HOLA MIS NIÑASSSSSSS!

Como lo prometido es deuda... ¡Aquí estoy!

En este capi, podréis comprar realmente la relación entre todos.

Sobre todo entre Edward y Jacob.

Os resultará raro, verlos con tanto colegueo... Pero eso,

es lo genial de esta historia!

Os dejo con... "Un ángel entre demonios"...

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CAPITULO 1


SEPTIEMBRE.

PRIMERA SEMANA DE CURSO.

*Nota de autor: pensamientos que Edward lee van entre estos signos

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Tres días. Solo tres días llevaban de curso, y los chicos Vip ya habían sido reprendidos por todos los profesores que les impartían clase.

- Por favor, Sr. Cullen y Sr. Black... - reprendió nuevamente el profesor Davis. - Acabaré poniéndoles una amonestación por escrito... -

Unos golpes pidiendo permiso para entrar, interrumpieron la nueva regañina del profesor de biología.

- Pase... - Bufó con resignación y mala gana.

- Sr. Davis, traemos el pupitre... para la nueva chica – Detallaron los chicos de mantenimiento.

¡Joder, es verdad... la nueva! Edward... nuevo reto

Edward giró levemente la cara hacía su amigo, alzándole las cejas. Aceptando el "reto".

- ¡Ah, si! Um... - El profesor se dio golpecitos con el dedo índice en la frente, gesto que hacía siempre que meditaba algo. - Veamos donde le hacemos sitio... - Su vista viajo por toda la clase. Dio varias vueltas, evitando ponerla donde veía que sería el único sitio donde entraría un nuevo pupitre.

- Sr. Davis... - lo llamó Jacob – Aquí hay sitio – Sonrió divertido, pero con un claro deje de perversión.

- Sr. Black – Alargó el apellido condescendiente, a modo de aviso.

- Seremos hospitalarios con la chica, señor. - Aclaró Edward de forma seria. - Puede sentarla aqui, con nosotros. No habrá problema.

Muy buena Edward... Cómo siempre, estás en todo hermano

El profesor dudó, pero sabía que para hacerle sitio en otro lugar del aula, debería mover todos los pupitres y eso armaría un tremendo revuelo.

Suspiro, vencido, y claudicó.

- Está bien... Pero – Alzó su dedo a modo acusatorio. - A la mínima tontería con la Srta. Swan los mando directos al despacho del director. Quedan advertidos. - Alzó la mirada para toda la clase – Y eso, va para todos. - Hizo un silencio, y prosiguió – Les pido que sean un poco... hospitalarios, como acaba de decir el Sr. Cullen. Es nueva, es el último curso y viene de una ciudad grande; muy diferente a Forks... Les pido, como casi adultos que son ya, que se comporten y le hagan una grata acogida.

- Ummm... Si, se la daremos... Muy grata. Si ella quiere... ¡jajaja! - Canturreo Jake, codeando a Edward, el cual mostraba una sonrisa incluso más perversa que la de su amigo.

- Señores... quiero recordarles que la Srta. Swan es la hija del Jefe Swan... - Les miró alzando una ceja. - Controlen sus revolucionadas hormanas, manteniéndolas dentro de sus pantalones.

El comentario no hizo otra cosa que desatar las risas escándalosas de toda la clase.

Ni que por ser la hija de Charlie no follara...

Edward giró la cabeza, con los ojos abiertos ante el comentario de su amigo. Pero pronto su sorpresa cambio a unos ojos brillantes llenos de malicia acompañada de una sonrisa pícara.

La clase de biología acabó, y los chicos continuaron con su parloteo igual que marujas mientras iban camino a la cafetería a reunirse con el resto del grupo.

- ¿Crees que se parecerá a Charlie? - Le preguntó aguantando la risa, el vampiro.

- Realmente espero que por lo menos, fisicamente, no... ¡jajaja! - Ambos estallaron en carcajadas. - Aunque si es igual de buena chica, que lo es su padre... ya tiene varios puntos ganados.

