Yuuri despertó por el sonido del celular del rubio, esperó a que este atendiera, pero al parecer no había reacción alguna de su parte por lo que él procedió a contestar la llamada. Por suerte el doctor a cargo hablaba inglés o no habría logrado comunicarse correctamente. Escuchó todo lo que este le decía y aunque las palabras del otro le provocaban una profunda tristeza, no podía dejarse caer ahora, porque Yuri lo necesitaba.

Yuri —lo llamó dándose cuenta de que la persona junto a él sabía lo que sucedía, pero no quería procesarlo— escúchame, debemos ir a la clínica. Al parecer sucedió mientras el abuelo dormía —intentó que su voz sonara calmada, sabía que no ayudaría mucho ya que nada te preparaba para la muerte de un ser querido, pero por lo menos no lo alteraría mas.

Yuri se levantó mientras tomaba aire y sin decir palabra alguna fue a buscar ropa para poder ir rápidamente al lugar. Yuki aún dormía y Yuuri no sabía si sería buena idea despertarlo, pero tampoco podían dejarlo ahí solo, además de que quería acompañar al rubio, estar con él y ser su fuerza aún si él mismo no poseía mucha.

El japonés procedió a vestirse mientras con su celular contactaba a Mila quien no contestó ninguna de las tres llamadas que le hizo, prefirió desistir por el momento ya que le estaba siendo complicado arreglarse con una sola mano mientras con la otra sostenía el aparato telefónico. Vistió a su hijo mientras este dormía, tenía el sueño algo pesado a veces así que no abrió los ojos en ningún momento, al terminar se sorprendió al ver que era Yuri quien pasaba por su lado y tomaba en brazos al menor.

Vamos —habló el rubio quien ya estaba completamente listo y tenía el rostro inexpresivo, seguramente estaba intentando no desmoronarse. Yuri avanzó dos pasos hacia la puerta para luego voltear hacia el azabache y extenderle su mano— ¿No vienes? —en sus ojos verdes Yuuri podía notar la tristeza que el otro sentía, al parecer aquello le rompía mucho mas el corazón que la noticia sobre Nikolai. Tomó su mano de inmediato y le regaló una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos.

Contigo, a cualquier parte —respondió mientras caminaban juntos hacia afuera para subir al vehículo.

Tardaron poco tiempo en llegar al lugar, se dirigieron directamente a la habitación del abuelo, pero no pudieron entrar hasta que el doctor llegó para explicarles lo sucedido. Al parecer había muerto mientras dormía y sin sentir dolor alguno, simplemente se fue en el sueño, lo cual fue bastante tranquilizador para Yuri a quien lo que más le preocupaba era que Nikolai tuviera una muerte dolorosa a causa de su enfermedad.

¿Podemos verlo? —preguntó el rubio y el médico asintió.

Entraron en la habitación viendo que el abuelo parecía como si durmiera, con el rostro tranquilo. Se sentía como si en cualquier momento fuera a despertar para saludarlos como siempre, con una sonrisa en el rostro y su expresión amable, pero eso no sucedería; no hoy, ni tampoco mañana… no pasaría nunca más. Tendrían que conformarse con los recuerdos y las fotografías.

Mila llamó unos minutos más tarde al ver las llamadas perdidas de Yuuri, el japonés pudo escuchar el sollozo al otro lado de la línea cuando la chica se enteró de lo sucedido e intentó tranquilizarla diciéndole las mismas palabras que el doctor había pronunciado. La pelirroja avisó que iría pronto ya que tomaría un taxi para llegar rápidamente.

Yuki despertó mientras Yuuri y él estaban en la sala de espera, puesto que el rubio tenía trámites que hacer. El japonés se había quedado dormido con su pequeño aún en brazos así que cuando el menor despertó se soltó del agarre y al reconocer el lugar caminó hacia la ya conocida habitación, entró lentamente como si la sintiera más fría de lo normal, pero no alcanzó a avanzar hasta la cama.

¿Ded? —habló algo temeroso. No lo entendía, pero algo era diferente. Se acercó a la cama encontrándola casi vacía, si no fuera por el peluche de perrito no habría nada ahí. Estiró sus manos y lo tomó para luego abrazarlo como si lo necesitara, sintió una mano revolviendo sus cabellos, pero no había nadie ahí junto a él.

Yuki —la voz de su padre llamó su atención así que miró en su dirección al instante— ¿Qué haces aquí? —Yuri se acercó a su hijo notando que tenía el peluche en sus manos— que extraño, pensé que ya habían sacado todo. Vamos o Yuuri va a preocuparse —el mayor tomó en brazos al pequeño azabache y lo sacó de la habitación, estaba muy callado lo cual era extraño.

