HOLA MIS NIÑASSSSSS!

Aquí os traigo el siguiente capi.

Aquí se explican varias cosas, así que leer atentas!

Sin más os dejo con... "Un ángel entre demonios"

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CAPITULO 2


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En la reserva, los nervios andaban pululantes en el ambiente. La noticia de la llegada de Isabella había revolucionado a todo el mundo.

Realmente no era simplemente por la chica, ya que había pasado muy poco tiempo con ellos, y no la conocían, si no por su padre. Por Charlie.

Él, era una persona muy querida tanto allí en La Push, como en el pueblo. Era gentil, noble, divertido, a su manera, y una persona en la que se podía confiar y contar para cualquier cosa.

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Hacía unos años, en una de las ocasiones en que la familia Cullen, en aquel caso fueron Jasper y Emmet, había ayudado a los Quileutes a desquitarse de unos vampiros un tanto esquivos y persistentes que pretendían fijar residencia en los alrededores de Forks, Charlie, de forma totalmente casual, los había visto en una actitud para nada discreta con sus "virtudes" poco humanas. Los chicos supieron de su presencia, aunque no estaban seguros de lo que había visto; pero eso no fue todo, si no que un par de lobos estaban allí, con Jasper y Emmet.

Los chicos informaron a los ancianos de la tribu y a Carlisle, como Alphas de cada manada o aquelarre para tomar una decisión sobre qué decirle a Charlie.

Al final se decidió contarle algo, ya que él había visto con sus propios ojos la forma de moverse de los vampiros y a los lobos gigantes.

Así que Charlie era sabedor de que había algo más que humanos en el mundo. Que existían ciertas historias mitológicas en las que debía creer, y que los chicos Cullen junto a aquellos lobos que pertenecían a la tribu, estaban allí para proteger al pueblo de ataques de otros seres con ningún respeto por la especie humana.

Por supuesto intentó sosacar más, pero no podían contarle más sin comprometer ambos secretos. Así que se quedó en eso. En que los lobos eran Quileutes y los Cullen, tenían algun tipo de "super" poder.

En el último "incidente" con vampiros nómadas, Charlie fue de gran ayuda confundiendo a la policia, liberando las miras policiales de Forks y así poder hacer más fácil y discreto su trabajo. Ahora, él y los chicos, trabajaban en equipo, y Charlie estaba encantado. Aunque sin revelarle nada más.

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- Papá... ¿me puedes decir porque estás tan nervioso? - preguntó Jake a Billy, el cual no paraba con su silla de un lado a otro.

- La hija de Charlie ya está en el pueblo. - Eso dejó a Jacob trastocado. - Llegó hace tres días. Hubo un vuelo antes de fecha y lo cambió. Así tendría algo más de tiempo para adaptarse antes de comenzar al instituto. - Explicaba Billy, pero Jacob había dejado de oir. - Jacob... ¡Jacob Black!

- ¡Qué..!

- ¿Dónde estás? Te estaba hablando...

- Perdona papá... se me fue la cabeza un segundo – Billy meneó la suya, y comenzó de nuevo.

- Te decía, que esta tarde voy a bajar a saludarla. Con Harry y Sue. Para darle la bienvendia. Charlie está algo nervioso, porque bueno... ya sabes lo corto en palabras que es, y con una mujer adolescente en casa... - Billy comenzó a reirse solo – No sabe ni de que hablar con ella... ¡jajaja! Pero a aparte de eso... quiero decirte una cosa... - Jake asintió - - Escuchame atentamente... No puedo obligarte, porque no sería justo, que te hagas la niñera de Isabella... además no creo que le gustase. - Billy rodó los ojos, al recordar una conversación hacía unas horas con Charlie sobre el caracter independiente de la chica. - Pero quiero que te comprometas a hacerle la entrada en el instituto más agradable. Ayúdala a orientarse, a que no se sienta sola. Y sería genial si la integraseís en el grupo con vosotros. Es importante para Charlie – lo miró con intención. - Sobra añadir nada más, ¿verdad? - Jake asintió solemne.

- Por supuesto papá. No lo dudes.

- Bien... Carlisle y Esme, van a hablar también con sus hijos para pedirles lo mismo; ellos saben fingir sobradamente delante de los humanos, por lo que no debería haber ningún problema. Así que ojito con las bromas y demás... - Jacob prefirió cambiar de tema y no comprobar qué significaba ese "y demás..."

