Yuri era un niño caminando entre la multitud, sintiéndose perdido al no encontrar la mano de su abuelo. No conocía a nadie y tenía miedo porque no conocía el camino que debía seguir, no sabía a donde quería ir siquiera ¿Qué debería hacer? Tal vez si se quedaba donde estaba su abuelo lo encontraría.

Se quedó quieto y al borde de las lágrimas hasta que sintió que alguien tomó su mano— vamos, no sé a dónde ir, pero podemos buscar el camino juntos —le dijo la voz de aquel extraño que se veía algo borroso.

No, si me voy mi abuelo no va a encontrarme —respondió al instante.

Pero si te quedas aquí te estancarás y jamás encontrarás lo que buscas, hay que avanzar —la persona frente a él no tiraba de su mano, simplemente esperó a que él diera un paso hacia adelante para avanzar. No lo forzó y se quedó con él hasta que tuvo el valor de seguirlo.

Caminó junto a él un gran trayecto. Mientras más avanzaba más clara se hacía la imagen de aquella persona a la vez que él se iba haciendo mayor hasta llegar a su edad actual, además de que el sentimiento de estar perdido y el miedo se iban desvaneciendo con cada paso hacia adelante.

El hombre que lo llevó de la mano todo el camino, volteo y le sonrió— Yuuri —fue lo único que alcanzó a decir antes de que el sueño se desvaneciera. Despertó sintiendo un dolor en el cuello, no recordaba mucho hasta que poco a poco su mente comenzó a hilar los recuerdos del día anterior. Él ya no estaba.

Abrió los ojos y miró hacia arriba encontrándose con el rostro de Yuuri, sus ojeras demostraban que al igual que él, se había quedado despierto hasta tarde además de dormir incomodo. Aún así le parecía hermoso, ese hombre estaba siendo su pilar emocional en este momento, su cable a tierra y era lo único que necesitaba por ahora. Porque cuando caes en lo más profundo solo necesitas una persona a tu lado, no para que te saque, sino para que te acompañe en tu dolor con la intención de luego emerger juntos.

Se levantó para luego acomodar a Yuuri en el sofá, el japonés ni se inmutó, simplemente siguió durmiendo, de hecho ahora se veía un poco más tranquilo al estar mejor acomodado. Yuri estaba de verdad agradecido de que aquella persona hubiese aceptado aquel acuerdo, pero ahora se venía otro problema: el acuerdo había terminado tras la muerte de Nikolai. Ya no había nada que atara a Yuuri ni a Yuki a ese país, a esa casa… o a él.

Fue a la cocina mientras veía la hora en su celular, era algo tarde y era mejor preparar el desayuno, Yuki despertaría pronto y debía alimentarse adecuadamente o no crecería como era debido.

Papá —la voz adormilada de su hijo le indicó que ya estaba despierto y que se había asomado a la escalera.

Buenos días, mocoso —pudo observar el instante exacto en que el pequeño frunció el ceño, mirándolo enojado— Yuki —corrigió de inmediato mientras lo levantaba en sus brazos para luego bajar con él las escaleras. La mascota apareció también, descendiendo tras ello mientras que el menor llevaba en su mano aquel peluche de cachorro que le era tan importante.

Yuuri aún no despertaba, así que hizo que el pequeño de ojos verdes comiera primero para luego ir a vestirlo, ya que quería salir a jugar al jardín. Una vez listo, Yuki salió junto a su mascota de verdad y la de peluche, acercándose enseguida al lugar donde estaban las cenizas del abuelo— pivet ded —saludó con una sonrisa, aún no pronunciaba bien la "r" dificultándole decir "privet". Dejó el peluche junto al lugar donde se notaba que la tierra fue removida y se fue a jugar con su cachorro, corriendo por el jardín mientras este lo perseguía.

Yuri mientras tanto se agachó junto al azabache quien aún dormía, acarició sus cabellos y este comenzó a despertar poco a poco— hey, el desayuno está listo —él no quería comer realmente, pero lo haría para que Yuuri también lo hiciera— despierta de una vez.

Yuuri abrió los ojos y su estómago sonó un poco al escuchar la palabra desayuno, lo que causó risa en el rubio— te ves lindo sonriendo —mencionó el azabache mientras con su mano derecha corría un mechón de cabello dorado que estaba en la frente de Yuri, haciéndolo sonrojar al instante— Yuki ¿Ya despertó? —preguntó luego de incorporarse en el sofá.

El rubio le contó todo lo que hizo el menor desde que despertó, Yuuri se sentía tranquilo ya que sabía que ellos se apoyaban el uno al otro a la hora de atender a su hijo.

Procedieron a desayunar, al parecer ninguno de los dos tenía apetito, pero comían por el bien del otro, como una manera de poner el ejemplo. Sonaba tonto, pero así era, al fin y al cabo si uno no comía, el otro tenía la excusa perfecta para hacer lo mismo.

El día desde ahí transcurrió lento, asearon la casa e hicieron la comida mientras Yuki iba y venía por todos lados, era muy inquieto. La habitación del abuelo, por el momento era un lugar al que no entrarían, ni tocarían nada de ahí ya que aún todo era muy reciente. Yuuri lo entendía por lo que no dijo nada ni tampoco se acercó a aquel lugar más que para cerrar la puerta, cuando Yuri estuviera listo entrarían y él decidiría que hacer.

