Yuri despertó al medio día, había dormido bastante bien aquella noche, sin pesadillas y con un sentimiento agradable en el pecho. Se levantó dándose cuenta de que los azabaches estaban despiertos y jugando en la sala. Yuki al ver a su padre rubio, corrió a sus brazos feliz de verlo ya despierto, el rubio alzó a su hijo de inmediato, dándole un sonoro beso en la mejilla a modo de "buenos días", aunque ya era tarde.
—Yo estaba así "shhh" —le decía el menor, poniendo el índice sobre sus labios a modo de silencio— ¿Tenía sueño? —le preguntó a Yuri tomándolo de ambas mejillas para que lo mirara a la cara.
—Le pedí que no hiciera ruido para que descansaras —habló Yuuri sin mirar al ruso, recordaba muy bien lo de anoche y le avergonzaba bastante. Pensaba que debió haber bebido más si iba a estar haciendo ese tipo de cosas, así por lo menos no lo recordaría.
Yuri observó la actitud evasiva del japonés, así que lo dejó por un momento, ya habría tiempo de hablar aquello con detenimiento. Sería paciente y esperaría a que el ambiente estuviera más tranquilo o al menos esa era su intención.
—Gracias, pero si me hubieses despertado con un beso así como el que me diste anoche, también habría sido bueno —dijo con media sonrisa, no podía evitar fastidiarlo, más aún al ver como Yuuri se sonrojaba hasta las orejas por el comentario.
—Becho —repitió Yuki para luego darle un beso a Yuri en la mejilla— ¿Así?
Ambos Yuris rieron, el menor había hecho que Yuuri dejara de sentirse avergonzado por un momento. Yuki era demasiado adorable cuando se lo proponía, logrando que los adultos olvidaran otras cosas que no eran tan importantes.
Los Yuris tenían una conversación pendiente, una que abarcaba demasiadas cosas y que el rubio no estaba completamente seguro de si las respuestas que recibiría le agradarían del todo, pero no había opción, no podían estar aplazando el tema de por vida. Ambos tenían en mente lo que querían hacer de aquí a más adelante, Yuri por su parte aún no quería dejar Rusia, no quería dejar la casa del abuelo, pero tampoco quería que Yuuri y Yuki se devolvieran a Estados Unidos y tener que verlos cada cierto tiempo, así no podría ser un padre presente y si llegaba a tener una relación con el japonés, esta no prosperaría por la distancia.
Por su parte, Yuuri tenía sus propias ideas de lo que quería hacer ahora que el acuerdo estaba completo. Ya no tenía razones para hacer lo que Yuri le pidiera, así que ahora pensaba por si mismo que era lo que quería hacer y lo que sería mejor para ellos como familia.
Las decisiones que debían tomar no eran fáciles y mucho menos algo que pudiera hacerse a la ligera, no solo debían ver por ellos como adultos, sino también por un niño que estaba en pleno crecimiento y al que debían educar bien. Sin importar lo que sucediera, de una cosa estaban seguros, estarían junto a su hijo en cada etapa de su vida fuera como fuera.
Fueron con Yuki al parque mientras aprovechaban de llevar a pasear al cachorro, dejaron que el menor jugara en los columpios mientras le pedía a Yuri que lo impulsara cada vez más alto, porque decía que era un niño grande, por supuesto que el rubio lo complacía en sus peticiones. Corrieron y jugaron por mucho tiempo mientras Yuuri sostenía la correa de su mascota, observando contento como las energías del rubio ahora estaban bastante altas a diferencia de hace unos días atrás. Si quería ser un buen padre tenía que reponerse, porque Yuki también lo necesitaba ya que, aunque no lo demostrara, también extrañaba a Nikolai y se denotaba en el hecho de que todos los días iba junto al lugar donde estaba enterrado a dejar el peluche de perrito que le pertenecía al abuelo.
En ese último tiempo, Yuuri pudo ver como el ruso se había ganado su lugar como padre de alguna manera, después de todo no era como si hubiese huido de sus responsabilidades y ahora quisiera enmendar el error. Todo había sido un negocio para él desde un principio y ahora eso había cambiado, si antes pensaba que Yuri solo era un buen padre para que su actuación de la "familia feliz" fuera más creíble para su abuelo, ahora se daba cuenta de que en verdad estaba interesado en ser un padre y de cuidar de su familia. Ahora lo que quedaba era qué quería él ¿Quería que Yuri fuera constantemente parte de sus vidas?
El momento de jugar terminó, ya se estaba haciendo tarde y la temperatura comenzaba a descender por lo que decidieron volver a casa, pasando por una tienda para comprar algunos pasteles para compartir. Yuki se fue sobre los hombros de Yuri, utilizándolo como un caballo y diciendo "arrrre, arrrre" al estar practicando como marcar más la "r" ya que se daba cuenta que en ese lugar la utilizaban mucho. El rubio solo se reía de aquello, burlándose de vez en cuando y haciendo enojar al menor quien inflaba sus mejillas cada tanto.
Esperaba que aquella rutina que se sentía tan familiar durara más tiempo, quería poder pasar así todos los días del resto de su vida. Yuri de verdad estaba enamorado por primera vez en su vida.