- El coche estará listo para el sábado. Edward me ha dicho que la pieza que falta llegará en un par de días. Me dará tiempo de sobra para que esté preparado para la gran sorpresa. - Eso alegro a Billy, ya que parecía que por fin se relajaba.

- Eso es estupendo, Jake. Estás haciendo un gran trabajo con el coche de Bella. - El chico se infló a si mismo de orgullo.

- Bueno, que los Cullen me hayan conseguido todas esas piezas nuevas, ha echo mucho, la verdad. - Su padre asintió complacido.

Aunque la petición ponía nervioso a Jacob, debía reconocer que le venía de perlas para poder acercarse a Bella sin levantar ningún tipo de alarma. Ya que no quería poner a Bella en la diana de los retos de caza femeninos que se traían él y Edward. Aunque algo le decía que al final habría competencia, como siempre.

Pero por otro lado, a lo mejor ella ni se acordaba de él; o no quería ni tan siquiera su compañía y prefería valerse por si sola y buscarse amigos diferentes... Y sobretodo, esperaba que ella no recordara la historia del beso y del barro... Eso es lo que más le angustiaba.

Esta historia comenzaba a desesperarlo; y Jake era conocido por su escasa paciencia o por la poca pérdida de tiempo en reflexionar las cosas.

Agradeció tener esa noche guardia; así entraría en fase y podría correr para liberar tensiones. No podía permitirse idas de olla como la de esa mañana en la cafetería; si no Edward acabaría por indagar en su mente y no quería darle explicaciones de porque estaba tan nervioso en relación a Bella.

Pero antes de su guardia, le daría unos retoques al coche que sería el regalo de Charlie de bienvenida.

Su padre habia conseguido la carrocería casi intacta de un todoterreno , y le había comentado sobre arreglarla. Después de comprobar los daños de motor, el presupuesto alcanzaba un precio bastante alto. Pero comentándolo con Edward, llegamos al acuerdo de que ellos comprarían las piezas y yo, con la ayuda de Quil y Embry, la montaría.

Todos queríamos facilitarle las cosas a Charlie con Bella y que quedase bien con su regalo.

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Después de una llamada del aeropuerto ofreciéndole una plaza vacante en el vuelo del día siguiente, y siendo aceptada por Bella, otra discusión se originó en casa, con René.

Después de lo que había pasado con Richard, ella había perdido el título de "mamá", para pasar a llamarse René.

- Pero Bella... ¿mañana? - René estaba angustiada. Sabía que en cuanto su hija se subiese a ese avión, la había perdido definitivamente; para siempre. - Es tan... precipitado.

- No sé porque te alteras tanto, René. Tu sueles hacer las cosas así... precipitadas y sin medir las consecuencias. - Le soltó como una daga envenenada.

- Por favor hija... espera. No te vayas así... Yo... ya no sé como pedirte disculpas – se lamentaba su madre.

- Tus lágrimas, ya no me afectan. Mañana me voy. Y preferiría que no me acompañases al aeropuerto. -Se giró para irse, pero volvió a enfrentarla – Por cierto... puedes decirle que ya tiene el paso libre para entrar cuando quiera. A partir de mañana, en cuanto ponga mis pies fuera de esta casa, yo aquí no pinto nada... Me refiero a que pinto menos incluso que antes.

- Bella... por favor... Lo siento... perdóname. - Bella la miró con una ceja alzada.

- Ya estás perdonada... Simplemente que esto fue la gota que colmó el vaso. Estoy cansada de tus locuras, de tus estupideces de hippy entrada en años que se niega a envejecer... Madura René. Tienes más de cuarenta años, ¿no crees que es hora de dejar las tonterias?

- Cielo, sé que tienes razón. No te he dado una infancia normal... Lo sé. Y me disculpo por ello...

- Si, como siempre. Hasta que hagas otra estupedez mayor... Aunque no sé como podrías superarte a ti misma después de lo de Richard.

- Ya te he prometido que no entrará en casa mientras tu sigas viviendo aquí. Tú eres más importante que él... Siempre has sido lo más importante – Gimoteaba René desesperada.