- En eso llevas razón. Deberemos andar con cierto cuidado... No me importa una mierda que sea la hija del jefe de policia... - Edward alzó las cejas con prepotencia – Pero que sea la hija de... "Charlie", eso cambia el modus operandi. - Puntualizó ante el asentimiento de Jake.

- Mi padre está como loco, porque Charlie está nerviosísimo por la llegada de su hija. Está muy emocionado por tenerla este año en casa. Así que, recuerda que tenemos barbacoa en la reserva este sábado en su honor.

- Si... No lo he olvidado. - Edward se quedó pensativo – Espero que se adapte bien a... nosotros, porque vamos a tenerla hasta en la sopa... Y ella a nosotros. - Edward mostró una cara de cierta preocupación.

En esas, llegaban a la mesa. A "su" mesa, donde el resto ya los esperaban.

- Edward... - lo llamó Alice preocupada - ¿Y esa cara? - El nombrado guardó silencio.

- Esta preocupado por la próxima aparición de la hija de Charlie. - Todos asintieron.

- Debemos darle una buena acogida y que se sienta cómoda... - Alice miró hacía los chicos con intención. - Seguramente tendremos que tratar con ella... bastante. Nuestros padres ya nos han comentado de que cuentan que la acojamos en el grupo, con nosotros. Así que mejor empezar con buen pie.

- Controlar vuestra testosterona... - Rosalie acabó lo que Alice había dejado en el aire.

- ¡Vamos! ¿Por qué nos miras solo a nosotros? - Se quejo Jake con falsa aflicción.

- Porque nos conocemos, Jake. - Rose le alzó una ceja, a modo de advertencia.

El resto de la mesa, comenzó a reirse por lo bajo, y Emmet comenzó a soltar por su gran bocaza alguna que otra bromita subida de tono.

- Jake... - lo llamó Alice – ¿Sabes por qué se muda ahora?

- Bueno... no sé mucho, la verdad. Mi padre está mudo en ese sentido. Algo ha pasado entre ella y su madre; algo lo suficientemente grave como para que quiera mudarse aquí, desde Fénix en el último año de instituto.

- Dame dos minutos con ella, y saldremos de dudas. - Soltó Edward muy pagado de sí mismo. Quil y Embry lo codearon, alzando su ego.

- ¿Y no la conocíais? De pequeña, digo. Por lo que he escuchado, ella venía aquí los veranos. - puntualizó Rose.

- La historia es... Charlie y René se casaron pocos años después de acabar el insituto ya que él consiguió trabajo en la policía; ella siguió estudiando en la universidad, pero antes de finalizar sus estudios, se quedó embarazada y tuvo que dejarlos. Cuando... Isabella – Hubo unos murmullos en la mesa – Sí, se llama así – Sonrió – tenía dos o tres años, René se fue de casa con ella. Por lo visto, no aguantaba más viviendo en el pueblo y después de advertir a Charlie muchas veces, al fin cumplió su amenaza. Charlie estuvo unos meses sin ver a su hija, porque René se negaba a decirle donde estaba. Ella, por lo visto tenía un caracter, despreocupado e infantil, según mi padre. Después de un tiempo, él iba a visitarla dos o tres veces al año, y cuando Isabella se hizo más grande, comenzó a venir a pasar un mes en verano con él.

- ¿Y por qué dejó de hacerlo? - preguntó Leah, metida en el suspense de la historia igual que el resto de los presentes.

- Mi padre dice que estaba influenciada por su madre... René era, eso... muy alocada. Por lo que su hija hacía más de madre con ella que como debiera ser. Además, mi padre recuerda las pataletas que le montaba a Charlie diciéndole que se aburría, que detestaba estar encerrada en este pueblo durante un mes. Al año siguiente vino solo medio mes, al siguiente una semana... y ya no volvió más.

- ¿Y cuántos años tenía entonces?

- 10 u 11.

- Vaya... pues ha pasado tiempo – Jake asintió.

