Yuuri quedó un poco shockeado al ver a la hija de Víctor en aquella imagen, no entendía la razón, pero si sabía que detrás de todo esto debía haber una razón de mucho peso, porque el dar a tu propio hijo en adopción no era un juego y era obvio que el platinado sabía lo que estaba haciendo. ¿Cuál sería la razón tan fuerte que lo había llevado a tomar aquella decisión? Esa era la pregunta que invadía su cabeza en ese instante.
—Es una hermosa niña, Mila —le dijo con una sonrisa fingida en los labios, por suerte la pelirroja no lo notó, no podía decirle que conocía a Víctor y no sabía si podría contactar a ese hombre después de que hubieran terminado su relación. Quería convencerlo de no hacer aquello, porque sería doloroso y siempre podía haber una forma de solucionar cualquier problema que este pudiera tener— pero… no deberías encariñarte si el padre está indeciso ¿No crees?
Yuri apareció junto a ellos y observó la imagen en el celular, se quedó en silencio al no entender el porqué Mila tenía una imagen de Lena en el teléfono y si bien era impulsivo, aún no hablaba con Yuuri sobre lo que había sucedido con Víctor y él porque andaba vagando solo por Rusia. Debía aclarar las cosas con el japonés primero ya que al parecer su vida se había transformado en una telaraña de enredos, mentiras y secretos que solo ellos conocían, así que solo podían confiar entre ellos a la hora de hablar sobre algo.
Conversaron un rato más hasta que llegó el momento en que la pelirroja debía retirarse, se despidió de todos y Yuuri junto a Yuki la despidieron en la puerta. El más pequeño apoyando la cabeza en el hombro de su padre al estar con demasiado sueño por haber jugado todo el día con su nueva amiga. Mila se fue imaginando como sería si en verdad lograra tener a esa pequeña con ella, aunque también se preguntaba si Lena no se sentiría triste al ser separada de su padre ya que si bien ella de verdad quería adoptar a esa niña, no quería hacerle un mal, siempre vería por su bienestar sin importar que, después de todo eso hacía una madre.
Víctor hace algún tiempo tenía una idea que si bien no creía que fuera la mejor del mundo, si le daba felicidad a su hija entonces sería perfecto. Buscó una persona que pudiera adoptar a Elena y sacarla del país, así sería difícil que Georgi diera con ella ya que tras la adopción cambiaría su apellido y esperaba aquello fuera suficiente para que su pequeña pudiera ser feliz, tener un hogar adecuado y una madre que le diera todo lo que necesitaba, porque de amor no se vive y eso lo sabía muy bien.
El platinado tenía muy claro que con todo el amor que tenía por su hija no la salvaría de las garras de su otro padre, no le daría una infancia feliz solo con sentimientos cuando debía mantenerla encerrada y arrancaban de cuando en cuando, pero si la dejaba en manos de otra persona estaba seguro de que ella sería feliz.
Aún con todas esas cosas que le indicaban el camino que él creía correcto, estaba indeciso porque la parte egoísta dentro suyo quería mantener a su pequeño tesoro junto a él, porque la parte poco racional de su cabeza le hacía creer que nadie la cuidaría como él lo hacía, pero sabía que estaba equivocado, él podía ser reemplazado ante los ojos de una niña tan pequeña y ahora era cuando porque tenía pocos años de vida y poco recordaría sobre él al crecer.
La chica a la que había conocido en una casa para niños sin hogar se veía bastante decente, pero por supuesto no se dejaría guiar por una apariencia. Tardó un tiempo en averiguar sobre ella y conversaron varias veces antes de que él le ofreciera el acuerdo de adopción, ella incluso le había propuesto hacer una adopción abierta donde él pudiera seguir visitando a Lena y enviarle videos y fotografías de su hija para que la separación no fuera tan dolorosa. Por supuesto se negó.
Sería mucho más doloroso saber que estaba tan cerca, pero ya no era suya que darla por perdida, además de que no pensaba permanecer mucho tiempo más en este mundo luego de darla a alguien más. Ese pensamiento había cambiado un poco luego de establecer una relación más cercana con Yuuri, porque aquel japonés parecía brindarle luz a otros sin darse cuenta y muchas veces se imaginó una vida donde se fuera a vivir al país del azabache, cambiando su identidad por completo, pero era demasiado arriesgado. Una cosa era ocultar a Lena y otra muy distinta hacerlo con él mismo, tarde o temprano Georgi lo encontraría.
"Yuuri" la manera en que habían terminado las cosas con él le dolía, pero nada más podía hacer, ya lo había involucrado bastante a él y su hijo. No podía esperar a que sucediera una tragedia para recién darse cuenta que él traía desgracia a todos los que tuviese cerca, después de todo, Popovich solo lo quería a él y a su heredera, no le importaba a quienes tuviera que matar para cumplir con su objetivo.