Do svidaniya —"adiós" dijo Yuki en ruso, despidiéndose con su mano por sobre el hombro de su padre antes de que dejaran la habitación, algo que sorprendió al rubio quien volteo al instante como si fuera a ver algo, pero se decepcionó al darse cuenta que no había nada ahí.

¿Con quién hablabas? —le preguntó al menor mientras salían por la puerta.

Con mi ded —respondió con normalidad— él me hacía así —dijo imitando el movimiento de la mano al despedirse— y ya no eta.

Yuri lo miró extrañado, pero no dijo nada, al llegar a la sala de espera vieron a Yuuri con el rostro pálido, al parecer recién estaba despertando y había notado la desaparición del menor. Yuri se acercó para tranquilizarlo y que fueran a la cafetería mientras Mila llegaba, ahí le comentó a Yuuri la extraña actitud de su hijo, mientras este aprovechaba de jugar metiéndose por debajo de las sillas ya que el lugar estaba casi vacío.

Tal vez… pudo verlo —le comentó Yuuri— ya sabes, al abuelo —aclaró al ver el rostro confundido del rubio— dicen que los niños son mas perceptivos ante esas cosas y quizás el abuelo quiso despedirse de él.

Yuri pensó que el azabache podía tener razón y sintió un poco de celos ¿Por qué se despedía solo de Yuki? Se preguntaba aunque sabía que era estúpido hacerlo, sabía que aquello era simplemente la mezcla de sentimientos por perderlo, solo quería reclamarle por algo. Enojarse porque lo dejó solo.

Tienes razón —miró un momento a su hijo y sonrió, tal vez Nikolai solo les estaba ayudando con lo que más pensaron que les costaría. Que su hijo aceptara que el abuelo ya no estaba ahí con ellos.

Terminaron con lo suyo y Mila llegó algo agitada por haberse apresurado, abrazó a Yuri y lloró un poco en su hombro, Yuki se abrazó a la pierna de la pelirroja al darse cuenta que estaba triste, con intención de consolarla. La chica le sonrió y lo tomó en brazos para abrazarlo también, al parecer Yuki estaba causando sonrisas y ayudando a menguar un poco el dolor de sus corazones.

El abuelo quería esto, fue su última voluntad —le explicaba Yuri a Mila mientras esperaban a que la cremación terminara.

Nikolai le había dicho a su nieto que quería seguir en su casa de algún modo, así que entre una charla y otra decidieron que lo mejor sería que el cuerpo de Nikolai se transformara en cenizas. Luego de comentarlo con Yuuri, este le había dicho que existía una manera de mantener vivo a Nikolai de otra manera.

Pondremos las cenizas del abuelo en una urna biodegradable, en ellas puedes poner una semilla y será parte de un árbol —le explicó el japonés a la pelirroja.

La chica estaba sorprendida, pero a la vez se sentía alegre de que el abuelo pudiera permanecer en su hogar, era algo lindo que pudieran tenerlo tan cerca de esa manera— creo que es una linda idea —respondió sonriendo a los Yuris que permanecían tomados de las manos mientras esperaban.

Yuki jugaba con el cachorro de peluche, tenía mucha energía ya que había dormido bien a diferencia de sus padres que entre una cosa y otra apenas habían tenido tiempo de descansar. Ese día en la tarde harían una pequeña reunión con las personas más cercanas para realizar el entierro de la urna y que todos pudieran estar presentes para decirle a Nikolai unas últimas palabras. Realmente a Yuri le parecía estúpido, pero su "esposo" le había dicho que era una manera en que la gente sentía que podía despedirse y que no podía negarles eso.

La cremación estuvo lista, les entregaron dos urnas con las cenizas ya que así lo habían pedido— plantaremos ambas en casa y cuando tú tengas un hogar con jardín, podrás llevarte uno ¿Te parece bien? —la chica asintió agradecida por ello, ella adoraba a su abuelo tanto como Yuri, ambos crecieron junto a él y tenían los mejores recuerdos.

Una vez en casa, los Yuris comenzaron a preparar el lugar para recibir a las personas que vendrían, amigos del abuelo, algunos familiares lejanos, etc. Yuri mantuvo su rostro serio, conversó con los invitados y antes de realizar el entierro las personas que querían hablaron frente al lugar donde se realizaría dicha actividad.