- ¿Tú la recuerdas? - preguntó Quil. - Porque yo apenas... de verla alguna vez por la reserva. Pero no de ella.

- Yo igual... tengo la sensación de acordarme de verla. De jugar de pequeñas. Lo que si recuerdo es que era muy educada y muy dulce. Demasiado para el sitio donde estaba – Rodó los ojos, meneando la cabeza – Me parecía una estiradilla de ciudad, ¡jaja!- Leah abrió de golpe los ojos. - Embry... ¿recuerdas cuando te caiste y te hiciste la herida en el brazo? - el nombrado asintió. - Fue ella la que te curó mientras íbamos a buscar a tu madre.

- ¡Joder! ¿En serio? - Preguntó alucinado. Leah asintió.

- Cuando llegamos, ella se había quitado una chaquetita que llevaba puesta y la había usado para hacerte un torniquete, porque no parabas de sangrar. Gracias a eso, solo te pusieron unos puntos de aproximación y evitó que tuviesen que coserte. - Leah comenzó a reirse, ante la mirada de asombro de todos – Tenías la cabeza apoyada en su regazo, y ella te pasaba la mano por la cara, porque no dejabas de lloriquear – Embry bufó, avergonzado de esa parte de la historia – Pero lo realmente simpático de la historia es que ella estaba blanca, pálida... como vosotros – señaló a los miembros vampiros de la mesa. - Porque le daba repelús la sangre.

- Mal empezamos... ummm... - comentó Edward a modo divertido, sacando las risas de los presentes.

- Qué dulce... - murmuró Alice. - Aún teniéndole asco a la sangre, te curó porque te vio herido. Eso dice mucho de una persona, y más siendo una niña pequeña.

- Pues si... porque tendríamos unos nueve años... – Contestó Leah. - No me caía demasiado bien, porque yo quería una amiga para jugar con las muñecas, ya que allí era la única niña pequeña, las demás ya eran adolescentes, y ella solo quería jugar con los chicos, a lo bruto. Cuando éramos más mayores, recuerdo de pensar, que su caracter no pegaba con sus formas tan comedidas y refinadas – Leah meneó la cabeza, dándole vueltas a aquel recuerdo.

Jake se quedó pensativo; ausente. Acto que alertó a Edward a estar más pendiente de lo que hacía y decía su amigo.

- Cuéntanos más cosas, Jake. - Le pidió Alice.

- Apenas... tengo algún vago recuerdo. De columpiarla en la rueda que hay colgada en el árbol en la entrada de mí casa, mi padre y Charlie lo pusieron para ella. Algún juego en la playa... - Jake se quedó mirando al infinito. - Y un día, creo que fue el último año que vino. Ya éramos más crecidos, y las travesuras... bueno... recuerdo que, no sé porqué, comencé a lanzarle barro de un charlo que había detrás de la casa, y le manche una blusa que llevaba de color azul claro... se la dejé para el arrastré – Rió – Pero no me acuerdo que pudo pasar para que le hiciera algo así.

- Siendo tú... la más mínima cosa. - Contestó jocoso Embry.

- Salió corriendo, gritando y llorando. Mi padre alertado por sus gritos salió asustado de casa. Estaba pasando la tarde con nosotros porque Charlie estaba trabajando. Se la llevó dentro y le puso una camiseta mía. Me calló una bronca de aupa. Cuando nos sentamos a cenar, no me dirigió la mirada en todo el rato. Tenía un genio devastador... - Sonrió, pícaro.

- Black... - lo llamó Edward – Para "apenas" recordarla... - le alzó las cejas, pícaro. Jake le lanzó comida, que él sin apenas inmutarse esquivo. - Te repito, dame dos minutos con ella, y sabré todos sus secretos – Su mirada y su voz, se volvieron tétricas.

Edward miraba hacía su amigo con suspicacia. Sabía que estaba guardándose algo que no quería contar. Pero por norma, solía respetar esos espacios privados.

