Yuri pensó en un montón de lugares donde podía llevar al japonés, él había propuesto salir así que él debía ver a donde ir, además de que era quien conocía Rusia o por lo menos se suponía que debía conocer lugares entretenidos donde realizar alguna actividad que pudiera distraerlos de todos los acontecimientos recientes. Busco en internet lugares turísticos de Rusia, lugares que a la gente común le gustara visitar cuando visitaba el país, pero Yuuri no era cualquier persona.
Después de mucho buscar decidió lo que harían, planeó el día y avisó a Mila la cual fue con gusto a cuidar al abuelo y a Yuki, sobre todo porque era una salida donde Yuuri se entretendría. El japonés no tenía idea de dónde irían, pero estaba seguro de que si era Yuri quien había escogido, no podía ser un mal lugar ya que se notaba que el rubio no era mediocre y si hacía algo, lo haría bien.
El día de la cita se puso la ropa que le había comprado el ruso y alistó a su hijo para que Mila no tuviera tanto que hacer, desayunaron en familia con Nikolai haciendo bromas sobre que moteles eran buenos para ir durante una cita, logrando que el japonés se sonrojara y el rubio quisiera borrar una imagen mental que su imaginación había armado sobre su abuelo en un motel. Mila llegó justo después de que terminaran de comer, no los dejó levantar la mesa ni lavar los trastes, simplemente los empujó a la salida mientras Yuki observaba con atención como sus padres eran exiliados de la casa.
Yuuri se devolvió a besar a su hijo y explicarle que volverían pronto, pero al pequeño parecía no importarle ya que estaba con quienes más lo consentían, Mila y el abuelo. Yuri también se despidió, revolviéndole el cabello y diciéndole que se portara bien, a lo que su hijo asintió con la cabeza para luego marcharse a jugar con su amiga pelirroja.
— ¿Dónde iremos? —preguntó con curiosidad el azabache una vez subieron a la camioneta y emprendieron el viaje.
—Un lugar bonito que pensé te gustaría —respondió mientras no despegaba su vista del camino. Había escogido tres lugares que visitarían, pero el ultimo lo tenía un poco dudoso, aún así irían porque no había averiguado por nada.
— ¿Cómo llegaste a esa conclusión? —peguntó mas para molestarlo que por otra cosa, agradecía que lo llevara a distraerse y lo hacía feliz de alguna manera imaginar que estaban en una cita.
—Porque son lugares que yo no visitaría, son para gente aburrida como tú —respondió con simpleza. Si le hubiese dicho eso cuando recién se conocían, Yuuri se habría enojado, pero eso no pasaba ahora porque sabía que el rubio intentaba ocultar su amabilidad con frases despectivas.
—Entonces me va a encantar —volvió a hablar, pero esta vez sonriéndole con amabilidad, logrando que por un segundo Yuri desviara la mirada del camino solo para ver su rostro de reojo y sonrojarse por lo lindo que lucía cuando estaba feliz.
—Sí, como sea —intentó bajarle el perfil a la situación.
El primer lugar que visitaron fue el lago azul en Kazán, Yuuri quedó fascinado al acercarse ya que si bien el agua era cristalina, se veía azul debido al barro azul que hay en el fondo, el cual se podía apreciar bien por la claridad del lago. Ese día no hacía mucho frio por lo que ambos se quitaron el calzado y calcetines, además de arremangar un poco sus pantalones para meter un rato sus pies en el agua. De vez en cuando conversaban de trivialidades o se lanzaban agua con los mismos pies al moverlos fuerte con la clara intención de salpicar al otro, por suerte no terminaron empapados.
Ese lugar era para comenzar, Yuuri compró algunos recuerdos ya que de verdad le había parecido un lugar hermoso, sobre todo cuando visitaron el mirador.
— ¿A dónde ahora? ¿O esa era toda la gran cita? —molestó nuevamente el japonés.
