Yuuri se dejó cuidar por el rubio, usualmente desde que creció, en sus malos momentos estaba solo ya que su hermana trabajaba y tenía sus propios problemas y él se guardaba sus sentimientos sobre todo cuando comenzó a cuidar a su bebé como padre primerizo y ocurrían cosas que lo hacían sentir mal. Como gritarle que se callara cuando el pequeño Yuki lloraba mucho a la mitad de la noche y el sueño y mal humor no ayudaban, cuando eso sucedía el sentimiento de malestar lo inundaba y aún si quería llorar debía estar bien para abrazar a su hijo y disculparse por exaltarse aunque este no entendiera bien lo que le decía. Ahora se había dado cuenta que no solo Yuki había agrandado su familia, sino él también, al poder contar con Yuri y saber que podía confiar en él.
Hablaron por bastante tiempo más, intentando atar cabos sobre lo que sucedía ya que Yuuri también habló sobre Mila y que adoptaría a la hija de Víctor. No encontraban una razón lógica para todo el asunto, aunque sabían que había algo que el platinado no estaba diciendo, algo en lo que tal vez no debían meterse. Yuri entendió que Víctor había alejado a Yuuri por algo, ya que él pudo ver la felicidad en su rostro cuando se encontró con el japonés, por lo que se notaba que de verdad lo amaba demasiado.
Se fueron a dormir, Yuri pensando en si sería prudente contactar a Víctor y saber que escondía. Si había venido un policía o alguien suplantando a alguno podía ser peligroso y eso también podría terminar afectando a su prima si es que se le ocurría realizar esa adopción. Tenía el deber de velar por la seguridad de su familia y eso por supuesto incluía a Yuuri.
La mañana siguiente fue algo intensa, el abuelo despertó con algo de malestar lo cual solo les recordaba que el tiempo se acortaba. Yuuri le dio sus medicinas y le propuso que vigilara Yuki mientras él hacia el desayuno para que Nikolai no tuviera que hacer mucho esfuerzo. Yuri también colaboró ayudando a servir y todos desayunaron con "tranquilidad" dentro de lo que se podía, por supuesto las preocupaciones de todo comenzaban a juntarse.
Yuki se comportaba como un buen niño, aún si a veces hacía algún berrinche porque quería algo que sus padres no querían darle, Nikolai siempre terminaba mimándolo y calmándolo lo cual hacía que el amor familiar solo creciera mas.
Los días transcurrieron entre idas al médico, trabajo en línea para Yuri y tareas hogareñas que ya llevaban con completa normalidad. Mientras la pareja de Yuris preparaba el almuerzo, el japonés no pudo evitar preguntar algo que le preocupaba, pero que se había guardado pensando que sería doloroso para Yuri hablar de ello, pero debían hacerlo por el bien de Yuki.
— ¿Cómo… como lo haremos con Yuki cuando el momento llegue? —el rubio se quedó quieto un momento, sabía a lo que Yuuri se refería. Cuando su abuelo muriera todo se terminaría y cada uno se iría por su lado. Quería responderle que tal vez podrían verse seguido, que podían intentar ellos mismos llevar una relación para que Yuki tuviera a sus dos padres juntos y hacer la bonita familia que tenían ahora con la farsa que armaron.
—Yo creo que podríamos poner días y horarios de visitas donde yo pueda cuidar del enano, ya sabes cómo los padres separados —habló intentando que su voz sonara casual, como si no le diera mucha importancia al asunto.
—Eso no —dijo Yuuri de repente, cambiando su semblante a uno triste— hablo de… de cuando tu abuelo muera ¿Cómo le explicaremos a nuestro hijo? ¿Cómo le diremos que el abuelo ya no estará entre nosotros y no podrá volver a verlo? —no pudo evitar que lágrimas silenciosas descendieran por sus mejillas, sorprendiendo al rubio por su reacción.
Yuri nunca se puso a pensar que así como él y Nikolai se encariñaban poco a poco con Yuki y Yuuri, también sucedía a la inversa. El japonés no quería perder al abuelo, él también se sentía afectado con toda esta situación y eran cosas que ninguno de los dos tomó en cuenta a la hora de realizar este acuerdo, después de todo eran humanos y el perder a alguien siempre sería doloroso. Su mentira ahora dañaría a más personas.
Se acercó y lo abrazó, haciendo que el rostro del chico quedara escondido en su hombro, sobando su espalda de manera reconfortante ya que sabía el miedo que sentía Yuuri y ahora tendrían que ser aun más fuertes para lidiar con la tristeza de un pequeño al saber que jamás volvería a estar junto a ese abuelo consentidor.
—Yo no tengo respuesta para eso, ni siquiera sé que haré yo en ese momento —se sinceró— pero si puedo decirte, que estaremos juntos y nos tendremos entre nosotros. Lo siento —se disculpó con la voz un poco rota, pero aguantando las ganas de llorar al pensar en ello— es mi culpa por traerlos hasta aquí, por mentir de esta manera solo para intentar que todo estuviera en paz.
