El beso tomó a Yuuri por sorpresa, pero debían aparentar ser una familia normal y eso en una pareja era algo común, así que decidió aparentar que todo estaba bien. Al quedar a solas con Nikolai hablaron de muchas cosas como de donde provenía y que hacía, si trabajaba o se dedicaba al hogar. Yuuri respondió a todo con tranquilidad, esperando no decir algo que diera hincapié a dudas por parte del abuelo.

Dijeron que me darían el alta cuando viniera mi nieto ya que no puedo estar sin nadie que me cuide —le explicó al azabache— ya sabes muchacho, hay muchas cosas para las que necesito ayuda ahora y es una molestia.

Pero ahora estamos Yuri y yo, si quiere ir a casa no hay problema —le ofrecía con amabilidad el japonés, Nikolai se denotaba como una buena persona, no discriminó ni puso una mala cara al conocerlo, por lo que eso le agrado. Además la idea de que su hijo compartiera con su familia consanguínea le gustaba, más al ver que Yuki se llevaba bien con ellos aún sin conocerlos.

No me gustaría ser una carga —confesó el mayor— no soy de los que les gusta dar lastima o esas cosas.

Me imagino que su nieto tenía que sacar algo de usted —le dijo divertido, en lo que había compartido con el rubio había notado lo orgulloso que podía ser— pero piense que su nieto y bisnieto quieren estar con usted, además de que es lo mínimo que podemos hacer después de que usted crió a Yura —se explicó el azabache, Yuri le había contado parte de su historia para que estuviera familiarizado con esta.

Te lo agradezco —respondió ya más tranquilo por la oferta, la verdad es que si tuviera que elegir donde pasar sus últimos días, no sería en una habitación llena de médicos y enfermeras, sino en su casa rodeado por su pequeña familia— creo que te tomaré la palabra. Eres muy bueno, Yuuri, me alegro que mi nieto encontrara alguien como tú.

Al japonés se le removió el corazón, no sabía que la aceptación de un desconocido iba a significar tanto para él. Nikolai le contó cosas que Yuri omitió, como lo difícil que fue para él ir creciendo sin su madre y solo con su abuelo, las llamadas llorando desde el extranjero cuando lo echaba de menos y las veces que dejó de comer para mandarle dinero porque se preocupaba por él. Todo eso Nikolai lo sabía aunque el rubio no lo dijera, después de todo lo conocía como la palma de su mano.

Yuuri tenía un pequeño complejo luego de haber tenido a un bebé y ese era que no podía dejar a las personas solas cuando necesitaban ayuda, en este caso y por lo que Nikolai dijo, Yuri necesitaba de alguien a su lado que lo motivara y estuviera con él en el momento que su abuelo partiera al más allá.

El japonés prometió acompañar a Yuri en todo lo que este requiriera y aunque no sabía si podría cumplir con ello, por lo menos lo intentaría.

Poco a poco y sin quererlo se iban creando lazos afectivos con las personas a su alrededor, iba sintiendo como familia a los Plisetsky, aunque no lo eran y la única conexión entre ellos era su pequeño hijo que se había ido junto a Yuri.

Mientras bajaba por el ascensor con el pequeño en brazos, Yuri se preguntaba a que se había debido aquel impulso de besar al japonés. Solo sabía que era lo más razonable que podía haber hecho ya que debían aparentar ser una pareja normal y eso era lo que ellos hacían, así que estaba bien. Yuki solo había observado el gesto, pero no había dicho ni hecho nada, hasta que cuando se abrieron las puertas y salieron, el menor le agarró el rostro y dejo un beso en la mejilla del rubio.

Yuki no solía demostrar mucho su afecto y menos en público, sus besos y abrazos estaban guardados para su padre Yuuri y de vez en cuando para sus abuelos Hiroko y Toshiya, pero no solía hacerlo con nadie más. Aún así el pequeño sintió que si el rubio había besado a su padre, entonces era parte de ese círculo invisible al que Yuuri dejaba entrar a pocas personas y que eran de confianza.

La mentalidad del infante era simple, si a él le caía bien y a su padre también, significaba que podía acercarse e interactuar con normalidad.

Oye, enano ¿Qué fue eso? —le preguntó algo sorprendido mientras seguía caminando hacia la cafetería.

Enano no —le dijo el pequeño molesto— yu-mi —le dijo lento y apuntándose a si mismo. Yuri soltó una pequeña risa.

Bien, Yuki ¿Qué vas a querer? —Le preguntó— no te preocupes que no le diremos nada a tu papá.

Eso sí lo entendió claramente el infante, escogió unas galletas con chispas de chocolate y una Coca-Cola. Se sentaron en una de las mesas para que el menor comiera tranquilo y sin que el japonés los pillara. El rubio no entendía por qué tanta prohibición con los dulces, los niños siempre comen ese tipo de cosas y los hace felices.

No fue hasta que después de un rato el pequeño azabache quería andar corriendo por todos lados que se dio cuenta de que el azúcar y la cafeína ponían al menor aún más inquieto de lo normal. Tuvo que perseguirlo bajo las sillas y bajarlo de una mesa, donde no sabía como logró subir si solo se había dado vuelta un segundo para disculparse con una señora a la que paso a llevar por ir tras Yuki.

Los niños eran demasiado impredecibles, sobre todo cuando el infante paró en seco y comenzó a hacer un baile extraño— pipi —fue lo que dijo y Yuri quiso tirarse por la ventana. Su hijo quería ir al baño, pero él no sabía las reglas sobre eso. Sí, era su padre, pero lo conocía hace solo una semana. Estaba claro que no le haría nada raro, pero no por eso Yuuri se lo tomaría a bien ¿Debería llamarlo? ¿Alcanzaría a llegar antes de que el niño se hiciera encima?

