Yuri suponía que las cosas cambiarían luego de lo que habían hablado una semana atrás, había pensado que como ahora eran… ¿Novios? Entonces serían de alguna manera más cercanos, pero la expectativa y la realidad eran totalmente distintas.

Expectativa:

Yuuri lo besaría para darle los buenos días, prepararían juntos el desayuno mientras entre risas cuidaban de su hijo, el cual era muy educado y cariñoso. Saldrían juntos y hasta se bañarían juntos para luego hacer dormir a Yuki con la intención de tener tranquilidad en la noche para darse amor mutuamente.

Hasta él encontraba que sonaba estúpido ahora que lo pensaba…

Realidad:

En toda la semana casi no habían hablado, Yuuri había estado ocupado buscando cursos de ruso para poder aprender bien el idioma y así poder trabajar lo más rápido posible. Gracias a ello a veces tenía que salir y dejaba a Yuri y Yuki solos. Su hijo a veces hacía berrinches al no tener al japonés cerca y le decía "tonto" o "feo" cada vez que el rubio se negaba a darle algo porque Yuuri le había dicho explícitamente que nada de dulces antes de almorzar. Claro, para él era fácil ya que no estaba y no tenía que lidiar con el mal humor de su hijo ¿De quién habría sacado ese carácter?

Al llegar la noche bañaban al menor quien estaba cada día más rebelde y a veces los dejaba todos mojados, para luego turnarse en hacerlo dormir. Mientras uno lo hacía dormir el otro se duchaba y a la hora de dormir caían de inmediato, con suerte compartían un rápido beso de saludo y otro de despedida.

Ya se estaba hartando y eso que llevaban una semana, habían sido mucho más cercanos cuando su relación era ficticia, así que tendría que ver la manera en que pudieran acercarse más ya que al parecer Yuuri no iba a poner de su parte. Tal vez el japonés era demasiado tímido para las muestras de afecto.

Recordó la noche donde Yuuri se pasó un poco de copas, tal vez debería emborracharlo… negó con la cabeza inmediatamente para sacar esa idea, él no era así. Yuri Plisetsky no se iría por el camino fácil, sino que sería perseverante porque sabía que el siempre lograba lo que se proponía, ya había logrado que el japonés tuviera sentimientos por él y ahora solo quedaba que se acostumbraran a la cercanía del otro. Era complicado con un japonés tímido y un ruso orgulloso, pero lo lograrían de alguna manera.

Yuri se propuso que una de esas noches haría dormir al menor para luego acercarse al japonés con la intención de que compartieran una cena hecha por ambos. No era lo más romántico, pero con un niño a cargo eso era lo mejor que podía hacer.

Fue con Yuki al supermercado, evitando comprarle todo lo que le pedía con tal de que Yuuri no se enojara, aun así se llevo una bolsa de masticables que escondieron al llegar a casa, acordando que sería un secreto de los dos.

Yuuri llegó luego de su primera clase intensiva de ruso y Yuki corrió a sus brazos al sentir que lo había extrañado— privet, Yuki —saludó a su hijo y este rio por el acento extraño de su padre.

Pivet —saludó de vuelta para luego acercarse al oído del azabache y susurrar— compamos dulce, pero no le digas a nadie —dijo el menor como si le estuviera contando algo muy importante. Yuuri miró fijamente al rubio quien se dio cuenta de lo que sucedía, lo habían traicionado.

Puedes comer dulces con la señora Irina —le dijo a su hijo besando su mejilla y bajándolo de sus brazos— ella vendrá a cuidarte dentro de una hora. Yuri, arréglate porque saldremos a comer —ordenó sin siquiera preguntarle, sorprendiéndolo con su actitud. Pasó por su lado para subir las escaleras y le regaló una linda sonrisa— tendremos una cita —le guiño un ojo y subió para ducharse y arreglarse.

El rubio quedó con la boca abierta preguntándose qué le habrían dado en la clase, tal vez le ofrecieron vodka.

Yuuri en el ir y venir al averiguar por las clases, se había hecho amigo de la recepcionista, ella hablaba inglés por lo que así podían comunicarse. En esta ocasión él le comento que quería salir con su pareja, pero tenían un hijo y no era lo ideal salir con él, ya que quería una cita, ella amablemente le había recomendado a la niñera que contrataba mientras trabajaba, diciéndole que la conocía desde hacía un par de años. Por suerte para el japonés, Irina estaba libre esa noche para poder cuidar a Yuki y era bilingüe así que no tendrían problema para comunicarse.

Yuri se dio una ducha luego de su pareja y mientras se arreglaba el japonés se ocupó de dejar a la mano todo lo que Yuki pudiera necesitar, encontrando los mal escondidos masticables entre la ropa de un cajón. Hizo una lista donde le decía los horarios y lo que tenía permitido su hijo hacer y lo que no, también los números de él y Yuri.

Esa noche estarían tranquilos y la pasarían bien, irían a un restaurante sin importar cual ya que todo había sido muy improvisado, lo importante era que lo pasaran bien y pudieran tener tiempo a solas. Ya era momento de ponerle un nombre a su relación y hacer lo que se suponía debían hacer los novios.

