Se sorprendió al escuchar la voz de Yuuri al otro lado del teléfono ¿Qué hacia él con Mila? ¿Qué le habría dicho? No lo sabía, pero si algo era seguro, era que debía sacar a Yuuri de ahí rápido antes de que algo pasara.

¿Dónde estás? Iré por ti, no hables mucho con ella ¿Ok? —le dijo mientras alcanzaba su chaqueta y le avisaba al abuelo que saldría porque Yuuri se había perdido. "Se perdió" quería darse un golpe por idiota, si se perdió significaba que no sabía dónde estaba y debería preguntarle a la pelirroja. Resignado le pidió que le pasara el teléfono a la chica, no le quedaba de otra.

Yuuri obediente le entregó el teléfono a Mila, quien primero observó la pantalla dándose cuenta de que el número marcado era uno que ya tenía agendado, frunció los labios y tomó el aparato— Yuri Plisetsky —dijo con voz molesta haciendo que el otro temblara al otro lado del teléfono— ¿Dejaste a un amigo solo por Rusia cuando no sabe ni el idioma? ¿Dónde estás? Ven aquí ahora mismo —le regañó en ruso por lo que Yuuri no podía entender lo que decía, tal vez había arruinado la relación de ambos. Se sentía tan mal en ese momento.

Él quiso salir a… —no podía decirle a su prima que el chico había ido a una cita, ya que le contaría a su abuelo lo cual derrumbaría su mentira en poco tiempo. Suspiró molesto por no saber que decir— mira te explicaré cuando nos veamos ¿Sí? No hagas un alboroto y trátalo bien que es mi… es mi esposo —le dijo con la voz titubeante.

La chica puso un rostro de asombro al escuchar aquello, hace bastante que no se veían, pero ella había escuchado que Yuri se había casado y tenía su propia familia, aunque nunca pensó que con un hombre. Aunque eso no era importante en realidad, lo que si le asombraba era que alguien que se veía tan tímido como Yuuri estuviera con un demonio como el rubio. No podía imaginarse la relación de ambos y mucho menos con un hijo.

Le dio la dirección al chico para que pudiera venir por ellos, ella hace pocos meses había vuelto a Rusia ya que había estado viajando por diferentes lugares, había planeado visitar a Nikolai y Yuri, pero primero quería comprar algo y eso buscaba cuando se encontró con el alterado japonés a quien ya se veía entraba en una crisis de pánico. Cortó la llamada y miró al azabache con amabilidad.

Yuri ya viene por nosotros, cariño, así que todo está bien —no quería que el chico se alterara, guardó su teléfono y miró con más interés al hombre a su lado. Era lindo, pero no muy llamativo, tal vez si se peinara de otra manera o se arreglara más— perdón, soy una maleducada. Yuri y yo somos primos y por lo que me dijo tú eres su esposo. Espero nos llevemos bien, Yuuri.

La pelirroja sonrió con amabilidad y el japonés pudo relajarse al fin, sintiéndose aliviado de que ella no fuera la novia del rubio, aunque no sabía si era porque no le agradaba la idea o porque así no se complicarían más las cosas. Conversaron un poco sobre el pequeño Yuki, ella estaba muy emocionada por conocer al nuevo miembro de la familia ya que adoraba a los niños, pero ella desgraciadamente no podía tener bebés, era infértil así que lo único que le quedaba era disfrutar de la felicidad ajena.

Eso es muy triste —le dijo Yuuri tras escuchar lo que ella le había contado, sobre todo al pensar que él siendo capaz de concebir no quería hacerlo al principio. No es como si fuera su obligación traer niños al mundo solo por tener aquella capacidad, pero el saber de personas como ella que si querían y no podían lo dejaba pensando, tal vez así como el tuvo un donante ella podría buscar a alguien que le rentara su vientre para poder tener un bebé o adoptar.

Lo es, pero siempre hay niños que no tienen quien los cuide así que estoy haciendo los trámites para poder adoptar una pequeña. Al parecer su padre no puede cuidarla y no quiere darla a cualquier persona —le comentó mientras su rostro se iluminaba del solo pensar en la posibilidad de que todo resultara como debía ser.

¿Una niña? —Preguntó el japonés con curiosidad— ¿Una bebé? ¿Sabes porque el padre no puede tenerla?

Mila iba a responder, pero la voz del rubio los interrumpió— ¿Qué tantas mentiras sobre mi le estás diciendo, bruja? —preguntó detrás de ellos, la chica frunció el ceño y se levantó para agarrar a Yuri desde su camiseta y acercarlo a su rostro de manera amenazante.

Dime "bruja" de nuevo y te aseguro que Yuki no tendrá hermanos —dijo molesta para luego soltarlo— por lo menos no de tu parte, porque Yuuri puede buscar a alguien más —le sacó la lengua.