- Bonita manera de disimularlo... Además, no te creo. Sé que en el momento en que doblegue y las cosas vayan volviendo a la normalidad, al final acabarás liándola otra vez. Y aunque él ya no me importe, me duele ver como mi madre se tira al que fue mi novio hasta que ella lo metió en su cama. - René cerró los ojos intentando hacer desaparecer el recuerdo de cuando su hija los encontró en una postura poco correcta en su cama, desnudos, gimiendo y perlados en sudor. - Ya llevabamos tiempo tensas, porque estaba cansada de tus jilipoyeces, pero vuelvo a repetirte... Esto ha sido la gota que ha colmado el vaso de mi excesiva paciencia. Mañana por la tarde embarco rumbo a Forks. Estoy segura que aquello, no podrá ser tan malo como seguir aquí contigo.

Y tal cual lo dijo, asi hizo. Al día siguiente por la mañana mientras su madre trabajaba, tomo un taxi rumbo al aeropuerto.

Si le dijo la verdad a René sobre el nuevo día de vuelo, pero le mintió en la hora. No quería que la acompañase al aeropuerto. Necesitaba hacer esto sola. Sin despedidas. Sin dramas ni escenas.

Le dejó una nota en la nevera, cogió sus cosas y se fue.

- Bueno Bella... Aquello no será tan malo. Solo es un año. Además, podré aprovechar el menor nivel académico de allí para mejorar algunas notas, y así abrirme mejores puertas de becas para la universidad. Solo un año. ¿Qué puede salir mal en un año? ¿En Forks? Morirme de aburrimiento, tal vez. Pero, ¿Qué daño puede causarme?

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Su padre fue a buscarla al aeropuerto a la hora que le dijo. Realmente estaba allí una hora antes por si el vuelo se adelantaba.

Antes de salir, recibió una llamada de René, alertándolo de que Bella se había al aeropuerto, si estaba informado sobre el nuevo cambio.

- Si, me llamó ayer para decirmelo.

- ¡Ah! Bueno, me quedo más tranquila, sabiendo que estás al corriente.

- René... Ella... ¿te mintió para que no la acompañaras? - preguntó, atónito.

- Sí.

- Pero... ¿qué es lo que ha pasado entre vosotras? No me lo explico. - Charlie estaba confundido; no encontraba motivo para que Bella se fuese a vivir con él, a un año de acabar el instituto. Bella solo debía aguantar un año más y estaría en la universidad.

- Charlie... yo... no puedo explicarte. Han sido muchas cosas... Bella está, cansada de aguanta mis tonterías y mi falta de madurez... y ha explotado. - A Charlie no le acabó de convencer la explicación de su exmujer.

- No voy a seguir insitiendo en que me lo cuentes. Ya te he preguntado varias veces y ninguna quiere decirme el motivo real. Bueno... la verdad no me importa. Me alegro que haya recordado que tiene un padre con el cual puede contar. Será muy agradable tenerla aquí este año, antes de que se convierta en adulta y haga su vida.

- Sí, me alegro por ti. Disfrútalo Charlie. Tienes una hija maravillosa, aprovecha este año con ella. - dicho lo cual, colgó.

Después de anunciar la llegada de su vuelo, Charlie se levantó y se fue a esperarla cerca de la puerta de desembarque.

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Llevaba sin verla en persona dos años, y estaba nervioso por el encuentro. Mientras notaba como comenzaba a sudar, las puertas se abrieron y un par de minutos, eternos, después, Bella apareció cargada con dos maletas.

Él corrió a ayudarla. Se quedaron mirándose durante unos segundos, sin saber muy bien qué hacer.

- Hola papá – lo saludó ella, al ver que él se había quedado plantado.

- Hola hija... Estás... muy cambiada. - Sonrió – Estás, realmente preciosa. - No sabía cómo habían salido esas palabras de su boca, ya que era una persona poco dada a las demostraciones afectivas.

- ¡Vaya... gracias! - Las mejillas de Bella se tiñeron de rojo.

- Veo que sigues poniéndote colorada por nada – Bromeó él, a lo que ella asintió arrugando la cara divertida.

Una vez en el coche, estuvieron casi una hora sin decirse nada. NO encontraban las palabras adecuadas. Hasta que Charlie decidió romper el hielo.

- Bella... quiero que sepas que estoy encantado de que vengas aquí a vivir, conmigo.

- Gracias. Yo... quisiera que supieras que estoy muy agradecida por que me acogieras así de fácil en tu casa. Sin preguntas, sin reproches... Sé que fue todo un poco precipitado... - Se excusaba ella, nerviosa.

