Abuelo, yo… —no tenía palabras, le había mentido y no quería hacerlo enojar sobre todo por su estado de salud— no sabía que mas hacer, tú querías conocer a tu bisnieto y yo…

Está bien —le habló tranquilo el mayor, logrando que Yuri se sorprendiera un poco, se esperaba un regaño o algo así— debe ser difícil para ti también, el estar separados y fingir que están juntos solo para complacerme —Nikolai entendía que debía ser muy triste aquello, sobre todo porque veía que su nieto de verdad se interesaba por su hijo, pero se notaba que no había pasado mucho tiempo con él, por lo que seguramente Yuuri tenía la custodia y solo lo veía a ratos— Yuuri es un buen chico, así que me imagino que debiste ser tú el que rompió esto y te sientes culpable.

Yuri quería darse un tiro en la cabeza, ahora tendría que fingir que se sentía culpable por un error que no cometió, que de hecho no existía. Por otro lado ¿Por qué su abuelo lo creía el culpable? Estaba seguro que el japonés no debía ser ningún santo tampoco, en poco tiempo Yuuri se había ganado el cariño de su abuelo y eso le molestaba. Nikolai era suyo y de nadie más.

S-si, la verdad es esa, pero yo quería que vieras una familia feliz —le respondió intentando sonar sincero y que no se notara la molestia en su voz de que su abuelo confiara mas en un extraño que en él— pero ahora que lo sabes, no debemos fingir mas.

Pero Yuuri no sabe que lo sé —respondió el anciano con media sonrisa en el rostro, como si planeara algo— quizás el seguir fingiendo te ayude a recuperarlo —le dijo mirándolo a los ojos— Yuratchka, da lo mejor de ti para poder tener a tu familia contigo ¿Está bien?

Como podría decirle que no a aquello, dio un suspiro cansado que su abuelo lo interpreto como cansancio de tanto intentar— está bien. Si tu lo dices, así debe ser —le respondió para luego mandarlo a dormir nuevamente. Nikolai hizo caso esta vez.

Yuri se quedo solo en la sala, se sentó pensando en el japonés que aún no volvía, esperando que estuviera bien y que la otra persona no fuera un maldito psicópata. Si algo le pasaba se sentiría culpable por no haberlo acompañado, además de que seguramente la familia de Yuuri le quitaría a Yuki y no lo dejarían verlo ya que no había ningún papel que acreditara que era su hijo.

Si lo pensaba detenidamente, aunque el acuerdo acabara, quería seguir participando en la vida del menor, inconscientemente se sentía parte de su crianza ahora y podía imaginar cosas que podría enseñarle al crecer, así como los consejos que podría darle y ayudarlo cuando este lo necesitara.

Se quedó dormido esperando que Yuuri llegara a salvo a casa, quería verlo y saber que estaba bien.

Yuuri llegó al lugar indicado, encontrando a Víctor esperándolo justo en la esquina de la calle para que no se perdiera. Su corazón latió con fuerza al poder verlo frente a frente por primera vez, sin cámaras de por medio y logrando escuchar su voz en vivo y en directo.

Víctor —llamó al platinado y este sonrió al instante en que escuchó su voz, Yuuri estaba sonrojado y nervioso.

Yuuri, por fin puedo verte —se acercó y lo abrazó como si siempre hubieran hablado de esa manera, Víctor era una persona afectiva y Yuuri tendía a ser más distante, pero aún así recibió aquel abrazo.

Me alegro de que podamos encontrarnos en persona —se sonrieron el uno al otro al separarse y se dirigieron a un restaurante tras intercambiar un par de palabras más.

En el lugar, Víctor le indicó al japonés donde sentarse y que cosas podía pedir del menú, del cual el japonés no entendía nada y hacía reír al platinado suponiendo que era cada plato. Conversaron de lo mismo de siempre, Víctor ayudaba a amenizar el ambiente y a llevar bien la conversación entre ambos para que Yuuri no se pusiera nervioso.

El japonés se sentía a gusto con el otro, era como si congeniaran bien, como si lo entendiera en la mayoría de los aspectos de su vida como padre de un pequeño— Víctor ¿Cómo es que sabes tanto sobre niños? —preguntó curioso en un momento, nunca había nombrado niños de por medio, solo a la pareja de la cual se estaba divorciando.

El platinado se puso serio un instante y dio un suspiro antes de responder— yo… tengo una hija un año mayor que tu pequeño —le confesó de repente y sin mirarlo.

¿Por qué no me lo dijiste? —le preguntó curioso.

No lo preguntaste —le respondió volviendo a sonreír— no lo creí necesario al principio y luego ya no lo había dicho —desde ese punto Víctor cambió el tema de conversación, haciendo que el japonés comenzara a pensar que algo ocultaba, pero no podía dilucidar que era. Después de una hora dejó de tomarle importancia y prefirió seguir pasándola bien, después de todo podrían verse de nuevo en otra ocasión.

No se dio cuenta de cómo pasaron las horas hasta que vio su teléfono sintiéndose nervioso por su hijo, ni siquiera había llamado para saber cómo estaba o algo así. Se estaba confiando demasiado y eso no estaba bien, le pidió a Víctor que lo acompañara al taxi y le diera la dirección que el tenía, pero el platinado le dijo que mejor él mismo lo llevaba en su auto, a lo que el japonés acepto de inmediato.

Llegaron en poco tiempo, despidiéndose al bajar y prometiendo que se verían de nuevo. Yuuri le sonrió una última vez antes de tocar la puerta de la casa y esperar que no estuvieran todos durmiendo, había sido un desconsiderado y debería compensar al rubio de alguna manera luego.

