Lo sorprendió un poco la confesión de Víctor, no sabía que decirle respecto a eso ya que sentía que si le decía "ya no nos veamos" sería como si el tiempo que invirtieron entre ellos no hubiese valido nada y no era así. No sabía que sentir, ya que de alguna manera se sentía engañado, había podido decírselo desde un principio, pero también lo entendía, el miedo a decir quién eres cuando piensas que serás rechazado era algo común, solo que jamás pensó que alguien tan seguro como el platinado tendría esa clase de inseguridades.
—Tú también me gustas, Víctor —le respondió sin saber que mas decir— pero creo que sería mejor hablar esto con más calma y no por este medio.
Víctor entendió que era una manera demasiado impersonal— tienes razón, entonces podríamos salir a comer de nuevo nosotros dos —le ofreció— para conversar con más calma.
Yuuri accedió y quedaron en que el platinado le avisaría por medio de un mensaje cuando podrían verse de nuevo, se despidieron y Yuri bajoy para estar con la familia nuevamente. Comenzaba a sentir que el lugar le agradaba, que el abuelo lo hacía sentir como en casa a pesar de estar en un país que jamás en su vida había visitado antes. Lo único que lo entristecía era pensar que a Nikolai le quedaba poco tiempo y que si tal vez las cosas se hubieran dado de otra manera, su hijo hubiese logrado pasar más tiempo con este lado de la familia que al parecer le hacía tanto bien.
Yuri estuvo un par más de horas en el computador, por suerte su trabajo se podía realizar desde casa, enviando todo por correo. De esta manera no perdía días ni dinero y así podía seguir pagando todo lo que estaba conllevando esta situación, además de poder consentir a su hijo en algunas cosas que tenía en mente.
Terminó todo y decidió que todos salieran a comer fuera, el abuelo aceptó gustoso de pasar más tiempo con su familia y de ver como su nieto se esforzaba por recuperar lo que tenía con el japonés. Su mayor deseo era verlos untos tal y como debían estar, esperaba que todo se arreglara antes de que a él se le acabara el tiempo. Eso lo haría el hombre más feliz.
Yuki como siempre llevó a su peluche con él, haciendo sonidos de perrito mientras emprendían el viaje a un restaurante que el rubio conocía y sabía que su abuelo adoraba, ya que tenía comida típica, pero hecha de tal manera que parecía que la hubiese preparado su madre. En ese lugar Nikolai siempre revivía lindos recuerdos de cuando era joven y su madre estaba viva, para él en lugar de ser tristes porque ya no estaba, eran felices porque siempre los aprovecho al máximo y se sentía muy amado por ella. Eso era lo mismo que había querido para su nieto y ahora para el infante que tenía frente a él, una infancia feliz y llena de amor.
Yuuri y Yuki probaron comida que nunca antes habían visto, el sabor era extraño, pero aún así les había gustado bastante, aunque el pequeño azabache insistía en pedir piroshkis así que tuvieron que darle en el gusto.
—A Yuratchka le encantan los piroshkis, Yuki al parecer es igual —dijo Nikolai contento y Yuuri pensó en que a su hijo también le gustaba el katsudon como a él, así que tenía los gustos de ambos.
El japonés conversaba amenamente con todos, pero en su mente pensaba en lo que Víctor le había dicho, Yuri se dio cuenta que el otro no estaba prestando toda su atención a la conversación, pero decidió preguntarle más tarde, tal vez algo le había pasado y eso lo preocupaba un poco. El rubio también notaba que Yuuri ponía todo de su parte para ser amable con su abuelo y ayudar en todo y eso a pesar de que era un acuerdo entre ambos, provocaba en él un cariño hacia el azabache, después de todo la calidez con que el japonés trataba a los Plisetsky no se podía comprar con dinero por lo que era parte natural de él.
—Después de comer hay un lugar al que quiero que vayamos —dijo el rubio con seriedad mirando a su hijo que le daba de comer a su peluche.
— ¿Eso está bien? —Preguntó Yuuri preocupado, se suponía que el abuelo debía estar descansando en casa— hace mucho frío para estar fuera hasta tan tarde.
Los Plisetsky soltaron una pequeña risa ante el comentario— no te preocupes, Yuuri —dijo el mayor— somos rusos, estamos acostumbrados a este clima, además de que me aburro encerrado —le explicó el abuelo, entendiendo que su preocupación no era por el niño sino por él.
Nikolai pensaba que no sacaba nada con guardar reposo y mantenerse encerrado para aplazar lo inevitable. Prefería acortar el tiempo, pero que fuera de calidad a que fuera extenso y lo pasara mal.
Terminaron de comer y se dirigieron al centro comercial, nadie sabía a donde quería ir tan empecinadamente el rubio, pero lo seguían sin decir nada, al parecer era importante para él. Todo se aclaró al llegar a una tienda de mascotas.
Yuri tomó a su hijo en brazos y se adentró en la tienda dejando a los otros atrás— dime, Yuki ¿Quieres un cachorro? —le preguntó llevándolo a la sección donde habían perritos de varias razas y portes.
