¿Papi? —despertó asustado, había tenido una pesadilla la cual al ser tan pequeño le costaba comprender. Para él los sueños eran realidades al no poder diferenciar los mundos de fantasía aún— ¿Mila? —volvió a llamar con la voz temblorosa mientras las lágrimas caían de sus ojitos. Tenía miedo y necesitaba protegerse entre los brazos de su padre o tal vez… —ded —la palabra "abuelo" en ruso salió de sus labios y tomando aire para darse valor abrazó a su cachorro de peluche recordando que el real estaba a su lado dormido.

Se levantó de la cama y el cachorro lo imitó, eso le daba más confianza al sentirse acompañado por su amigo, iría por el abuelo ya que sus padres no respondían a su llamado. Sabía que Nikolai a veces no escuchaba del todo, así que tal vez este estaba en su habitación durmiendo y no lo había oído, iría a investigar.

Repentinamente tras abrir a puerta, el cachorro adoptó una actitud diferente, comenzó a gruñir hacia las escaleras y tirar de la ropa de Yuki para que este no siguiera avanzando. Yuki pensó que debía detenerse, pero escucho la voz nerviosa de Mila, inconscientemente el pequeño sabía que la voz de la mujer denotaba miedo y él, como digno hijo de su rubio padre no podía dejarla sola. Sin importar los ladridos de su perro, bajó las escaleras encontrándose con un hombre extraño que daba miedo.

¿Pero que tenemos aquí? —Preguntó aquel hombre fingiendo amabilidad hacia el infante— al parecer un pequeño superhéroe vino a ayudar a la damisela en apuros —observó fijamente a Yuki mientras le sonreía— tranquilo, solo estamos jugando ¿verdad, Mila? —preguntó volteando hacia la pelirroja. El pequeño azabache se veía bastante menor como para contar una historia sobre lo sucedido, pero no podía descartar la idea de que hablara de más alertado a más gente así que solo quedaba que la chica fuera inteligente y fingiera que se conocían y se llevaban bien.

S- sí —Mila fingió una sonrisa que al parecer convenció al menor quien de inmediato corrió a sus brazos preguntando quien era la persona extraña— es un amigo, cariño. Aunque creo que ya se va.

Georgi soltó un suspiro y se levantó de mala gana, a estas alturas solo le quedaba esperar y vigilar. Ahora con mayor razón se enfocaría en aquella familia que ya era segunda vez que lo hacían ir en persona hasta el lugar.

El hombre se despidió de la pelirroja con un beso en la mejilla y le revolvió el cabello a Yuki a modo de despedida antes de salir por la puerta, aprovechó la cercanía de los rostros para murmurarle en ruso a la chica que tuviera cuidado con lo que decía para que supiera que estaría siendo vigilada.

Cuando el sujeto se fue, Mila recién pudo respirar tranquila por un momento. Debía estar calmada ya que tenía un niño a su cargo, ya habría tiempo de pensar en qué hacer y cómo solucionarlo, por ahora lo único que su mente podía pensar era en que Lena estaba en peligro ya fuera con su padre o junto a ella y eso la entristecía demasiado. Quería cuidarla y ahora al parecer no había lugar seguro para la pequeña.

El celular de Mila sonó sacándola de sus pensamientos, Yuki lo alcanzó ya que el aparato se encontraba en la mesita de centro cerca de ellos y se lo entregó a la pelirroja quien contestó intentando que sus manos dejaran de temblar.

Yuri la llamó para informarle lo que el médico le había dicho y preguntándoles si todo estaba bien a lo que la chica respondió afirmativamente. Yuki por supuesto también habló con su padre, contándole con su escaso vocabulario sobre la visita de aquel amigo de Mila, pero como el rubio tenía la cabeza en otro lado solo respondía con monosílabos sin prestar demasiada atención, después de todo ¿Qué tan importante podría ser lo que decía un niño pequeño? Tal vez solo le contaba sobre su mascota o sus juguetes.