Desde que se habían echo amigos, y después, inseparables, Edward cortaba la recepción de pensamientos que veía "privados" en todos los miembros del grupo. Pero solía tener más deferncia por Jake. Y por las chicas, por supuesto.

Lo que Jake no quería contar es que sí que se acordaba de porque le había manchado la blusa a Isabella de barro. Él estaba loquito por ella. Recordaba perfectamente la historia que Leah había narrado, porque ese fue el día en que se dio cuenta de que Isabella... Bella, le gustaba. Tenían diez años, y aquel gesto para con su amigo, había hecho que Jake comenzara a mirar a aquella niña de ojos gris azulado, iguales al cielo de Forks, pelo largo y rojizo como era su pelambrera de lobo hoy en día, con otros ojos, menos infantiles.

Ese año, y último, su relación se vio afectada por esos sentimientos. Aunque seguían jugando juntos cuando venía de visita, ya no lo hacían solos, como usuaban a hacerlo años anteriores.

Al año siguiente él le había dicho que le gustaba, y había intentado besarla en los labios, pero ella se había apartado. Diciéndole que no quería darle un beso ahí. Que solo eran amigos. Y que no se le ocurriera intentarlo más. Con las mismas se dio la vuelta y lo dejó allí plantado

Jacob se había sentido tremendamente ofendido y por eso le lanzó el barro con tanta saña.

Meses después, escucho una conversación entre su padre y Charlie donde él, con gran dolor le relataba a Billy que su hija no quería volver más. Que ya era grande y aquí se aburría y que además, nadie la quería aquí.

Un puntazo en el pecho, le había obligado a llevarse la mano al foco del dolor, sintiéndose culpable y siendo consciente de que Bella, si que había notado el cambio de actitud de él hacía ella.

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- Jake... ¿Estás ahí? - Alice, con la que compartía la clase de matemáticas, lo había dejado en su ensoñación hasta que llegó un punto en que no pudo más que preguntarle.

- Oh, si... - Jake se sacudió la cabeza, despejándose. Había estado pensando en aquel día con la pequeña Bella desde que habían acabado de comer. - Estaba pensando... - Jacob no sabía que decir.

- ¿En Isabella? - Le preguntó pícara.

- Pues si... no te voy a mentir. Tengo curiosidad de verla. De ver como es ahora... - Jake se acercó a Alice para susurrarle. - Antes no lo quise decir, pero... era un niña muy, muy bonita. - Sonrió, mientras a Alice se le ponía cara de embelesada.

- Vaya... - Alzó las cejas.- ¿Sabes Jake? Me encanta que de vez en cuando, me dejes ver tu lado sensible. - Le acarició el brazo.

- Pero solo porque tú, eres mi hermana favorita y... sé que te encanta – Le susurró, mostrándole su encantadora sonrisa.

- Bueno... ¿no llega mañana? - Asintió – Pues ya tienes poco que esperar.

- Si. No sé si empezará a clase ya, o esperará un par de días. Por lo visto Charlie decidió darle la opción de elegir, para que aclimate poco a poco. - Alice asintió conforme.

- Srta. Cullen y Sr. Black, por favor... - Suspiró pesadamente la profesora Allen. - Siempre son los mismos apellidos... - Comentó divertida. Ambos se inclinaron de hombros con caras angelicales.

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De vuelta a casa, Alice, Jasper y Edward iban juntos en el coche de este último. Volviendo a sacar en colación la llegada de Isabella.

- ¿Sabeís? Ya tengo curiosidad por verla – Comentó Edward. Alice dejó escapar una sonrisita.

- Edward... estás esperando a ver si cumple tus requisitos y seducirla... Espero que recuerdes que es la hija de Charlie y no te la vayas a tirar a la primera de cambio. - Contestó Jasper condescendiente.

- Si. Lo sé... No hace falta que me lo estéis recordando a cada segundo - bufó molesto. - Solo espero que Jake también lo recuerde – Contestó chistoso. - Además, Jasper, tampoco me tiro a cualquiera. - Jasper rodó los ojos, ganándose una mirada envenenada de parte de Alice.

