El incidente del día anterior se había resuelto de manera simple, al parecer a Yuri se le daba bien inventar excusas a los niños. Se arreglaron lo más rápido que pudieron mientras le decían a Yuki que estuviera tranquilo, que no pasaba nada y que su papá solo se había golpeado con algo, pero estaba bien. El menor pareció creer la farsa y esperó junto a la puerta de la escalera mientras sus pervertidos padres lavaban sus manos, para luego subir donde su inocente hijo. Entre los dos volvieron a hacerlo dormir mientras se daban miradas cómplices.
El sexo no había sido tan romántico como hubiesen querido, pero al tener un pequeño en casa y al haber hecho aquello de improviso, no les había dado para más, ya la próxima vez lo planearían mejor o hallarían un día para poder hacer sus cosas con tranquilidad, mientras esas noches tendrían más cuidado de que su hijo no los escuchara. Porque no se quedarían en abstinencia solo por esperar "el día adecuado", después de todo si iban a ser una pareja era normal tener actividad sexual, solo debían aprender a conllevarlo con su rol de padres responsables.
Ya sabían que la señora Irina era buena cuidando a Yuki, así que de vez en cuando podrían salir solos y dejar a su pequeño a cargo de aquella mujer, teniendo la seguridad de que estaría bien cuidado.
Ambos Yuris comenzaban a ver que podían llevar una vida normal como familia. Aquello que había comenzado como una mentira, ahora era real y se sentía mucho mejor. Al levantarse le daban los buenos días al abuelo para luego dejar que Yuki regara el lugar donde este yacía, al menor le encantaba hacerlo y llevar al cachorro de peluche con él, desayunaban juntos y repartían las labores del hogar.
Yuuri por su parte continuó con sus clases de ruso, necesitaba hablarlo bien para poder buscar trabajo en ese país, ya que no quería vivir a expensas del rubio. Él siempre había sido independiente, por lo que estar hablando con Yuri cada vez que necesitaba o quería algo, le incomodaba. Lo bueno era que tenía ahorros, pero estos se acabarían en algún momento, además de que debían compartir los gastos de su hijo, después de todo era de ambos.
—No necesitas forzarte tanto —le dijo el rubio mientras cocinaban un día— sé que quieres trabajar pronto, pero no hay apuro. No es como si el dinero faltara.
—Es a ti a quien no le falta el dinero —le respondió Yuuri con tranquilidad— yo necesito una fuente propia de ingresos.
—Entonces cásate conmigo y así mis ingresos serán tuyos —habló con naturalidad, como quien habla del clima, pero la verdad era que quería que esto anduviera más rápido de lo que iba. Últimamente le atacaba la inseguridad de que si Yuuri quería, podría irse en cualquier momento, después de todo no tenían nada entre ellos más que un acuerdo verbal de ver cómo funcionaba la relación durante un año.
—Que romántico, Plisetsky, deberías hacer tarjetas —lo fastidió Yuuri. El japonés pensaba que el rubio bromeaba con eso. Él no tenía ninguna intención de incumplir con su acuerdo, pero necesitaba sentirse útil y no dependiente— necesito trabajar por mí, no por ti ¿Entiendes eso? —le habló con cariño y le dio un rápido beso en los labios, ya que lo sentía un poco inseguro.
—Lo sé —la independencia de Yuuri le daba miedo y a la vez le gustaba, no hubiera llamado su atención si hubiese sido un chico sumiso que no sigue sus sueños o si fuera alguien sin una meta. Odiaba la gente que dependía de los demás para vivir, curioso, porque empezaba a sentir que dependía de Yuuri para respirar. Aún si sabía que no moriría si llegaban a separarse, si sabía que le faltaría el aire si esto llegaba a ocurrir.
Yuuri se fue a sus clases luego de comer y como siempre el rubio se quedó a cargo del hijo de ambos, cada vez se acostumbraban mas el uno al otro, tanto que Yuri ya no recordaba bien cómo era su vida antes de tener que cuidar del infante. Sentía como si siempre hubiese sido de esa manera, aunque sabía muy bien que no lo vio nacer ni crecer. Ahora tendría la oportunidad de ver su presente y su futuro, si es que Yuuri se lo seguía permitiendo, ya que como donador no podía exigir derechos sobre su hijo, así que tendría que confiar en su novio.
Un día, Yuki despertó con una fiebre alta. Yuuri dijo que no iría a su clase debido a esto, pero el rubio lo hizo cambiar de opinión diciéndole que él se encargaría, que también era el padre de Yuki y que podía darle la medicina y estar al pendiente— confía en mí —le había dicho y Yuuri se fue con el sentimiento de preocupación en su pecho, mientras su mente le decía que todo estaría bien, que Yuri jamás dejaría que algo malo le pasara a su hijo.
No pudo concentrarse durante toda la clase, observaba su celular cada tanto con la intención de saber si tenía alguna llamada perdida o mensaje no leído, ya que al tener su teléfono en silencio por respeto al profesor y los otros alumnos, no podría oírlo si sonaba. En una de las miradas furtivas que le dio su celular, descubrió una llamada perdida de parte de Yuri, pidió disculpas al docente y salió del salón para poder realizar una llamada sin molestar a nadie.
