Víctor era un hombre de negocios, había estudiado en una buena escuela y aunque descubrió su condición cuando era ya un adulto, no le importo, simplemente se limitó a ocultarlo a toda costa, intentando parecer "normal" como si el hecho de poder concebir no lo fuera.
Creció ocultando aquello, al igual que el hecho de que le gustara alguien de su mismo sexo, teniendo muchas novias, aunque siempre las engañaba con un chico. Sus relaciones con hombres eran casuales y le producían mas placer que el hacerlo con mujeres, sobre todo porque su cuerpo estaba hecho para ello, para tener relaciones y a la larga poder concebir.
No fue hasta que terminó su carrera y se dedicó a ello que dejó de importarle tanto el "que dirán", además que los tiempos habían cambiado y se veían más normalizadas las relaciones entre personas del mismo sexo. Así fue como conoció a Georgi, un chico que parecía muy dramático y a veces lo aburría, pero también era el único que lo aceptaba con su condición. Tuvieron una relación que no duró mucho, pero el chico se obsesionó con él al punto de romper disimuladamente un preservativo con una aguja, un pequeño piquete bastaba, todo con la intención de dejarlo embarazado, pidiéndole tener una última noche de sexo antes de que se separaran definitivamente. Víctor había aceptado con tal de no verlo hacer el teatro que siempre hacía, no contó con que el chico lo acosaría constantemente luego, diciéndole lo que había hecho, pero el platinado no le creyó.
Georgi lo amenazó con que si no era de él no sería de nadie e intentó violentarlo en más de una ocasión, luego de eso, Víctor se cambió de ciudad para no volver a encontrárselo, después de todo le había salido un buen trabajo en una gran empresa. Para cuando supo que estaba esperando un bebé ya había firmado contrato por lo que no podían despedirlo. Había sido una sorpresa para él, pero aun así se hizo cargo, después de todo era su hijo y lo tendría a toda costa.
Tuvo su fuero "maternal" o mejor dicho, paternal en este caso y aunque a muchos le sorprendió su condición no dijeron nada. Víctor era bueno en su trabajo y no aceptó tener la licencia completa del post-natal, contrató a alguien que cuidara a su hermosa hija y se dedicó a trabajar.
Solo por aparentar, cuando su pequeña cumplió seis meses tuvo una novia a quien le mintió diciéndole que su hija era de su anterior pareja quien lo abandonó con la bebé. Hizo que esa relación funcionara y se casaron, fingiendo ser feliz junto a ella y teniéndola en casa cuidando a la pequeña, todo era perfecto hasta que cosas raras comenzaron a pasar. Llamadas amenazando sobre raptar a su hija si no dejaba a su mujer comenzaban a llegar, así como exámenes médicos que eran totalmente privados fueron enviados a su esposa mostrándole que era él quien había tenido a la bebé y hablando sobre su capacidad de poder concebir. En ese momento todo se quebró ya que la chica lo creyó un fenómeno y lo rechazo, lo echó de casa e inició los trámites de divorcio de inmediato, la casa estaba al nombre de ella por lo que no podía hacer nada, se acomodó con su pequeña en un departamento que tuvo que rentar provisoriamente hasta que los tramites del divorcio terminaran y se repartiera la casa a la mitad.
Víctor pensaba que las cosas no podían empeorar más, hasta que al salir del jardín después de ir a buscar a Elena vio a Georgi en su camino. No lo saludó, intentó pasar de largo, pero la niña se soltó de su mano y corrió hacía aquel hombre como si lo conociera— hola Lena ¿Cómo va todo? ¿Quieres otro dulce? —Preguntó agachándose junto a la pequeña de dos años quien asintió con su cabeza y el otro le dio una paleta— ¿Sabes, Víctor? Pensé que jamás volvería a encontrarte, pero lo logré. La mujer que tenías solo llevaba a Lena al parque y se dedicaba a ver su celular, así que no era digna de cuidar a mi hija —le dijo levantándose con la niña en brazos y acercándose a un Víctor que estaba petrificado.
Solo fue un encuentro, donde tuvo miedo, pero no fue mas allá, Georgi le devolvió a su hija con la promesa de volver a verlo y diciéndole que andaba tras sus pasos. Para ese entonces ya conversaba con Yuuri, aunque no eran totalmente cercanos, iba a contarle sobre su hija, pero comenzó a pensar que podían conseguir información de él por cualquier medio así que comenzó a hablar de cosas que no fueran importantes con Yuuri mientras volvía a cambiarse de ciudad con la intención de ocultarse de aquel sujeto.