- Por favor... no tienes que agradecer nada. Esta ha sido tu casa siempre, y siempre han estado las puertas abiertas para ti. - Bella le sonrió en agradecimiento a sus palabras. - Lo único que siento es qu eno hayas considerado mudarte como una opción antes. - Murmuró, pero lo suficientemente alto como para que Bella pudiese oirlo.

Hicieron otro largo silencio, sumidos en sus cosas, hasta que, esta vez Bella, rompiese el silencio que comenzaba a ser algo agobiante.

- Cuéntame... ¿Qué tal Forks?...

Con esa pregunta, tuvieron conversación, tranquila y amena durante el resto del viaje. Charlie comenzó a contarle anécdotas y vivencias, mientras ella escuchaba. De vez en cuando intervenía, haciendole alguna pregunta. Realmente le interesaba la conversación, ya que así se iba haciendo a la idea de lo que podría encontrarse allí.

Hasta que su padre entró en un tema que llamó algo más su atención: Los Quileutes.

- ¿Siguen viviendo todos los chicos allí? Con los que jugaba de pequeña, me refiero. - preguntó con suavidad.

- Sí. A excepción de algunos de los mayores, que se han mudado para estudiar o trabajar. Los de tu edad están allí. Además, van a tu mismo instituto, así que no tendrás que empezar sola. - Charlie esperó para ir viendo la reacción de ella, que se mostraba tranquila y relajada – Cuando decidas el día que empezaras a clase, los avisaré para que te recojan en casa y así vas con ellos. Supongo que será más fácil si llegas conociendo a alguien. ¿verdad? - preguntó entusiasmado.

- Sí... - contestó tímida.

Aunque no lo tenía tan claro. El recuerdo que la había acompañado de su último verano no había sido especialmente bueno, debía recordar que eran unos niños de once años. Habían pasado siete años desde entonces. Todos la habrían olvidado.

Él... Jacob, ni se acordaría de ella. Ni de aquel beso que quedó sin sellar aquel día en la playa.

Tuvo que esconder la sonrisa que se le escapaba de los labios recordando el "regalito" que le traía en la maleta. Aunque debía reconocer que le daba pánico el momento en que se lo diese; por supuesto que lo haría en momento en que ella se sintiese segura para hacerlo, pero... ¿llegaría ese momento?

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A los pocos días de llegar, tuvo una visita inesperada.

- Bella – la llamó su padre desde abajo de las escaleras. - ¿Puedes bajar?

- Si... voy.

Al bajar al salón, se quedó de piedra. Dos personas, por llamarlas así, estaban adornando el salón de su padre, desmereciendo cualquier cosa a su alrededor.

Eran dos divinidades griegas:

Un hombre, rubio de treinta y tantos, con un atractivo capaz de derretir un iceberg, y una mirada dulce e hipnótica.

Y una mujer, de su edad aproximada. Cabello caoba perfectamente peinado y cuidado; su cutis era literalmente perfecto. Y sus ojos, del mismísimo color que los de su acompañante, igual de hiptónitos pero transmitían una ternura sin fin.

Ambos pálidos como la más pura e inmaculada nieve.

- Bella, hija... Ellos son el matrimonio Cullen. Carlisle y su esposa Esme. Han venido a saludarte. - Informó Charlie.

- ¡Oh, vaya! Eso, es... todo un detalle por su parte. Muchas gracias, han sido muy considerados – Bella sacó a relucir su refinada educación, a sabiendas que dejaría a su padre en buen posición ante la visita. Aunque no se hacía ni una ligera idea del orgullo que le hacía sentir a él solo con su presencia.

- Por favor, no nos des las gracias. No se merecen. - Contestó Carlisle sonriente y agradecido.

- Y no nos trates de usted... Nos haces parecer demasiado mayores – Esme le guiñó un ojo y se acercó a ella y con sumo cuidado, le dio dos besos en las mejillas.

- ¡Joder!... Está helada.

- Tu padre estaba deseando que llegases – Comentó Carlisle – No ha dejado de hablar de ti desde que supo que te mudarías.

- Pero todo cosas buenas – Sonrió Esme de forma cómplice.

Pero ese pensamiento no dejó que se mostrase en su cara de ninguna forma. Devolvió los besos gustosa y agradecida.