- ¿Qué? - protestó él. - ¡Es verdad! - Jasper... acostarse con cuatro o cinco chicas en 115 años... creo que no son tantas... - Contestó él ahora serio.

- ¿Cuatro o cinco? ¿A quién pretendes engañar Edwad? No porque esté Alice delante debes mentir de forma tan descarada.

- Edward... te las llevo en cuenta... - Contestó ella divertida. - Han sido once. Y debes empezar a contar desde que empezaste ese estúpido reto con Jacob... - rodó los ojos, algo molesta.

- Sabes que no solo fue por el juego... - Contestó frío. - Eso de esperar y reservarme para la adecuada, a mí, no me salió tan bien como a vosotros. Así que se acabaron los romanticismos. - El rostro de Edward se puso tenso.

- Lo sé Edward... Siento haberte recordado lo de Michelle. - Se lamentó Alice.

- Tranquila... lo he dramatizado un poco. No pasa nada. Eso está más que superado. - Sonrió para complacer a su hermana – Sabes que las respeto a todas. Que no fuerzo la situación ni las ofendo. Simplemente que no quiero llegar a mayores en el plano sentimental, con ninguna.

Pocos años después de entrar Alice y Jasper a la familia, hacía 1955, Edward había encontrado la que parecía ser la elegida para ser su pareja. Era una chica encantadora y parecía muy especial. Después de un tiempo, Edward le desveló su condición de vampiro, y tras unos días de adaptación a la noticia, Michelle lo había aceptado.

Tras casi un año de relación, y ya prometidos con permiso de ambas familias, se acostaron. Habían hablado de que la transformación de ella se hiciese efectiva después de la boda, coincidiendo con un cambio de universidad de Edward. Y ella quería estrenarse siendo aún humana; además le daba morbo hacerlo en diferencia de especies.

Todo había salido bien, pese al tremendo miedo de él a hacerle daño. Pero en el último momento, algo se torció. Él estaba chupándole un dedo y al succionar, debió de tirarle de una piel de las que rodea la uña y una gota de sangre llegó a la lengua del vampiro, descontrolándolo y dándole un ligero mordisco.

"Michelle se asustó y comenzó a gritar, pidiéndole que parara. Justo en el último momento, antes de que el "mordisquito" pasará a mayores, él consiguió parar. Pero ella quedó aterrada de su conducta y de ver como una sola gota de sangre lo descontroló de tal forma. Quejándose de que había conseguido trastocarlo más su sangre, que su sexo. Se había sentido ofendida y defraudada. Y que tenía dudas respecto a pasar toda la eternidad con él, no pudiendo morir, ni cambiar, ni tener hijos... Y lo que más impacto a Edward fue que lo acuso de ser un blando en la cama. Que no había cumplido las espectativas que ella se había imaginado sobre acostarse con un vampiro.

El compromiso se anuló y los Cullen se mudaron; desaparecieron en menos de 24 horas."

Aquel acontecimiento había dejado a Edward muy tocado durante mucho tiempo

Esa fue la segunda vez que se instalaron en Forks.

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- ¿Qué creeís que le rondaba la cabeza a Jake mientras hablaba de esa chica? - Preguntó después de un rato de cómodo silencio. - No quise urgar en su mente, pero sé que estaba ido pensando... y algo me dice que es sobre ella. Sobre Isabella.

- Yo lo encontré animado. Nervioso por la espectación del encuentro, y tenía una felicidad rara en sus sentidos.

- Bueno, es la felicidad de los recuerdos bonitos. - Contestó Alice, aligerando la curiosidad de su hermano. No iba a delatar el secreto que Jake le había confesado en clase.

- Ummm... Será... - Contestó no muy convencido.

- ¿Sabes de lo que me estoy dando cuenta, Alice? De que no has tenido ninguna visión sobre ella. - Alice agacho la cabeza, poniendo mala cara.