Yuri despertó por el sonido de la puerta y se levantó corriendo a abrir, casi chocando con los muebles al estar medio dormido— Yuuri —dijo de inmediato al llegar y verlo en la entrada, lo abrazó para luego soltarlo rápidamente— ¿Por qué mierda llegas a esta hora? —le preguntó alterado, pero controlando el volumen de su voz para no despertar a nadie— ¿Sabes lo preocupado que me tenías? —se movió hacia un lado para dejarlo entrar puesto que hacía frío.

Lo siento —le dijo el azabache sin mirarlo puesto que se sentía culpable— se me pasó la hora, estaba tan entretenido que no me di cuenta. De verdad lo siento —el rubio tomó aire para calmarse un poco, su reacción en realidad era más por la preocupación que por la hora en sí.

Está bien, ven —le dijo tomándolo de la mano y llevándolo a la cocina para prepararle un té que lo ayudara a entrar en calor— cuéntame cómo te fue y si era tal como decía.

Yuuri se alegró de poder hablar con alguien sobre ese tema, jamás se hubiera imaginado que sería con Yuri con quien hablaría de algo así. Le contó todo como si el rubio fuera su amigo desde siempre, el ruso escuchó atentamente todo y también encontró un poco extraño el hecho de que tuviera una hija y lo hubiese ocultado, pero no dijo nada, ese no era su problema realmente.

El rubio quiso decirle a Yuuri sobre lo que Nikolai le había hablado, pero prefirió no decir nada, después de todo nada cambiaría y no tenía relevancia con la situación. El azabache agradeció el té para luego lavar lo que utilizo e irse a dormir con Víctor en su pensamiento, ya planeando la siguiente cita. Tal vez podría pedirle que fuera con su hija para que el pudiera llevar a Yuki y se hicieran amigos.

El día siguiente fue algo extraño para Yuuri, se levantó temprano a hacer el desayuno junto a Yuki a quien dejó en su silla de comer. Al poco tiempo Nikolai se levantó y lo trato tan amable como siempre, solo que en esta ocasión mencionaba demasiado a su nieto y las cualidades que poseía, si no supiera que el mayor creía que eran un matrimonio, pensaría que estaba intentando juntarlos. Aún así le pareció interesante, el japonés escuchó sobre las diferentes maneras de actuar de Yuri, sobre cómo se comportaba a veces para ocultar que en realidad estaba preocupado o triste en otras ocasiones. Yuuri ya se había dado cuenta de que el rubio no mostraba realmente como se sentía siempre, de hecho se había sorprendido al darse cuenta que el regaño del día anterior había sido por preocupación.

Yuri llegó cuando ya estaba todo listo, había dormido poco a causa de esperar al japonés la noche anterior por lo que se despertó mas tarde de lo habitual. Yuki le estiró sus brazos de inmediato y como si fuera parte de su rutina diaria, el rubio lo tomó en brazos para darle el desayuno.

El japonés no dejó que Nikolai ayudara en nada— no se preocupe, descanse que yo puedo hacer todo —le dijo mientras les servía a cada uno su desayuno, para el abuelo una dieta especial que le había dejado el doctor.

El día transcurrió como si fueran una familia común y corriente, por la mente de Yuki pasaban recuerdos vagos de sus abuelos en Japón ya que la mente de los niños es frágil y al haber ya pasado unos meses desde su última visita, su memoria era difusa, pero si podía reconocer el sentimiento de calidez el cual era él mismo que sentía con Nikolai y Yuri.

Ded —le dijo al abuelo mientras jugaba con su peluche de cachorro en el sofá junto a él— mía —le dijo haciendo un puchero para que Nikolai mirara el juguete y se diera cuenta que estaba descosido en una zona y se le comenzaba a salir el relleno, lo que provocaba que el menor estuviera triste.

Tranquilo, hijo. Lo arreglaremos —le comentó mientras se levantaba para ir a buscar una caja metálica donde se suponía deberían haber galletas, pero al abrirla habían hilos, agujas y botones— dámelo —le pidió a lo que el pequeño obedeció y miró atentamente como el mayor le hacía una "cirugía" a su "mascota".

Quedo como nuevo y el menor feliz al tener sano y salvo a su cachorro, Yuri observó toda la escena desde un sillón en la sala mientras trabajaba desde su computadora. Le agradaba que su hijo se llevara tan bien con el abuelo y que a pesar de ser inquieto se comportara bien en esos momentos. Yuki definitivamente se estaba robando el corazón de los Plisetsky.

Yuuri por su parte hablaba con Víctor por video llamada desde su habitación, planeando la siguiente salida y pidiéndole llevar a los infantes. El platinado se veía dudoso de ello y Yuuri pensó que tal vez era porque su ex pareja no querría aceptar que Víctor se llevara a su hija con él.

Si no se puede, lo comprendo. Está bien —le respondió con tranquilidad mientras hablaban.

Yuuri, no es que sea un problema, es solo que no quiero mentirte más —le respondió algo nervioso— Yuuri, yo soy como tú. Yo también puedo concebir una vida y esa niña nació de mi —el japonés no sabía que pensar sobre eso, tampoco entendía la razón para haberlo ocultado— las personas como nosotros, no somos genéticamente compatibles —aclaró para que Yuuri pudiera comprender la razón por la cual le costaba tanto hablar sobre ello— aún así tu me gustas.

Continuará…