Obviando su belleza deslumbrante, parecían encantadores. Y... había algo en ellos, que... no sabría describir, pero era como una conexión, una chispa de complicidad inmediata. Como si fuese a encajar con ellos, a entenderse de algún modo.

No tardó en comprobar que tenían cosas en común. Carlisle parecía tener un conocimiento en historia sin paradigma, y Esme entendía de arte más que cualquier profesor que hubiese tenido nunca.

Se pusieron a hablar sin parar. Parecía que se conociesen de toda la vida.

Pero bajo esa "conexión", su "halo" comenzó a avisarla de algo... de un peligro. Uno encubierto... ¿Pero qué peligro habría en dos personas tan encantadoras?

Bella le enseñó algunos dibujos que había pintado, a lo que Esme quedó gratamente sorprendida del talento de la chica.

Calisle y Charlie se fueron a un aparte para hablar.

- Parece que ha encajado con vosotros – Se alegro, y sorprendió a su vez. - Está hablando más en este rato, que en los tres días que lleva en casa. - El rostro de Charlie se volvió una mueca triste.

- Tranquilo Charlie. Tenéis que conoceros... hace mucho que no os veíais y... os habéis relacionado muy poco. No os conocéis. Poco a poco. Es encantadora y muy simpática. - Giró la cara hacía la chica, la cual estaba entusiasmada hablando de arte con Esme – Mi mujer esta pletórica con ella – sonrió. - Mírala... solo necesita que le den un poco de pie. - Charlie asentía mirando orgulloso hacía su hija.

- Pues yo que soy un desatre para las relaciones... vamos mal – Se lamentó.

- Charlie, con tiempo, ¿de acuerdo? - Asintió – Seguro que se llevará bien con los chicos, eso le hará abrirse más contigo. Tener amigos, para los jóvenes es imprescindible, eso los ayuda a abrirse también en casa.

- Si... en cuanto empiece a clase y se vaya relacionando, su actitud cambiará... o eso espero. - Carlisle le dio unos golpecitos de ánimo en la espalda.

- Además... siento decirte, que tendrás a un montón de varones rondando tu casa sin tardar... - Charlie frunció el ceño de forma teatral. - Es una hermosura, Charlie.

- Sí... casi demasiado – Rodó los ojos y Carlisle no pudo aguantar una carcajada – Eso mismo pensé yo nada más vela bajar del avión. ¿Sabes? - Carlisle lo miró simpático, esperando cualquier salida de las de Charlie – Haría una bonita pareja con tu hijo Edward. - Carlisle tuvo que aguantar el tipo ante el comentario.

Si Charlie supiese lo que en realidad eran él y su familia, no creía que estuviese tan feliz de emparejar a su hija con un vampiro de 115 años.

Y es que Bella tenía un atractivo fuera de lo normal en una adolescente de 18 años. Tenía el cuerpo formado, con sus curvas de mujer más marcadas que otra de su edad; una cadera bien definida y unos pechos rellenos y bien puestos. Una cara blanca con un cutis rozando lo perfecto. Ojos iguales a un cielo ligeramente nublado y una melena larga y castaña, con unos ligeros reflejos rojizos.

Una vez su hubieron marchado los Cullen, Bella se puso a preparar la cena.

- Papá, mañana deberíamos ir al super a comprar... No tienes casi de nada – Lo riño dulcemente. - ¿Sabes? Los Cullen me han caido genial. Son... no sé... tienen algo especial.

- Si... son grandes personas. Ya iras conociendo al resto. Vas a encantarles, ya verás.

- ¿Te importa si pongo un poco de música en la cocina mientras hago la cena? - Esa libertad le sorprendió gratamente. -Si no te molesto...

- No, no... para nada... - Se apresuró él a contestar. - Pon la música que quieras.

Carlisle tenía razón. En cuanto tuvo contacto con otra gente con quien halbar y explayarse, su humor había mejora notoriamente. Estaba encantado.

Estaba tan emocionado, que estuvo a punto de llamar a Carlisle para contarle, pero le pareció algo infantil.

Ya se lo comentaría en otro momento. Seguro que le gustaría haber acertado y que le reconociera el consejo.

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Bueno... ya sabéis el "por qué" de que Bella quisiera irse a Forks..

Espero os haya gustado el capi.

En unos pocos días... el siguiente... Estar atentas!

Y por fin... todos se conoceran! ¡UUUUhhhh, qué nervios!

BESITOS A TODAS!