Mila se fue a casa luego de visitar al abuelo, tenía trabajo que realizar y cosas en las cuales pensar. Lena era una de sus prioridades ahora y no podía decir que ahora no la quería ya que estaba en la mira de aquel sujeto, sin importar lo que hiciera seguiría ahí bajo su vigilancia. Ya le había dicho que le convenía mas que ella la tuviera.
Decidió hablar con Víctor e intentar decirle entre líneas que ya sabía lo que sucedía para ver la manera de poder comunicarse entre ellos y hacer algo por la menor.
—Víctor, hola. Sé que es tarde, pero quería decirte que ya sé lo de Lena —le dijo al teléfono cuando este contestó, el platinado se quedó en silencio debatiéndose si en verdad era lo que creía— sé todo sobre su árbol genealógico, creo que todo esta… bien.
Estaba claro que Georgi debió haber actuado, seguramente ya la tenía amenazada por lo que ya no podría confiar en ella para darle a su hija, debía dejar de hablarle para no dejar que ese idiota lograra poner un dedo encima de su pequeña.
—Entiendo, pero creo que es mejor no hacer esto. Esta mejor conmigo —le dijo secamente para luego proceder a cortar, pero la voz de la chica lo hizo desistir.
—Podemos manejar esto —le dijo ella— pero creo que deberíamos hablarlo en privado.
Yuuri llevó a su hijo a comprar alguna golosina para que el rubio y su abuelo pudieran conversar con tranquilidad, sabía que la situación se estaba tornando bastante delicada y que aunque él no era realmente parte de la familia había creado lazos y estos no podían desvanecerse, tampoco quería que eso sucediera. El dolor que se avecinaba lo afectaría tanto a él como a Yuki y no podía evitarse, la pérdida de un ser querido siempre era algo difícil, pero debía aceptarse de la mejor manera sobre todo cuando había niños de por medio.
Yuki parecía percibir lo que sucedía a su alrededor, los niños no eran tan ingenuos como los adultos pensaban. Algo en el interior del menor le decía que debía apegarse a su abuelo mientras aún podía, porque él podía presentir inconscientemente como pronto llegaría el momento en el que ya no estarían juntos.
— ¿Quieres escoger algo para el abuelo? —le preguntó a su hijo quien parecía pensativo frente a la máquina expendedora de golosinas, el menor quería llevarse más de uno, pero su padre japonés le había dicho que eso no estaba bien. Si hubiese estado con su otro papi este le habría comprado uno de cada marca y sabor.
—Si, ete —respondió al sentirse contento de llevarle algo al abuelo. Escogió unas galletas que afuera tenían el dibujo de algo que no podía reconocer bien, pero que había visto antes en el frasco que el abuelo abría cuando se quedaban solos, diciéndole que era el secreto de ambos.
— ¿Galletas con crema de café? —Yuuri se preguntaba que habría hecho que su hijo escogiera algo como eso, pero no le dio mucha importancia. Nikolai adoraba el café, Yuri se lo había dicho, pero lamentablemente no podía beberlo mucho debido a su salud.
Yuki asintió y Yuuri metió las monedas para sacar el paquete de galletas, el doctor les había dicho que al ser los últimos momentos, ya no era necesario ser tan cuidadosos ya que la idea era que fuera feliz, después de todo no había vuelta atrás y comer una o dos cosas que estaban prohibidas no haría las cosas mucho más graves de lo que ya eran.
El menor escogió para él mismo unas galletas con crema de fresa, adoraba aquel sabor tan dulce además de que le recordaba cuando iban a visitar a la abuela y esta le preparaba tarta de fresa.
Terminaron de comprar para luego dar un par de vueltas, visitando la sección de maternidad y viendo a los bebés a través de un vidrio, Yuuri le contaba a su pequeño que él había sido igual que esos bebés, pero para Yuki esos pequeños no eran de piel rosa como en la televisión sino que tenían un color más bien rojizo y no eran muy lindos— Yuki mas lindo —le había dicho a su padre mientras fruncía el ceño y Yuuri rio por el comentario. La verdad era que la mayoría de los recién nacidos no eran muy agraciados, pero cambiaban con el tiempo, así como su hijo quien realmente era bastante hermoso, tal y como un niño de comercial, seguramente se debía a los genes de Yuri.