El menor estaba alucinado viendo tantos animales por doquier, pero definitivamente lo que quería era un perro, acarició a varios antes de elegir a un caniche marrón muy pequeño— mío —dijo apuntando al animal y mirando a su rubio padre— Yua, ete mío —le decía serio.
El ruso revolvió los cabellos de su hijo y fue a buscar a un vendedor, compró el animal, una cama, collar, correa y platos para el agua y la comida. Para ese momento recién había pensado en como lo harían para cuando todo se acabara y el niño tuviera que volver a Estados Unidos con Yuuri. No, hallaría la manera de que su hijo tuviera lo que quería sin importar que, no podía llegar y hacer como si nunca se hubieran conocido a estas alturas. Hablaría con el japonés para crear acuerdos de visitas y esas cosas con tal de poder ver seguido a su hijo y consentirlo todo lo que pudiera.
Por su parte Yuuri no se había esperado algo así, le alegraba que su hijo tuviera una mascota, pero su departamento no admita animales ¿Qué haría? Esto lo complicaba y molestaba ya que Yuri no le había consultado nada. Por supuesto, como el rubio después desaparecería cuando todo terminara y consiguiera lo que quería, era normal que no le importara nada más allá de demostrarle a su abuelo que todo estaba perfecto y que era un buen padre.
Volvieron a casa y fue el rubio quien le pidió al japonés hablar en privado, lo cual al azabache le pareció perfecto por lo que accedió. Le dijo a su abuelo que volverían en seguida y salieron a dar una vuelta por los alrededores para conversar con tranquilidad.
Lo primero que el rubio preguntó fue él porque andaba tan distraído ese día, que parecía no ser él.
— ¿Cómo lo sabes? —preguntó el azabache incrédulo, pensó que nadie se había dado cuenta de ello.
—Sé que nos conocemos poco, pero puedo notar cuando estas distraído —explicó tranquilo, algo raro en él, pero de verdad quería saber que le preocupaba al otro.
Yuuri suspiro y pensó que sería buena idea saber una opinión externa sobre el asunto, el saber que pensaba Yuri quizás lo ayudaría a aclarar sus propias ideas y eso lo beneficiaba en cierta manera. Le contó lo que le había dicho el platinado por teléfono, enfatizando el hecho de que le había ocultado aquellas cosas.
Yuri pareció analizarlo y molestarse un poco por ello— si te oculto eso ¿Cómo sabes que no hay más que esconde? —le preguntó directo, así era él, decía las cosas sin preocuparse mucho por cómo le afectaba a la otra persona.
El japonés no supo que responder a eso, el rubio tenía razón, una persona que oculta algo puede que esconda más cosas y que no sean muy buenas
—Pero ¿Y si solo tenía miedo a ser rechazado? —preguntó mas para él que para el ruso.
—Cuando lo conociste ¿Tú no tenías ese mismo miedo? —le preguntó ya que había notado lo inseguro que a veces se comportaba Yuuri— aún así no le ocultaste nada, aún si tal vez te rechazaba y decidía no hablar más contigo. Creo que si tú fuiste sincero te merecías el mismo trato de vuelta.
Las palabras eran frías, pero ciertas. Entonces Yuuri pensó ¿Qué conseguía Víctor mintiéndole? ¿Qué podría querer? No lo sabía ni lo entendía y todo eso solo se aclararía hablando con él, no con Yuri. Le agradeció por su preocupación, pero le dijo que sería mejor esperar para ver.
—Hablaré de nuevo con Víctor y aclararemos las cosas.
—Sin Yuki —dijo en tono de orden— no te dejaré llevarlo hasta que estés seguro de que no es un peligro.
Yuuri se molesto, era su hijo no del rubio— tú no tienes derecho a decidir eso —su tono demostraba enojo retenido— no creas que porque llevas un par de semanas conociéndolo ahora eres el mejor padre y que puede tomar decisiones por él. Legalmente tú no eres nada.
—Soy su padre, te guste o no —estaba comenzando una discusión y a Yuri le molestaba que lo desafiaran, él ya había dicho algo que consideraba era lo mejor y así debía hacerse— tenemos un acuerdo de que tu eres mi pareja y Yuki mi hijo. Agradece que te ayudo a ver a ese tal Víctor, sin mi ayuda no hubieses llegado a juntarte con él siquiera.
Yuuri no supo que decir a eso, le molestaba ya que no eran nada y él estaba acostumbrado a tener su libertad— eso es mientras este el señor Plisetsky cerca, si el no esta no tengo porque aparentar nada.
— ¿Y cómo le explico que te desapareces y te llevas a nuestro hijo contigo si no conoces Rusia? —le preguntó aún sabiendo que Nikolai los creía divorciados por lo que no era problema que salieran separados, pero Yuuri no lo sabía y él no se lo diría tampoco.
—Eres bueno mintiendo ¿No? Inventa algo y listo —le respondió dando media vuelta y yéndose del lugar dejando al rubio sin palabras ya que aquel había sido un golpe bajo.
Continuará…
