Georgi lo sabía todo, tenía informantes en todas partes lo que significaba que podía ver todo en cualquier lugar, así que por mucho que Víctor intentara esconderse de él y esconder a su hija, no lo lograría por mucho tiempo.

Bastó solo tener un poco de paciencia para que el platinado mostrara su ubicación de alguna manera, supo en que restaurante se encontraría con su novio virtual, pero no actuaría ahí. Tenía que hacerle ver a Víctor que todo lo que tocara se desmoronaría, cualquiera a quien acudiera terminaría mal por su culpa. Solo así el platinado entendería que no había escapatoria y que lo único que podía hacer era volver con él y dejar que su hija creciera junto a él.

Sus chicos tomaron fotos del japonés a quien Víctor pretendía, ya lo había visto antes en redes sociales, pero al parecer aquel azabache no era muy activo en las redes. Solo le quedaba ver la manera de destrozar a ese chico poco a poco. Se sintió feliz de descubrir luego de seguir a ese tal Yuuri Katsuki, que tenía un hijo, solo con eso ya tenía todo lo que necesitaba para hacer que se alejara de Víctor para siempre. Por proteger a su hijo un padre haría lo que fuera.

Los días pasaban y sin darse cuenta ya llevaban un mes en Rusia, Todo se sentía tan normal como si siempre hubiese sido así. El levantarse junto a la familia y desayunar todos para luego buscar cosas que hacer en el día, parecía ser la rutina diaria.

Para ese entonces Nikolai se había aprendido varias de las canciones que mostraban aquellos programas infantiles que veía su bisnieto. No le molestaba para nada, de hecho estaba feliz de poder compartir con Yuki sus gustos a pesar de que sus generaciones eran por completo distintas. Incluso, el abuelo aprendió a utilizar algunos juegos en el celular gracias al menor, quien maniobraba el aparato como si hubiera nacido junto a él, como si fuera parte de él y es que los niños de ahora nacían de la mano con la tecnología lo cual asombraba y asustaba un poco al anciano.

Yuri dedicaba una cantidad de horas especificas al día para poder trabajar y así no descuidar nada, aún así se daba el tiempo de tomar a su hijo en brazos cuando quería atención mientras abría una ventana con videos infantiles en Youtube y él s e dedicaba en otra ventana a realizar todo lo que tuviera pendiente. Le había costado los primeros días, pero al igual como Yuuri se acostumbraba a esa rutina, él también se acostumbraba a tener un hijo y ya para ese entonces lo sentía tan normal como respirar.

Todo parecía ir conforme al plan e incluso mejor ya que Nikolai no era el único disfrutando de aquel acuerdo, sino todos los demás integrantes, incluso el cachorro al cual decidieron llamar Makkachín se divertía en demasía al morder de vez en cuando los zapatos de Yuri, quien lo regañaba y se enojaba solo para que después el japonés le dijera "¿De quién fue la idea del perro?" y así el rubio debía tragarse su enojo y asumir una vez más las consecuencias de sus actos mientras Yuki reía al ver su cara de fastidio.

Lo único que había interrumpido la rutina esos días era que Yuuri recibía llamadas donde nadie contestaba del otro lado del teléfono, pero nada de qué alarmarse, después de todo solo eran llamadas de números desconocidos.

La junta con Víctor se arregló para el fin de semana, el abuelo Nikolai visitaría a un amigo que no veía hace algún tiempo y Yuri lo dejaría ahí para luego acompañar al japonés a su cita con el platinado. Después de la cita irían todos a buscar al abuelo.

La cita de juegos sería en un parque que Víctor les indicó, el platinado estaba un poco nervioso de llevar a su hija. Se vistió a sí mismo de una manera donde pudiera pasar más desapercibido, ocultando su cabello con un gorro, por suerte a Elena le había tintado el cabello rubio, aunque no sabía si eso estaría bien para un menor, no era como si tuviera muchas opciones en ese entonces.

Los Yuris llegaron a tiempo, encontrándose prontamente con Víctor quien observaba atento a su hija jugar en el arenero— hola, Víctor —saludó Yuuri con un beso en la mejilla— este es Yuri y aquí esta Yuki.