El último comentario de la pelirroja removió un poco el interior de Yuri, había visto al japonés con Víctor y sabía que eran novios, pero sentía eso distinto al hecho de saber que Yuuri tal vez en algún futuro tendría otro hijo y no sería suyo. Yuki tendría un hermano y él no sería el padre de esa criatura, eso le dejaba un mal sabor de boca que no entendía, porque la realidad era que con Yuuri no eran nada, con suerte eran amigos.

Ya vámonos —su tono salió mas molesto de lo que hubiera querido, observó al azabache y se dio cuenta por su expresión que algo no andaba bien, tal vez las cosas con Víctor eran peores de lo que había imaginado. Quería abrazarlo, pero… ahora que lo pensaba no había un "pero", era su esposo frente a Mila y podía usar aquello como excusa. En el momento que Yuuri se levantó, se acercó a él y beso suavemente sus labios para luego abrazarlo.

"Somos esposos" se repetía aquella frase en la cabeza de ambos, Yuri convenciéndose de que lo abrazaba por eso y el japonés pensando que realmente el otro lo hacía por aquella razón, fingir frente a Mila. Aún si no era real, había hecho sentir mejor a Yuuri, logrando que un par de lágrimas se escaparan de sus ojos al sentirse seguro en la calidez de los brazos ajenos por fin, porque había estado esperando a verlo e ir al hogar que sentía como suyo.

L-lo siento —le dijo entre sollozos, alejándose un poco y limpiando sus lágrimas, debía inventar una excusa para aquel actuar ya que no podía decirle frente a la pelirroja sobre Víctor—estaba muy asustado, no sabía a dónde ir y no entendía nada.

La chica solo observaba con atención como su primo cambiaba a una actitud más protectora, sin alejarse del azabache y tomando una de las manos de este para darle seguridad— está bien, yo estoy aquí —le dijo con voz calma— vamos, que el abuelo y Yuki esperan —Yuuri asintió ya que sabía que debían ir pronto, el hecho de que el rubio estuviera ahí era evidencia de que estaba preocupado por él, y eso le alegraba.

Llegaron a casa con rapidez, Mila saludo a Nikolai disculpándose por no haber traído nada, pero diciéndole que otro día vendría de nuevo y tendría un obsequio para él— no, por favor —dijo el rubio rodando los ojos ya que no la quería ahí todo el tiempo, pero ella lo ignoro.

El abuelo se veía feliz de tener visitas y Yuki observaba en la distancia a la nueva integrante de la casa a quien no conocía— ven aquí, Yuki, debes saludar a Mila —le dijo Yuuri con amabilidad a su hijo mientras estiraba una mano hacia este, la cual fue tomada al instante.

Se acercó a la mujer y saludó— pivet —dijo asombrando a todos menos al abuelo quien le había enseñado a decir "hola" en su idioma, aunque su pronunciación no era muy buena ya que la "r" se le complicaba.

La chica sonrió y tomó la mano del menor— privet, Yuki —saludó con amabilidad y al menor se le sonrojaron sus pequeñas mejillas, estiró sus brazos a la chica para que lo alzara ya que vio algo que llamo su atención, ella cumplió su capricho y Yuki acaricio el cabello de la mujer.

Lindo —dijo sonriendo, el color llamativo del cabello de Mila llamaba por completo su atención.

La tarde pasó de ese modo, la chica tenía mucho que contar ya que no se veían hace años y siempre que contaba algo del pasado Yuri explicaba al japonés para que este no se sintiera excluido. Entre charla y charla, terminaron Mila y Nikolai sentados en el sofá con Yuki en medio de ellos y los Yuris sentados juntos en el mismo sillón, Yuuri en el brazo de este mientras el rubio apoyaba la cabeza en las piernas del japonés. Estaban tan cómodos que no se daban cuenta de que la posición se sentía tan natural, cayendo el rubio dormido al sentir las caricias de Yuuri sobre su cabello.

La hora de la cena llegó y Yuri despertó al sentir que alguien le pellizcaba la nariz impidiéndole respirar, abrió los ojos molesto, dispuesto a asesinar a quien fuera que interrumpió un momento que se sentía tan agradable, pero todo se esfumó al ver a Yuki riendo frente a él y más atrás a Mila. La pelirroja había incitado al menor a hacer aquello, pero Yuri no podía enojarse con su hijo.

Mocoso traidor —le dijo sentándose— tendré que castigarte —se levantó y Yuki corrió donde el abuelo para esconderse con él mientras reía fuerte al saber que su padre le haría cosquillas por su travesura. Aquellas escenas solo fomentaban en Mila las ganas de tener un hijo, de cuidarlo y criarlo.

Yuuri solo observó negando con la cabeza, Yuki era más sociable ahora que estaba aquí y eso le gustaba— ¿Quieres ver a niña que quiero adoptar? —preguntó Mila y el japonés asintió. Ambos estaban de pie y ella tomó su celular buscando una imagen en la galería, abrió una carpeta que decía "Lena" y mostró a Yuuri la única imagen que tenía de una pequeña a la cual él conocía bien— espero poder tener más fotos, pero el padre aún está indeciso.

Continuará…