Al llegar a casa comieron mientras veían una película en el televisor, Yuki estaba sentado en el suelo, a veces se acostaba y en otras intentaba ponerse de cabeza apoyando las manos en el suelo, pero sin dejar de prestarle atención a los dibujos en la pantalla. Simplemente no podía estar quieto por mucho tiempo, necesitaba drenar energía ya que aunque habían ido al parque, aún le quedaban algunas.
Mientras tanto sus padres estaban en el sofá, uno junto al otro. Yuri estiró los brazos hacia arriba como si tuviera flojera, con la intención de hacer el truco que suelen hacer los adolescentes en el cine para abrazar a su pareja, pero Yuuri fue más rápido y se levantó para ir a buscar chocolate caliente— ni lo sueñes —le dijo al rubio con voz bajita luego de levantarse del sofá.
—Te ayudo —Yuri habló mientras se levantaba del sofá, el azabache lo estaba desafiando y él no era de los que le gustaba perder, así que lo siguió hasta la cocina— deja de escaparte, Yuuri —le dijo acercándosele por la espalda y hablándole al oído, pero sin tocarlo. Pudo ver claramente como las orejas del otro enrojecían y sonrió victorioso.
El coqueteo no terminó ahí, una vez en la sala nuevamente, ya cada uno con su taza de chocolate, Yuri se sentó nuevamente cerca del japonés esperando a que este le diera el primer sorbo de esa caliente bebida. Cuando eso sucedió, Yuuri quedó con los labios sucios y antes de que se limpiara, el rubio rápidamente le dio un fugaz beso para luego relamerse los labios.
—Creo que sabe más delicioso de tu boca —le dijo bajito para que Yuki no lo escuchara, por suerte el menor estaba muy concentrado en no derramar el liquido de su taza al llevársela a la boca. Si pensaba que Yuuri ya estaba rojo antes, ahora lo estaba mucho más.
Para cuando llegó el final de la película, Yuki volteó encontrándose con que su padre japonés estaba apoyando la cabeza en el hombro del rubio. Los celos de hijo le ganaron y rompió la cercanía sentándose entre ambos adultos, porque ese era su lugar, según él. Por supuesto a los Yuris no les importó aquello, era su hijo y lo amaban.
Cuando Yuki ya estaba dormido como correspondía, llegó el momento para los adultos de hablar sobre aquello que habían estado aplazando al estar aún tristes por la pérdida. Pero ya no podían dejar pasar más tiempo y ambos lo sabían, así que volvieron al sofá para poder conversar de manera seria.
—Quería hablarte sobre qué haremos de ahora en adelante —comenzó el rubio— sé que esto duraría hasta que… hasta que "eso" pasara, pero yo no quiero dejar de ver a Yuki, ni tampoco quiero alejarme de ti —fue directo como siempre, no sacaba nada con irse con rodeos cuando las cosas debían ser claras. No quería dejar espacio para que Yuuri dudara o malentendiera algo.
—Entonces ¿Quieres visitas? —preguntó refiriéndose a los derechos paternales, aún si Yuri no los tenía, el japonés estaba dispuesto a dejar que reconociera al hijo de ambos legalmente para que pudiera acceder a aquello.
—Visitas conyugales tal vez —lo molesto.
—Ah ¿Te vas a ir preso? No sabía —contraataco Yuuri.
—Si yéndome preso consigo que seas mi cónyuge…
— ¡Oh, ya cállate! —respondió avergonzado el japonés— puedo quedarme —comenzó a hablar de manera pausada Yuuri al ver que el rubio no entendía a que se refería— puedo buscar un lugar donde enseñar ballet acá y así vemos que pasa… así vemos como avanza esto —se atrevió a tomar la mano del rubio y besar el dorso de esta— cla- claro si es que está bien para ti. No creo que quieras alejarte de esta casa y yo… yo no quiero alejarme de ti —habló desviando la mirada.
Las palabras del azabache shockearon por completo a Yuri, jamás se esperó algo así. Pensó en que como iban las cosas tal vez podría mantener una relación con él, pero jamás se imaginó que Yuuri pensaría tanto en él como para querer cambiar su vida definitivamente, el quedarse en Rusia significaba aprender un nuevo idioma y adaptarse a la forma de vida que llevaban allá, además de tener que encontrar un empleo.
Tomó el rostro de Yuuri entre sus manos para hacer que este lo mirara a la cara— ¿Estás seguro? —preguntó mirándolo a los ojos y este asintió de inmediato sin apartar la mirada— si es lo que quieres… no tengo opción más que aceptar —respondió haciéndose el desinteresado, aunque sus ojos denotaban lo emocionado que estaba ya que parecían querer llorar de felicidad. Últimamente se sentía bastante sensible, pero no lloraría.
—Un año —le dijo Yuuri— un año donde veremos si esto se consolida o volvemos atrás.
Se besaron lentamente para sellar aquel nuevo acuerdo en el que habían quedado, ambos Yuris esperaban que esto pudiera funcionar, si lo habían hecho bien con una relación falsa ¿Qué tanto les costaría una verdadera?
Continuará…