—Yuuri. Traje a Yuki a la clínica, pero tengo un problema —habló el rubio al otro lado del auricular, con la voz preocupada— lo atendieron por venir de urgencia, pero no quieren entregármelo ya que no soy nadie en sus papeles.
El japonés entendió enseguida lo que sucedía, era normal que dudaran de Yuri al no tener ningún parentesco legal con su hijo y hacer una prueba de ADN sin el consentimiento del tutor legal estaba prohibido— entiendo, dime donde es. Iré enseguida —el rubio le dio la dirección, asegurándose que su novio pudiera repetirla bien, gracias a las clases, al menos podía hablar como turista e indicar al taxista a donde se dirigía.
Yuuri volvió al salón por sus cosas, se acercó al maestro y le explicó la situación para luego marcharse rápidamente. El lugar no era el mismo en el que habían tenido al abuelo, ya que el rubio se había ocupado de llevar a su hijo a una clínica especializada en niños.
Al llegar, Yuuri fue directamente a recepción donde le indicaron a dónde dirigirse luego, encontró al rubio discutiendo con una enfermera, se acercó y preguntó si hablaban ingles a lo que una médico que pasaba por ahí respondió afirmativamente. Gracias a la chica pudieron comunicarse y Yuuri pudo comprobar que era el padre de Yuki, explicando que el rubio era su novio. Solo entonces le dijeron lo que tenía el menor, lo cual era solo era un resfriado leve, que la fiebre ya había bajado por completo y que le recetarían un par de medicamentos para las molestias.
Al terminar de conversar y por fin tener a su pequeño en brazos, el japonés agradeció a la doctora y a la enfermera para luego retirarse con Yuri y Yuki— si ya no tenía fiebre ¿Por qué lo trajiste? —le pregunto Yuuri al rubio, ya más calmado al saber que no era nada grave.
— ¡Estornudó! Tal vez podía ser un virus o algo peor —exageró el ruso con el rostro preocupado— busque en internet una clínica donde supieran de niños y esta fue la mejor, pero no querían devolvérmelo —para ese momento ya habían salido del edificio y Yuri llevaba a su hijo en brazos, bien apretado contra su cuerpo como si alguien fuera a quitárselo en cualquier momento.
Yuuri rio ya que cuando nació su hijo, él era igual. Al ser padre primerizo todo le preocupaba, hasta cuando babeaba de mas, así que podía entender que Yuri exagerara un poco, ya que, en esta ocasión, el ruso era el padre primerizo y jamás había visto a Yuki enfermo.
De camino a casa pasaron por una farmacia para comprar los medicamentos, Yuuri llevaba una gran sonrisa mientras pensaba en que no podía haber dejado a su hijo en mejores manos que con su otro padre. El japonés creía que había tenido suerte al haber tenido un hijo de un hombre tan preocupado por los suyos, tan fuerte a nivel emocional y tan decidido que iba por lo que quería sin pensarlo demasiado.
Al llegar a casa fue Yuri quien le dio el remedio a su hijo, siendo escupido un par de veces, hasta que Yuuri llegó con un vaso con jugo, donde mezcló el medicamento para que el sabor no se sintiera. Yuki se bebió todo el vaso, consumiendo así el remedio.
—Es mejor si lo mezclas con algo dulce, pero no leche porque sino no hace efecto —explicó al ruso que, lejos de estar enojado, parecía dispuesto a aprender de lo que su novio le estaba enseñando.
Luego de eso prepararon la cena, Yuki estaba un poco decaído así que se mantuvo sentado en el sofá con su mascota a un lado y su cachorro de peluche al otro, mientras observaba la televisión a la espera de algo para comer. El apetito del menor tampoco era mucho, era normal al estar enfermo, pero aun así comió un poco cuando Yuri le ofreció llevarlo al parque cuando se sintiera mejor y que para eso debía comer o no se recuperaría nunca.
Al terminar de cenar, hicieron dormir a su hijo entre ambos. Yuri lo mecía en brazos, mientras el japonés le contaba una historia para dormir. Yuki cayó rendido casi enseguida, se sentía cansado y necesitaba dormir, lo acostaron en su cama y salieron de la habitación para bajar a la primera planta a pasar un momento tranquilo de pareja.
— ¿Quieres chocolate caliente? —le ofreció al ruso que ya estaba en el sofá y este asintió mientras buscaba alguna película interesante en la televisión.
Yuuri llegó con dos tazas de chocolate, semi-amargo para el ruso y dulce para él. Estuvieron abrazados en el sofá por un largo rato mientras degustaban sus bebidas calientes, hasta que Yuuri rompió el silencio con una propuesta que llamó la atención del rubio por completo.
—Yura —llamó su nombre en voz baja, ya que al estar todo tan callado, sus voces se escuchaban más fuerte— ¿Qué pensarías si te pidiera…?
—Si me pidieras… ¿Qué? —preguntó el ruso de inmediato, ya que no le gustaba que lo dejaran en la duda y Yuuri soltó una pequeña risa para luego acomodarse mejor, con la intención de ver a los ojos de su novio cuando le preguntara aquello.
— ¿Si te pidiera que aparecieras en los papeles de Yuki? —preguntó directo y Yuri tardó en procesar, así que el japonés procedió a aclarar— ¿Quieres darle tu apellido y que salga tu nombre en su acta de nacimiento?
Continuará…