Si tan solo hubiese sido más cuidadoso al escoger una pareja desde el principio, no estaría en esta situación ahora, tal vez hubiese conocido a Yuuri de todos modos, pero podría formar una familia tranquila con él sin importar donde vivieran, pero era estúpido pensar en los "si hubiera" cuando ya estaba aquí. Haría el acuerdo con Mila, salvaría a su hija sin importar que.
Mila nació mujer por lo cual socialmente el procrear venía de la mano con su género, siempre se crió con muñecas entre los brazos, donde ella jugaba a ser una buena madre, darle de comer a su "hijo" y vestirlo adecuadamente. Sus padres siempre le inculcaron que podía hacer lo que quisiera a futuro en el ámbito laboral, pero si o si tendría que ser madre algún día ya que era prácticamente su deber como mujer, el concebir un bebé.
A ella no le complicaba esa idea realmente, de hecho el ver bebés y poder cargar alguno le era demasiado tierno y siempre pensó que tendría uno propio al crecer, pero el destino le hizo una mala jugada. Al crecer pensó que el matrimonio no era necesario para una pareja por lo que solo convivió con un novio durante un par de años, ambos pensaban de la misma manera y ninguno quería casarse realmente, pero si formar una familia por lo que al ya tener un lugar donde vivir y como los dos tenían buenos empleos, decidieron intentar tener un bebé.
Después de medio año de intentar y que no resultara decidieron ir donde un doctor, fue ahí donde se dio cuenta que no existe el amor incondicional. Tras pruebas a ambos se dio a conocer que ella era estéril.
Las discusiones comenzaron luego de eso, aunque él nunca decía de frente lo que le molestaba, solo discutían en grande por cosas pequeñas ya que aquel hombre comenzó a encontrar todo mal, desde cómo se vestía hasta la cantidad de horas que ella trabajaba. Solo buscó una excusa para terminar la relación de ambos.
Yuri fue un pilar fundamental en ese momento ya que se encontraba sola en Estados Unidos, su familia siempre vivió en Rusia por lo que el único familiar a la mano era el rubio. Yuri al enterarse de la situación por rumores que corrían entre familiares la iba a visitar cada vez que podía, con la excusa de que los padres de la pelirroja lo habían enviado y él no podía negarse. Mila siempre supo que era una mentira, cuando le contó a sus padres sobre su situación ellos le dieron la espalda, dejaron de contactarla seguido y siempre estaban ocupados si ella los llamaba. Fue una temporada solitaria por lo que volvió a Rusia por un tiempo ya que sentía que allá estaba su hogar, pasaron años para que se decidiera a adoptar por si sola y criar a un pequeño sin nadie a su lado. Fue a un hogar de niños con aquella intención, aunque al estar ahí le fue difícil ya que todos se veían tan vulnerables que quería llevárselos a todos. Terminó llorando en la entrada del lugar, tantos pequeños sin padres la conmocionaban un poco.
Un hombre de cabello plateado le dio un pañuelo y le sonrió con amabilidad, conversaron un rato donde ella sin saber la razón le contó su motivo para estar ahí. Aquella persona la escuchó con atención y no la juzgó por ser mujer y no poder ser madre, seguramente habían muchas personas como él en el mundo, pero a ella le había tocado ver la parte donde era discriminada.
Se conocieron durante un tiempo antes de que él le confesara que tenía una hija y que aquel día que se encontraron el estaba pensando en darla en adopción, pero al ver a todos esos niños esperando decidió que era una mala idea dejarla ahí, que prefería elegir a quien se quedaría con su pequeña. Le pidió que no preguntara razones y le dijo que si ella quería podían hacer un acuerdo entre ambos cuando se sintiera listo. Por supuesto Mila aceptó enseguida, luego de ver la fotografía de la pequeña. Con esa simple imagen su mente formó un montón de tiernos escenarios donde la cuidaba dándole todo el amor que merecía. Jamás lo diría, pero en uno de esos futuros podía ver a Víctor con ellas, siendo los tres muy felices juntos y por ello le ofreció una adopción abierta a la cual él se negó.
En la tranquilidad de la noche, cuando el mayor y el menor de la familia dormían plácidamente cada uno en su cama, los Yuris mantenían una seria conversación sobre los acontecimientos del día. Yuuri al recordar todo lo sucedido había vuelto a su semblante triste donde el rubio lo abrazó con cariño— él… terminó conmigo —fue lo que salió de los labios del japonés mientras Yuri le acariciaba suavemente el cabello, esperando que le contara toda la historia. Se habían vuelto muy cercanos desde que llegaron a Rusia, tanto que el dolor del azabache podía sentirlo como suyo, tanto que quería aplacar ese sentimiento que comenzaba a nacer en su corazón porque no era correcto enamorarse de las personas con las que haces un acuerdo.
Continuará…