Nunca llamó a la policía y tal vez ese había sido su error, porque cuando por fin decidió hacerlo no lo tomaron en cuenta al no tener pruebas. Tintó el cabello de la pequeña para que no fuera reconocida y la mantuvo oculta durante un año con una persona de confianza que la cuidaba en su departamento, rara vez la sacaba a algún lado por miedo de volver a ver a ese psicópata.
Todo eso le hacía difícil confiar en las personas, aún en Yuuri de cierta manera. Le tenía mucho aprecio al japonés y le gustaba y aunque en ese momento no sentía amor por él, sentía que era su único punto de apoyo sin saberlo, Yuuri era el único que lo trataba con normalidad y que no era un psicópata.
Poco tiempo después lo llamaron de la policía por la denuncia que realizó y que él creyó jamás sería tomada en cuenta. Georgi era un asesino buscado, pertenecía a una de las tantas mafias que había y tenía varios cargos a su nombre, pero sabía esconderse bien. Definitivamente no podría estar tranquilo y no podía darle esa información al chico que se había convertido en su novio, brindándole un poco de felicidad.
Yuuri permanecía feliz sin saber que al estar con Víctor se exponía a riesgos. Junto a la familia le pusieron un nombre al cachorro y Yuri prometió mandar a grabar el collar al día siguiente, ese día en específico debían ir con el abuelo a control y todos lo acompañarían ya que les habían dicho que era importante que Nikolai se sintiera apoyado. No había problema, después de todo Yuki amaba estar junto al abuelo.
—Ded —le decía estirando sus manitos para que este lo alzara en brazos y a pesar de las objeciones de Yuri por el sobreesfuerzo el mayor lo hacía, porque era una petición de su bisnieto y no le negaría nada, ya que para eso estaba ahí— mío —decía abrazándolo y mirando al rubio quien se sintió un poco desplazado.
—Ya quisieras, enano. El abuelo es mío —respondió enfrascándose en una discusión infantil donde cada uno quería adjudicarse al abuelo.
—Ded ¿Tú mío? —preguntó con su voz infantil mientras tomaba a Nikolai desde la mejillas como exigiendo que lo mirara solo a él.
—Por supuesto, Yuki. El abuelo es solo tuyo —el menor sonrió burlón y le sacó la lengua al rubio quien supo había perdido contra la lindura del mas pequeño.
—Eres un pequeño tramposo —le dijo acercándose despacio y levantando sus manos para hacerle cosquillas a su hijo quien primero gritó y luego escondió su rostro tras sus manos diciendo "no toy" como si así nadie pudiera verlo. Yuri no pudo evitar reír por lo gracioso de la situación mientras el corazón de ambos Plisetsky se derretía de ternura.
— ¿Todo listo? —preguntó Yuuri recién entrando a la sala con el bolso donde llevaba las cosas de Yuki y los papeles del abuelo. Yuri le quitó el bolso para cargarlo él mientras asentía con una sonrisa en el rostro y el japonés se preguntaba de que se perdió para que el rubio se viera tan lindo con esa sincera sonrisa en sus labios.
Llegaron pronto a la consulta, el doctor revisó a Nikolai quien solo entró junto a Yuri, ya que si lo hacían todos sería mucha gente y la consulta no era muy grande. El médico volvió a recetarle medicinas mientras le decía que dentro de todo estaba bastante bien, que la falla respiratoria era normal en estos casos y que Yuuri había actuado correctamente.
Todo fue bien, aunque eso no cambiaba el hecho de que Nikolai se fuera deteriorando con el pasar del tiempo ya que la enfermedad era degenerativa y eso lo sabían de sobra. Por lo menos el médico pudo constatar que estaba bien cuidado y que al parecer de momento no necesitaba una derivación al psicólogo para recibir apoyo.
Al salir se fueron directo a almorzar, Yuki no paraba de decir "mi panchita" mientras se sobaba el estomago exageradamente y se tiraba hacía el lado como si muriera de hambre.
—Yo también tengo hambre, tal vez pueda… —habló Nikolai mientras fingía pensar y el infante lo observaba con atención— ¡Comerte! —dijo el anciano como un gruñido y sin previo aviso tomó el brazo del menor y fingió comérselo mientras este reía.
Este juego distrajo al más pequeño hasta que llegaron a un restaurante, mientras caminaban hacia la mesa, un hombre alto de cabello negro y peinado extraño acarició los cabellos de Yuki quien se escondió detrás de las piernas de Yuri— que lindo niño —le dijo al pasar para luego desaparecer por la puerta.
Ninguno le dio mucha importancia, no había sido más que un suceso pasajero por lo que alcanzaron una mesa y se dedicaron a comer mientras conversaban de diversas cosas del día.
Continuará…