- Lo sé. Estoy confundida, la verdad. Esperando su llegada desde hace días, es extraño que no me haya entrado nada en relación a esa chica. - Su frente estaba llena de arruguitas. - Le comenté el otro día a Carlisle y me dijo que pudiese deberse a su relación con los lobos. Que seguramente me bloqueaban las visiones.

Al llegar a casa, una Esme nerviosa y agitada, andaba para adelante y para atrás.

- Esme... ¿Qué pasa que estás tan revolucionada? - Preguntó Jasper. - Te siento... exaltada. Pero feliz. - Jasper no pudo más que sonreir ante los sentimientos plenos de su madre.

- Acabamos de venir de casa de Charlie – Contestó Carlisle haciendo acto de presencia en el salón. - Y tu madre viene maravillada con Bella. - Meneó la cabeza gracioso.

Los tres hermanos Cullen, bueno, los cinco ya que Rose y Emmet también habían llegado ya a casa, se quedaron mirando espectantes esperando alguna noticia.

- Es... encantadora. Educada, dulce y muy simpática, le encanta leer y sabe pintar - Esme gesticulaba como una loca – Para lo joven que es, ha leido muchísimos libros y dibuja realmente bien - Adulaba la matriarca Cullen.

- Vamos... una sosita... Educada, dulce, lee mucho y sabe pintar... En fin... - Bromeo Edward sacando las risas de sus hermanos. Hasta que Esme deposito un fuerte golpe en su hombro.

- ¡Auch! - Se frotó de forma teatral.

- No seas grosero – Lo reprendió. - No es ninguna sosita. Ha sido muy correcta con los amigos de su padre, dejándolo en buen lugar. Eso, no es ser sosita. Es ser educada y correcta- Alzó la voz la vampira. - Además, te diré que es tremendamente preciosa. - Le alzó las cejas.

Cuando Edward se puso a hurgar en los recuerdos de su madre, ella le bloqueó los pensamientos, solo mostrándole dibujos hechos por Bella.

- ¡Esme!... - Se quejo él.

- ¿Verdad que pinta bien? - Se burló ella.

- Sí... lo reconozco, pinta bien. - confesó sincero. Realmente sus dibujos eran una obra de arte - Pero ahora... dejame verla a ella. - Las pupilas de Edward se dilataron de anticipación. Sabía que su madre no solía ser exagera con los adjetivos. Estaba muerto, doblemente, por verla.

- La verás muy pronto en el instituto – Le alzó las cejas, burlona. Edward arrugó la boca en un gesto de desconformidad. - Además el sábado estamos todos invitados a la barbacoa que se le hará en su honor. - Todos se sorprendieron por la forma de expresarse de Carlisle.

- No es solo una bienvenida por parte de los Quileutes. Hablé con Harry y Billy y me pareció oportuno que los Cullen también le diésemos la bienvenida. Por lo que nosotros nos hemos ocupado de hacer algunas compras extras. - Esme sonrió pletórica.

- Bueno... y... - Alice ya daba saltitos alrededor de Esme. - Cuéntanos algo.

- Charlie estaba pletórico. Y muy nervioso. - Carlisle asentía sonriente – Tiene miedo a que no encajen. A que ella no se sienta cómoda aquí, con él. Porque dice que desde que llegó habían hablado muy poco, y que ella se había pasado el tiempo metida en su habitación

- Pero... ¿Cuándo ha llegado? ¿No venía hoy? - Preguntó Rose extrañada.

- Sí, pero en el último momento quedo una plaza libre en otro vuelo y lo adelantó. Llegó hace tres días. - Anunció Esme.

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.Ya tenemos a Bella en el pueblo...

¿Qué le habrá pasado con René para querer irse a Forks?

¿Será Bella una sosita, como piensa Edward?

Todo eso en el próximo... en unos días!

ESTAR ATENTAS! BESOSSSSSSSSSSSSS!