Al día siguiente, Yuuri se despertó temprano para hacer el desayuno, grande fue su sorpresa a encontrar a rubio ya preparándolo. Tenía cara de haber dormido poco así que en silencio se unió a él y ayudó en todo lo que pudo, recibiendo un repentino beso en la mejilla junto a un "buen día" en un tono de voz bajo, casi como un murmullo.

El japonés se sonrojó mientras respondía al saludo y terminaba de ayudar sirviéndole comida y agua a la mascota para luego ir por Yuki y vestirlo. Tenían que ir a visitar a Nikolai ya que les dirían cuantos días debía estar en la clínica.

Buenos días, mocoso — saludó a su hijo alzándolo en brazos, le reconfortaba tenerlo cerca. Sonrió al ver el rostro enojado del menor por llamarlo de aquella manera así que se retractó de inmediato— está bien. Buenos días, Yuki ¿Así está mejor? —preguntó mientras lo sentaba en la silla de bebé.

sí, yo Yuu-ki —le aclaró de inmediato.

Mila bajó al poco tiempo para desayunar también, Yuuri pudo notar que tampoco había dormido bien, pero al parecer todos se alegraban al ver al infante lo cual era un alivio.

Buenos días, Yuki —saludó dándole un sonoro beso en la mejilla, el cual el menor se limpió de inmediato, haciendo reír a los adultos.

Estaban bien en el horario por lo que al terminar de comer la pelirroja recogió y lavó los trastes, mientras Yuuri preparaba el bolso que llevaba siempre con las cosas necesarias para su hijo como las toallitas húmedas, algún juguete, un cambio de ropa, etc. Había que ser precavidos ya que los niños eran muy impredecibles a la hora de actuar.

Salieron con el tiempo justo para llegar al momento que comenzara el horario de visitas, Yuki no olvidó llevar a su perrito de peluche para entregárselo a Nikolai y así su abuelo no se sintiera solo. Su padre azabache le había dicho que debía ser un buen niño como la vez anterior, para que así Nikolai pudiera descansar como le había indicado el doctor y si bien el infante no entendía todas las palabras con las que le explicaban las cosas, si sabía que el portarse bien daba como resultado un abuelo feliz.

Al llegar al lugar tuvieron que esperar unos minutos ya que al parecer estaban terminando de preparar a Nikolai para verlos. Al entrar el mayor sonrió como siempre, aunque lucía más pálido y un poco ojeroso, se notaba que intentaba parecer fuerte frente a sus nietos y bisnieto.

Buenos días, muchachos —los saludó mientras uno a uno se acercaban a darle un beso en la mejilla— ¿Este niño tan tranquilo es Yuki? No puede ser, parece que me lo han cambiado —bromeó al ver que no estaba deambulando por la habitación.

Yo portar bien, ded —le decía mientras dejaba el peluche junto al mayor— salúdalo "wof, wof" —imitó el sonido del perro y Nikolai lo acariciaba.

Muchas gracias, estoy seguro de que me cuidara bien —el infante sonrió al sentir que había hecho las cosas bien, que era un buen niño.

Se fueron turnando para estar con el abuelo, este podía comer solo así que solamente se limitaron a acompañarlo para que luego Mila y Yuuri se quedaran con el mayor mientras el rubio llevaba a su hijo a comer algo, puesto que ya le estaba dando hambre. Los adultos simplemente bebieron café y Yuri obligó a su "esposo" a comer aunque sea un sándwich en la cafetería del hospital, él podía no alimentarse bien, pero no dejaría que a Yuuri le sucediera algo.

Vas a comer, aunque tenga que dártelo como a un niño —le decía mientras le acercaba el aperitivo a la boca. Sin hallar excusas el azabache terminó comiendo mientras su hijo reía diciendo que su papá era un bebé.

Mila habló con el doctor esta vez, le dijeron que al día siguiente le darían el alta si seguía así de estable y una enfermera le comentó que usualmente en las personas enfermas los síntomas disminuían un poco al tener gente alrededor y sentirse tranquilos. Era extraño cómo funcionaba el cuerpo, si bien la enfermedad no desaparecería por "el poder del amor", podía sentir menos dolor si la persona se sentía a gusto, podían hacer que sus últimos momentos fueran amenos.

Se despidieron de Nikolai prometiéndole ir por él al día siguiente, Yuki no pudo evitar llorar un poco ya que quería quedarse junto a él ya que en su mente no entendía bien algunas cosas, pero se había comportado todo el día así que era entendible. Nikolai le prometió volver a casa al día siguiente y ahí el pequeño se tranquilizó.

Mila se fue a su hogar ya que tenía cosas que hacer las cuales había retrasado para poder visitar al abuelo y los Yuris decidieron cenar fuera al ninguno tener muchos ánimos de cocinar. Estaban cansados y lo único que querían era comer y relajarse un poco en casa luego.