El japonés negó con la cabeza, no pensaba que esto hubiese sido una mala idea aún si sabía que sufrirían con la pérdida— Yura, yo creo que hay más cosas buenas que malas, porque conocer a tu abuelo y a ti nos ha dado mucho aunque no deja de ser doloroso —respondió ahogando el sonido de su voz en el hombro del contrario.
Se mantuvieron un rato así mientras Yuki y Nikolai jugaban en la sala con unas cartas, donde el mayor le mostraba el dibujo y el pequeño le decía que animal salía ahí o que objeto podía identificar. El truco estaba que debía decirlo en ruso, así aprendería el idioma y nada hacía sentir más orgulloso al mayor que saber que su bisnieto estaba aprendiendo uno de sus idiomas natales, porque el pequeño llevaba sangre rusa por sus venas.
Nikolai se preguntaba si también sabría o le enseñarían un poco de japonés, así el pequeño tendría tres idiomas para hablar lo cual le sería muy útil en el futuro. Podría elegir donde vivir y en que trabajar libremente porque podría viajar a los diferentes países y establecerse. Por ahora su legado era ese, que Yuki aprendiera su idioma y así no lo olvidaría nunca.
El abuelo sabía que el tiempo se le agotaba, lo sentía en los malestares que cada día lo aquejaban de peor manera, en un tiempo más ya tendría que dormir en el hospital aún si no quería, por lo que ahora era el momento para poder darles las enseñanzas más importantes a las futuras generaciones.
La conversación entre los Yuris los ayudó a sacar sentimientos que estaba ocultando, tristeza que estaban guardando y que no les hacía nada de bien, al terminar de cocinar y servir el almuerzo el abuelo pudo notar que algo había pasado entre ellos y que a pesar de sus ojos rojos parecían estar más calmados, esperaba fervientemente que la relación de ambos se estuviera arreglando, que pudieran volver a estar juntos ya que él pensaba que estaban separados.
La comida transcurrió con tranquilidad, Yuuri habló sobre cosas de su pasado aunque no de las tristes, se animó a contar anécdotas de la escuela con su amigo Phichit y entonces se dio cuenta de algo. Si bien las personas en algún momento se iban para siempre, algo de ellos siempre quedaba y te ayudaba a continuar adelante, después de todo los únicos que sufrían eran los que quedaban vivos.
—Me encantaría conocer alguna vez a ese amigo tuyo —dijo Nikolai con una sonrisa, ya que el japonés parecía demasiado feliz al hablar de cómo lo pasaban en la escuela.
—Es que… nosotros perdimos contacto —respondió para no tener que tocar aquel tema que era tan delicado aún después de tantos años. Lo había superado a su manera y esa era no hablar del momento exacto en que lo perdió, solo se permitía recordar las cosas felices que vivió junto a él.
Yuri también escuchó con atención, por alguna razón también quería conocer más del pasado de Yuuri, como era y que hacía, pero no podía preguntar. Se suponía que al estar casados era lo mínimo que debería saber del otro, después de todo así eran las parejas ¿No? Hablaban de sus pasados y de sus infancias para conocerse mejor. Tal vez en algún momento podría invitar al japonés a salir, aún si habían comenzado al revés podían conocerse más de alguna manera, con Mila cerca podrían pedirle ayuda para que se quedara con Nikolai y Yuki una tarde donde él pudiera invitar al japonés a salir con la excusa de que era un agradecimiento por cómo se estaba comportando con su familia.
Estuvo todo el almuerzo planeándolo, por lo que cuando terminaron envió un mensaje a la pelirroja preguntándole si podría hacerle un favor, aún si le costaba pedir ese tipo de cosas no tenía nadie en quien más confiar para eso y Mila lo sabía por lo que aceptó de inmediato. Una vez todo estuvo listo, agarró a Yuuri para que ambos lavaran los platos, era demasiado impulsivo por lo que cuando algo se le ocurría necesitaba hacerlo en ese momento y no después.
—Yuuri, creo que sería bueno que saliéramos mañana en la tarde —le habló de manera casual— hay que comprar algunas cosas y servirá para que te distraigas un poco de todo lo que está pasando ¿Qué dices?
— ¿Una cita? —le preguntó el japonés con rostro serio para luego reírse ya que el rubio había hecho una mueca muy extraña como si hubiera sido pillado— está bien, creo que nos haría bien —le dijo empujando con su hombro el del contrario mientras sonreía. Sabía que a pesar de su apariencia fría y apática, Yuri se preocupaba por los suyos y eso lo incluía a él ahora.
El ruso quedó contento con la respuesta, así que con una sonrisa en los labios enjuagaba los platos mientras Yuuri los lavaba, tal como si fueran un matrimonio feliz.
Continuará…