La señora que cuidaría a Yuki llegó, la saludaron y le indicaron todo lo que debía hacerse para luego pasarle la lista que había hecho Yuuri. El rubio se sentía un poco raro de dejar a su hijo en manos de una desconocida, pero confiaba en que el japonés jamás dejaría a su hijo con cualquier persona, si la había escogido a ella era porque tenía antecedentes previos de que cuidaría bien a Yuki.

Se despidieron del menor quien al parecer le había tomado cariño a la mujer en el instante que intercambiaron palabras, por lo que no lloró cuando sus padres se fueron. Al parecer Irina tenía vocación para cuidar niños.

¿A dónde iremos? —preguntó el rubio mientras tomaba la mano del azabache y entrelazaba sus dedos.

A comer… a algún lado —respondió con simpleza mientras le regalaba una sonrisa a su pareja— la verdad es que solo quería salir contigo, desde que comenzamos esto, no hemos tenido tiempo para nosotros —explicó mientras caminaban de manera relajada, no tenían apuro.

Al parecer Yuuri pensaba como él y eso lo hacía sentir feliz, que ambos tuvieran las mismas ganas de estar más cerca era algo bueno— entonces podemos comer ahí —le dijo el rubio, apuntando con su índice a un restaurante familiar frente a ellos, cualquier lugar estaba bien mientras pudieran estar juntos.

Entraron al lugar y escogieron una mesa que estuviera un poco lejana, con la intención de tener tranquilidad para ellos. Yuri le ayudó al japonés a escoger la comida, mientras le mostraba en el menú las palabras intentando que aprendiera una que otra cosa de su idioma. Hizo que Yuuri pidiera la comida, enseñándole lo que debía decir y burlándose por como sonaban las palabras rusas con el acento japonés, le costaba bastante remarcar la "r" por lo que sonaba gracioso, sacándole una carcajada a Yuri, aunque cuando el mesero se rio también, las risas del rubio cesaron para dar paso a una fría mirada. Solo él podía burlarse de Yuuri, nadie más.

Has estado trabajando este tiempo desde aquí, desde Rusia, pero ¿Podrás seguir así? —le preguntó el japonés entre una charla y otra. Le preocupaba ya que el trabajo de Yuri estaba en Estados Unidos, solo le daban la facilidad de hacerlo on-line.

Puedo trabajar desde donde quiera, aunque de vez en cuando tendré que viajar —se explicó mientras daba un bocado a la comida en su plato que ya estaba a la mitad.

El saber que habrían días en que estarían separados por el trabajo ponía algo triste al Japonés, pero sabía que era necesario, después de todo cuidar de un niño no era barato y mucho menos con lo consentido que lo tenía el rubio, además debía pensar en que también quería viajar a Japón al menos una vez al año y presentarles a Yuri a sus padres.

La noche transcurrió con tranquilidad, si bien Yuri había tenido ideas de compartir mas contacto físico, se sorprendió de lo bien que estaba solo conversando y riéndose de tonterías, burlándose del japonés quien de vez en cuando le devolvía la broma haciendo que se molestara un poco. Al terminar de comer salieron a dar un paseo por las calles, no tenían un rumbo fijo, solo querían estar uno cerca del otro.

Podríamos hacer esto una vez a la semana —le ofreció el rubio— tener tiempo para nosotros.

Yuuri asintió con la cabeza para luego apoyarse en el hombro del rubio mientras caminaban, Yuri pasó su brazo por la cintura de su pareja y aunque la posición no era muy cómoda, caminaron así hasta un parque cercano.

El lugar estaba relativamente vacío, a excepción por un par de adultos con sus hijos que estaban concentrados en jugar. Se sentaron en una banca y aprovecharon para intercambiar uno que otro beso tímido, ya que a Yuuri le costaban las demostraciones de afecto en público, mientras que al rubio le valía poco o nada lo que pensaran los demás.

¿Qué somos, Yura? —preguntó de repente el azabache.

¿Qué no es obvio? —respondió, aunque él también quería darle un nombre a la relación de ambos.

No lo es, aún no me pides nada —respondió el japonés sonriéndole con malicia— así que aún estoy soltero.

Lo último hizo que Yuri se molestara un poco, Yuuri era suyo así como él era de Yuuri, porque habían decidido estar juntos. Tomó al azabache repentinamente del rostro y le dio un profundo beso, el cual llamó la atención de más de alguno, pero a él no le importó— eres MI novio —le dijo con seriedad cuando se separaron del beso, el cual dejó a Yuuri en las nubes— no estás disponible para nadie más, al menos no de manera romántica ¿Entiendes?

Yuuri rio por la manera posesiva que el rubio lo había tomado solo por una broma, logrando que Yuri se molestara más, pero antes que este dijera algo nuevamente, el azabache lo besó con la misma profundidad— acepto que seas MI novio, Yuri Plisetsky —respondió.

Continuará…