro por eso —le respondió intentando sonreír, le daba un poco de tristeza saber que Nikolai estaba solo en esa habitación y que recién ahora su familia podía verlo ya que Yuri estuvo varios días intentando traerlo a Rusia— ¿Le gustaría que le trajera algo para entretenerse? ¿Algún libro? —preguntó curioso, quería saber para poder ayudar un poco a mejorar la estadía del ruso mayor.
—Eres muy amable, si pudieras traerme unas revistas con crucigramas sería muy feliz. Eres el único que me ha preguntado —Yuri frunció el ceño ya que por su cabeza nunca había pasado la idea de que su abuelo podía aburrirse ahí.
El rubio se acercó a Yuki y lo tomó en brazos para luego acercarse a Yuuri— iré a comprar algo en la cafetería para que no se aburra —había notado al menor inquieto— vuelvo enseguida — le dijo agachándose para dejar un rápido beso en sus labios, el cual Yuuri no se esperaba para nada por lo que enrojeció hasta las orejas.
Continuará…