Todo está bien en casa —informó el ruso a Yuuri para que este no se preocupara.

Eso es bueno ¿Quieres un café? —preguntó a Yuri ya sintiéndose un poco más tranquilo, tal vez el rubio necesitaba algo caliente para beber y tranquilizarse también ya que se veía preocupado. Yuuri estaba ahí para ser su apoyo, ya lo había decidido.

El de ojos verdes solo asintió, sentándose un rato mientras echaba la cabeza hacia atrás y cerraba los ojos con la intención de tener un poco de paz mental. El japonés fue a una de las maquinas expendedoras de café, metiendo las monedas para pedir uno para Yuri y un chocolate caliente para él. Necesitaba algo dulce.

Después de beber en silencio, ambos salieron del lugar, después de todo ya era tarde y el horario de visitas había terminado por lo que no podrían ver al abuelo hasta el día siguiente. Podrían volver con Yuki y Mila para que Nikolai se pusiera contento de ver a su familia acompañándolo.

Yuki corrió hacia la puerta al escuchar a sus padres llegar, Yuuri lo alzó en brazos, pero el menor comenzó a mover su cabeza de un lado a otro como buscando a alguien. Quería a Nikolai quien no se veía por ningún lado de la casa ni tampoco estaba junto a los Yuris.

Ded —les dijo de inmediato y ellos lo entendieron. Si bien Yuki no hablaba en demasía, entendía bien la mayoría de las cosas que se le explicaban por lo que cuando le dijeron que el abuelo tendría que dormir en el hospital porque estaba enfermo, el menor decidió que cuando lo vieran le prestaría nuevamente su peluche para que se sintiera acompañado.

Mila no habló sobre lo acontecido aquel día, no diría nada hasta esclarecer sus pensamientos y saber bien lo que haría. Con lo de Nikolai, lo menos que quería era dar más problemas, así que solo les diría cuando tuviera una solución.

Yuri fue quien hizo dormir a Yuki mientras Yuuri le decía a Mila que ya era muy tarde y que lo mejor sería que se quedara a dormir ahí con ellos. No sabía que tan peligroso podría ser salir a esas horas, además de que debía estar cansada por cuidar del infante. La chica accedió y durmió en la habitación del abuelo, al recostarse en aquella cama podía recordar claramente su niñez, cuando iba a visitarlo y dormía junto a él porque le daba miedo estar en una habitación sola, Yuri la llamaba ", pero él también los acompañaba y así ella podía estar tranquila y soñar cosas lindas.

Mila se durmió recordando los viejos tiempos, pensando en el abuelo y en como quería darle la misma felicidad que ella tuvo a esa pequeña niña, porque ningún pequeño merecía vivir escapando, ni tampoco crecer en el tipo de mundo que quería ofrecerle Georgi.

Por su parte, Yuuri le daba una vez mas, vueltas en su cabeza a la propuesta del rubio. Se decía a si mismo que no estaba bien estar con alguien sin sentir nada, pero también, un lado de él le indicaba que esa era la mejor opción para él y su pequeño ¿Qué debería hacer?

Gracias —escuchó una voz lejana hablarle, recién se daba cuenta que tenía los ojos cerrados. Se había dormido en el sofá— por todo —la mano de aquella persona le acarició suavemente el cabello para luego de un par de minutos sentir como los fuertes brazos del rubio lo alzaban. No abriría los ojos, no le diría que estaba despierto porque se sentía cómodo en aquellos brazos, se sentía protegido y no quería arruinar el momento.

Lo último que sintió fue el colchón bajo su cuerpo y un tierno beso en la frente para luego caer completamente dormido, con su respiración tranquila y su cuerpo relajado al sentir que cualquier cosa se podría superar si estaba junto a Yuri.

El rubio se fue a dormir pensando en que pasara lo que pasara no dejaría ir al azabache, haría lo que fuera para que este entendiera que se necesitaban el uno al otro, que las cosas como el destino si existían y que todo pasaba por algo.

Continuará…