—Muy gracioso, aún hay más aburridos lugares que solo a ti te pueden gustar —caminaron lado a lado hasta la camioneta, empujándose de vez en cuando con el hombro y riendo por ello. Aún no tenían hambre así que habían decidido almorzar luego del siguiente sitio que visitarían.
El siguiente lugar fue la catedral de la anunciación en Kazán, un lugar muy antiguo y con una hermosa arquitectura. No estuvieron mucho tiempo ahí ya que solo podían observar la belleza del lugar y tomar unas cuantas fotografías para el recuerdo, aun así Yuuri estaba fascinado por intentar ver las diferencias entre la arquitectura de aquí y la de Japón. Era clara la diferencia.
Luego de eso les dio hambre por lo que fueron a comer a un lugar cercano, comida típica de Rusia. Ambos pidieron borch y el rubio parecía más calado de lo usual. Estaba meditando si llevar o no al japonés al último lugar que había planeado. Tal vez era muy pronto para ir y sería mejor volver a casa.
—Yuri, gracias por esto —dijo repentinamente el azabache, rompiendo el silencio y logrando que el rubio perdiera el hilo de sus pensamientos— sé que lo haces para que pueda distraerme y por eso te estoy muy agradecido. Jamás pensé que nos llevaríamos de esta forma —le dijo con sinceridad y el rubio no sabía que responder, pues él tampoco lo pensó.
—Tampoco pensé que nos llevaríamos bien, pero aquí estamos —dijo intentando bajarle el perfil a la situación.
Al terminar de comer se dirigieron al último lugar, el parque "Lago negro" en Kazán, en aquel lugar podrían pasear con tranquilidad además de comprobar lo que se decía de un arco que ahí había.
—Ven —le dijo tomando su mano— quiero comprobar si es cierto.
— ¿Qué cosa? —preguntó el azabache con curiosidad mientras lo arrastraban bajo un arco que parecía de piedra.
—Quédate aquí —le dijo Yuri soltándolo al estar bajo un extremo del arco— se dice que si yo susurro desde el otro lado, podrás escucharme —le dijo al japonés para luego alejarse de él hasta el otro lado del arco, siendo observado con atención por el azabache que no sabía ni entendía por qué razón sería interesante corroborar aquello— ¿Me escuchas? —susurró el rubio, logrando que el japonés lo oyera. Sonrió al darse cuenta que así era.
—Si, es increíble —se asombro el chico ya que de verdad ninguno hablaba en voz alta— puedo escucharte claramente.
— ¿Sabes cómo se llama este lugar, Yuuri? —preguntó el ruso, mirándolo fijamente desde su extremo para ver si el otro asentía o negaba con la cabeza, esperaba que dijera "no".
—No lo sé, ¿Por qué? —alargaba sus respuestas solo por lo divertido que era que pudieran escucharse sin gritar.
—Este lugar se llama "el arco de los amantes" —le confesó, siempre atento a la reacción del japonés, al no ver ninguna ni escuchar nada prosiguió— se le dice así porque la mayoría de las personas vienen aquí a confesar su amor en susurros y también hay una leyenda que dice que si permaneces mucho tiempo con tu amante bajo el arco, serán muy felices juntos… ¿Crees que podamos ser felices juntos, Yuuri? —preguntó armándose de valor— tal vez no ahora, pero si más adelante.
El japonés no sabía que responder ¿Se le estaba declarando o solo jugaba ya que para eso era aquel lugar?— ¿Qué quieres decir, Yura? —preguntó con la necesidad de saber, su corazón por alguna razón latía con fuerza desesperado por saber la respuesta a su pregunta.
—Me gustas, Yuuri, hace poco me di cuenta —habló desde el corazón— no quiero verte llorar por alguien más y estoy seguro que yo puedo hacerte feliz —comenzó a acercarse a paso lento mientras el azabache permanecía estático en su sitio— podemos ser felices, como una verdadera familia… Yuki, tú y yo ¿Qué dices?
Continuará…