No lo pensó dos veces y lo llevó a los baños, había uno que era para niños, a su medida, así que entró ahí donde habían un montón de personas con sus pequeños. Hizo pasar a Yuki a un cubículo y cuando iba a cerrar la puerta el menor le tomó la mano para que entrara, pero le indico que se cubriera los ojos. Yuri hizo caso y se tapó los ojos hasta que escucho el ruido de la cadena del baño, el agua correr y un "listo" con esa vocecita infantil.

Se destapó los ojos y se encontró con el menor intentando subirse el pantalón, se agachó y lo ayudó notando lo tierno que se veía con un bóxer miniatura. Se sintió tonto por hallar tierno algo así, él no era de los que veía ropa de bebé y alucinaba como algunas personas, pero ahora que conocía a su hijo, al parecer sus intereses se habían ampliado.

Fueron a lavarse las manos, el rubio ayudó a Yuki y luego se secaron para subir nuevamente a ver al abuelo. No tardaron mucho en subir y en que el menor lo delatara diciéndole a Yuuri que bebió Coca-cola a lo que el japonés le dio una mirada que parecía que asesinaría. Nikolai soltó una carcajada al ver la escena frente a él.

La primera vez que le di a Yuratchka un refresco, falto poco para encontrarlo sobre el techo por lo inquieto que se puso —recordó en voz alta, amenizando el ambiente.

Yuki quiso volver a subir junto a Nikolai y ver si había cuidado bien a su cachorro. Una vez ahí abrazó a su peluche con mucho cariño, como si lo hubiese extrañado demasiado.

Hablaron más para luego bajar a la cafetería a almorzar, el menor nuevamente quería una Coca-cola, pero esta vez fue Yuuri quien impuso orden y se lo negó, al pequeño no le quedo más remedio que conformarse con un jugo y la comida que servían ahí, pero ya sabía que al rubio podía convencerlo de lo que quisiera.

Volvieron donde Nikolai y le llevaron una revista de crucigramas mientras Yuki tenía un libro para colorear y unos lápices, se entretuvo sentado junto al abuelo mientras pintaba intentando inútilmente no salirse de las líneas hasta que al final pintaba toda la hoja para luego mostrar su obra a los adultos y que ellos lo halagaran por ser un gran artista.

A Nikolai le fallaba la vista y no tenía sus lentes con él, por lo que Yuuri le leía el crucigrama y le decía la cantidad de letras para que luego el mayor le diera una respuesta y él anotarla. Aunque no se lo hubieran imaginado, se entretuvieron llenando varios, en ocasiones le preguntaban al rubio cuando no sabían la respuesta y este hacía trampa buscando con su celular, solo para poder completar el juego. Fue entretenido el tiempo que estuvieron ahí, incluso rieron en varias ocasiones.

La hora de la visita se terminó dando comienzo a la hora de las despedidas, Yuri le avisó a su abuelo que haría todo lo posible para que lo dejaran salir al día siguiente para poder llevarlo a casa. Nikolai se despidió de su nieto, Yuuri y su bisnieto, había quedado muy contento con la visita recibida y esperaba poder verlos todo lo que le quedaba de tiempo. Sabía que volver casa significaba que no habría una enfermera asistiéndolo seguido, pero se conformaba con pasar tiempo con su familia.

Yuki le dejó su peluche al abuelo con la intención de que no se sintiera solo, volvió a ponerlo sobre el pecho del mayor y agarró la mano de Nikolai para guiarla y que le hiciera caricias al cachorrito— cuídalo abu —le dijo para luego irse tomado de la mano de sus padres.

Ese día no fue tan agotador como el anterior, al menos no para el japonés porque el rubio sí que corrió bastante en ese momento. Mientras iban a casa Yuri le comentó al azabache que tuvo que llevar al pequeño al baño, pero que se cubrió los ojos hasta que este le dijo, a Yuuri no le pareció mal, después de todo era su padre y Yuki no había cambiado su actitud como para que indicara que algo hubiese pasado.

Al llegar a casa recibieron el pedido de la cama nueva y la silla de comer, ambos Yuris instalaron la cama lo cual tardo más de lo que debería al no ponerse de acuerdo. Yuri decía que no era necesario ver las instrucciones, que era tan fácil que podía armarla hasta con los ojos cerrados. Mientras el japonés veía el manual y le decía que estaba equivocado al poner las piezas a lo que el rubio se enojaba diciendo que su manera era más fácil y mejor, Yuki agarraba piezas pequeñas y las escondía para que el ruso no las encontrara.

Al final terminó Yuri con Yuki fuera de la habitación, exiliados por el japonés ya que no aportaban mucho y se estaba hartando. En menos de una hora ya tenía la cama completamente armada y lista para que el menor pudiera utilizarla.

Esa noche Yuuri pudo hablar con Víctor, le avisó que había llegado a Rusia el día anterior y que estaban en San Petersburgo. El platinado le dijo que no estaban muy lejos por lo que sería muy probable que pudieran juntarse alguna vez, pero no en su departamento, en algún café por ahí y después ir viendo que podían hacer. El japonés quedó muy contento con la respuesta por lo que se acostó a dormir feliz.

Yuri sin quererlo y al estar en habitaciones contiguas, escuchó aquella conversación y no le pareció para nada bien. Yuuri llevaría al hijo de ambos donde un extraño que había conocido por internet, no le importaba que el japonés saliera con alguien, pero en él nacía el miedo de que algo le pasara a su hijo.

Continuará…