Algunos con lágrimas en los ojos, otros riendo al recordar alguna anécdota graciosa y diciendo que había que ser felices porque Nikolai jamás hubiese querido verlos sufrir. Yuri no quiso decir nada, Mila solo habló de sus recuerdos felices y lo mucho que le dolió saber que lo perderían, Yuuri contó que a pesar de lo poco que lo conocía sabía que era un buen hombre y de gran corazón, que gracias a él se sentía parte de la familia.

Yuki ayudó a poner tierra sobre la urna para poder enterrarla, fue un trabajo de los Plisetsky, solo Yuri y su hijo. Al parecer el menor ya había asumido sin que nadie le dijera, que el abuelo ya no estaba con ellos, pero al contrario de parecer triste, se veía que solo quería hacer sentir mejor a los demás.

Se parece mucho a tu abuelo, Yuri —le dijo un hombre alto que solía jugar a las cartas con Nikolai— lo único diferente es su el color de su cabello.

Yuri observó por un momento a su hijo, viendo como permanecía agachado junto al lugar donde yacían las cenizas como si esperara que de un momento a otro fueran a crecer de la nada, sonrió por la inocencia que tenía— sería maravilloso que fuera como él —respondió para luego ir junto a Yuuri que observaba la misma escena que él— ¿Le decimos que tardara en crecer? —le preguntó al oído sobresaltándolo.

Creo que mejor dejamos que lo descubra solo —respondió Yuuri sonriendo levemente.

La reunión terminó pasada la media noche y todos se retiraron a sus casas, Mila se despidió a pesar de que le insistieron que se quedara, pero al parecer necesitaba tiempo a solas. Yuki ya se había dormido en el sofá, el estar con tantas personas lo había dejado agotado. Yuri lo alzó y fue a dejarlo a su cama para luego bajar las escaleras y encontrarse a Yuuri sentado en el sofá con dos vasos de lo que suponía era vodka.

¿Te vas a emborrachar? —lo molestó mientras se sentaba junto a él y tomaba el vaso que tenía más cerca para darle un sorbo.

No, solo pensé que podíamos relajarnos un poco. No has parado de hacer cosas —le dijo mientras tomaba el segundo vaso y se lo extendía al rubio— no has tenido tiempo de despedirte como es debido tampoco.

El de ojos verdes observó un momento al hombre junto él, Yuuri se había vuelto bastante perceptivo y no sabía si eso le gustaba o le daba miedo. Entendió que el japonés le estaba dando un espacio para ir afuera y decir todo lo que tenía atrapado en su garganta, todas las palabras que no había dicho por estar ocupado entre papeleos y el ser fuerte por los demás.

Yuri tomó el otro vaso y salió al jardín. Al llegar ahí se sentó en la tierra sin importarle ensuciarse, dejó el vaso junto donde estaban enterradas las cenizas y lo golpeó con el suyo como si estuviera brindando para luego beber del propio— ¿Sabes? Cuando era pequeño, pensaba que vivirías para siempre —comenzó a hablar— que eras invencible y que nada podría hacer que te fueras de mi lado, porque no había nadie más fuerte que tú, abuelo —pequeñas lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, las había estado conteniendo desde hace mucho— ¿Por qué tenias que irte así? Dijiste que estarías conmigo por siempre, lo prometiste.

Entre cada palabra que soltaba más fuerte se hacía su llanto, sintiéndose solo y desprotegido ya que siempre pensó que si algo sucedía, el abuelo siempre estaría ahí para aconsejarlo y estar junto a él, para abrazarlo o regañarlo si era necesario, pero ahora que el dolor era producido por su ausencia, no había nadie que pudiera consolarlo. Porque la única persona que podía calmar el dolor de su corazón era aquel que ahora yacía bajo tierra.

"No estás solo" pudo escuchar la voz de Nikolai en sus oídos como algo lejano. Sintió como sus cabellos eran revueltos y levantó la mirada encontrándose con los ojos marrones de Yuuri— no estás solo —le dijo el azabache— yo estoy contigo y no voy a irme, Yuratchka —el rubio no pudo contenerse y se abrazó del japonés, soltando nuevamente todas las lágrimas contenidas mientras este le correspondía el abrazo acariciando su espalda.

Esa noche ambos durmieron en el sofá, Yuuri sentado y el rubio acostado, apoyando su cabeza sobre las piernas del azabache. Era tranquilizador sentir sus dedos sobre sus rubios cabellos, era tranquilizador saber que estaba ahí para él.

Continuará…