Comieron en un restaurante de comida rápida que Yuri escogió, uno donde había un menú infantil que traía un juguete para el niño— eso no está bien, no es saludable —lo regañó el azabache en voz baja.

Tranquilo, no le hará nada comer un poco de chatarra y beber gaseosa una vez —habló olvidándose de la primera vez que dejó que el menor consumiera exceso de azúcar y que luego no podía controlarlo.

Yuki estaba feliz con su juguete de superhéroe, se comió la mitad de la comida, bebió toda la gaseosa y comió una gran porción de helado mientras Yuuri observaba en silencio como el ruso consentía a su hijo. En cierto modo lo entendía, sobre todo hoy, Yuri quería despejar su mente y al parecer lo mejor que había encontrado era escuchar las risas de su hijo y prestarle toda su atención para no pensar en lo inevitable.

Al llegar la noche y estar en casa Yuki no quería dormir, estaba muy inquieto saltando sobre el sofá, intentando escalar la puerta de seguridad de la escalera y corriendo con su mascota por toda la sala— en algún momento se cansará y caerá dormido —le dijo el rubio a Yuuri quien lo miraba con cara de "te lo dije".

Entonces cuando se canse, tú lo haces dormir. Buenas noches —le dijo en tono molesto para luego ir hacia la escalera con la intención de subir, pero no alcanzó porque el rubio lo levantó desde la cintura y se lo puso al hombro como si fuera un saco.

Yuki, voy a robarme a tu papá —le dijo al menor llamando su atención al hacer una fingida risa malvada.

¡Ayuda, ayuda! —Fingió Yuuri para darle más realismo al juego.

El menor quien tenía una toalla amarrada al cuello a modo de capa, corrió tras el rubio— ¡No te escapadas, mavado! —le gritó mientras con una espada de plástico iba a atacarlo intentando cortarle el brazo, al ver que no pudo y que el mayor reía acudió al plan B—¡Muedelo! —le dijo a su cachorro y este obedientemente comenzó a tironear a Yuri desde el pantalón.

Al final como el rubio no quería fingir que perdía, Yuuri le hizo cosquillas disimuladas logrando que este cediera y lo soltara cayendo los dos al piso aunque no fuerte. Yuki se les lanzó encima, todos reían hasta las lágrimas por el juego.

Por un momento se habían olvidado de todo, por un momento habían logrado parecer una familia feliz, pero ahí faltaba alguien y se dieron cuenta cuando las risas cesaron y quedo todo en silencio. Faltaba Nikolai.

Se fueron a dormir decidiendo ir todos a la cama de Nikolai, se acostaron los tres juntos en la cama con Yuki en medio quien cayó rendido luego del baño y tantos juegos. El silencio volvió a reinar aunque no era incomodo, de hecho se podía sentir la calidez familiar entre ellos tres, Yuuri podía sentir como su corazón era llenado con felicidad y que esta se debía al rubio.

Al día siguiente visitaron nuevamente a Nikolai y tal como habían dicho le dieron el alta, indicaciones que debía seguir al pie de la letra y una dieta de la que Yuuri se encargaría ya que sabía que el rubio no podría.

Los días siguientes los utilizaron para pasear con el abuelo y crear recuerdos, tomar fotografías y hacer videos donde Nikolai pudiera vivir por siempre, porque la mente es frágil y aunque uno no quiera va olvidando lo que es importante y a quienes eran importantes. Aunque Yuki jamás podría olvidar a quien le dio tanto amor.

Mila los visitaba de vez en cuando, aunque se veía extraña, a veces metida en sus pensamientos y cuando le preguntaban sobre la adopción de la que tan entusiasmada había estado, cambiaba el tema.

Poco a poco el abuelo comenzó a pasar más tiempo en la cama que en los otros lugares de su propia casa, se estaba debilitando aunque no perdía el sentido del humor ni las ganas de compartir con su familia así que los días que amanecía tan mal que no podía salir de su habitación, todos iban a comer junto a él. Subían la silla de bebé y los demás se acomodaban en la cama con bandejas mientras conversaban con normalidad sin tocar el tema de la delicada salud de Nikolai, lo cual el mayor agradecía.

Nikolai no quería ver a sus seres queridos tristes, el sabía que su momento llegaría algún día ya que esto era parte del ciclo de la vida y debían aceptarlo. Se sentía feliz de ver que hizo lo mejor que pudo y que su familia era hermosa, con eso ya no le quedaría ningún asunto pendiente en esta tierra como para que quedara vagando como un espíritu errante.

A finales del segundo mes tuvieron que internarlo en la clínica puesto que necesitaba asistencia constante de una enfermera ya que comenzaba a olvidar cosas pequeñas y a veces sufría desmayos repentinos.

Yuratchka, creo que es momento de hablar —le dijo a su nieto luego de pedir que los dejaran a solas— es momento de decidir que pasará con mi cuerpo, ya casi no queda tiempo.

Continuará…