—Yuri… —pensó en voz alta mientras se preguntaba si ya habrían terminado de hablar, le preocupaba que el rubio se desmoronara en cualquier momento. Este había intentado mantenerse fuerte ante los ojos de su familia, después de todo sentía que debía proteger del dolor a sus seres queridos y Yuuri podía notarlo, lo había abrazado incontables veces cuando se sentaban en el sofá a conversar mientras todos dormían, le había dado palabras consoladoras y le había prometido estar ahí para él cuando lo peor pasara. Yuri solo había logrado responder con un simple "gracias" en cada ocasión, sin corresponder, solo dejándose abrazar ya que sentía que si hacía el mas mínimo movimiento, se quebraría.
—Ven —Yuki tiró de la mano del mayor para que volvieran a la habitación del abuelo, seguramente ya habían terminado de conversar así que siguió a su hijo quien también quería aprovechar el tiempo con su ser amado.
—Si esos son tus deseos, no puedo negarme —le dijo al final de la conversación el rubio.
Nikolai podía ver la tristeza en los ojos de su nieto, aún si mostraba un semblante serio, estaba seguro de que este solo quería mostrarse fuerte. La experiencia así se lo decía, después de todo el ya había perdido a bastantes personas a lo largo de su vida y siempre fue él el pilar de la familia, el que debía brindar apoyo y no desmoronarse, pero ahora esa ya no era su labor, sino de Yuri, su Yuratchka.
—Ven aquí —palmeó a su lado y el menor luego de un suspiro accedió a ponerse en el lugar indicado, recostándose junto a su abuelo tal y como hacía cuando era pequeño, siendo abrazado de inmediato y recibiendo un par de palmaditas sobre la cabeza.
Estuvieron así por varios minutos hasta que escucharon una infantil voz que pedía atención— ¡No! ¡Es mío! —exclamó Yuki mientras se acercaba al lugar y tironeaba a su rubio padre de la ropa para que saliera de su lugar. El rostro enojado del infante causó risa en los adultos, Yuri le sacó la lengua e hizo como si se aferrara mas fuerte a Nikolai, teniendo cuidado de no ser muy brusco.
Al final le cedió su lugar a su hijo, era un adulto y sabía que aún si no se conocían desde hace mucho, el lazo familiar era fuerte en ellos. Nikolai necesitaba estar cerca de su bisnieto también y aunque se podía ver en el rostro del anciano que ya estaba cansado, también se podía ver como sus ojos brillaban de alegría al tener a su familia cerca.
La hora de la visita pasó, Yuki le dio las galletas al abuelo poniendo su dedo índice sobre los labios a modo de silencio— sequeto —le dijo al mayor y este soltó una carcajada. El pequeño azabache acomodó al perrito de peluche que había dejado para acompañar a Nikolai y se despidió para que este pudiera descansar.
El celular de Yuri sonó en la madrugada mientras todos dormían, un sonido personalizado que tenía solo para el doctor que estaba a cargo de su abuelo. Tuvo miedo de contestar, despertando sobresaltado luego de tener una pesadilla donde aún era un niño el cual se había perdido y no podía encontrar la mano de su abuelo en un lugar desconocido, había sido un sueño recurrente últimamente del cual despertaba con lágrimas en los ojos.
Yuri no se dio cuenta en qué momento el sonido del celular se detuvo, solo pudo ver junto a la cama a Yuuri de pie y con el celular en la oreja contestando la llamada, diciendo palabras que él no podía procesar aún al tener la mente nublada por el temor de saber que era lo que sucedía. Porque sabía que cuando esa llamada llegara solo habría una razón para esta.
—Yuri —el rubio enfocó su mirada en los ojos marrones frente a él, el japonés se había sentado a su lado en la cama para poder verlo a los ojos— escúchame, debemos ir a la clínica. Al parecer sucedió mientras el abuelo dormía —explicó haciéndole entender que el momento había llegado. Era una suerte que aquel médico si hablara en inglés o no le habría entendido nada.
Continuará…