Desde ahí pasó una semana, siete días en los que mantuvieron una rutina diaria donde todos los días eran lo mismo, donde al llegar la noche Yuri salía a llorar un poco más para luego ser acompañado por el azabache. Una semana donde fingían en el día estar felices y tranquilos para no transmitirle su dolor a Yuki, los niños eran demasiado perceptivos.

Yuuri acompaño al rubio cada noche y pudo ver como con el pasar del tiempo ya casi no lloraba, incluso en los dos últimos días había sonreído un par de veces contándole anécdotas de cuando era pequeño. Aquella pérdida jamás sería superada del todo, pero al parecer, poco a poco estaba aprendiendo a vivir con ella.

¿Qué harás desde ahora? —le preguntó a Yuuri mientras ambos bebían un vaso de vodka en el jardín a la media noche— el acuerdo terminó, ya no hay nada que te retenga —fue sincero, no había necesidad de mentir sobre ello, de fingir que esto lo habían hecho por algo más que conveniencia.

¿Quieres que me vaya? —la voz de Yuuri sonó algo triste mientras abrazaba sus pernas para pegarlas a su pecho.

El rubio negó con la cabeza— tú ya sabes lo que pienso, te lo dije —respondió al instante mirándolo a los ojos— ahora la decisión es tuya.

El azabache lo pensó un momento, la decisión recaía en él porque Yuri ya le había confesado sus sentimientos en el momento que el término de su relación con Víctor estaba muy reciente. Víctor ¿Qué sería de él ahora y de su pequeña hija? Mila poco se comunicaba con ellos como para saberlo. Sacudió su cabeza, se estaba desviando del tema en sus propios pensamientos.

Mi decisión ¿Eh? —Pensó en voz alta para ordenar su cabeza— ¿Qué es lo mejor para Yuki?

No, la pregunta es ¿Qué es lo que tú quieres? —lo corrigió al instante, no quería que las decisiones de aquí al futuro las tomaran por conveniencia nuevamente, sino que pensaran en lo que querían y en lo que los haría felices. Yuri estaba seguro de que se volvería un ser completamente insensible una vez que Yuuri se fuera de su lado.

¿Qué es lo que quiero? —Miró el cielo nocturno, no había bebido mucho, pero tampoco tenía mucha tolerancia al alcohol así que su mente estaba un poco difusa— quiero estar contigo —respondió sincero— siento que si me voy… si nos separamos, será doloroso para mí.

Aquella respuesta sorprendió un poco al rubio, no se imaginaba que el hombre a su lado se sintiera de esa manera, todo el tiempo pensó que Yuuri hacía las cosas de esa manera porque así estaba predicho en su acuerdo, pero el japonés había hecho más, mucho más. Yuuri había estado ayudándolo a menguar su dolor, a permanecer cuerdo y seguir siendo él mismo.

Para mi también —confesó estirando su mano para luego tomar la de su acompañante quien no opuso resistencia alguna , aprovechando aquello tiró de la mano ajena casi haciéndolo caer, con la sola intención de acercarlo aún si estaban a poca distancia.

Yuuri miró a los ojos verdes de aquel con quien había estado conviviendo esos últimos meses, el padre de su hijo y quien se preocupaba del bienestar en el hogar. Cerró sus ojos y ladeo levemente su cabeza, dejando el paso libre para que Yuri pudiera besarlo si era eso lo que quería. El rubio sonrió por el gesto, pero no se aprovechó de la situación, simplemente besó su mejilla para luego levantarse.

Es tarde, hay que dormir —habló extendiendo su mano al japonés.

El azabache se sintió rechazado ¿Acaso ya no gustaba de él? tomó su mano y se levantó también. En cualquier otro momento él lo hubiese dejado pasar como si nada, ocultando sus sentimientos y sonriendo para demostrar calma, pero este no era cualquier momento, él también estaba triste, había bebido y acababan de rechazarlo indirectamente. Apretó más fuerte la mano de Yuri y tiró de esta hacia él, para luego con su mano libre tomarlo de la nuca, empinarse un poco por la diferencia de alturas y besarlo.

Yuri se sorprendió por aquel acto, no había querido besarlo antes porque sabía que había bebido, pero ahora que ya tenían sus labios juntos no podía decir que no.

Tomó a Yuuri por la cintura apegándolo más a su cuerpo, sintiendo como este se estremecía levemente por la cercanía. Lamió los labios ajenos como pidiendo permiso, el cual fue concedido al instante, dejándoselo saber al momento en que el azabache abrió un poco su boca, dándole paso a la lengua de su compañero mientras la propia salía a su encuentro también.

El beso fue bastante intenso, duró un par de minutos en los cuales ambos dejaron de pensar y se perdieron en el sabor de la boca del otro. Ser correspondido era lo mejor que podía haberle pasado a Yuri esa noche, se sintió completo nuevamente de alguna manera.

Buenas noches, Yura —le dijo el japonés al separarse levemente, dejando que su aliento chocara con el rostro del rubio. Se separó de él y se dirigió dentro de la casa para ir a su habitación a dormir. Por alguna razón, el haberlo besado se sentía como sacarse un peso de encima, como si hubiese estado aguantando por ello todo este tiempo.

Yuri se quedó estático un momento para luego seguir el mismo camino, debían dormir o al día siguiente no podrían cuidar adecuadamente del pequeño torbellino que tenían por hijo.

Se acostó pensando en aquel beso, tocando sus labios y sonriendo bobamente, olvidando por un momento todo lo malo— caminaré contigo, Yuuri —dijo en voz baja antes de quedarse dormido.

Continuará…