El más pequeño, al igual que por la cámara, le sacó la lengua,pero se refugió tras las piernas de su rubio padre— papi mío —repitió como la vez pasada y Yuri sonrió al escucharlo. Su hijo era celoso, le agradaba que le pusiera trabas al japonés para tener pareja, así no se acercaría cualquiera y solo quien de verdad estuviera interesado.

Sé que es tuyo, Yuki, yo no voy a quitártelo —respondió el platinado agachándose a la altura del menor— ¡Lena! Ven aquí a saludar —cuando la niña llegó, Víctor volvió a pararse y estrechó la mano del rubio— gracias por traerlo a Rusia —le dijo con una sonrisa en el rostro.

No lo hice por ti. No te emociones, anciano —le respondió y Víctor entendió que Yuki al parecer se parecía más a su otro padre.

Los niños se hicieron amigos al instante, Lena era más grande que Yuki, pero aún así congeniaron bien ya que la chica le enseñaba cosas que el menor todavía no sabía hacer, así como pronunciar algunas palabras mejor.

Víctor habló con los Yuris mientras los tres mantenían su vista fija en los dos infantes que comenzaban a hacer un pastel con la arena, a veces se levantaban a buscar ramitas u hojas para decorarlo y luego mostrárselo a sus padres. La chica parecía muy entusiasmada de jugar en el exterior, y como no, si casi siempre la mantenían encerrada por su seguridad.

Es hermosa —dijo Yuuri observando a la niña. A Víctor le gustaba Yuuri por ese tipo de cosas, sus reacciones sinceras, así como su manera desinteresada de hacer las cosas.

El rubio se sintió extraño al presenciar como el platinado miraba al japonés, no le gustaba, sentía como cuando miran mucho algo que te pertenece, como si se lo quisieran quitar. Sabía que Yuuri no le pertenecía, pero así se sentía, tal vez comenzaba a sentir celos porque estaba acostumbrado a ser él quien trataba con el azabache habitualmente. Fuera cual fuera la razón, debía alejar ese tipo de sentimientos ya que no era quien para inmiscuirse en la relación que tenía Yuuri con Víctor.

Ninguno se dio cuenta de que estaban siendo observados— por fin —murmuró al ver a su pequeña hija jugando en el parque. Víctor se la había escondido por casi un año, pero ahora la había encontrado, solo debía seguirlos para saber donde la tenía.

La cita fue bien aunque a Yuuri le asombró un poco que el rubio permaneciera mas en silencio que otra cosa, quiso preguntarle, pero pensó que tal vez solo estaba pensando en su abuelo y todos los problemas que tenía por delante, así que prefería no molestarlo.

Por su parte, Víctor comenzó a darle vuelta a varias cosas en su cabeza. Tal vez la única manera de salir de todo esto era mudándose de país, con la ayuda de Yuuri tal vez podría lograrlo y cambiarse el nombre junto al de la niña. Solo así estaría totalmente lejos de las garras de Georgi y podrían vivir una vida normal y en paz de una vez por todas, después de todo mantener encerrada a Lena no era la vida para una niña. Si no podía hacer lo que pensaba, su última opción era lograr que alguien adoptara a Elena, aunque él no pudiera estar con ella por ultimo tendría una buena vida lejos de todo lo que los atormentaba en ese momento.

Era difícil pensar en separarse de su pequeña, ya que si bien no fue algo planeado y no quería ese embarazo en un principio, su princesa estaba aquí y la amaba más que a nada en el mundo. Si no fuera así la habría entregado a Georgi y él hubiera arrancado solo, sabía que el otro al tener a la niña con él se conformaría y no molestaría nunca más.

La vuelta al departamento fue complicada, la niña lloró como si la hubieran herido porque sabía que había pocas posibilidades de que la sacaran de ahí nuevamente, pero no había otra forma. Víctor ya se había arriesgado con esta salida y no lo haría nuevamente.

Lo único que se le ocurrió para tranquilizarla fue hacer una video llamado a Yuuri, donde Lena pudiera hablar a través de la cámara con Yuki. La actividad cumplió su objetivo puesto que su hija dejó de llorar y se quedó feliz después de hablar con su amigo. A Yuuri tuvo que mentirle diciendo que su ex pareja era quien realmente tenía a la niña a su cargo y que por eso se le había hecho tan difícil juntarse y llevarla, por lo que no sabía cuando podrían tener otra salida como la de ese día.

Continuará…